7 COSAS QUE JAMÁS ACEPTARÉ


Por: Hno. Victor Richards
Publicado el:
Martes 21 de Febrero, 2017

 

 

Hay personas que creen que tienen que aceptar cualquier cosa que les alcanza en la vida; sea buena, sea mala o sea indiferente. Viven como victimas sin voz o voto, pero no tiene que ser así. Debemos levantarnos y decir: ¡No!, ¡jamás! A lo no deseado.

A partir de hoy aprenderemos a decir, jamás aceptaré 7 cosas como: condenación, preocupación, incredulidad, debilidad, derrota, miseria y enfermedad. Por supuesto hay otras cosas que puedes añadir a tu propia lista. Hazlo y vive libre y feliz.

Una gran herencia, es la que les espera a todos los hijos de Dios. Sin embargo, para recibir cualquier herencia, es menester que el heredero reclame lo que es suyo. Hemos leído en el periódico acerca de herencias no reclamadas. En algunos casos, posiblemente después de años el heredero apenas se dio cuenta que un familiar rico le había dejado una herencia. Durante ese tiempo, de nada le sirvió lo que era suyo, porque no se le había informado; es decir, ¡su ignorancia le robó! Una vez que una persona se entera de que le espera una herencia, va con las autoridades y reclama lo que es suyo. A veces lo recibe relativamente fácil pero  en otros casos requiere una prolongada lucha legal para obtenerlo.

¿Sabes cuál es la herencia de los hijos de Dios? ¡Sus promesas son nuestra herencia! No recibimos estas promesas por merecerlas, ni tampoco por necesitarlas, sino que las recibimos por medio de la fe. Y la fe viene a través de la Palabra de Dios. 

Romanos 10:17:

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

Quiero enseñarte cómo echar mano, cómo reclamar las promesas de Dios. Si has nacido de nuevo y por lo tanto eres un hijo de Dios por decisión propia (no por la decisión de tus padres), entonces eres heredero de las promesas de Dios.

Hay una relación directa entre la confesión con nuestra boca, y la fe para echar mano de las promesas. Nunca viviremos en un nivel espiritual más allá del nivel de nuestra confesión.

Lo que declaras llegará a ser parte de lo que crees; lo que crees, será lo que recibas.

El sabio Salomón escribió:

Proverbios 6:2:

 “Te has enlazado con las palabras de tu boca y has quedado preso en

los dichos de tus labios”.

¡Él se dio cuenta del poder de lo que decimos! Es verdad que hay poder en nuestra boca para maldecir, para liberar, para curar y para matar; ¡existe poder que va más allá de lo que se puede imaginar!

Uno mayor que Salomón (Jesús) exaltó el misterio del poder de la confesión cuando proclamó en Marcos 11:23:

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere... y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”. 

Hay poder en lo que dices

“Lo que dices será hecho”, si lo crees. Esta poderosa verdad funciona en sentido negativo y también en sentido positivo.

Proverbios 18:20, 21:

“Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua”.

Proverbios 12:18:

“...La lengua de los sabios es medicina”.

Proverbios 12:6:

“...la boca de los rectos los librará”. 

¿Estás usando tu boca para librarte de los lazos del enemigo, de los lazos de la enfermedad, de la culpabilidad, de la ruina y la derrota?

Muy a menudo, un camión de paquetería llega a mi casa con equipo para el ministerio. Si es algo que he solicitado, yo solo firmo que pagaré y recibo la mercancía. De vez en cuando traen a mi puerta paquetes que no son míos, ni me interesan y no quiero pagar por ellos. Cuando esto sucede, yo no los acepto ni pongo mi firma para hacerme responsable de pagarlos. Los rechazo. Tú tienes la facultad de rechazar “los paquetes” del enemigo:  la condenación, el temor, la duda, la debilidad, la derrota, la miseria y la enfermedad.

1. Jamás aceptaré la condenación

“Culpable”; “Condenado” es el veredicto que todo hombre merece frente al juicio de Dios. ¡Que palabras más asombrosas y pavorosas!

La verdad es que toda la raza humana es culpable y está condenada. Por nuestros pecados, todos somos culpables.

Romanos 3:23:

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

Siendo que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), y puesto que nosotros no hemos muerto por nuestros pecados, entonces alguien tuvo que morir por ellos. Jesús, el Hijo de Dios, hizo precisamente eso.

Isaías 53:6, 12:

“...Mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.

