8 Tipos de Madre Pt.II



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Jueves 9 de Mayo, 2019

Cualquier similitud a tu madre o a ti, ¡es mera coincidencia!

Soraya, la madre sobreprotectora

Soraya es bien conocida entre las maestras y directivos de las escuelas, de su vecinos y cualquier otra persona con quien sus hijos tengan problemas. Es que Soraya siente que tiene que proteger a sus hijos a “capa y espada”... cueste lo que cueste, sea por lo que sea. Cuando Tomasito, su hijo que está en la primaria, trae bajas calificaciones, “es porque el maestro o es mal maestro o es injusto o no le está poniendo atención suficiente al niño”, ¡o las tres cosas! La directora la conoce muy bien por las muchas veces que ha venido a quejarse de dichos maestros o “compañeros que maltratan a su hijo” en el transcurso de los años.

Soraya y su esposo también tienen diferencia de opiniones en cuanto a la crianza de los muchachos en el hogar. Él les da responsabilidades caseras, pero si ellos por cualquier motivo no las hacen, Soraya secretamente las hace para que no salgan regañados. Después de todo, ¡sólo son niños!  

Cuando su hijo Benjamín se fue a la universidad, descuidó sus estudios y reprobó una materia, llamó por teléfono a su madre para que ella lo consolara. Cuando su novia le abandonó, otra vez necesitaba que su madre le dijera que después de todo, esta muchacha no era digna de él. Al tomar el carro de un amigo sin permiso, manejaba a alta velocidad y chocó... su madre vino a su rescate y pagó todos los daños sin que él sufriera ninguna consecuencia. 

Amplificación

Soraya es la clase de madre que protege a sus hijos para que no sufran las consecuencias de sus acciones y sin saberlo, les está llevando por el camino hacia un sufrimiento de otra índole más adelante. Una de las tareas de la madre es enseñar al hijo desde pequeño, que las reglas son parte del mundo real, no únicamente algo de los padres. Si ella no interviene para proteger al hijo, sino que le permite sufrir las consecuencias de haber roto las reglas, sean de la escuela, del trabajo, leyes civiles o leyes de Dios, hará maravillas en su desarrollo y madurez.

Otra tarea de la madre es permitirle, aun animarle, a ser independiente. Su papel es no estorbar el proceso de aceptar la responsabilidad y madurar. Los padres deben guiar al hijo hacia el momento cuando pueda vivir su propia vida sin depender de ellos. Tal vez esto suena duro desde la perspectiva de la madre, pero es el plan de Dios.

Algunos sicólogos infantiles testifican que tanto la falta de protección como la sobreprotección es dañina. Por supuesto, una madre debe buscar proteger a su niño de los peligros, no obstante, el protegerle demasiado, puede dañar el espíritu de aventura e inspirar un espíritu de temor. Él necesita desarrollar su independencia. ¡Es mejor un hueso roto que un espíritu roto!

A veces las madres son como la señora que dijo: “Hijo, no quiero que te metas en el agua hasta que hayas aprendido a nadar”. ¿Cómo va a aprender a nadar?

Es imposible subestimar el papel de una madre. Ella recibe gran satisfacción en ser primeramente la fuente de vida y cuidado para su hijo; luego ella es una fuente de sabiduría, amistad, enseñanza, disciplina y muchas otras virtudes. Pero tarde o temprano, este papel tiene que terminarse.

El libro de Génesis dice que el hombre dejará a su madre (y a su padre). La palabra en hebreo “dejar” significa, entre otras cosas, “desatar, librar, abandonar”. Esta Escritura está hablando específicamente del matrimonio, y el proceso de dejar o desatarse de su madre es el paso final hacia ser un adulto. El soltar a su hijo para que se case y forme su propia familia, es sumamente difícil para la madre sobreprotectora.  

Una palabra de precaución. Existe una área en especial donde la madre debe proteger enérgicamente a sus hijos: en el área sexual. Como consejera y esposa de pastor, he tenido que escuchar a demasiadas mujeres contar historias trágicas de haber sido abusadas sexualmente en su niñez. Un tío, un vecino, un amigo de la familia, un familiar de la amiguita donde fue a pasar la noche, aun el padre. Yo sé que no podemos cuidar a la hija (o hijo) las 24 horas del día, pero, ¡tenemos que estar alertas y tomar algunas medidas para que esta tragedia no llegue a nuestra familia!

Las consecuencias de una madre sobreprotectora

Desafortunadamente, el hijo adulto de la madre sobreprotectora no va a saber tomar decisiones propias y será una persona insegura, indecisa y falta de carácter. Desarrollará un fuerte rasgo de dependencia que difícilmente podrá superar. Por ejemplo, María de 35 años, tiene fuertes problemas con su esposo porque cada decisión que tienen que tomar como padres, ella lo consulta con su mamá y si ella no está de acuerdo, María no puede llevarlo a cabo. Llegó el momento en que su esposo le dijo que tenía que decidir entre él y su mamá porque ya no aguantaba esa situación.

Conozco de otro caso, un varón de 40 años de edad, quien lleva una relación de noviazgo de varios años, pero no quiere casarse, porque teme dejar sola a su mamá y para él, esto representa un acto de ingratitud hacia ella.

En los casos donde la mamá protegió al hijo de sufrir las consecuencias de sus acciones, de adulto, él probablemente seguirá el patrón de echarle la culpa a otros o a las circunstancias por sus problemas.

Otro aspecto de la sobreprotección es el caso de aquellas mujeres solteras adultas, quienes por vivir en casa con sus padres, éstos todavía las quieren tratar y proteger como niñas chiquitas. Por respetar y honrar a sus padres, se someten, pero viven frustradas. Conozco un caso de cierta mujer que era una enfermera titulada con responsabilidades fuertes en el departamento de urgencias del hospital, donde algunas veces ella era responsable de tomar decisiones de vida o muerte, pero su mamá no le dio permiso para hacer un viaje misionero un fin de semana porque “necesitaba descansar”. 

Mensaje personal

Si reconoces que tuviste o todavía tienes una madre sobreprotectora, debes saber que es el plan de Dios cortar el “cordón umbilical emocional”, ¡hazlo! Con la ayuda de Dios, puedes vencer tus debilidades. Por ejemplo, si eres una persona insegura, ponte pequeñas metas y al alcanzarlas, poco a poco llegará la seguridad.

¡Tú puedes salir adelante por tu propia cuenta! Debes reconocer que Dios tiene un propósito para ti, más allá de simplemente ser una hija de familia. Junto con ese propósito viene la gracia de Dios para cumplirlo. 

Josué 1:5

“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida… estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”. 

Si reconoces que eres una madre sobreprotectora, pide al Espíritu Santo que te revele el punto de equilibrio entre protección del hijo y promover su independencia. Como veremos más adelante, Dios, el Padre perfecto, no sobreprotege a sus hijos, sino que les permite vivir las consecuencias de sus acciones.

Perla, la madre perfeccionista

Perla siempre se ha esmerado en todo lo que hace: “Algo menos que perfecto no es aceptable”, es su lema. Y, ¡pobres hijos! Son inteligentes pero cuando traen su boleta con cinco dieces y un nueve, ya saben qué va a decir su mamá. “¿Qué pasó aquí, hijo? Tienes que mejorar este nueve”.

Como los hijos tienen que ser los más destacados del círculo de amistades de Perla, ellos desconocen lo que es un rato libre para jugar. O están estudiando, para subir ese nueve a un diez ó Susy está en clases de ballet y Paco en karate o tomando clases de inglés. Ambos estudian un instrumento musical que requiere muchas horas de práctica en la escuela.

Para Perla, sus hijos son sus “trofeos” y por supuesto, nada menos que el “trofeo de primer lugar” es aceptable.

Otra razón por la que no pueden jugar es que, ¡eso puede ensuciar la casa! Las muñecas de Susy son lindos adornos porque Perla insiste en que “si juegas demasiado con ellas, se van a maltratar”. Y aunque Paco es un muchacho responsable, su madre no le permite tener un perrito porque “maltrataría el jardín”. Perla insiste en que siempre esté todo en su lugar en la casa. Los víveres están guardados en la alacena en orden alfabético y los hijos (y el marido) tienen que limpiar sus zapatos antes de entrar a la casa. 

Amplificación

La madre perfeccionista batalla para aceptar que su hijo no es “perfecto” y reacciona en una de dos maneras; niega la realidad de las fallas del hijo: “este problema desaparecerá”, y como la madre sobreprotectora, ella le echa la culpa a otros: “Las calificaciones bajas no son tu culpa; es la maestra ineficiente”.

Si no reacciona así, puede que tenga una actitud de condenación e inconscientemente retiene su aceptación. Muestra aceptación únicamente cuando el comportamiento del hijo alcanza sus expectativas.

Consecuencias de una madre perfeccionista

Como veremos más adelante, una de las necesidades básicas del niño es la aceptación incondicional de sus padres, y cuando la madre es una perfeccionista, raras veces el hijo se siente aceptado. Un espíritu de excelencia es admirable, algo que debemos inculcar en nuestros hijos; no obstante, existe una línea delgada entre la excelencia y el perfeccionismo. Si tienes las normas tan altas que el niño o joven siente que no puede alcanzarlas, vas a quebrantar su espíritu, de adulto será una persona insegura.

Un joven dijo: “Yo sentía que casi nunca hacía algo bien. Mi madre me criticaba y me corregía cada vez que intentaba algo porque no lo hacía bien. Yo experimentaba una frustración continua y finalmente terminé con temor a emprender cualquier cosa. Si no hubiera sido por una persona que tuvo confianza en mí y me dio un trabajo durante mis años de adolescente, creo que nunca hubiera tenido confianza en mí mismo como para conseguir un buen empleo”.

Si tuviste o todavía tienes una madre perfeccionista, probablemente vives en temor de no lograr nada y temor de no agradar a la gente. Temor a que la gente te rechace cuando se da cuenta que no eres perfecta. Algunos se deprimen al encontrar fallas en su vida personal o en su trabajo. Les falta la habilidad de tratar con el fracaso. Algunos viven bajo la ansiedad de no fallar a su madre ni a otros. Aun algunas personas en centros de rehabilitación testifican que el único tiempo cuando no sienten que tienen que ser ‘‘perfectos” es cuando están tomando alcohol o drogándose. 

Los hijos de estas madres llegan a pensar que cualquier fracaso o falla les hace personas totalmente inaceptables e indignas de valor. ¡Y esto es una carga demasiado dolorosa y pesada con la cual vivir! Entonces, en vez de enfrentar su propia imperfección y en vez de tomar la responsabilidad por sus errores, les es más fácil echarle la culpa a otros o simplemente negar hechos reales en sus vidas. El camino bíblico es muy diferente: es confesar nuestros pecados y errores, arrepentirnos de todo corazón, luego aceptar el perdón y la gracia de Dios y seguir adelante.

En cuanto a los efectos espirituales, el hijo adulto de una madre perfeccionista muchas veces encuentra difícil sentir la cercanía de Dios. Se imagina que si Dios le ama, es porque no sabe cuán malo es y si sabe cómo es él, entonces no le puede amar incondicionalmente. Siempre está tratando de agradar a los demás.

Mensaje personal

Si tuviste una madre perfeccionista, necesitas reconocer que no tienes que ser perfecta para ser amada. Escucha lo que Dios dice el Salmo 103:11-14: 

“Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo”. 

Dios te ama incondicionalmente. Él no tiene una “boleta de calificaciones celestial”, marcando tus aciertos y tus fracasos. Es más, el esperar la perfección personal ni siquiera va de acuerdo con la Biblia, que dice claramente: “No hay justo, ni aun uno”. Es por eso que el Señor Jesucristo vino a la tierra, para demostrar y derramar de la gracia divina y perfecta de Dios a un mundo imperfecto. No hay peor entorpecimiento para acercarse al Señor que el tratar de ser “lo mejor posible” antes de llegar a Él. Dios se deleita en tomar nuestras vidas quebrantadas e imperfectas y transformarlas en algo bello.  

Aurora, la madre ausente emocionalmente

Desde que su papá dejó la casa, Lalito se ha quedado sin padre y sin madre. Porque su madre siente que algo ha muerto por dentro. No tiene ni fuerzas, ni deseo, ni ánimo para atender a su hijo. El siguiente diálogo es común: Lalito entra a la recámara de su mamá, donde ella está dormida o está viendo una telenovela o película de amor desdeñable y le dice:

— Mamá, ¡tengo hambre!

— Ahorita, no me molestes porque me siento mal. ¡Ábrete una lata de sopa!

