Orando por resultados


Por: Hno. Victor Richards
Publicado el:
Martes 12 de Diciembre, 2017
Escrito el:
Martes 5 de Abril, 2016

Alguna vez has dicho: “¡Cómo quisiera que mis oraciones tuvieran resultados! ¡Qué Dios contestara mis oraciones!”.

¿Cuántas veces has dicho eso? Yo estoy convencido de que el secreto de una vida de oración efectiva está en lo que llamamos el Padre Nuestro. Cuando los discípulos le pidieron, “enséñanos a orar”, Jesús les entregó esta oración. Y no se las dio como un rezo sino como una guía práctica para aprender a orar con resultados. Nada tiene de malo repetir el Padre Nuestro, si es que uno entiende lo que está diciendo. Examinemos ahora estos principios dinámicos que contiene la oración del Señor que pueden transformar nuestras vidas.

ENSEÑANOS A ORAR

¿Por qué le pidieron los discípulos, “Señor, enséñanos a orar”? ¿Por qué quiere alguien aprender a orar? Puede haber varias razones, pero le voy a mencionar solo dos: La oración da poder y la oración hace presente a Dios.

La oración da poder. Hay muchas y maravillosas promesas para quienes cultivan una vida de oración. Mateo 21:22 dice; “¡Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis!”. Y Santiago 5:16, 18; “La oración eficaz del justo puede mucho… Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”. ¡Elías, tan humano como nosotros, oró y acarreó una bendición nacional!

La oración hace presente a Dios. El Salmo 16:11 dice; “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”.

Si en la presencia de Dios hay plenitud de gozo, ¿cómo es que hay tantos cristianos tristes y deprimidos? ¿Será porque no llevan una vida de oración? No es que no oren de vez en cuando, especialmente cuando andan en apuros. Ciertamente claman a Dios cuando se ven en necesidad. Sólo que eso no quiere decir que la oración tenga importancia en su vida.

Creo que hay muchos cristianos sinceros que están deseando aprender a orar con efectividad. A ellos me dirijo para invitarlos a orar conmigo. Un viaje que nos llevará del simple DESEO a la DISCIPLINA y de allí al DELEITE.

Cualquier logro en la vida comienza con el deseo. Me acuerdo, que hace tiempo, mi esposa y yo nos vimos en el espejo y decidimos que teníamos que bajar de peso. Nos inundó el deseo de no ser tan gordos, pues es malo para la salud. Este deseo nos llevó a disciplinarnos con nuestros hábitos alimenticios. Practicando esta disciplina, con el tiempo alcanzamos el fin deseado. ¡Y qué gran deleite ha sido!

De la misma manera, espero que usted tenga el DESEO intenso de llevar una vida de oración poderosa, pues entonces aceptará la DISCIPLINA consiguiente. Si hay que levantarse más temprano  o cambiar los hábitos para apartar tiempo fijo para la oración, así lo hará. Ciertamente le ayudará a orar sistemáticamente hasta que se convierta en un DELEITE.

Algunos alegan: “Después de dos o tres minutos ya no sé qué decir. La oración me aburre, me duerme o me distrae”. Es precisamente por esas razones que quisiera enseñarte a orar, para que la disciplina de la oración te traiga resultados y llegue a ser un deleite en tu vida. Siguiendo este plan de viaje, todo cristiano puede alcanzar éxito en su vida de oración.

¿Quieres, pues, viajar conmigo?

Usaremos el Padre Nuestro como si fuera una pista de carreras. En 1ª Corintios 9, Pablo se refiere a la vida Cristiana como una carrera. La pista tiene marcas. Por ejemplo, hay una marca cada cien metros… y esas marcas permiten al atleta saber cuánto ha avanzado. Supongamos que en la mañana sólo puedes dedicar 15 minutos a la oración. Con eso puedes empezar el “viaje”. El resto del día puedes seguir avanzando en oración hasta llegar a la meta. ¿Cuál es la primera marca?