Cuando Jesús exclamó en la cruz: “Consumado es”, Él no estaba refiriéndose únicamente a que su vida física había terminado, sino que la gran obra por la cual Él había venido, ya estaba consumada. Dios consideró la muerte de su Hijo como suficiente precio para pagar la deuda por el pecado que todos nosotros debíamos. Nuestros pecados no fueron pasados por alto; Él mismo pagó por ellos con su sangre. Aunque Él era sin pecado, Dios le atribuyó todo nuestro pecado (esto es, lo cargó a su cuenta), y Jesús sufrió el castigo por este pecado.No fue que Jesús simplemente llevó el castigo por el pecado: Él llevó el pecado mismo.

a. Él fue nuestro sustituto

2ª Corintios 5:21 DHH dice:

“Cristo no cometió pecado alguno; pero por causa nuestra, Dios lo hizo pecado, para hacernos a nosotros justicia de Dios en Cristo”.

A Jesús se le atribuyeron nuestros pecados de modo que a nosotros se nos pudiera atribuir su justicia. Una persona justa es aquella que tiene “una posición correcta ante Dios”.

¡Buenas nuevas!

Romanos 8:1:

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús..”.

1ª Juan 1:9:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Lee atentamente, Dios dice:

“Ahora” (No tenemos que esperar hasta que vayamos al cielo).

“Ninguna” (No dice poca, sino ninguna).

“Ahora, ninguna condenación”  

Si Dios dice que no hay condenación en la vida de la persona que está en Cristo Jesús, entonces yo jamás aceptaré la condenación. No permitas que Satanás te atormente por medio de pensamientos de derrota o rechazo por el pecado o malas decisiones que hayas tomado en el pasado.

Miqueas 7:19:

“El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”.

¿Puedes creerlo? Nadie puede sacar de lo profundo del mar lo que Dios ya ha sepultado. El único pecado que te separa de Dios es no creer en Jesucristo y no recibirlo como tu Señor y Salvador.

Juan 3:18:

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado; porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

1ª Timoteo 2:5:

“Porque hay un sólo Dios, y un sólo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.

Para aprovechar la obra de Jesucristo
y recibir la salvación, tenemos que arrepentirnos y confesarle con la boca como nuestro Señor y Salvador.

Hechos 17:30:

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.

Romanos 10:9, 10:

“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; pero con la boca se confiesa para salvación”.

Hay algo que es de eterno valor que tienes que considerar, esto es tu eterna salvación. Debes “nacer de nuevo”, convertirte en un seguidor de Jesús. Debes arrepentirte de todo pecado; confesándolo, odiándolo y abandonándolo. Jesús dijo a Nicodemo, un líder espiritual en Jerusalén, tienes que nacer de nuevo si quieres ver el reino de Dios y quieres entrar en el reino de Dios. Debes experimentar una verdadera conversión a Jesucristo por el poder del Espíritu Santo.

Solo repitiendo una oración que alguien dirija no va a darte salvación, tienes que nacer del Espíritu Santo. Los seguidores de Jesús le aman, le siguen, le obedecen.

b.  La culpabilidad verdadera y la falsa

Muchos sienten remordimiento porque realmente son culpables. La culpabilidad viene por rechazar la ayuda de Dios en sus vidas; pero muchos cristianos también experimentan un tipo de culpabilidad falsa porque dudan que el Señor les ha perdonado.

Vivir bajo la condenación de algo que sucedió en el pasado, algo que ya ha sido confesado, es negar la eficacia de la obra de Jesús en la cruz. Después de ser cristiano, la Biblia nos enseña a confesar nuestros pecados, a abandonarlos y a vivir libres de condenación.Hay una diferencia entre culpabilidad o condenación que viene al cristiano de parte del diablo y convicción del Espíritu Santo a través de la Palabra.

2ª Timoteo 3:16:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

Cuando el Espíritu Santo redarguye, Él trae esperanza y recibimos la gracia para vencer el problema. Él no destruye el sentir de valor personal. El diablo deja a la persona, deprimida y sin esperanza. La condenación dice: “Dios no te ama. No eres digno. Nunca cambiarás”.  La convicción dice: “Tú debes y puedes vencer”.

Los siquiatras y sicólogos confirman que la principal razón por la que muchísima gente sufre de los nervios, de ansiedad, de temor y depresión, es porque hay en ellos una lucha interior no resuelta.

Hay que enfrentarse a la culpabilidad. Acepta el perdón de Dios a través de su Hijo, el Señor Jesucristo, entonces podrás declarar con certeza:

“Ahora pues, ninguna condenación hay para (pronuncia aquí tu nombre) que está en Cristo Jesús”.