— Pero mamá, ¡siempre te sientes mal!

—¡Ya vete y cierra la puerta!

Lalito no ha perdido sólo a su padre, sino también a su madre.

Hay muchas madres como Aurora, la mamá de Lalito, que físicamente están en la casa, pero no están emocionalmente. Puede ser por el alcoholismo, las drogas, la depresión u otros problemas mentales o emocionales. 

Hay otros casos que pudieran interpretarse como madre ausente que no lo son, como es el de una madre sola que se ve obligada a dejar a su niño pequeño en una guardería porque tiene que trabajar fuera de casa. ¡Su caso es totalmente distinto a los anteriores! La imagen de esta madre soltera, es una imagen digna de admirar, puesto que en medio de una sociedad que señala su condición, rechazó la falsa salida del aborto o el abandono y decidió ser una mujer que enfrenta la vida por ella y por su hijo con los retos que implica; ser ella la responsable de brindar educación, alimento, protección, formación de una vida y a la vez dar afecto y atención en la ausencia de una figura paterna.

Amplificación

En los años 40’s y 50’s había una tremenda fascinación por las grandes estrellas de cine de Hollywood. Mujeres hermosas, vestidas de lujo y enjoyadas, eran las personas más admiradas por el público y de vez en cuando, se tomaban fotos con sus hijos para dar una imagen sana.

Pero cuando esos hijos crecieron, se descubrió una historia muy diferente de esas madres “hermosas y sanas”. Muchas de ellas dejaron el cuidado total de sus hijos a nanas. Aunque vivían en la misma casa, posiblemente pasaban de 10 a 15 minutos diarios para saludar a sus hijos.  Eran “demasiado” importantes como para dedicarse a la maternidad.  La hija de una de estas superestrellas fue abusada sexualmente por uno de los maridos. La hija de otra superestrella, engendrada en una relación ilícita (no se pecaba tan abiertamente como ahora) fue dada a conocer al público como una niña adoptada.  Hasta muchos años después, se supo que era una hija natural, aunque la mamá nunca lo admitió. Las mamás fueron famosísimas, pero sus hijos llevan vidas destruidas y frustradas.

Consecuencias de una madre ausente emocionalmente

Siendo que uno de los papeles principales de la madre es el de nutrir, de amar y aceptar, si todo esto está ausente, el hijo crecerá con un sentir de rechazo. Y de todas las heridas que un niño puede sufrir, creo que ésta es la más dañina porque las consecuencias son trascendentales. Hago esta afirmación basada en muchos años de ministrar a una multitud de mujeres de diferentes culturas y naciones. A menos que una persona haya sido sanada por el poder de Dios, el espíritu de rechazo afectará su matrimonio y todas sus relaciones interpersonales. Seguramente afectará la manera en que cría a sus propios hijos y el patrón del rechazo continuará de generación a generación, trayendo terrible destrucción. ¡Pero hay esperanza! Más adelante, hablaremos de cómo recibir sanidad de esta herida emocional.

Mensaje personal

Si tu madre estuvo ausente emocionalmente, debes entender que en la mayoría de los casos, fue una situación fuera de su control. Si sufría de depresión u otra enfermedad emocional o mental, si se vio obligada a trabajar fuera de la casa y dejarte con otras personas o si ella nunca aprendió a expresar afecto de su propia madre, probablemente será más fácil de entender, puesto que hasta cierto punto, ella fue víctima también. Más adelante hablaremos de cómo apropiarte del amor de Dios y de otras fuentes de amor humano para llenar el vacío emocional.

Dora, la madre dominante, controladora

Dora y su esposo provienen de familias obreras, pero ambos, con muchos esfuerzos, lograron graduarse de la facultad de leyes. Poco a poco han logrado una norma de vida muy diferente a la que tuvieron en su niñez. Y ahora, Dora tiene una idea muy exacta de cómo quiere que sean sus hijos, para que no se pierda lo ganado. ¡Y se encarga de que cumplan sus expectativas al pie de la letra!

Cuando su hijo Mario le informó que quería ser veterinario, ¡Dora casi tuvo un infarto! “¿Cuidar animales cuando vienes de una familia de abogados? ¡Jamás! ¡Me vas a poner en vergüenza! Si decides estudiar eso, ¡tendrá que ser en otra ciudad donde no nos conozcan!”.

Mario ha entendido el mensaje y aunque las leyes para nada le interesan, ya hizo su solicitud para ingresar a la facultad.

Amplificación

Un papel importante de cada madre es de nutrir y proveer seguridad al niño. Sin embargo, después de que ella hace esto, su siguiente tarea es ayudar al hijo a desarrollar su individualidad. Fuimos diseñados por Dios para tener nuestra propia identidad. Para que un hijo se desarrolle sanamente, la madre necesita permitirle cultivar su independencia y afirmación de la voluntad.

Durante la niñez y la adolescencia, el niño empieza a experimentar lo que llamamos la voluntad. En algunos niños, es especialmente marcado, de modo que son llamados “de carácter fuerte”. Otros son menos fuertes, pero todo el mundo tiene su propia voluntad.

Cuando una madre tiene un espíritu de control y no permite al hijo independizarse, utiliza la manipulación para lograr sus propósitos. Y existen varias maneras:

Culpa

Una de las formas más poderosas que las madres usan para controlar es la culpa. “Me vas a herir si haces tal o cual cosa”. Para el niño, herir a su madre es algo que no soporta. Y la culpabilidad a veces se queda con el hijo después de ser adulto.

Una amiga me contó la historia de cómo su suegra controla la vida de su esposo, Gerardo. A pesar de que esta madre tiene su propio negocio y tiene un esposo que trabaja. En cierta ocasión, le dijo: “Hijo, ¡cómo necesito un mejor automóvil! Tus hermanos no quieren ayudarme. ¿No puedes darme dinero para comprar otro carro?”. Esto hizo sentir a Gerardo impotente y culpable por no poder ayudarla. Entonces Gerardo consiguió un segundo trabajo para poder proveer mejor para su madre. Mi amiga me dice: “Los niños casi no ven a su padre porque ya están dormidos cuando él llega en la noche. Veo que mi suegra está controlando la vida de su hijo utilizando la culpabilidad”.

Retener el amor

Otras madres, en vez de usar la culpabilidad, utilizan un mensaje silencioso que dice: “Si no haces lo que quiero, no te seguiré amando”. Para un joven llamado Enrique con una madre controladora, el colmo llegó cuando él decidió asistir a una escuela superior diferente a la que ella había escogido. Por un año, ella no le habló. Algunos padres retienen el apoyo financiero u otros beneficios.

Enojo

Algunas madres controlan a sus hijos por medio de la ira. Se ponen furiosas si su hijo no está de acuerdo. Son capaces de controlar a gritos y hasta usar la violencia. Como un niño no soporta el enojo de su madre, se somete pero vive atemorizado. Muchas veces crece dentro de él una rebeldía que tarde o temprano explota. A menudo la madre enojona es también impositiva: “¡Se hace porque yo digo!”.

Consecuencias de una madre controladora

Samuel tenía 36 años y quería casarse. Se había enamorado varias veces de buenas mujeres, pero cada vez que se acercaba al matrimonio, él se sentía “sofocado” y rompía la relación. Había tenido una madre dominante e inconscientemente, él temía al compromiso.

En otros casos, la persona que ha tenido una madre controladora, tiene problemas en decir “no”. Puesto que había conflictos cada vez que expresaba una opinión diferente a su madre, ahora teme las consecuencias negativas si dice “no” a  cualquier persona que ama.

Tendemos a repetir los mismos patrones que aprendimos con nuestra madre, así que si tu madre usaba la culpa, el enojo o la manipulación para controlarte, probablemente tú harás lo mismo... a menos que en el nombre de Jesús rompas el patrón y pidas al Señor que te cambie.  

El control excesivo genera intimidación y a veces humillación interna, con mucho resentimiento, pero con la incapacidad para manifestarlo, lo cual atrapa a la persona en sentimientos encontrados consigo misma. Se siente culpable de lo que siente o hace, pero por lo general no tiene la voluntad para decir no.

Tengo que reconocer que mi propia madre era dominante en algunas áreas. Durante mi juventud, tuvimos muchas discusiones porque yo también era de carácter fuerte y cuando no estaba de acuerdo con sus opiniones, lo expresaba. Aún después de casarme, mi madre expresaba sus opiniones, contrarias a las de mi esposo, sobre mi corte de cabello y otros asuntos personales. A veces discutíamos fuertemente cuando yo no estaba de acuerdo con ella. 

Tengo dos hermanos  y  uno  de  ellos discutía frecuentemente con mi madre porque ella quería controlar áreas personales de su vida, como su elección de ropa y cómo administraba el dinero. No recuerdo a mi otro hermano discutiendo nunca con mi madre porque él tiene un temperamento mucho más tranquilo. Por lo tanto, de los tres hijos, él siempre se llevaba mejor con mi madre. En vez de discutir con ella, simplemente la escuchaba pero luego tomaba su propia decisión. De modo que, nuestro temperamento tiene mucho que ver con la forma en que respondemos al carácter de nuestra madre. 

Mensaje personal

No hay nada más frustrante que el pasarse la vida tratando de agradar a personas difíciles de agradar. Y si tuviste o tienes una madre así, probablemente a menudo sientes que estás “entre la espada y la pared”. Pero el Señor tiene una palabra libertadora para ti: Él dice que tenemos que “agradar a Dios antes que a los hombres”. Él tiene una voluntad perfecta para tu vida y la de tu familia y lo que es más, Él conoce tus limitaciones. 

Tengo una sugerencia: si sientes que tu vida está totalmente fuera de control, que es un constante estire y afloje, agradando a todo el mundo, regálate un par de horas para sentarte, pluma y cuaderno en mano y haz una evaluación de todas tus actividades. ¿Cuáles cosas haces porque son parte imprescindible de tu responsabilidad como hija, esposa, madre e hija de Dios? ¿Cuáles cosas disfrutas y te enriquecen? ¿Cuáles cosas haces sólo para agradar a otros, para “quedar bien” o porque no te animas a decir “no”? ¿Cuánto tiempo dedicas para ti sola por semana?  Pide dirección a Dios sobre las prioridades en tu vida, luego empieza a decir “no”, con más frecuencia.

Recuerda: Jesús nos manda amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos; es decir, si continuamente nos negamos a nosotras mismas, si nunca nos amamos ni nos dejamos amar, estaremos fuera de la voluntad de Dios y privándonos de su bendición. ¡Ármate de valor para vivir como Él quiere, no como los demás quieren! 

Conchis, la madre consentidora

Conchis ha leído todos los libros sobre psicología moderna en cuanto a la crianza de los hijos, la cual le ha enseñado que lo más importante es permitir a los niños “ser”. Y una de las peores cosas que uno puede hacer es castigar al hijo corporalmente porque “¡eso es enseñar a los niños a resolver los problemas con violencia!”.

Su hijo Paquito, de edad preescolar, es el “terror” de toda la familia. Ni siquiera los abuelitos lo quieren cuidar porque simple y sencillamente no entiende la palabra “¡no!” Controla la situación con sus berrinches, destruye lo que hay a su alcance y muerde a los primitos. Pero, ¿castigarlo? ¡Nunca! Conchis sólo trata de “dialogar” con él.

Y así crece Paquito: sin freno, sin disciplina, porque Conchis aprendió que para tener un hijo feliz, se le debe dar todo lo que quiere para no frustrarlo y permitir que haga lo que quiera, para no limitar su libertad de expresión.

Amplificación

Conchis, juntamente con muchas madres, cree las siguientes mentiras acerca de la crianza de los hijos:

1. Evita confrontación directa con el niño, poniendo la carga de la disciplina sobre terceras personas: “Juanito, la Sra. Richards (la anfitriona) te enviará a casa si haces eso”. O peor: “Diosito te va a castigar si no te portas bien”.

2. Cada niño, si está haciendo pucheros, berrinches o llorando porque recién fue disciplinado, necesita un dulce… ¡y rápido!

3. Siempre guarda dulces en la bolsa para controlar al niño.

4. Es culpa del niño si no se porta bien, no la responsabilidad de la madre de enseñar y disciplinarle. “No quiere”, dice la madre y así termina el asunto.

5. Es un pecado cultural hacer al niño llorar o sentirse infeliz. La felicidad inmediata es más importante que las metas a largo plazo.