PRIMERA MARCA EN LA PISTA

Padre Nuestro que estás en los cielos santificado sea tu nombre. Empecemos siempre nuestra oración con alabanza y adoración. Mucha gente empieza a orar recitando sus problemas: “Padre mis hijos son tan malcriados… mi esposo es un desobligado…” Esta NO es manera de comenzar. Sin alabanza y adoración la oración no funciona. Esta es nuestra primera marca.

Desde el principio del tiempo, Dios quería tener una familia. Por eso creó a Adán y a Eva a fin de disfrutar su compañía. La entrada del pecado cambió todo; y Dios y su creación quedaron separados. Por esa misma razón, Cristo vino al mundo: para acercarnos de nuevo y reconciliarnos con el Padre. Por medio de la sangre de Jesús, llegamos a ser sus hijos y le podemos llamar “Padre”. Es entonces cuando comenzamos a alabarle por Cristo y por su sangre. Le alabamos porque ahora, Él es nuestro Padre mediante la fe en su hijo.

Santificado sea tu nombre. El Salmo 100:4 dice; “Alabadle, bendecid su nombre”. ¿Cuáles son los nombres de Dios? Si los conocemos, conoceremos también Su persona y Su carácter, porque Sus nombres lo revelan. Este conocimiento es la base de toda nuestra adoración. No le alabamos por lo que sentimos, sino por lo que Él es. Conviene conocer más del carácter de nuestro Padre, y así facilitar nuestra alabanza. Repasemos brevemente los nombres con que se conoce a Dios en el Antiguo Testamento, escrito en hebreo. Estudiemos algunas de estas palabras hebreas.

·        Elohim. Génesis 1:1 “Supremo y trino Dios”.

·        El Shaddai. Génesis 35:10, 11 “Dios de toda suficiencia”.

·        Yavé Yireh. Génesis 22:14 “Dios proveerá”.

·        Yavé Rafa. Éxodo 15:26 “El Señor sana”.

·        Yavé Nissi. Éxodo 17:15 “El Señor nuestra, bandera o Victoria”.

·        Yavé Shalom. Jueces 6:24 “El Señor, nuestra paz”.

·        Yavé Raah. Salmo 23:1 “El Señor, mi pastor”.

·        Yavé Qadosh. Levítico 20:26 “El Señor, santo es”.

·        Yeshua. Mateo 1:21 “Jesús el Salvador”.

            Sobre esta base comienza alabando a Dios, primeramente por tu SALVACIÓN, porque has pasado de la muerte a la vida y porque tu nombre está escrito en el libro de la vida.  Alaba porque Él es un Dios de toda suficiencia y porque es Yavé (Jehová) Yireh, es nuestro proveedor, y no nos faltará ningún bien, (Sal. 34:10). Él suple todas nuestras necesidades según sus riquezas en gloria, (Fil. 4:19) y es nuestro sanador, nuestra victoria, nuestra paz y nuestro pastor. Adora porque Él es santo y no puede mentir, y cumple Sus promesas. Alábale por Jesús, el Salvador, quien llevó todos tus pecados. Santifica Su Nombre.

            Puede ser que empieces tu oración sin ninguna emoción, pero cuando termines de recordar todo lo que Él es y todo lo que Él ha hecho por ti, Su gozo te llenará por completo y tu oración será un deleite. Uno puede pasar mucho tiempo alabando al Señor, o es decir, “Santificando Su nombre”. Entramos en Su presencia por medio de la alabanza (Sal. 100) y ahora estamos preparados a comenzar nuestras peticiones.

            SEGUNDA MARCA EN LA PISTA

            Venga tu Reino hágase tu voluntad como en el cielo así también en la tierra. En oración, establecemos el Reino de Dios aquí en la tierra. Lo hacemos a través de una declaración confiada. Declaramos que Su Reino vendrá. ¡Su voluntad será hecha en la tierra como en el cielo! ¡Dilo así! ¡Afírmalo así! ¡Óralo así! ¡Nuestras palabras tienen poder! Consideremos cinco aéreas por las cuales debemos orar y declarar “venga tu Reino”, es decir, tu gobierno, tu dominio, tu control absoluto.