También te dice en Isaías 43:25:

“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”.

Así que vive ahora en la libertad y el perdón que Dios te ha otorgado solo por amor y avanza hacia la bendición que Él ha preparado para ti.

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A partir de hoy aprenderemos a decir, jamás aceptaré 7 cosas como: condenación, preocupación, incredulidad, debilidad, derrota, miseria y enfermedad. Por supuesto hay otras cosas que puedes añadir a tu propia lista. Hazlo y vive libre y feliz.

Una gran herencia, es la que les espera a todos los hijos de Dios. Sin embargo, para recibir cualquier herencia, es menester que el heredero reclame lo que es suyo. Hemos leído en el periódico acerca de herencias no reclamadas. En algunos casos, posiblemente después de años el heredero apenas se dio cuenta que un familiar rico le había dejado una herencia. Durante ese tiempo, de nada le sirvió lo que era suyo, porque no se le había informado; es decir, ¡su ignorancia le robó! Una vez que una persona se entera de que le espera una herencia, va con las autoridades y reclama lo que es suyo. A veces lo recibe relativamente fácil pero  en otros casos requiere una prolongada lucha legal para obtenerlo.

¿Sabes cuál es la herencia de los hijos de Dios? ¡Sus promesas son nuestra herencia! No recibimos estas promesas por merecerlas, ni tampoco por necesitarlas, sino que las recibimos por medio de la fe. Y la fe viene a través de la Palabra de Dios. 

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“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

Quiero enseñarte cómo echar mano, cómo reclamar las promesas de Dios. Si has nacido de nuevo y por lo tanto eres un hijo de Dios por decisión propia (no por la decisión de tus padres), entonces eres heredero de las promesas de Dios.

Hay una relación directa entre la confesión con nuestra boca, y la fe para echar mano de las promesas. Nunca viviremos en un nivel espiritual más allá del nivel de nuestra confesión.

Lo que declaras llegará a ser parte de lo que crees; lo que crees, será lo que recibas.

El sabio Salomón escribió:

Proverbios 6:2:

 “Te has enlazado con las palabras de tu boca y has quedado preso en

los dichos de tus labios”.

¡Él se dio cuenta del poder de lo que decimos! Es verdad que hay poder en nuestra boca para maldecir, para liberar, para curar y para matar; ¡existe poder que va más allá de lo que se puede imaginar!

Uno mayor que Salomón (Jesús) exaltó el misterio del poder de la confesión cuando proclamó en Marcos 11:23:

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere... y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”. 

Hay poder en lo que dices

“Lo que dices será hecho”, si lo crees. Esta poderosa verdad funciona en sentido negativo y también en sentido positivo.

Proverbios 18:20, 21:

“Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua”.

Proverbios 12:18:

“...La lengua de los sabios es medicina”.

Proverbios 12:6:

“...la boca de los rectos los librará”. 

¿Estás usando tu boca para librarte de los lazos del enemigo, de los lazos de la enfermedad, de la culpabilidad, de la ruina y la derrota?

Muy a menudo, un camión de paquetería llega a mi casa con equipo para el ministerio. Si es algo que he solicitado, yo solo firmo que pagaré y recibo la mercancía. De vez en cuando traen a mi puerta paquetes que no son míos, ni me interesan y no quiero pagar por ellos. Cuando esto sucede, yo no los acepto ni pongo mi firma para hacerme responsable de pagarlos. Los rechazo. Tú tienes la facultad de rechazar “los paquetes” del enemigo:  la condenación, el temor, la duda, la debilidad, la derrota, la miseria y la enfermedad.

1. Jamás aceptaré la condenación

“Culpable”; “Condenado” es el veredicto que todo hombre merece frente al juicio de Dios. ¡Que palabras más asombrosas y pavorosas!

La verdad es que toda la raza humana es culpable y está condenada. Por nuestros pecados, todos somos culpables.

Romanos 3:23:

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

Siendo que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), y puesto que nosotros no hemos muerto por nuestros pecados, entonces alguien tuvo que morir por ellos. Jesús, el Hijo de Dios, hizo precisamente eso.

Isaías 53:6, 12:

“...Mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.