Consecuencias de una madre consentidora

Una consecuencia de la falta de disciplina es que produce hijos rebeldes que batallan con figuras de autoridad, sean en el hogar, en la iglesia, en el trabajo o en el gobierno.

Otra consecuencia de un niño consentido, es que forma un sentimiento de ser merecedor de todo, sin reconocer que él tiene que esforzarse por obtener aquello que pide. Una persona que vive sin disciplina se vuelve una persona egocéntrica, creyendo que el mundo tiene que girar alrededor de ella, por lo que difícilmente tendrá amistades. Vivirá en frustración también al ver que no todo el mundo tiene la misma disposición para cumplir la voluntad de ella. Llegará a ver a las personas con diferencias de opinión como enemigos en vez de respetar las diferencias, haciendo “berrinches” aun de adulta. Y para colmo, esos berrinches sólo servirán para alejar a la gente, en vez de lograr su propósito.

También a veces se nota en un adulto que fue consentido de niño, la falta de “freno” interior, lo cual puede manifestarse en deudas excesivas e innecesarias, casa desarreglada e hijos descuidados. A veces surge indisciplina en áreas de su vida personal, como descuidar su salud, alimentación, estudios, etc. 

Por años he escuchado a mujeres decir que nosotras, las madres, fomentamos el machismo y estoy de acuerdo. Cuando una madre consiente a sus hijos varones de tal forma que sus hermanas (o su madre) siempre les sirven, ella está perpetuando la mentira que la mujer existe básicamente para servir al varón. ¡En el hogar es donde podemos cambiar esta mentalidad tan destructiva!

Mensaje personal

Si reconoces que tu madre fue consentidora, no es demasiado tarde para que aprendas la autodisciplina y obediencia a las autoridades en tu vida, aunque no será tan fácil como adulta. Necesitas reconocer que la sumisión a las autoridades legítimas es el plan de Dios. Trae orden a las familias, a la iglesia y a la sociedad.

A la vez, tendrás que aprender a discernir entre placer momentáneo y felicidad duradera, especialmente en el área sexual, en la alimentación y en el manejo del dinero.

Tengo una amiga que llamaré Anita que me ha contado cómo su madre era tan eficiente y perfeccionista en cuanto al cuidado de la casa, además de tener una sirvienta durante varios años, que nunca le enseñaba ni le hizo responsable para ayudar con las tareas de la casa. Ella dice: “Como consecuencia, mis primeros años como ama de casa fueron un desastre. ¡Simplemente no tenía disciplina! Aunque suene como algo muy espiritual para algo tan práctico, lo vencí a través de la oración. Poco a poco, orando y “haciendo”, Dios me ayudó a cambiar y mi casa ha cambiado. Aunque nunca seré alguien que logre que sus pisos parezcan espejo, mi casa es un lugar agradable y atractivo”.

Pablo escribió: 

Filipenses 4:13

 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Si estás batallando con la falta de autodisciplina en algún área de tu vida, aprópiate de esta declaración. ¡Porque no hay nada imposible al que cree!

Thelma, la madre temerosa

Cuando Thelma, la temerosa, tenía doce años, mataron accidentalmente a su papá con una “bala perdida” en año nuevo. Desde entonces el temor a todo y a todos dominaba su personalidad. Y ya de mamá sus hijos están sufriendo las consecuencias.

Thelma nunca lleva a Pepe y a Carla a un parque porque “uno nunca sabe qué clase de gente anda allí”. Tal vez, les pueda morder un animal. Tampoco saben lo que es ir a jugar a la casa de amigos, porque “¿qué si alguien está enfermo y se contagian?”.

También ella se preocupa que pueda haber accidentes, por eso si ella no los puede acompañar personalmente, ¡ni siquiera pueden participar en las excursiones de la escuela o la iglesia!

En otros aspectos es también temerosa. Sus hijos sólo tienen que toser una vez e inmediatamente los lleva con el pediatra. No pueden comer helado porque “se enferman de la garganta”. Thelma desconfía de todo y de todos; para ella, su mayor propósito en la vida es proteger a sus hijos, para que “nada, ni nadie” les haga daño.

Amplificación

Algunas expresiones de la madre temerosa son:

“Hijito, no salgas a jugar en la tierra, te puedes enfermar”.

“No salgas afuera, el sol te puede causar cáncer de piel”.

“No te bañes más de una vez a la semana; se te baja el calcio”.

“No brinques porque te puedes quebrar el brazo”.

El desarrollo de los hijos de una madre temerosa se ve afectado porque no se les permite “aventurar”. Y como no se han aventurado en el mundo, tardan para lograr independencia y madurez.

Consecuencias de una madre temerosa

Las madres extremadamente temerosas casi siempre traspasan su temor a los hijos. Por ejemplo, tengo una amiga llamada Carla que me contó lo siguiente: “Mi madre era una persona temerosísima a los dentistas. Ella era una persona muy autodisciplinada, así que era fiel a sus citas, pero antes de ir con el dentista, externaba su temor a toda la familia. De hecho, siempre tomaba tranquilizantes para poder sobrellevar el tiempo.

Este temor me lo pasó a mí, pero por no ser tan disciplinada como ella, yo sí aplazaba el tiempo de ir con el dentista hasta que estaba en un grito de dolor, con infecciones fuertes. A raíz de este descuido, prácticamente me he quedado sin muelas”.

Otra amiga, llamada Alicia, tenía una madre que siempre expresaba temor de que ella entrara en una relación con un mal hombre. Varias de sus primas quedaron embarazadas antes del matrimonio y su madre continuamente le decía: —Ten cuidado con los hombres, todos son unos aprovechados y quieren una sola cosa. Alicia comenta: “Mi madre tenía tantos ‘tabúes’ que hasta implicaba pecado que siquiera nos tomáramos de la mano en un noviazgo. Como consecuencia, yo llegué a ser muy reacia y desconfiada con los hombres; nunca pude tener un novio sin sentir culpa”. Ahora Alicia tiene 38 años y aún no se ha casado, a pesar de desearlo y de ser una chica muy bonita con un carácter muy agradable. 

Mi propia madre tenía mucho temor del agua y yo “heredé” ese mismo temor. Como adolescente, cuando en grupo íbamos a una alberca, mi madre me advertía un sinnúmero de veces de tener cuidado y no ahogarme. Y cuando en algunas ocasiones se nos presentó la oportunidad de subir a una lancha, ¡a mi madre casi le daba un infarto! De modo que, hasta la fecha no me gusta tampoco subirme a una lancha,  aun y cuando unos queridos amigos de Cabo San Lucas y de Cozumel, se ofrecen a pasearnos gratuitamente. Finalmente, aprendí a nadar, muchos años después de casarme, gracias a la instrucción de mi esposo, pero aún prefiero quedarme en el lado de la alberca donde el agua no es profunda.

El temor afecta de otras maneras también. Cristina temía a la confrontación. Cuando su hijo Esteban estaba teniendo problemas en la escuela primaria con un maestro que se burlaba abiertamente de él por ser cristiano y por ser más tierno de carácter que los demás niños, Cristina sabía que tenía que confrontar la situación. Pero antes de por fin hacerlo, el temor le provocó una úlcera gástrica.

Mensaje personal

Si tuviste una madre temerosa y has heredado algunos de sus temores, recuerda lo que la Biblia nos dice: 

2 Timoteo 1:7

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía (temor)…”. 

En el Señor, ¡tú puedes vencer! ¿Cuáles son tus temores? Entrégalos a Jesús, confiando en su cuidado y amor. La Escritura dice: 

1 Juan 4:18

“...El perfecto amor echa fuera el temor...”. 

Contiene una gran verdad. A la vez, toma autoridad sobre el espíritu de temor, atándolo en el nombre de Jesús. ¡Aprende a orar enérgicamente por la protección de los tuyos!

Zulema, la madre sufrida

El esposo de doña Zulema, “la sufrida”, era alcohólico, de modo que ella tuvo que sacar adelante a sus tres hijos sola. Ellos agradecen el sacrificio y la dedicación de su madre, pero le agradecerían mucho más si ella no les recordara tanto lo de su papá. “Adrianita, tú eres la única hija y viendo a tu padre, ya sabes cómo son los hombres. ¡Son unos irresponsables! Tú me entiendes. ¡Tener marido es sufrir! Espero que lo pienses dos veces antes de casarte. Mejor, ¡deberías quedarte conmigo! Lo que más temo es morir en total soledad. ¡Y después de todo lo que he hecho por mi familia!”.

A su hijo Gustavo, doña Zulema le dice: “Cuando me embaracé de ti, por algún motivo mi tiroides se descompuso y desde entonces he estado sube y sube de peso y he perdido mi atractivo físico. Fue entonces que tu padre empezó a entenderse con otras mujeres. Claro, tú no puedes hacer nada por el pasado pero sólo quiero que sepas lo que me has costado y que nunca lo olvides. Cuando necesite un dinerito para mis medicinas, espero que pueda contar contigo”.

El menor es Pedrito: “¡Jamás esperé tener otro hijo! La verdad es que tu papá me obligó una noche cuando estaba tomado. Le tuve miedo y accedí. Fue una gran carga para mí saber que tendría otro hijo cuando tu papá y yo andábamos tan mal, pero; ¡has resultado una alegría para mí! ¡Qué bueno que te tengo! Ahora tus hermanos más grandes están estudiando sus carreras y ocupados con sus noviazgos, sé que puedo contar contigo en estos años difíciles en que, ¡todos se han olvidado de mí!”.

Amplificación

Algunas frases comunes de la madre sufrida son:

“No pude terminar mi carrera cuando naciste porque me dediqué a criarte”.

 “Tu papá no me hace caso, tus hermanos son malagradecidos, nadie viene a verme”.

“Estoy enferma y a nadie le importa”.

“Hace 30 años tu padre me engañó y he sufrido como no te imaginas”.

“Dentro de poco me voy a morir, entonces tendrás mucho tiempo para pasar con tu esposa. ¿Por qué no vienes más seguido a verme? Pero por favor, ven solo; esa mujer no me quiere”.

Aunque he usado la palabra “sufrida” para describir esta madre, a la vez ella es una manipuladora, porque utiliza sus sufrimientos, los reales e imaginarios para manipular a los hijos.

Consecuencias de una madre sufrida, manipuladora

A veces el resultado de esta clase de madre son hijos que viven con la culpabilidad por no haber hecho más por su madre. Muchas personas llevan un sentido de responsabilidad falso toda la vida. En otros casos, resulta en hijos rebeldes que tienen resentimiento o rencor contra su mamá.

Los hijos son más propensos a tener matrimonios infelices a causa de los conflictos familiares. Por un lado, le siguen la corriente a su mamá; pero por otro lado, sienten culpa para con su propia familia porque se dan cuenta que no se dan abasto. Se sienten confundidos por las recriminaciones de su cónyuge. Sufren gastritis, colitis, dolores de cabeza y otras enfermedades.

Mensaje personal

Si tuviste o todavía tienes una madre sufrida o manipuladora, necesitas reconocer que cada uno, incluyendo a tu mamá, somos responsables por nuestras propias decisiones y que tú no eres responsable ni culpable por las cosas que ella sufrió. Rechaza la autocondenación. Esto no es deshonrar a tu madre, es solamente aceptar la verdad. Si no lo haces, sufrirás toda la vida y no serás una persona emocionalmente sana, ¡y tus hijos pagarán el precio!

Paulina, la madre pasiva

Paulina, una madre pasiva, no sabía tomar decisiones y se dejaba insultar y menospreciar por su esposo. Cuando sus hijos necesitaban zapatos, ella no le pedía dinero y cuando había problemas con sus hijos en la escuela, ella nunca se presentaba para hablar con el maestro porque no quería involucrarse en ninguna confrontación. Siempre se mantenía al margen.

Cuando el padre disciplinaba a los hijos con castigo corporal excesivo y llegaba a golpearlos brutalmente, Paulina no hacía nada por defenderlos. Susana, la hija mayor tenía que poner a estudiar a sus hermanos, tenía que decirles que recogieran su ropa, que se acostaran; en fin, ella casi asumía el papel de la madre.

Susana, ya adulta, dice: “Desde pequeña empecé a odiar a mi papá por ser injusto. Yo siempre deseaba que mi mamá se defendiera porque yo no podía hacerlo. Al ver que ella no se defendía, empezó a crecer en mí un enojo contra ella. Cuando era adolescente, me rebelé y entonces yo le decía a mi papá ‘sus verdades’. 