            1. A mi propia vida. Comenzar por uno mismo parece egoísta, pero no lo es. ¿Cómo podría bendecir a otros si antes yo mismo no soy fuerte en el Señor? Es como cuando tiramos una piedrita al estanque. Las ondas que produce en el agua, parten del centro y de ahí se van haciendo más y más grandes.

            Así que empieza por declarar que Jesús es el Señor de tu vida. Por eso afirma: “Hágase tu voluntad como en el cielo, así también en mí”. Declara que el Reino de Dios tiene el primer lugar en tu corazón; que buscas primeramente el Reino de Dios y Su justicia, como dice Mateo 6:33. Vivo para el Reino, las cosas materiales no tienen dominio sobre mí. Otras veces comienzo mi declaración apropiándome de lo que la Palabra dice sobre mí: 2ª Corintios 5:21 “Yo soy la justicia de Dios”, Isaías 54:17 “Ninguna arma forjada contra mí prosperará” y Salmo 1:3 “Soy como árbol plantado junto a Corrientes de aguas, que das u fruto a su tiempo, su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará”.

2. A mi familia. Después de orar por ti mismo, pasa a orar por tu familia; tu cónyuge, hijos, padres y nietos. Si aprendiéramos a establecer el Reino (el Señorío) de Dios en las vidas de nuestros seres amados, evitaríamos muchísimos problemas familiares. Así que declara bendición y protección sobre tu cónyuge y afirma que es una persona que busca primeramente el Reino de Dios. Declara y afirma paz y unidad en tu hogar y ata cualquier espíritu de disensión o división que quisiera entrometerse. Luego ora por tus padres, por tus hijos y si ya están casados, ora por sus cónyuges y por tus nietos. Declara que la paz, la justicia y el gozo reinan sobre ellos. Como padres cristianos, nosotros podemos atar los espíritus de maldad, de fornicación y rebeldía que atacan a nuestros hijos. Declara la guerra al diablo, enójate con él y establece el Reino de Dios sobre tu familia. Si pagamos el precio de la oración hoy, no tendremos que pagar después el altísimo precio por la falta de oración.

            3. A la iglesia. En tercer lugar levanta a la iglesia, la cual es la expresión del cuerpo de Cristo aquí en la tierra. Pide por la iglesia a la que asistes, porque normalmente allí recibes el alimento espiritual. Ora para que se haga la voluntad de Dios en la vida del pastor y los demás líderes. Pide que el Señor les de sabiduría y fidelidad para enseñar la Palabra de Dios y no las tradiciones humanas.

            4. A la cosecha de almas. Jesús nos instruye en Mateo 9:37, 38; que roguemos al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Pide esto, que Él envíe obreros a fin de que otros puedan conocer la luz como tú la conoces y para que millones de almas mexicanas sean salvas. Aquí es donde debes orar por tus vecinos, amigos, compañeros de trabajo y escuela y por todos en tu derredor para que sean librados de la oscuridad y conozcan a Cristo.

            5. A la patria. Pide que venga el Reino de Dios a la patria, a nuestro México; para que en él reine la justicia y la paz. En 2ª Crónicas 7:14 encontramos una promesa maravillosa para los que interceden por su patria: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. La única esperanza para nuestro país son las oraciones del pueblo de Dios.

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Alguna vez has dicho: “¡Cómo quisiera que mis oraciones tuvieran resultados! ¡Qué Dios contestara mis oraciones!”.

¿Cuántas veces has dicho eso? Yo estoy convencido de que el secreto de una vida de oración efectiva está en lo que llamamos el Padre Nuestro. Cuando los discípulos le pidieron, “enséñanos a orar”, Jesús les entregó esta oración. Y no se las dio como un rezo sino como una guía práctica para aprender a orar con resultados. Nada tiene de malo repetir el Padre Nuestro, si es que uno entiende lo que está diciendo. Examinemos ahora estos principios dinámicos que contiene la oración del Señor que pueden transformar nuestras vidas.