Cuando Jesús exclamó en la cruz: “Consumado es”, Él no estaba refiriéndose únicamente a que su vida física había terminado, sino que la gran obra por la cual Él había venido, ya estaba consumada. Dios consideró la muerte de su Hijo como suficiente precio para pagar la deuda por el pecado que todos nosotros debíamos. Nuestros pecados no fueron pasados por alto; Él mismo pagó por ellos con su sangre. Aunque Él era sin pecado, Dios le atribuyó todo nuestro pecado (esto es, lo cargó a su cuenta), y Jesús sufrió el castigo por este pecado.No fue que Jesús simplemente llevó el castigo por el pecado: Él llevó el pecado mismo.

a. Él fue nuestro sustituto

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“Cristo no cometió pecado alguno; pero por causa nuestra, Dios lo hizo pecado, para hacernos a nosotros justicia de Dios en Cristo”.

A Jesús se le atribuyeron nuestros pecados de modo que a nosotros se nos pudiera atribuir su justicia. Una persona justa es aquella que tiene “una posición correcta ante Dios”.

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“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús..”.

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“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Lee atentamente, Dios dice:

“Ahora” (No tenemos que esperar hasta que vayamos al cielo).

“Ninguna” (No dice poca, sino ninguna).

“Ahora, ninguna condenación”  

Si Dios dice que no hay condenación en la vida de la persona que está en Cristo Jesús, entonces yo jamás aceptaré la condenación. No permitas que Satanás te atormente por medio de pensamientos de derrota o rechazo por el pecado o malas decisiones que hayas tomado en el pasado.

Miqueas 7:19:

“El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”.

¿Puedes creerlo? Nadie puede sacar de lo profundo del mar lo que Dios ya ha sepultado. El único pecado que te separa de Dios es no creer en Jesucristo y no recibirlo como tu Señor y Salvador.

Juan 3:18:

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado; porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

1ª Timoteo 2:5:

“Porque hay un sólo Dios, y un sólo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.

Para aprovechar la obra de Jesucristo
y recibir la salvación, tenemos que arrepentirnos y confesarle con la boca como nuestro Señor y Salvador.

Hechos 17:30:

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.

Romanos 10:9, 10:

“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; pero con la boca se confiesa para salvación”.

Hay algo que es de eterno valor que tienes que considerar, esto es tu eterna salvación. Debes “nacer de nuevo”, convertirte en un seguidor de Jesús. Debes arrepentirte de todo pecado; confesándolo, odiándolo y abandonándolo. Jesús dijo a Nicodemo, un líder espiritual en Jerusalén, tienes que nacer de nuevo si quieres ver el reino de Dios y quieres entrar en el reino de Dios. Debes experimentar una verdadera conversión a Jesucristo por el poder del Espíritu Santo.

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Hay poder en lo que dices

“Lo que dices será hecho”, si lo crees. Esta poderosa verdad funciona en sentido negativo y también en sentido positivo.

Proverbios 18:20, 21:

“Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua”.

Proverbios 12:18:

“...La lengua de los sabios es medicina”.

Proverbios 12:6:

“...la boca de los rectos los librará”. 

¿Estás usando tu boca para librarte de los lazos del enemigo, de los lazos de la enfermedad, de la culpabilidad, de la ruina y la derrota?

Muy a menudo, un camión de paquetería llega a mi casa con equipo para el ministerio. Si es algo que he solicitado, yo solo firmo que pagaré y recibo la mercancía. De vez en cuando traen a mi puerta paquetes que no son míos, ni me interesan y no quiero pagar por ellos. Cuando esto sucede, yo no los acepto ni pongo mi firma para hacerme responsable de pagarlos. Los rechazo. Tú tienes la facultad de rechazar “los paquetes” del enemigo:  la condenación, el temor, la duda, la debilidad, la derrota, la miseria y la enfermedad.

1. Jamás aceptaré la condenación

“Culpable”; “Condenado” es el veredicto que todo hombre merece frente al juicio de Dios. ¡Que palabras más asombrosas y pavorosas!

La verdad es que toda la raza humana es culpable y está condenada. Por nuestros pecados, todos somos culpables.

Romanos 3:23:

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

Siendo que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), y puesto que nosotros no hemos muerto por nuestros pecados, entonces alguien tuvo que morir por ellos. Jesús, el Hijo de Dios, hizo precisamente eso.

Isaías 53:6, 12:

“...Mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.