Todo esto resultó en que yo odiara el matrimonio y lo viera como algo sin sentido, trayéndome sólo problemas. En algunos de mis hermanos provocó tanta pasividad que no podían terminar con nada de lo que empezaban; actuaban igual que mi mamá o al contrario, completamente rebeldes, aun ya casados”.

Amplificación

Aunque las consecuencias son tristes y devastadoras en la clase de pasividad ya mencionada, existe otra clase de pasividad y las consecuencias son aún más devastadoras, ¡es la pasividad espiritual! 

Cuando Laura era niña no había nada que la desesperara más que el tener que asistir cada semana a una reunión religiosa. Implicaba estar quieta por una hora sin abrir la boca ni moverse para nada y escuchar a alguien hablar, a quien no entendía. 

Además, Laura sentía que en su familia “la religión” era una hipocresía. Su papá y su mamá usaban su mejor ropa y su mejor cara para asistir a esta actividad dominical y ambos eran reconocidos por sus fuertes contribuciones económicas, pero tan pronto se alejaban de la iglesia, todo cambiaba. Sus padres se peleaban como perros y gatos entre sí, y en la abarrotera de la cual eran dueños tenían fama de ser tacaños con los clientes, abusivos con los empleados y ladrones para con los proveedores. 

Así que Laura formó una actitud en cuanto a la religión: “Realmente no sirve para nada; es una actividad social y cultural para aquellos que tienen tiempo para ello”. Por eso, ella y su esposo determinaron no imponerles a sus hijos la religión. “Es mejor permitirles que ellos decidan cuando sean grandes”, es lo que dice Laura. “Los domingos es más bien día de dormir tarde, ir juntos al cine y a un buen buffet de almuerzo. Después de todo, ¿cuándo más vamos a tener tiempo para estar con ellos?”.

El caso de Luisa es diferente. Ella sí disfrutó el ir a la iglesia de niña. Es más, se destacó en aprender muchas historias y versículos bíblicos. De joven, se involucraba con el grupo de jóvenes. Sin embargo, cuando se casó con un hombre espiritualmente apático, la fe de Luisa se fue enfriando y ella llegó a ser espiritualmente pasiva. Cuando llegaron los hijos había nuevas distracciones y más trabajo. Ambos reconocen que ir a la iglesia es algo bueno para los hijos y procuran llevarlos cuando menos dos veces al mes, siempre y cuando no interfiera con un programa especial en la televisión o no estén demasiado cansados. Pero la realidad es que sus hijos están creciendo sin Dios.

Aunque ambos son casos diferentes, tanto Laura como Luisa, con su apatía y pasividad en las cosas espirituales, están dejando un vacío en sus hijos. Un terrible vacío, ¡que nada, ni nadie va a poder llenar! 

Consecuencias de la madre pasiva

Los hijos de una madre pasiva probablemente tendrán problemas con la inestabilidad emocional. Ellos no sabrán cómo enfrentar y solucionar problemas porque nunca lo vieron en su madre. Cuando existe abuso sexual, las madres pasivas prefieren llamar a la niña (o niño) “mentirosa” en vez de defenderle y enfrentar la situación difícil, lo cual provoca consecuencias devastadoras.

Doy gracias a Dios que mi madre no fue pasiva en cuanto a las cosas de Dios. Ella fue enérgica en llevarme a mí y mis dos hermanos a la iglesia donde recibimos instrucción acerca de la Palabra de Dios. A pesar de que en nuestra agrupación no entendíamos muchas cosas importantes sobre la obra del Espíritu Santo, sin embargo, aprendí el temor a Dios y un respeto por su Palabra que me ha beneficiado toda la vida. Y no fue “una religión” que sólo se practicaba los domingos. Mis padres vivían diariamente, al nivel de su entendimiento, las Sagradas Escrituras.

Mensaje personal

Hayas tenido o no una madre que te inculcaba la importancia de las cosas de Dios, ahora como adulta, eres responsable por tu propias decisiones y acciones. Tienes la oportunidad de tener más que una religión, puedes tener una relación personal con Dios a través de su Hijo Jesús. Si nunca has comenzado esta relación, en la siguiente sección del libro aprenderás cómo hacerlo y en la penúltima sección aprenderás cómo encaminar a tus propios hijos en los caminos de Dios.

 

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Publicado el:
Jueves 9 de Mayo, 2019

Cualquier similitud a tu madre o a ti, ¡es mera coincidencia!

Soraya, la madre sobreprotectora

Soraya es bien conocida entre las maestras y directivos de las escuelas, de su vecinos y cualquier otra persona con quien sus hijos tengan problemas. Es que Soraya siente que tiene que proteger a sus hijos a “capa y espada”... cueste lo que cueste, sea por lo que sea. Cuando Tomasito, su hijo que está en la primaria, trae bajas calificaciones, “es porque el maestro o es mal maestro o es injusto o no le está poniendo atención suficiente al niño”, ¡o las tres cosas! La directora la conoce muy bien por las muchas veces que ha venido a quejarse de dichos maestros o “compañeros que maltratan a su hijo” en el transcurso de los años.

Soraya y su esposo también tienen diferencia de opiniones en cuanto a la crianza de los muchachos en el hogar. Él les da responsabilidades caseras, pero si ellos por cualquier motivo no las hacen, Soraya secretamente las hace para que no salgan regañados. Después de todo, ¡sólo son niños!  

Cuando su hijo Benjamín se fue a la universidad, descuidó sus estudios y reprobó una materia, llamó por teléfono a su madre para que ella lo consolara. Cuando su novia le abandonó, otra vez necesitaba que su madre le dijera que después de todo, esta muchacha no era digna de él. Al tomar el carro de un amigo sin permiso, manejaba a alta velocidad y chocó... su madre vino a su rescate y pagó todos los daños sin que él sufriera ninguna consecuencia. 

Amplificación

Soraya es la clase de madre que protege a sus hijos para que no sufran las consecuencias de sus acciones y sin saberlo, les está llevando por el camino hacia un sufrimiento de otra índole más adelante. Una de las tareas de la madre es enseñar al hijo desde pequeño, que las reglas son parte del mundo real, no únicamente algo de los padres. Si ella no interviene para proteger al hijo, sino que le permite sufrir las consecuencias de haber roto las reglas, sean de la escuela, del trabajo, leyes civiles o leyes de Dios, hará maravillas en su desarrollo y madurez.

Otra tarea de la madre es permitirle, aun animarle, a ser independiente. Su papel es no estorbar el proceso de aceptar la responsabilidad y madurar. Los padres deben guiar al hijo hacia el momento cuando pueda vivir su propia vida sin depender de ellos. Tal vez esto suena duro desde la perspectiva de la madre, pero es el plan de Dios.

Algunos sicólogos infantiles testifican que tanto la falta de protección como la sobreprotección es dañina. Por supuesto, una madre debe buscar proteger a su niño de los peligros, no obstante, el protegerle demasiado, puede dañar el espíritu de aventura e inspirar un espíritu de temor. Él necesita desarrollar su independencia. ¡Es mejor un hueso roto que un espíritu roto!

A veces las madres son como la señora que dijo: “Hijo, no quiero que te metas en el agua hasta que hayas aprendido a nadar”. ¿Cómo va a aprender a nadar?

Es imposible subestimar el papel de una madre. Ella recibe gran satisfacción en ser primeramente la fuente de vida y cuidado para su hijo; luego ella es una fuente de sabiduría, amistad, enseñanza, disciplina y muchas otras virtudes. Pero tarde o temprano, este papel tiene que terminarse.

El libro de Génesis dice que el hombre dejará a su madre (y a su padre). La palabra en hebreo “dejar” significa, entre otras cosas, “desatar, librar, abandonar”. Esta Escritura está hablando específicamente del matrimonio, y el proceso de dejar o desatarse de su madre es el paso final hacia ser un adulto. El soltar a su hijo para que se case y forme su propia familia, es sumamente difícil para la madre sobreprotectora.  

Una palabra de precaución. Existe una área en especial donde la madre debe proteger enérgicamente a sus hijos: en el área sexual. Como consejera y esposa de pastor, he tenido que escuchar a demasiadas mujeres contar historias trágicas de haber sido abusadas sexualmente en su niñez. Un tío, un vecino, un amigo de la familia, un familiar de la amiguita donde fue a pasar la noche, aun el padre. Yo sé que no podemos cuidar a la hija (o hijo) las 24 horas del día, pero, ¡tenemos que estar alertas y tomar algunas medidas para que esta tragedia no llegue a nuestra familia!

Las consecuencias de una madre sobreprotectora

Desafortunadamente, el hijo adulto de la madre sobreprotectora no va a saber tomar decisiones propias y será una persona insegura, indecisa y falta de carácter. Desarrollará un fuerte rasgo de dependencia que difícilmente podrá superar. Por ejemplo, María de 35 años, tiene fuertes problemas con su esposo porque cada decisión que tienen que tomar como padres, ella lo consulta con su mamá y si ella no está de acuerdo, María no puede llevarlo a cabo. Llegó el momento en que su esposo le dijo que tenía que decidir entre él y su mamá porque ya no aguantaba esa situación.

Conozco de otro caso, un varón de 40 años de edad, quien lleva una relación de noviazgo de varios años, pero no quiere casarse, porque teme dejar sola a su mamá y para él, esto representa un acto de ingratitud hacia ella.

En los casos donde la mamá protegió al hijo de sufrir las consecuencias de sus acciones, de adulto, él probablemente seguirá el patrón de echarle la culpa a otros o a las circunstancias por sus problemas.

Otro aspecto de la sobreprotección es el caso de aquellas mujeres solteras adultas, quienes por vivir en casa con sus padres, éstos todavía las quieren tratar y proteger como niñas chiquitas. Por respetar y honrar a sus padres, se someten, pero viven frustradas. Conozco un caso de cierta mujer que era una enfermera titulada con responsabilidades fuertes en el departamento de urgencias del hospital, donde algunas veces ella era responsable de tomar decisiones de vida o muerte, pero su mamá no le dio permiso para hacer un viaje misionero un fin de semana porque “necesitaba descansar”. 

Mensaje personal

Si reconoces que tuviste o todavía tienes una madre sobreprotectora, debes saber que es el plan de Dios cortar el “cordón umbilical emocional”, ¡hazlo! Con la ayuda de Dios, puedes vencer tus debilidades. Por ejemplo, si eres una persona insegura, ponte pequeñas metas y al alcanzarlas, poco a poco llegará la seguridad.

¡Tú puedes salir adelante por tu propia cuenta! Debes reconocer que Dios tiene un propósito para ti, más allá de simplemente ser una hija de familia. Junto con ese propósito viene la gracia de Dios para cumplirlo. 

Josué 1:5

“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida… estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”. 

Si reconoces que eres una madre sobreprotectora, pide al Espíritu Santo que te revele el punto de equilibrio entre protección del hijo y promover su independencia. Como veremos más adelante, Dios, el Padre perfecto, no sobreprotege a sus hijos, sino que les permite vivir las consecuencias de sus acciones.

Perla, la madre perfeccionista

Perla siempre se ha esmerado en todo lo que hace: “Algo menos que perfecto no es aceptable”, es su lema. Y, ¡pobres hijos! Son inteligentes pero cuando traen su boleta con cinco dieces y un nueve, ya saben qué va a decir su mamá. “¿Qué pasó aquí, hijo? Tienes que mejorar este nueve”.

Como los hijos tienen que ser los más destacados del círculo de amistades de Perla, ellos desconocen lo que es un rato libre para jugar. O están estudiando, para subir ese nueve a un diez ó Susy está en clases de ballet y Paco en karate o tomando clases de inglés. Ambos estudian un instrumento musical que requiere muchas horas de práctica en la escuela.

Para Perla, sus hijos son sus “trofeos” y por supuesto, nada menos que el “trofeo de primer lugar” es aceptable.

Otra razón por la que no pueden jugar es que, ¡eso puede ensuciar la casa! Las muñecas de Susy son lindos adornos porque Perla insiste en que “si juegas demasiado con ellas, se van a maltratar”. Y aunque Paco es un muchacho responsable, su madre no le permite tener un perrito porque “maltrataría el jardín”. Perla insiste en que siempre esté todo en su lugar en la casa. Los víveres están guardados en la alacena en orden alfabético y los hijos (y el marido) tienen que limpiar sus zapatos antes de entrar a la casa. 

Amplificación

La madre perfeccionista batalla para aceptar que su hijo no es “perfecto” y reacciona en una de dos maneras; niega la realidad de las fallas del hijo: “este problema desaparecerá”, y como la madre sobreprotectora, ella le echa la culpa a otros: “Las calificaciones bajas no son tu culpa; es la maestra ineficiente”.