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¿Por qué le pidieron los discípulos, “Señor, enséñanos a orar”? ¿Por qué quiere alguien aprender a orar? Puede haber varias razones, pero le voy a mencionar solo dos: La oración da poder y la oración hace presente a Dios.

La oración da poder. Hay muchas y maravillosas promesas para quienes cultivan una vida de oración. Mateo 21:22 dice; “¡Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis!”. Y Santiago 5:16, 18; “La oración eficaz del justo puede mucho… Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”. ¡Elías, tan humano como nosotros, oró y acarreó una bendición nacional!

La oración hace presente a Dios. El Salmo 16:11 dice; “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”.

Si en la presencia de Dios hay plenitud de gozo, ¿cómo es que hay tantos cristianos tristes y deprimidos? ¿Será porque no llevan una vida de oración? No es que no oren de vez en cuando, especialmente cuando andan en apuros. Ciertamente claman a Dios cuando se ven en necesidad. Sólo que eso no quiere decir que la oración tenga importancia en su vida.

Creo que hay muchos cristianos sinceros que están deseando aprender a orar con efectividad. A ellos me dirijo para invitarlos a orar conmigo. Un viaje que nos llevará del simple DESEO a la DISCIPLINA y de allí al DELEITE.

Cualquier logro en la vida comienza con el deseo. Me acuerdo, que hace tiempo, mi esposa y yo nos vimos en el espejo y decidimos que teníamos que bajar de peso. Nos inundó el deseo de no ser tan gordos, pues es malo para la salud. Este deseo nos llevó a disciplinarnos con nuestros hábitos alimenticios. Practicando esta disciplina, con el tiempo alcanzamos el fin deseado. ¡Y qué gran deleite ha sido!

De la misma manera, espero que usted tenga el DESEO intenso de llevar una vida de oración poderosa, pues entonces aceptará la DISCIPLINA consiguiente. Si hay que levantarse más temprano  o cambiar los hábitos para apartar tiempo fijo para la oración, así lo hará. Ciertamente le ayudará a orar sistemáticamente hasta que se convierta en un DELEITE.

Algunos alegan: “Después de dos o tres minutos ya no sé qué decir. La oración me aburre, me duerme o me distrae”. Es precisamente por esas razones que quisiera enseñarte a orar, para que la disciplina de la oración te traiga resultados y llegue a ser un deleite en tu vida. Siguiendo este plan de viaje, todo cristiano puede alcanzar éxito en su vida de oración.

¿Quieres, pues, viajar conmigo?

Usaremos el Padre Nuestro como si fuera una pista de carreras. En 1ª Corintios 9, Pablo se refiere a la vida Cristiana como una carrera. La pista tiene marcas. Por ejemplo, hay una marca cada cien metros… y esas marcas permiten al atleta saber cuánto ha avanzado. Supongamos que en la mañana sólo puedes dedicar 15 minutos a la oración. Con eso puedes empezar el “viaje”. El resto del día puedes seguir avanzando en oración hasta llegar a la meta. ¿Cuál es la primera marca?

PRIMERA MARCA EN LA PISTA

Padre Nuestro que estás en los cielos santificado sea tu nombre. Empecemos siempre nuestra oración con alabanza y adoración. Mucha gente empieza a orar recitando sus problemas: “Padre mis hijos son tan malcriados… mi esposo es un desobligado…” Esta NO es manera de comenzar. Sin alabanza y adoración la oración no funciona. Esta es nuestra primera marca.

Desde el principio del tiempo, Dios quería tener una familia. Por eso creó a Adán y a Eva a fin de disfrutar su compañía. La entrada del pecado cambió todo; y Dios y su creación quedaron separados. Por esa misma razón, Cristo vino al mundo: para acercarnos de nuevo y reconciliarnos con el Padre. Por medio de la sangre de Jesús, llegamos a ser sus hijos y le podemos llamar “Padre”. Es entonces cuando comenzamos a alabarle por Cristo y por su sangre. Le alabamos porque ahora, Él es nuestro Padre mediante la fe en su hijo.