Cuando Jesús exclamó en la cruz: “Consumado es”, Él no estaba refiriéndose únicamente a que su vida física había terminado, sino que la gran obra por la cual Él había venido, ya estaba consumada. Dios consideró la muerte de su Hijo como suficiente precio para pagar la deuda por el pecado que todos nosotros debíamos. Nuestros pecados no fueron pasados por alto; Él mismo pagó por ellos con su sangre. Aunque Él era sin pecado, Dios le atribuyó todo nuestro pecado (esto es, lo cargó a su cuenta), y Jesús sufrió el castigo por este pecado.No fue que Jesús simplemente llevó el castigo por el pecado: Él llevó el pecado mismo.

a. Él fue nuestro sustituto

2ª Corintios 5:21 DHH dice:

“Cristo no cometió pecado alguno; pero por causa nuestra, Dios lo hizo pecado, para hacernos a nosotros justicia de Dios en Cristo”.

A Jesús se le atribuyeron nuestros pecados de modo que a nosotros se nos pudiera atribuir su justicia. Una persona justa es aquella que tiene “una posición correcta ante Dios”.

¡Buenas nuevas!

Romanos 8:1:

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús..”.

1ª Juan 1:9:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Lee atentamente, Dios dice:

“Ahora” (No tenemos que esperar hasta que vayamos al cielo).

“Ninguna” (No dice poca, sino ninguna).

“Ahora, ninguna condenación”  

Si Dios dice que no hay condenación en la vida de la persona que está en Cristo Jesús, entonces yo jamás aceptaré la condenación. No permitas que Satanás te atormente por medio de pensamientos de derrota o rechazo por el pecado o malas decisiones que hayas tomado en el pasado.

Miqueas 7:19:

“El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”.

¿Puedes creerlo? Nadie puede sacar de lo profundo del mar lo que Dios ya ha sepultado. El único pecado que te separa de Dios es no creer en Jesucristo y no recibirlo como tu Señor y Salvador.

Juan 3:18:

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado; porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

1ª Timoteo 2:5:

“Porque hay un sólo Dios, y un sólo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.

Para aprovechar la obra de Jesucristo
y recibir la salvación, tenemos que arrepentirnos y confesarle con la boca como nuestro Señor y Salvador.

Hechos 17:30:

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.

Romanos 10:9, 10:

“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; pero con la boca se confiesa para salvación”.

Hay algo que es de eterno valor que tienes que considerar, esto es tu eterna salvación. Debes “nacer de nuevo”, convertirte en un seguidor de Jesús. Debes arrepentirte de todo pecado; confesándolo, odiándolo y abandonándolo. Jesús dijo a Nicodemo, un líder espiritual en Jerusalén, tienes que nacer de nuevo si quieres ver el reino de Dios y quieres entrar en el reino de Dios. Debes experimentar una verdadera conversión a Jesucristo por el poder del Espíritu Santo.

Solo repitiendo una oración que alguien dirija no va a darte salvación, tienes que nacer del Espíritu Santo. Los seguidores de Jesús le aman, le siguen, le obedecen.

b.  La culpabilidad verdadera y la falsa

Muchos sienten remordimiento porque realmente son culpables. La culpabilidad viene por rechazar la ayuda de Dios en sus vidas; pero muchos cristianos también experimentan un tipo de culpabilidad falsa porque dudan que el Señor les ha perdonado.

Vivir bajo la condenación de algo que sucedió en el pasado, algo que ya ha sido confesado, es negar la eficacia de la obra de Jesús en la cruz. Después de ser cristiano, la Biblia nos enseña a confesar nuestros pecados, a abandonarlos y a vivir libres de condenación.Hay una diferencia entre culpabilidad o condenación que viene al cristiano de parte del diablo y convicción del Espíritu Santo a través de la Palabra.

2ª Timoteo 3:16:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

Cuando el Espíritu Santo redarguye, Él trae esperanza y recibimos la gracia para vencer el problema. Él no destruye el sentir de valor personal. El diablo deja a la persona, deprimida y sin esperanza. La condenación dice: “Dios no te ama. No eres digno. Nunca cambiarás”.  La convicción dice: “Tú debes y puedes vencer”.

Los siquiatras y sicólogos confirman que la principal razón por la que muchísima gente sufre de los nervios, de ansiedad, de temor y depresión, es porque hay en ellos una lucha interior no resuelta.

Hay que enfrentarse a la culpabilidad. Acepta el perdón de Dios a través de su Hijo, el Señor Jesucristo, entonces podrás declarar con certeza:

“Ahora pues, ninguna condenación hay para (pronuncia aquí tu nombre) que está en Cristo Jesús”.

También te dice en Isaías 43:25:

“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”.

Así que vive ahora en la libertad y el perdón que Dios te ha otorgado solo por amor y avanza hacia la bendición que Él ha preparado para ti.

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