Si no reacciona así, puede que tenga una actitud de condenación e inconscientemente retiene su aceptación. Muestra aceptación únicamente cuando el comportamiento del hijo alcanza sus expectativas.

Consecuencias de una madre perfeccionista

Como veremos más adelante, una de las necesidades básicas del niño es la aceptación incondicional de sus padres, y cuando la madre es una perfeccionista, raras veces el hijo se siente aceptado. Un espíritu de excelencia es admirable, algo que debemos inculcar en nuestros hijos; no obstante, existe una línea delgada entre la excelencia y el perfeccionismo. Si tienes las normas tan altas que el niño o joven siente que no puede alcanzarlas, vas a quebrantar su espíritu, de adulto será una persona insegura.

Un joven dijo: “Yo sentía que casi nunca hacía algo bien. Mi madre me criticaba y me corregía cada vez que intentaba algo porque no lo hacía bien. Yo experimentaba una frustración continua y finalmente terminé con temor a emprender cualquier cosa. Si no hubiera sido por una persona que tuvo confianza en mí y me dio un trabajo durante mis años de adolescente, creo que nunca hubiera tenido confianza en mí mismo como para conseguir un buen empleo”.

Si tuviste o todavía tienes una madre perfeccionista, probablemente vives en temor de no lograr nada y temor de no agradar a la gente. Temor a que la gente te rechace cuando se da cuenta que no eres perfecta. Algunos se deprimen al encontrar fallas en su vida personal o en su trabajo. Les falta la habilidad de tratar con el fracaso. Algunos viven bajo la ansiedad de no fallar a su madre ni a otros. Aun algunas personas en centros de rehabilitación testifican que el único tiempo cuando no sienten que tienen que ser ‘‘perfectos” es cuando están tomando alcohol o drogándose. 

Los hijos de estas madres llegan a pensar que cualquier fracaso o falla les hace personas totalmente inaceptables e indignas de valor. ¡Y esto es una carga demasiado dolorosa y pesada con la cual vivir! Entonces, en vez de enfrentar su propia imperfección y en vez de tomar la responsabilidad por sus errores, les es más fácil echarle la culpa a otros o simplemente negar hechos reales en sus vidas. El camino bíblico es muy diferente: es confesar nuestros pecados y errores, arrepentirnos de todo corazón, luego aceptar el perdón y la gracia de Dios y seguir adelante.

En cuanto a los efectos espirituales, el hijo adulto de una madre perfeccionista muchas veces encuentra difícil sentir la cercanía de Dios. Se imagina que si Dios le ama, es porque no sabe cuán malo es y si sabe cómo es él, entonces no le puede amar incondicionalmente. Siempre está tratando de agradar a los demás.

Mensaje personal

Si tuviste una madre perfeccionista, necesitas reconocer que no tienes que ser perfecta para ser amada. Escucha lo que Dios dice el Salmo 103:11-14: 

“Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo”. 

Dios te ama incondicionalmente. Él no tiene una “boleta de calificaciones celestial”, marcando tus aciertos y tus fracasos. Es más, el esperar la perfección personal ni siquiera va de acuerdo con la Biblia, que dice claramente: “No hay justo, ni aun uno”. Es por eso que el Señor Jesucristo vino a la tierra, para demostrar y derramar de la gracia divina y perfecta de Dios a un mundo imperfecto. No hay peor entorpecimiento para acercarse al Señor que el tratar de ser “lo mejor posible” antes de llegar a Él. Dios se deleita en tomar nuestras vidas quebrantadas e imperfectas y transformarlas en algo bello.  

Aurora, la madre ausente emocionalmente

Desde que su papá dejó la casa, Lalito se ha quedado sin padre y sin madre. Porque su madre siente que algo ha muerto por dentro. No tiene ni fuerzas, ni deseo, ni ánimo para atender a su hijo. El siguiente diálogo es común: Lalito entra a la recámara de su mamá, donde ella está dormida o está viendo una telenovela o película de amor desdeñable y le dice:

— Mamá, ¡tengo hambre!

— Ahorita, no me molestes porque me siento mal. ¡Ábrete una lata de sopa!

— Pero mamá, ¡siempre te sientes mal!

—¡Ya vete y cierra la puerta!

Lalito no ha perdido sólo a su padre, sino también a su madre.

Hay muchas madres como Aurora, la mamá de Lalito, que físicamente están en la casa, pero no están emocionalmente. Puede ser por el alcoholismo, las drogas, la depresión u otros problemas mentales o emocionales. 

Hay otros casos que pudieran interpretarse como madre ausente que no lo son, como es el de una madre sola que se ve obligada a dejar a su niño pequeño en una guardería porque tiene que trabajar fuera de casa. ¡Su caso es totalmente distinto a los anteriores! La imagen de esta madre soltera, es una imagen digna de admirar, puesto que en medio de una sociedad que señala su condición, rechazó la falsa salida del aborto o el abandono y decidió ser una mujer que enfrenta la vida por ella y por su hijo con los retos que implica; ser ella la responsable de brindar educación, alimento, protección, formación de una vida y a la vez dar afecto y atención en la ausencia de una figura paterna.

Amplificación

En los años 40’s y 50’s había una tremenda fascinación por las grandes estrellas de cine de Hollywood. Mujeres hermosas, vestidas de lujo y enjoyadas, eran las personas más admiradas por el público y de vez en cuando, se tomaban fotos con sus hijos para dar una imagen sana.

Pero cuando esos hijos crecieron, se descubrió una historia muy diferente de esas madres “hermosas y sanas”. Muchas de ellas dejaron el cuidado total de sus hijos a nanas. Aunque vivían en la misma casa, posiblemente pasaban de 10 a 15 minutos diarios para saludar a sus hijos.  Eran “demasiado” importantes como para dedicarse a la maternidad.  La hija de una de estas superestrellas fue abusada sexualmente por uno de los maridos. La hija de otra superestrella, engendrada en una relación ilícita (no se pecaba tan abiertamente como ahora) fue dada a conocer al público como una niña adoptada.  Hasta muchos años después, se supo que era una hija natural, aunque la mamá nunca lo admitió. Las mamás fueron famosísimas, pero sus hijos llevan vidas destruidas y frustradas.

Consecuencias de una madre ausente emocionalmente

Siendo que uno de los papeles principales de la madre es el de nutrir, de amar y aceptar, si todo esto está ausente, el hijo crecerá con un sentir de rechazo. Y de todas las heridas que un niño puede sufrir, creo que ésta es la más dañina porque las consecuencias son trascendentales. Hago esta afirmación basada en muchos años de ministrar a una multitud de mujeres de diferentes culturas y naciones. A menos que una persona haya sido sanada por el poder de Dios, el espíritu de rechazo afectará su matrimonio y todas sus relaciones interpersonales. Seguramente afectará la manera en que cría a sus propios hijos y el patrón del rechazo continuará de generación a generación, trayendo terrible destrucción. ¡Pero hay esperanza! Más adelante, hablaremos de cómo recibir sanidad de esta herida emocional.

Mensaje personal

Si tu madre estuvo ausente emocionalmente, debes entender que en la mayoría de los casos, fue una situación fuera de su control. Si sufría de depresión u otra enfermedad emocional o mental, si se vio obligada a trabajar fuera de la casa y dejarte con otras personas o si ella nunca aprendió a expresar afecto de su propia madre, probablemente será más fácil de entender, puesto que hasta cierto punto, ella fue víctima también. Más adelante hablaremos de cómo apropiarte del amor de Dios y de otras fuentes de amor humano para llenar el vacío emocional.

Dora, la madre dominante, controladora

Dora y su esposo provienen de familias obreras, pero ambos, con muchos esfuerzos, lograron graduarse de la facultad de leyes. Poco a poco han logrado una norma de vida muy diferente a la que tuvieron en su niñez. Y ahora, Dora tiene una idea muy exacta de cómo quiere que sean sus hijos, para que no se pierda lo ganado. ¡Y se encarga de que cumplan sus expectativas al pie de la letra!

Cuando su hijo Mario le informó que quería ser veterinario, ¡Dora casi tuvo un infarto! “¿Cuidar animales cuando vienes de una familia de abogados? ¡Jamás! ¡Me vas a poner en vergüenza! Si decides estudiar eso, ¡tendrá que ser en otra ciudad donde no nos conozcan!”.

Mario ha entendido el mensaje y aunque las leyes para nada le interesan, ya hizo su solicitud para ingresar a la facultad.

Amplificación

Un papel importante de cada madre es de nutrir y proveer seguridad al niño. Sin embargo, después de que ella hace esto, su siguiente tarea es ayudar al hijo a desarrollar su individualidad. Fuimos diseñados por Dios para tener nuestra propia identidad. Para que un hijo se desarrolle sanamente, la madre necesita permitirle cultivar su independencia y afirmación de la voluntad.

Durante la niñez y la adolescencia, el niño empieza a experimentar lo que llamamos la voluntad. En algunos niños, es especialmente marcado, de modo que son llamados “de carácter fuerte”. Otros son menos fuertes, pero todo el mundo tiene su propia voluntad.

Cuando una madre tiene un espíritu de control y no permite al hijo independizarse, utiliza la manipulación para lograr sus propósitos. Y existen varias maneras:

Culpa

Una de las formas más poderosas que las madres usan para controlar es la culpa. “Me vas a herir si haces tal o cual cosa”. Para el niño, herir a su madre es algo que no soporta. Y la culpabilidad a veces se queda con el hijo después de ser adulto.

Una amiga me contó la historia de cómo su suegra controla la vida de su esposo, Gerardo. A pesar de que esta madre tiene su propio negocio y tiene un esposo que trabaja. En cierta ocasión, le dijo: “Hijo, ¡cómo necesito un mejor automóvil! Tus hermanos no quieren ayudarme. ¿No puedes darme dinero para comprar otro carro?”. Esto hizo sentir a Gerardo impotente y culpable por no poder ayudarla. Entonces Gerardo consiguió un segundo trabajo para poder proveer mejor para su madre. Mi amiga me dice: “Los niños casi no ven a su padre porque ya están dormidos cuando él llega en la noche. Veo que mi suegra está controlando la vida de su hijo utilizando la culpabilidad”.

Retener el amor

Otras madres, en vez de usar la culpabilidad, utilizan un mensaje silencioso que dice: “Si no haces lo que quiero, no te seguiré amando”. Para un joven llamado Enrique con una madre controladora, el colmo llegó cuando él decidió asistir a una escuela superior diferente a la que ella había escogido. Por un año, ella no le habló. Algunos padres retienen el apoyo financiero u otros beneficios.

Enojo

Algunas madres controlan a sus hijos por medio de la ira. Se ponen furiosas si su hijo no está de acuerdo. Son capaces de controlar a gritos y hasta usar la violencia. Como un niño no soporta el enojo de su madre, se somete pero vive atemorizado. Muchas veces crece dentro de él una rebeldía que tarde o temprano explota. A menudo la madre enojona es también impositiva: “¡Se hace porque yo digo!”.

Consecuencias de una madre controladora

Samuel tenía 36 años y quería casarse. Se había enamorado varias veces de buenas mujeres, pero cada vez que se acercaba al matrimonio, él se sentía “sofocado” y rompía la relación. Había tenido una madre dominante e inconscientemente, él temía al compromiso.

En otros casos, la persona que ha tenido una madre controladora, tiene problemas en decir “no”. Puesto que había conflictos cada vez que expresaba una opinión diferente a su madre, ahora teme las consecuencias negativas si dice “no” a  cualquier persona que ama.

Tendemos a repetir los mismos patrones que aprendimos con nuestra madre, así que si tu madre usaba la culpa, el enojo o la manipulación para controlarte, probablemente tú harás lo mismo... a menos que en el nombre de Jesús rompas el patrón y pidas al Señor que te cambie.  

El control excesivo genera intimidación y a veces humillación interna, con mucho resentimiento, pero con la incapacidad para manifestarlo, lo cual atrapa a la persona en sentimientos encontrados consigo misma. Se siente culpable de lo que siente o hace, pero por lo general no tiene la voluntad para decir no.

Tengo que reconocer que mi propia madre era dominante en algunas áreas. Durante mi juventud, tuvimos muchas discusiones porque yo también era de carácter fuerte y cuando no estaba de acuerdo con sus opiniones, lo expresaba. Aún después de casarme, mi madre expresaba sus opiniones, contrarias a las de mi esposo, sobre mi corte de cabello y otros asuntos personales. A veces discutíamos fuertemente cuando yo no estaba de acuerdo con ella. 