Santificado sea tu nombre. El Salmo 100:4 dice; “Alabadle, bendecid su nombre”. ¿Cuáles son los nombres de Dios? Si los conocemos, conoceremos también Su persona y Su carácter, porque Sus nombres lo revelan. Este conocimiento es la base de toda nuestra adoración. No le alabamos por lo que sentimos, sino por lo que Él es. Conviene conocer más del carácter de nuestro Padre, y así facilitar nuestra alabanza. Repasemos brevemente los nombres con que se conoce a Dios en el Antiguo Testamento, escrito en hebreo. Estudiemos algunas de estas palabras hebreas.

·        Elohim. Génesis 1:1 “Supremo y trino Dios”.

·        El Shaddai. Génesis 35:10, 11 “Dios de toda suficiencia”.

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·        Yavé Shalom. Jueces 6:24 “El Señor, nuestra paz”.

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·        Yavé Qadosh. Levítico 20:26 “El Señor, santo es”.

·        Yeshua. Mateo 1:21 “Jesús el Salvador”.

            Sobre esta base comienza alabando a Dios, primeramente por tu SALVACIÓN, porque has pasado de la muerte a la vida y porque tu nombre está escrito en el libro de la vida.  Alaba porque Él es un Dios de toda suficiencia y porque es Yavé (Jehová) Yireh, es nuestro proveedor, y no nos faltará ningún bien, (Sal. 34:10). Él suple todas nuestras necesidades según sus riquezas en gloria, (Fil. 4:19) y es nuestro sanador, nuestra victoria, nuestra paz y nuestro pastor. Adora porque Él es santo y no puede mentir, y cumple Sus promesas. Alábale por Jesús, el Salvador, quien llevó todos tus pecados. Santifica Su Nombre.

            Puede ser que empieces tu oración sin ninguna emoción, pero cuando termines de recordar todo lo que Él es y todo lo que Él ha hecho por ti, Su gozo te llenará por completo y tu oración será un deleite. Uno puede pasar mucho tiempo alabando al Señor, o es decir, “Santificando Su nombre”. Entramos en Su presencia por medio de la alabanza (Sal. 100) y ahora estamos preparados a comenzar nuestras peticiones.

            SEGUNDA MARCA EN LA PISTA

            Venga tu Reino hágase tu voluntad como en el cielo así también en la tierra. En oración, establecemos el Reino de Dios aquí en la tierra. Lo hacemos a través de una declaración confiada. Declaramos que Su Reino vendrá. ¡Su voluntad será hecha en la tierra como en el cielo! ¡Dilo así! ¡Afírmalo así! ¡Óralo así! ¡Nuestras palabras tienen poder! Consideremos cinco aéreas por las cuales debemos orar y declarar “venga tu Reino”, es decir, tu gobierno, tu dominio, tu control absoluto.

            1. A mi propia vida. Comenzar por uno mismo parece egoísta, pero no lo es. ¿Cómo podría bendecir a otros si antes yo mismo no soy fuerte en el Señor? Es como cuando tiramos una piedrita al estanque. Las ondas que produce en el agua, parten del centro y de ahí se van haciendo más y más grandes.

            Así que empieza por declarar que Jesús es el Señor de tu vida. Por eso afirma: “Hágase tu voluntad como en el cielo, así también en mí”. Declara que el Reino de Dios tiene el primer lugar en tu corazón; que buscas primeramente el Reino de Dios y Su justicia, como dice Mateo 6:33. Vivo para el Reino, las cosas materiales no tienen dominio sobre mí. Otras veces comienzo mi declaración apropiándome de lo que la Palabra dice sobre mí: 2ª Corintios 5:21 “Yo soy la justicia de Dios”, Isaías 54:17 “Ninguna arma forjada contra mí prosperará” y Salmo 1:3 “Soy como árbol plantado junto a Corrientes de aguas, que das u fruto a su tiempo, su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará”.