Tengo dos hermanos  y  uno  de  ellos discutía frecuentemente con mi madre porque ella quería controlar áreas personales de su vida, como su elección de ropa y cómo administraba el dinero. No recuerdo a mi otro hermano discutiendo nunca con mi madre porque él tiene un temperamento mucho más tranquilo. Por lo tanto, de los tres hijos, él siempre se llevaba mejor con mi madre. En vez de discutir con ella, simplemente la escuchaba pero luego tomaba su propia decisión. De modo que, nuestro temperamento tiene mucho que ver con la forma en que respondemos al carácter de nuestra madre. 

Mensaje personal

No hay nada más frustrante que el pasarse la vida tratando de agradar a personas difíciles de agradar. Y si tuviste o tienes una madre así, probablemente a menudo sientes que estás “entre la espada y la pared”. Pero el Señor tiene una palabra libertadora para ti: Él dice que tenemos que “agradar a Dios antes que a los hombres”. Él tiene una voluntad perfecta para tu vida y la de tu familia y lo que es más, Él conoce tus limitaciones. 

Tengo una sugerencia: si sientes que tu vida está totalmente fuera de control, que es un constante estire y afloje, agradando a todo el mundo, regálate un par de horas para sentarte, pluma y cuaderno en mano y haz una evaluación de todas tus actividades. ¿Cuáles cosas haces porque son parte imprescindible de tu responsabilidad como hija, esposa, madre e hija de Dios? ¿Cuáles cosas disfrutas y te enriquecen? ¿Cuáles cosas haces sólo para agradar a otros, para “quedar bien” o porque no te animas a decir “no”? ¿Cuánto tiempo dedicas para ti sola por semana?  Pide dirección a Dios sobre las prioridades en tu vida, luego empieza a decir “no”, con más frecuencia.

Recuerda: Jesús nos manda amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos; es decir, si continuamente nos negamos a nosotras mismas, si nunca nos amamos ni nos dejamos amar, estaremos fuera de la voluntad de Dios y privándonos de su bendición. ¡Ármate de valor para vivir como Él quiere, no como los demás quieren! 

Conchis, la madre consentidora

Conchis ha leído todos los libros sobre psicología moderna en cuanto a la crianza de los hijos, la cual le ha enseñado que lo más importante es permitir a los niños “ser”. Y una de las peores cosas que uno puede hacer es castigar al hijo corporalmente porque “¡eso es enseñar a los niños a resolver los problemas con violencia!”.

Su hijo Paquito, de edad preescolar, es el “terror” de toda la familia. Ni siquiera los abuelitos lo quieren cuidar porque simple y sencillamente no entiende la palabra “¡no!” Controla la situación con sus berrinches, destruye lo que hay a su alcance y muerde a los primitos. Pero, ¿castigarlo? ¡Nunca! Conchis sólo trata de “dialogar” con él.

Y así crece Paquito: sin freno, sin disciplina, porque Conchis aprendió que para tener un hijo feliz, se le debe dar todo lo que quiere para no frustrarlo y permitir que haga lo que quiera, para no limitar su libertad de expresión.

Amplificación

Conchis, juntamente con muchas madres, cree las siguientes mentiras acerca de la crianza de los hijos:

1. Evita confrontación directa con el niño, poniendo la carga de la disciplina sobre terceras personas: “Juanito, la Sra. Richards (la anfitriona) te enviará a casa si haces eso”. O peor: “Diosito te va a castigar si no te portas bien”.

2. Cada niño, si está haciendo pucheros, berrinches o llorando porque recién fue disciplinado, necesita un dulce… ¡y rápido!

3. Siempre guarda dulces en la bolsa para controlar al niño.

4. Es culpa del niño si no se porta bien, no la responsabilidad de la madre de enseñar y disciplinarle. “No quiere”, dice la madre y así termina el asunto.

5. Es un pecado cultural hacer al niño llorar o sentirse infeliz. La felicidad inmediata es más importante que las metas a largo plazo.

Consecuencias de una madre consentidora

Una consecuencia de la falta de disciplina es que produce hijos rebeldes que batallan con figuras de autoridad, sean en el hogar, en la iglesia, en el trabajo o en el gobierno.

Otra consecuencia de un niño consentido, es que forma un sentimiento de ser merecedor de todo, sin reconocer que él tiene que esforzarse por obtener aquello que pide. Una persona que vive sin disciplina se vuelve una persona egocéntrica, creyendo que el mundo tiene que girar alrededor de ella, por lo que difícilmente tendrá amistades. Vivirá en frustración también al ver que no todo el mundo tiene la misma disposición para cumplir la voluntad de ella. Llegará a ver a las personas con diferencias de opinión como enemigos en vez de respetar las diferencias, haciendo “berrinches” aun de adulta. Y para colmo, esos berrinches sólo servirán para alejar a la gente, en vez de lograr su propósito.

También a veces se nota en un adulto que fue consentido de niño, la falta de “freno” interior, lo cual puede manifestarse en deudas excesivas e innecesarias, casa desarreglada e hijos descuidados. A veces surge indisciplina en áreas de su vida personal, como descuidar su salud, alimentación, estudios, etc. 

Por años he escuchado a mujeres decir que nosotras, las madres, fomentamos el machismo y estoy de acuerdo. Cuando una madre consiente a sus hijos varones de tal forma que sus hermanas (o su madre) siempre les sirven, ella está perpetuando la mentira que la mujer existe básicamente para servir al varón. ¡En el hogar es donde podemos cambiar esta mentalidad tan destructiva!

Mensaje personal

Si reconoces que tu madre fue consentidora, no es demasiado tarde para que aprendas la autodisciplina y obediencia a las autoridades en tu vida, aunque no será tan fácil como adulta. Necesitas reconocer que la sumisión a las autoridades legítimas es el plan de Dios. Trae orden a las familias, a la iglesia y a la sociedad.

A la vez, tendrás que aprender a discernir entre placer momentáneo y felicidad duradera, especialmente en el área sexual, en la alimentación y en el manejo del dinero.

Tengo una amiga que llamaré Anita que me ha contado cómo su madre era tan eficiente y perfeccionista en cuanto al cuidado de la casa, además de tener una sirvienta durante varios años, que nunca le enseñaba ni le hizo responsable para ayudar con las tareas de la casa. Ella dice: “Como consecuencia, mis primeros años como ama de casa fueron un desastre. ¡Simplemente no tenía disciplina! Aunque suene como algo muy espiritual para algo tan práctico, lo vencí a través de la oración. Poco a poco, orando y “haciendo”, Dios me ayudó a cambiar y mi casa ha cambiado. Aunque nunca seré alguien que logre que sus pisos parezcan espejo, mi casa es un lugar agradable y atractivo”.

Pablo escribió: 

Filipenses 4:13

 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Si estás batallando con la falta de autodisciplina en algún área de tu vida, aprópiate de esta declaración. ¡Porque no hay nada imposible al que cree!

Thelma, la madre temerosa

Cuando Thelma, la temerosa, tenía doce años, mataron accidentalmente a su papá con una “bala perdida” en año nuevo. Desde entonces el temor a todo y a todos dominaba su personalidad. Y ya de mamá sus hijos están sufriendo las consecuencias.

Thelma nunca lleva a Pepe y a Carla a un parque porque “uno nunca sabe qué clase de gente anda allí”. Tal vez, les pueda morder un animal. Tampoco saben lo que es ir a jugar a la casa de amigos, porque “¿qué si alguien está enfermo y se contagian?”.

También ella se preocupa que pueda haber accidentes, por eso si ella no los puede acompañar personalmente, ¡ni siquiera pueden participar en las excursiones de la escuela o la iglesia!

En otros aspectos es también temerosa. Sus hijos sólo tienen que toser una vez e inmediatamente los lleva con el pediatra. No pueden comer helado porque “se enferman de la garganta”. Thelma desconfía de todo y de todos; para ella, su mayor propósito en la vida es proteger a sus hijos, para que “nada, ni nadie” les haga daño.

Amplificación

Algunas expresiones de la madre temerosa son:

“Hijito, no salgas a jugar en la tierra, te puedes enfermar”.

“No salgas afuera, el sol te puede causar cáncer de piel”.

“No te bañes más de una vez a la semana; se te baja el calcio”.

“No brinques porque te puedes quebrar el brazo”.

El desarrollo de los hijos de una madre temerosa se ve afectado porque no se les permite “aventurar”. Y como no se han aventurado en el mundo, tardan para lograr independencia y madurez.

Consecuencias de una madre temerosa

Las madres extremadamente temerosas casi siempre traspasan su temor a los hijos. Por ejemplo, tengo una amiga llamada Carla que me contó lo siguiente: “Mi madre era una persona temerosísima a los dentistas. Ella era una persona muy autodisciplinada, así que era fiel a sus citas, pero antes de ir con el dentista, externaba su temor a toda la familia. De hecho, siempre tomaba tranquilizantes para poder sobrellevar el tiempo.

Este temor me lo pasó a mí, pero por no ser tan disciplinada como ella, yo sí aplazaba el tiempo de ir con el dentista hasta que estaba en un grito de dolor, con infecciones fuertes. A raíz de este descuido, prácticamente me he quedado sin muelas”.

Otra amiga, llamada Alicia, tenía una madre que siempre expresaba temor de que ella entrara en una relación con un mal hombre. Varias de sus primas quedaron embarazadas antes del matrimonio y su madre continuamente le decía: —Ten cuidado con los hombres, todos son unos aprovechados y quieren una sola cosa. Alicia comenta: “Mi madre tenía tantos ‘tabúes’ que hasta implicaba pecado que siquiera nos tomáramos de la mano en un noviazgo. Como consecuencia, yo llegué a ser muy reacia y desconfiada con los hombres; nunca pude tener un novio sin sentir culpa”. Ahora Alicia tiene 38 años y aún no se ha casado, a pesar de desearlo y de ser una chica muy bonita con un carácter muy agradable. 

Mi propia madre tenía mucho temor del agua y yo “heredé” ese mismo temor. Como adolescente, cuando en grupo íbamos a una alberca, mi madre me advertía un sinnúmero de veces de tener cuidado y no ahogarme. Y cuando en algunas ocasiones se nos presentó la oportunidad de subir a una lancha, ¡a mi madre casi le daba un infarto! De modo que, hasta la fecha no me gusta tampoco subirme a una lancha,  aun y cuando unos queridos amigos de Cabo San Lucas y de Cozumel, se ofrecen a pasearnos gratuitamente. Finalmente, aprendí a nadar, muchos años después de casarme, gracias a la instrucción de mi esposo, pero aún prefiero quedarme en el lado de la alberca donde el agua no es profunda.

El temor afecta de otras maneras también. Cristina temía a la confrontación. Cuando su hijo Esteban estaba teniendo problemas en la escuela primaria con un maestro que se burlaba abiertamente de él por ser cristiano y por ser más tierno de carácter que los demás niños, Cristina sabía que tenía que confrontar la situación. Pero antes de por fin hacerlo, el temor le provocó una úlcera gástrica.

Mensaje personal

Si tuviste una madre temerosa y has heredado algunos de sus temores, recuerda lo que la Biblia nos dice: 

2 Timoteo 1:7

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía (temor)…”. 

En el Señor, ¡tú puedes vencer! ¿Cuáles son tus temores? Entrégalos a Jesús, confiando en su cuidado y amor. La Escritura dice: 

1 Juan 4:18

“...El perfecto amor echa fuera el temor...”. 

Contiene una gran verdad. A la vez, toma autoridad sobre el espíritu de temor, atándolo en el nombre de Jesús. ¡Aprende a orar enérgicamente por la protección de los tuyos!

Zulema, la madre sufrida

El esposo de doña Zulema, “la sufrida”, era alcohólico, de modo que ella tuvo que sacar adelante a sus tres hijos sola. Ellos agradecen el sacrificio y la dedicación de su madre, pero le agradecerían mucho más si ella no les recordara tanto lo de su papá. “Adrianita, tú eres la única hija y viendo a tu padre, ya sabes cómo son los hombres. ¡Son unos irresponsables! Tú me entiendes. ¡Tener marido es sufrir! Espero que lo pienses dos veces antes de casarte. Mejor, ¡deberías quedarte conmigo! Lo que más temo es morir en total soledad. ¡Y después de todo lo que he hecho por mi familia!”.

A su hijo Gustavo, doña Zulema le dice: “Cuando me embaracé de ti, por algún motivo mi tiroides se descompuso y desde entonces he estado sube y sube de peso y he perdido mi atractivo físico. Fue entonces que tu padre empezó a entenderse con otras mujeres. Claro, tú no puedes hacer nada por el pasado pero sólo quiero que sepas lo que me has costado y que nunca lo olvides. Cuando necesite un dinerito para mis medicinas, espero que pueda contar contigo”.

El menor es Pedrito: “¡Jamás esperé tener otro hijo! La verdad es que tu papá me obligó una noche cuando estaba tomado. Le tuve miedo y accedí. Fue una gran carga para mí saber que tendría otro hijo cuando tu papá y yo andábamos tan mal, pero; ¡has resultado una alegría para mí! ¡Qué bueno que te tengo! Ahora tus hermanos más grandes están estudiando sus carreras y ocupados con sus noviazgos, sé que puedo contar contigo en estos años difíciles en que, ¡todos se han olvidado de mí!”.

Amplificación

Algunas frases comunes de la madre sufrida son:

“No pude terminar mi carrera cuando naciste porque me dediqué a criarte”.

 “Tu papá no me hace caso, tus hermanos son malagradecidos, nadie viene a verme”.

“Estoy enferma y a nadie le importa”.

“Hace 30 años tu padre me engañó y he sufrido como no te imaginas”.

“Dentro de poco me voy a morir, entonces tendrás mucho tiempo para pasar con tu esposa. ¿Por qué no vienes más seguido a verme? Pero por favor, ven solo; esa mujer no me quiere”.

Aunque he usado la palabra “sufrida” para describir esta madre, a la vez ella es una manipuladora, porque utiliza sus sufrimientos, los reales e imaginarios para manipular a los hijos.

Consecuencias de una madre sufrida, manipuladora

A veces el resultado de esta clase de madre son hijos que viven con la culpabilidad por no haber hecho más por su madre. Muchas personas llevan un sentido de responsabilidad falso toda la vida. En otros casos, resulta en hijos rebeldes que tienen resentimiento o rencor contra su mamá.

Los hijos son más propensos a tener matrimonios infelices a causa de los conflictos familiares. Por un lado, le siguen la corriente a su mamá; pero por otro lado, sienten culpa para con su propia familia porque se dan cuenta que no se dan abasto. Se sienten confundidos por las recriminaciones de su cónyuge. Sufren gastritis, colitis, dolores de cabeza y otras enfermedades.

Mensaje personal

Si tuviste o todavía tienes una madre sufrida o manipuladora, necesitas reconocer que cada uno, incluyendo a tu mamá, somos responsables por nuestras propias decisiones y que tú no eres responsable ni culpable por las cosas que ella sufrió. Rechaza la autocondenación. Esto no es deshonrar a tu madre, es solamente aceptar la verdad. Si no lo haces, sufrirás toda la vida y no serás una persona emocionalmente sana, ¡y tus hijos pagarán el precio!

Paulina, la madre pasiva

Paulina, una madre pasiva, no sabía tomar decisiones y se dejaba insultar y menospreciar por su esposo. Cuando sus hijos necesitaban zapatos, ella no le pedía dinero y cuando había problemas con sus hijos en la escuela, ella nunca se presentaba para hablar con el maestro porque no quería involucrarse en ninguna confrontación. Siempre se mantenía al margen.

Cuando el padre disciplinaba a los hijos con castigo corporal excesivo y llegaba a golpearlos brutalmente, Paulina no hacía nada por defenderlos. Susana, la hija mayor tenía que poner a estudiar a sus hermanos, tenía que decirles que recogieran su ropa, que se acostaran; en fin, ella casi asumía el papel de la madre.

Susana, ya adulta, dice: “Desde pequeña empecé a odiar a mi papá por ser injusto. Yo siempre deseaba que mi mamá se defendiera porque yo no podía hacerlo. Al ver que ella no se defendía, empezó a crecer en mí un enojo contra ella. Cuando era adolescente, me rebelé y entonces yo le decía a mi papá ‘sus verdades’. 

Todo esto resultó en que yo odiara el matrimonio y lo viera como algo sin sentido, trayéndome sólo problemas. En algunos de mis hermanos provocó tanta pasividad que no podían terminar con nada de lo que empezaban; actuaban igual que mi mamá o al contrario, completamente rebeldes, aun ya casados”.

Amplificación

Aunque las consecuencias son tristes y devastadoras en la clase de pasividad ya mencionada, existe otra clase de pasividad y las consecuencias son aún más devastadoras, ¡es la pasividad espiritual! 

Cuando Laura era niña no había nada que la desesperara más que el tener que asistir cada semana a una reunión religiosa. Implicaba estar quieta por una hora sin abrir la boca ni moverse para nada y escuchar a alguien hablar, a quien no entendía. 

Además, Laura sentía que en su familia “la religión” era una hipocresía. Su papá y su mamá usaban su mejor ropa y su mejor cara para asistir a esta actividad dominical y ambos eran reconocidos por sus fuertes contribuciones económicas, pero tan pronto se alejaban de la iglesia, todo cambiaba. Sus padres se peleaban como perros y gatos entre sí, y en la abarrotera de la cual eran dueños tenían fama de ser tacaños con los clientes, abusivos con los empleados y ladrones para con los proveedores. 

Así que Laura formó una actitud en cuanto a la religión: “Realmente no sirve para nada; es una actividad social y cultural para aquellos que tienen tiempo para ello”. Por eso, ella y su esposo determinaron no imponerles a sus hijos la religión. “Es mejor permitirles que ellos decidan cuando sean grandes”, es lo que dice Laura. “Los domingos es más bien día de dormir tarde, ir juntos al cine y a un buen buffet de almuerzo. Después de todo, ¿cuándo más vamos a tener tiempo para estar con ellos?”.

El caso de Luisa es diferente. Ella sí disfrutó el ir a la iglesia de niña. Es más, se destacó en aprender muchas historias y versículos bíblicos. De joven, se involucraba con el grupo de jóvenes. Sin embargo, cuando se casó con un hombre espiritualmente apático, la fe de Luisa se fue enfriando y ella llegó a ser espiritualmente pasiva. Cuando llegaron los hijos había nuevas distracciones y más trabajo. Ambos reconocen que ir a la iglesia es algo bueno para los hijos y procuran llevarlos cuando menos dos veces al mes, siempre y cuando no interfiera con un programa especial en la televisión o no estén demasiado cansados. Pero la realidad es que sus hijos están creciendo sin Dios.

Aunque ambos son casos diferentes, tanto Laura como Luisa, con su apatía y pasividad en las cosas espirituales, están dejando un vacío en sus hijos. Un terrible vacío, ¡que nada, ni nadie va a poder llenar! 

Consecuencias de la madre pasiva

Los hijos de una madre pasiva probablemente tendrán problemas con la inestabilidad emocional. Ellos no sabrán cómo enfrentar y solucionar problemas porque nunca lo vieron en su madre. Cuando existe abuso sexual, las madres pasivas prefieren llamar a la niña (o niño) “mentirosa” en vez de defenderle y enfrentar la situación difícil, lo cual provoca consecuencias devastadoras.

Doy gracias a Dios que mi madre no fue pasiva en cuanto a las cosas de Dios. Ella fue enérgica en llevarme a mí y mis dos hermanos a la iglesia donde recibimos instrucción acerca de la Palabra de Dios. A pesar de que en nuestra agrupación no entendíamos muchas cosas importantes sobre la obra del Espíritu Santo, sin embargo, aprendí el temor a Dios y un respeto por su Palabra que me ha beneficiado toda la vida. Y no fue “una religión” que sólo se practicaba los domingos. Mis padres vivían diariamente, al nivel de su entendimiento, las Sagradas Escrituras.

Mensaje personal

Hayas tenido o no una madre que te inculcaba la importancia de las cosas de Dios, ahora como adulta, eres responsable por tu propias decisiones y acciones. Tienes la oportunidad de tener más que una religión, puedes tener una relación personal con Dios a través de su Hijo Jesús. Si nunca has comenzado esta relación, en la siguiente sección del libro aprenderás cómo hacerlo y en la penúltima sección aprenderás cómo encaminar a tus propios hijos en los caminos de Dios.

 

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Por: Gloria Richards
Jueves 9 de Mayo, 2019

Cualquier similitud a tu madre o a ti, ¡es mera coincidencia!

Soraya, la madre sobreprotectora

Soraya es bien conocida entre las maestras y directivos de las escuelas, de su vecinos y cualquier otra persona con quien sus hijos tengan problemas. Es que Soraya siente que tiene que proteger a sus hijos a “capa y espada”... cueste lo que cueste, sea por lo que sea. Cuando Tomasito, su hijo que está en la primaria, trae bajas calificaciones, “es porque el maestro o es mal maestro o es injusto o no le está poniendo atención suficiente al niño”, ¡o las tres cosas! La directora la conoce muy bien por las muchas veces que ha venido a quejarse de dichos maestros o “compañeros que maltratan a su hijo” en el transcurso de los años.

Soraya y su esposo también tienen diferencia de opiniones en cuanto a la crianza de los muchachos en el hogar. Él les da responsabilidades caseras, pero si ellos por cualquier motivo no las hacen, Soraya secretamente las hace para que no salgan regañados. Después de todo, ¡sólo son niños!  

Cuando su hijo Benjamín se fue a la universidad, descuidó sus estudios y reprobó una materia, llamó por teléfono a su madre para que ella lo consolara. Cuando su novia le abandonó, otra vez necesitaba que su madre le dijera que después de todo, esta muchacha no era digna de él. Al tomar el carro de un amigo sin permiso, manejaba a alta velocidad y chocó... su madre vino a su rescate y pagó todos los daños sin que él sufriera ninguna consecuencia. 

Amplificación

Soraya es la clase de madre que protege a sus hijos para que no sufran las consecuencias de sus acciones y sin saberlo, les está llevando por el camino hacia un sufrimiento de otra índole más adelante. Una de las tareas de la madre es enseñar al hijo desde pequeño, que las reglas son parte del mundo real, no únicamente algo de los padres. Si ella no interviene para proteger al hijo, sino que le permite sufrir las consecuencias de haber roto las reglas, sean de la escuela, del trabajo, leyes civiles o leyes de Dios, hará maravillas en su desarrollo y madurez.

Otra tarea de la madre es permitirle, aun animarle, a ser independiente. Su papel es no estorbar el proceso de aceptar la responsabilidad y madurar. Los padres deben guiar al hijo hacia el momento cuando pueda vivir su propia vida sin depender de ellos. Tal vez esto suena duro desde la perspectiva de la madre, pero es el plan de Dios.

Algunos sicólogos infantiles testifican que tanto la falta de protección como la sobreprotección es dañina. Por supuesto, una madre debe buscar proteger a su niño de los peligros, no obstante, el protegerle demasiado, puede dañar el espíritu de aventura e inspirar un espíritu de temor. Él necesita desarrollar su independencia. ¡Es mejor un hueso roto que un espíritu roto!

A veces las madres son como la señora que dijo: “Hijo, no quiero que te metas en el agua hasta que hayas aprendido a nadar”. ¿Cómo va a aprender a nadar?

Es imposible subestimar el papel de una madre. Ella recibe gran satisfacción en ser primeramente la fuente de vida y cuidado para su hijo; luego ella es una fuente de sabiduría, amistad, enseñanza, disciplina y muchas otras virtudes. Pero tarde o temprano, este papel tiene que terminarse.

El libro de Génesis dice que el hombre dejará a su madre (y a su padre). La palabra en hebreo “dejar” significa, entre otras cosas, “desatar, librar, abandonar”. Esta Escritura está hablando específicamente del matrimonio, y el proceso de dejar o desatarse de su madre es el paso final hacia ser un adulto. El soltar a su hijo para que se case y forme su propia familia, es sumamente difícil para la madre sobreprotectora.  

Una palabra de precaución. Existe una área en especial donde la madre debe proteger enérgicamente a sus hijos: en el área sexual. Como consejera y esposa de pastor, he tenido que escuchar a demasiadas mujeres contar historias trágicas de haber sido abusadas sexualmente en su niñez. Un tío, un vecino, un amigo de la familia, un familiar de la amiguita donde fue a pasar la noche, aun el padre. Yo sé que no podemos cuidar a la hija (o hijo) las 24 horas del día, pero, ¡tenemos que estar alertas y tomar algunas medidas para que esta tragedia no llegue a nuestra familia!