2. A mi familia. Después de orar por ti mismo, pasa a orar por tu familia; tu cónyuge, hijos, padres y nietos. Si aprendiéramos a establecer el Reino (el Señorío) de Dios en las vidas de nuestros seres amados, evitaríamos muchísimos problemas familiares. Así que declara bendición y protección sobre tu cónyuge y afirma que es una persona que busca primeramente el Reino de Dios. Declara y afirma paz y unidad en tu hogar y ata cualquier espíritu de disensión o división que quisiera entrometerse. Luego ora por tus padres, por tus hijos y si ya están casados, ora por sus cónyuges y por tus nietos. Declara que la paz, la justicia y el gozo reinan sobre ellos. Como padres cristianos, nosotros podemos atar los espíritus de maldad, de fornicación y rebeldía que atacan a nuestros hijos. Declara la guerra al diablo, enójate con él y establece el Reino de Dios sobre tu familia. Si pagamos el precio de la oración hoy, no tendremos que pagar después el altísimo precio por la falta de oración.

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Martes 12 de Diciembre, 2017

Alguna vez has dicho: “¡Cómo quisiera que mis oraciones tuvieran resultados! ¡Qué Dios contestara mis oraciones!”.

¿Cuántas veces has dicho eso? Yo estoy convencido de que el secreto de una vida de oración efectiva está en lo que llamamos el Padre Nuestro. Cuando los discípulos le pidieron, “enséñanos a orar”, Jesús les entregó esta oración. Y no se las dio como un rezo sino como una guía práctica para aprender a orar con resultados. Nada tiene de malo repetir el Padre Nuestro, si es que uno entiende lo que está diciendo. Examinemos ahora estos principios dinámicos que contiene la oración del Señor que pueden transformar nuestras vidas.

ENSEÑANOS A ORAR

¿Por qué le pidieron los discípulos, “Señor, enséñanos a orar”? ¿Por qué quiere alguien aprender a orar? Puede haber varias razones, pero le voy a mencionar solo dos: La oración da poder y la oración hace presente a Dios.

La oración da poder. Hay muchas y maravillosas promesas para quienes cultivan una vida de oración. Mateo 21:22 dice; “¡Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis!”. Y Santiago 5:16, 18; “La oración eficaz del justo puede mucho… Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”. ¡Elías, tan humano como nosotros, oró y acarreó una bendición nacional!

La oración hace presente a Dios. El Salmo 16:11 dice; “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”.

Si en la presencia de Dios hay plenitud de gozo, ¿cómo es que hay tantos cristianos tristes y deprimidos? ¿Será porque no llevan una vida de oración? No es que no oren de vez en cuando, especialmente cuando andan en apuros. Ciertamente claman a Dios cuando se ven en necesidad. Sólo que eso no quiere decir que la oración tenga importancia en su vida.

Creo que hay muchos cristianos sinceros que están deseando aprender a orar con efectividad. A ellos me dirijo para invitarlos a orar conmigo. Un viaje que nos llevará del simple DESEO a la DISCIPLINA y de allí al DELEITE.

Cualquier logro en la vida comienza con el deseo. Me acuerdo, que hace tiempo, mi esposa y yo nos vimos en el espejo y decidimos que teníamos que bajar de peso. Nos inundó el deseo de no ser tan gordos, pues es malo para la salud. Este deseo nos llevó a disciplinarnos con nuestros hábitos alimenticios. Practicando esta disciplina, con el tiempo alcanzamos el fin deseado. ¡Y qué gran deleite ha sido!

De la misma manera, espero que usted tenga el DESEO intenso de llevar una vida de oración poderosa, pues entonces aceptará la DISCIPLINA consiguiente. Si hay que levantarse más temprano  o cambiar los hábitos para apartar tiempo fijo para la oración, así lo hará. Ciertamente le ayudará a orar sistemáticamente hasta que se convierta en un DELEITE.

Algunos alegan: “Después de dos o tres minutos ya no sé qué decir. La oración me aburre, me duerme o me distrae”. Es precisamente por esas razones que quisiera enseñarte a orar, para que la disciplina de la oración te traiga resultados y llegue a ser un deleite en tu vida. Siguiendo este plan de viaje, todo cristiano puede alcanzar éxito en su vida de oración.

¿Quieres, pues, viajar conmigo?

Usaremos el Padre Nuestro como si fuera una pista de carreras. En 1ª Corintios 9, Pablo se refiere a la vida Cristiana como una carrera. La pista tiene marcas. Por ejemplo, hay una marca cada cien metros… y esas marcas permiten al atleta saber cuánto ha avanzado. Supongamos que en la mañana sólo puedes dedicar 15 minutos a la oración. Con eso puedes empezar el “viaje”. El resto del día puedes seguir avanzando en oración hasta llegar a la meta. ¿Cuál es la primera marca?

PRIMERA MARCA EN LA PISTA

Padre Nuestro que estás en los cielos santificado sea tu nombre. Empecemos siempre nuestra oración con alabanza y adoración. Mucha gente empieza a orar recitando sus problemas: “Padre mis hijos son tan malcriados… mi esposo es un desobligado…” Esta NO es manera de comenzar. Sin alabanza y adoración la oración no funciona. Esta es nuestra primera marca.

Desde el principio del tiempo, Dios quería tener una familia. Por eso creó a Adán y a Eva a fin de disfrutar su compañía. La entrada del pecado cambió todo; y Dios y su creación quedaron separados. Por esa misma razón, Cristo vino al mundo: para acercarnos de nuevo y reconciliarnos con el Padre. Por medio de la sangre de Jesús, llegamos a ser sus hijos y le podemos llamar “Padre”. Es entonces cuando comenzamos a alabarle por Cristo y por su sangre. Le alabamos porque ahora, Él es nuestro Padre mediante la fe en su hijo.

Santificado sea tu nombre. El Salmo 100:4 dice; “Alabadle, bendecid su nombre”. ¿Cuáles son los nombres de Dios? Si los conocemos, conoceremos también Su persona y Su carácter, porque Sus nombres lo revelan. Este conocimiento es la base de toda nuestra adoración. No le alabamos por lo que sentimos, sino por lo que Él es. Conviene conocer más del carácter de nuestro Padre, y así facilitar nuestra alabanza. Repasemos brevemente los nombres con que se conoce a Dios en el Antiguo Testamento, escrito en hebreo. Estudiemos algunas de estas palabras hebreas.

·        Elohim. Génesis 1:1 “Supremo y trino Dios”.

·        El Shaddai. Génesis 35:10, 11 “Dios de toda suficiencia”.

·        Yavé Yireh. Génesis 22:14 “Dios proveerá”.

·        Yavé Rafa. Éxodo 15:26 “El Señor sana”.

·        Yavé Nissi. Éxodo 17:15 “El Señor nuestra, bandera o Victoria”.

·        Yavé Shalom. Jueces 6:24 “El Señor, nuestra paz”.

·        Yavé Raah. Salmo 23:1 “El Señor, mi pastor”.

·        Yavé Qadosh. Levítico 20:26 “El Señor, santo es”.

·        Yeshua. Mateo 1:21 “Jesús el Salvador”.

            Sobre esta base comienza alabando a Dios, primeramente por tu SALVACIÓN, porque has pasado de la muerte a la vida y porque tu nombre está escrito en el libro de la vida.  Alaba porque Él es un Dios de toda suficiencia y porque es Yavé (Jehová) Yireh, es nuestro proveedor, y no nos faltará ningún bien, (Sal. 34:10). Él suple todas nuestras necesidades según sus riquezas en gloria, (Fil. 4:19) y es nuestro sanador, nuestra victoria, nuestra paz y nuestro pastor. Adora porque Él es santo y no puede mentir, y cumple Sus promesas. Alábale por Jesús, el Salvador, quien llevó todos tus pecados. Santifica Su Nombre.

            Puede ser que empieces tu oración sin ninguna emoción, pero cuando termines de recordar todo lo que Él es y todo lo que Él ha hecho por ti, Su gozo te llenará por completo y tu oración será un deleite. Uno puede pasar mucho tiempo alabando al Señor, o es decir, “Santificando Su nombre”. Entramos en Su presencia por medio de la alabanza (Sal. 100) y ahora estamos preparados a comenzar nuestras peticiones.

            SEGUNDA MARCA EN LA PISTA

            Venga tu Reino hágase tu voluntad como en el cielo así también en la tierra. En oración, establecemos el Reino de Dios aquí en la tierra. Lo hacemos a través de una declaración confiada. Declaramos que Su Reino vendrá. ¡Su voluntad será hecha en la tierra como en el cielo! ¡Dilo así! ¡Afírmalo así! ¡Óralo así! ¡Nuestras palabras tienen poder! Consideremos cinco aéreas por las cuales debemos orar y declarar “venga tu Reino”, es decir, tu gobierno, tu dominio, tu control absoluto.

            1. A mi propia vida. Comenzar por uno mismo parece egoísta, pero no lo es. ¿Cómo podría bendecir a otros si antes yo mismo no soy fuerte en el Señor? Es como cuando tiramos una piedrita al estanque. Las ondas que produce en el agua, parten del centro y de ahí se van haciendo más y más grandes.

            Así que empieza por declarar que Jesús es el Señor de tu vida. Por eso afirma: “Hágase tu voluntad como en el cielo, así también en mí”. Declara que el Reino de Dios tiene el primer lugar en tu corazón; que buscas primeramente el Reino de Dios y Su justicia, como dice Mateo 6:33. Vivo para el Reino, las cosas materiales no tienen dominio sobre mí. Otras veces comienzo mi declaración apropiándome de lo que la Palabra dice sobre mí: 2ª Corintios 5:21 “Yo soy la justicia de Dios”, Isaías 54:17 “Ninguna arma forjada contra mí prosperará” y Salmo 1:3 “Soy como árbol plantado junto a Corrientes de aguas, que das u fruto a su tiempo, su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará”.

2. A mi familia. Después de orar por ti mismo, pasa a orar por tu familia; tu cónyuge, hijos, padres y nietos. Si aprendiéramos a establecer el Reino (el Señorío) de Dios en las vidas de nuestros seres amados, evitaríamos muchísimos problemas familiares. Así que declara bendición y protección sobre tu cónyuge y afirma que es una persona que busca primeramente el Reino de Dios. Declara y afirma paz y unidad en tu hogar y ata cualquier espíritu de disensión o división que quisiera entrometerse. Luego ora por tus padres, por tus hijos y si ya están casados, ora por sus cónyuges y por tus nietos. Declara que la paz, la justicia y el gozo reinan sobre ellos. Como padres cristianos, nosotros podemos atar los espíritus de maldad, de fornicación y rebeldía que atacan a nuestros hijos. Declara la guerra al diablo, enójate con él y establece el Reino de Dios sobre tu familia. Si pagamos el precio de la oración hoy, no tendremos que pagar después el altísimo precio por la falta de oración.

            3. A la iglesia. En tercer lugar levanta a la iglesia, la cual es la expresión del cuerpo de Cristo aquí en la tierra. Pide por la iglesia a la que asistes, porque normalmente allí recibes el alimento espiritual. Ora para que se haga la voluntad de Dios en la vida del pastor y los demás líderes. Pide que el Señor les de sabiduría y fidelidad para enseñar la Palabra de Dios y no las tradiciones humanas.

            4. A la cosecha de almas. Jesús nos instruye en Mateo 9:37, 38; que roguemos al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Pide esto, que Él envíe obreros a fin de que otros puedan conocer la luz como tú la conoces y para que millones de almas mexicanas sean salvas. Aquí es donde debes orar por tus vecinos, amigos, compañeros de trabajo y escuela y por todos en tu derredor para que sean librados de la oscuridad y conozcan a Cristo.

            5. A la patria. Pide que venga el Reino de Dios a la patria, a nuestro México; para que en él reine la justicia y la paz. En 2ª Crónicas 7:14 encontramos una promesa maravillosa para los que interceden por su patria: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. La única esperanza para nuestro país son las oraciones del pueblo de Dios.

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