Las consecuencias de una madre sobreprotectora

Desafortunadamente, el hijo adulto de la madre sobreprotectora no va a saber tomar decisiones propias y será una persona insegura, indecisa y falta de carácter. Desarrollará un fuerte rasgo de dependencia que difícilmente podrá superar. Por ejemplo, María de 35 años, tiene fuertes problemas con su esposo porque cada decisión que tienen que tomar como padres, ella lo consulta con su mamá y si ella no está de acuerdo, María no puede llevarlo a cabo. Llegó el momento en que su esposo le dijo que tenía que decidir entre él y su mamá porque ya no aguantaba esa situación.

Conozco de otro caso, un varón de 40 años de edad, quien lleva una relación de noviazgo de varios años, pero no quiere casarse, porque teme dejar sola a su mamá y para él, esto representa un acto de ingratitud hacia ella.

En los casos donde la mamá protegió al hijo de sufrir las consecuencias de sus acciones, de adulto, él probablemente seguirá el patrón de echarle la culpa a otros o a las circunstancias por sus problemas.

Otro aspecto de la sobreprotección es el caso de aquellas mujeres solteras adultas, quienes por vivir en casa con sus padres, éstos todavía las quieren tratar y proteger como niñas chiquitas. Por respetar y honrar a sus padres, se someten, pero viven frustradas. Conozco un caso de cierta mujer que era una enfermera titulada con responsabilidades fuertes en el departamento de urgencias del hospital, donde algunas veces ella era responsable de tomar decisiones de vida o muerte, pero su mamá no le dio permiso para hacer un viaje misionero un fin de semana porque “necesitaba descansar”. 

Mensaje personal

Si reconoces que tuviste o todavía tienes una madre sobreprotectora, debes saber que es el plan de Dios cortar el “cordón umbilical emocional”, ¡hazlo! Con la ayuda de Dios, puedes vencer tus debilidades. Por ejemplo, si eres una persona insegura, ponte pequeñas metas y al alcanzarlas, poco a poco llegará la seguridad.

¡Tú puedes salir adelante por tu propia cuenta! Debes reconocer que Dios tiene un propósito para ti, más allá de simplemente ser una hija de familia. Junto con ese propósito viene la gracia de Dios para cumplirlo. 

Josué 1:5

“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida… estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”. 

Si reconoces que eres una madre sobreprotectora, pide al Espíritu Santo que te revele el punto de equilibrio entre protección del hijo y promover su independencia. Como veremos más adelante, Dios, el Padre perfecto, no sobreprotege a sus hijos, sino que les permite vivir las consecuencias de sus acciones.

Perla, la madre perfeccionista

Perla siempre se ha esmerado en todo lo que hace: “Algo menos que perfecto no es aceptable”, es su lema. Y, ¡pobres hijos! Son inteligentes pero cuando traen su boleta con cinco dieces y un nueve, ya saben qué va a decir su mamá. “¿Qué pasó aquí, hijo? Tienes que mejorar este nueve”.

Como los hijos tienen que ser los más destacados del círculo de amistades de Perla, ellos desconocen lo que es un rato libre para jugar. O están estudiando, para subir ese nueve a un diez ó Susy está en clases de ballet y Paco en karate o tomando clases de inglés. Ambos estudian un instrumento musical que requiere muchas horas de práctica en la escuela.

Para Perla, sus hijos son sus “trofeos” y por supuesto, nada menos que el “trofeo de primer lugar” es aceptable.

Otra razón por la que no pueden jugar es que, ¡eso puede ensuciar la casa! Las muñecas de Susy son lindos adornos porque Perla insiste en que “si juegas demasiado con ellas, se van a maltratar”. Y aunque Paco es un muchacho responsable, su madre no le permite tener un perrito porque “maltrataría el jardín”. Perla insiste en que siempre esté todo en su lugar en la casa. Los víveres están guardados en la alacena en orden alfabético y los hijos (y el marido) tienen que limpiar sus zapatos antes de entrar a la casa. 

Amplificación

La madre perfeccionista batalla para aceptar que su hijo no es “perfecto” y reacciona en una de dos maneras; niega la realidad de las fallas del hijo: “este problema desaparecerá”, y como la madre sobreprotectora, ella le echa la culpa a otros: “Las calificaciones bajas no son tu culpa; es la maestra ineficiente”.

Si no reacciona así, puede que tenga una actitud de condenación e inconscientemente retiene su aceptación. Muestra aceptación únicamente cuando el comportamiento del hijo alcanza sus expectativas.

Consecuencias de una madre perfeccionista

Como veremos más adelante, una de las necesidades básicas del niño es la aceptación incondicional de sus padres, y cuando la madre es una perfeccionista, raras veces el hijo se siente aceptado. Un espíritu de excelencia es admirable, algo que debemos inculcar en nuestros hijos; no obstante, existe una línea delgada entre la excelencia y el perfeccionismo. Si tienes las normas tan altas que el niño o joven siente que no puede alcanzarlas, vas a quebrantar su espíritu, de adulto será una persona insegura.

Un joven dijo: “Yo sentía que casi nunca hacía algo bien. Mi madre me criticaba y me corregía cada vez que intentaba algo porque no lo hacía bien. Yo experimentaba una frustración continua y finalmente terminé con temor a emprender cualquier cosa. Si no hubiera sido por una persona que tuvo confianza en mí y me dio un trabajo durante mis años de adolescente, creo que nunca hubiera tenido confianza en mí mismo como para conseguir un buen empleo”.

Si tuviste o todavía tienes una madre perfeccionista, probablemente vives en temor de no lograr nada y temor de no agradar a la gente. Temor a que la gente te rechace cuando se da cuenta que no eres perfecta. Algunos se deprimen al encontrar fallas en su vida personal o en su trabajo. Les falta la habilidad de tratar con el fracaso. Algunos viven bajo la ansiedad de no fallar a su madre ni a otros. Aun algunas personas en centros de rehabilitación testifican que el único tiempo cuando no sienten que tienen que ser ‘‘perfectos” es cuando están tomando alcohol o drogándose. 

Los hijos de estas madres llegan a pensar que cualquier fracaso o falla les hace personas totalmente inaceptables e indignas de valor. ¡Y esto es una carga demasiado dolorosa y pesada con la cual vivir! Entonces, en vez de enfrentar su propia imperfección y en vez de tomar la responsabilidad por sus errores, les es más fácil echarle la culpa a otros o simplemente negar hechos reales en sus vidas. El camino bíblico es muy diferente: es confesar nuestros pecados y errores, arrepentirnos de todo corazón, luego aceptar el perdón y la gracia de Dios y seguir adelante.

En cuanto a los efectos espirituales, el hijo adulto de una madre perfeccionista muchas veces encuentra difícil sentir la cercanía de Dios. Se imagina que si Dios le ama, es porque no sabe cuán malo es y si sabe cómo es él, entonces no le puede amar incondicionalmente. Siempre está tratando de agradar a los demás.

Mensaje personal

Si tuviste una madre perfeccionista, necesitas reconocer que no tienes que ser perfecta para ser amada. Escucha lo que Dios dice el Salmo 103:11-14: 

“Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo”. 

Dios te ama incondicionalmente. Él no tiene una “boleta de calificaciones celestial”, marcando tus aciertos y tus fracasos. Es más, el esperar la perfección personal ni siquiera va de acuerdo con la Biblia, que dice claramente: “No hay justo, ni aun uno”. Es por eso que el Señor Jesucristo vino a la tierra, para demostrar y derramar de la gracia divina y perfecta de Dios a un mundo imperfecto. No hay peor entorpecimiento para acercarse al Señor que el tratar de ser “lo mejor posible” antes de llegar a Él. Dios se deleita en tomar nuestras vidas quebrantadas e imperfectas y transformarlas en algo bello.  

Aurora, la madre ausente emocionalmente

Desde que su papá dejó la casa, Lalito se ha quedado sin padre y sin madre. Porque su madre siente que algo ha muerto por dentro. No tiene ni fuerzas, ni deseo, ni ánimo para atender a su hijo. El siguiente diálogo es común: Lalito entra a la recámara de su mamá, donde ella está dormida o está viendo una telenovela o película de amor desdeñable y le dice:

— Mamá, ¡tengo hambre!

— Ahorita, no me molestes porque me siento mal. ¡Ábrete una lata de sopa!

— Pero mamá, ¡siempre te sientes mal!

—¡Ya vete y cierra la puerta!

Lalito no ha perdido sólo a su padre, sino también a su madre.

Hay muchas madres como Aurora, la mamá de Lalito, que físicamente están en la casa, pero no están emocionalmente. Puede ser por el alcoholismo, las drogas, la depresión u otros problemas mentales o emocionales. 

Hay otros casos que pudieran interpretarse como madre ausente que no lo son, como es el de una madre sola que se ve obligada a dejar a su niño pequeño en una guardería porque tiene que trabajar fuera de casa. ¡Su caso es totalmente distinto a los anteriores! La imagen de esta madre soltera, es una imagen digna de admirar, puesto que en medio de una sociedad que señala su condición, rechazó la falsa salida del aborto o el abandono y decidió ser una mujer que enfrenta la vida por ella y por su hijo con los retos que implica; ser ella la responsable de brindar educación, alimento, protección, formación de una vida y a la vez dar afecto y atención en la ausencia de una figura paterna.

Amplificación

En los años 40’s y 50’s había una tremenda fascinación por las grandes estrellas de cine de Hollywood. Mujeres hermosas, vestidas de lujo y enjoyadas, eran las personas más admiradas por el público y de vez en cuando, se tomaban fotos con sus hijos para dar una imagen sana.

Pero cuando esos hijos crecieron, se descubrió una historia muy diferente de esas madres “hermosas y sanas”. Muchas de ellas dejaron el cuidado total de sus hijos a nanas. Aunque vivían en la misma casa, posiblemente pasaban de 10 a 15 minutos diarios para saludar a sus hijos.  Eran “demasiado” importantes como para dedicarse a la maternidad.  La hija de una de estas superestrellas fue abusada sexualmente por uno de los maridos. La hija de otra superestrella, engendrada en una relación ilícita (no se pecaba tan abiertamente como ahora) fue dada a conocer al público como una niña adoptada.  Hasta muchos años después, se supo que era una hija natural, aunque la mamá nunca lo admitió. Las mamás fueron famosísimas, pero sus hijos llevan vidas destruidas y frustradas.

Consecuencias de una madre ausente emocionalmente

Siendo que uno de los papeles principales de la madre es el de nutrir, de amar y aceptar, si todo esto está ausente, el hijo crecerá con un sentir de rechazo. Y de todas las heridas que un niño puede sufrir, creo que ésta es la más dañina porque las consecuencias son trascendentales. Hago esta afirmación basada en muchos años de ministrar a una multitud de mujeres de diferentes culturas y naciones. A menos que una persona haya sido sanada por el poder de Dios, el espíritu de rechazo afectará su matrimonio y todas sus relaciones interpersonales. Seguramente afectará la manera en que cría a sus propios hijos y el patrón del rechazo continuará de generación a generación, trayendo terrible destrucción. ¡Pero hay esperanza! Más adelante, hablaremos de cómo recibir sanidad de esta herida emocional.

Mensaje personal

Si tu madre estuvo ausente emocionalmente, debes entender que en la mayoría de los casos, fue una situación fuera de su control. Si sufría de depresión u otra enfermedad emocional o mental, si se vio obligada a trabajar fuera de la casa y dejarte con otras personas o si ella nunca aprendió a expresar afecto de su propia madre, probablemente será más fácil de entender, puesto que hasta cierto punto, ella fue víctima también. Más adelante hablaremos de cómo apropiarte del amor de Dios y de otras fuentes de amor humano para llenar el vacío emocional.

Dora, la madre dominante, controladora

Dora y su esposo provienen de familias obreras, pero ambos, con muchos esfuerzos, lograron graduarse de la facultad de leyes. Poco a poco han logrado una norma de vida muy diferente a la que tuvieron en su niñez. Y ahora, Dora tiene una idea muy exacta de cómo quiere que sean sus hijos, para que no se pierda lo ganado. ¡Y se encarga de que cumplan sus expectativas al pie de la letra!

Cuando su hijo Mario le informó que quería ser veterinario, ¡Dora casi tuvo un infarto! “¿Cuidar animales cuando vienes de una familia de abogados? ¡Jamás! ¡Me vas a poner en vergüenza! Si decides estudiar eso, ¡tendrá que ser en otra ciudad donde no nos conozcan!”.

Mario ha entendido el mensaje y aunque las leyes para nada le interesan, ya hizo su solicitud para ingresar a la facultad.

Amplificación

Un papel importante de cada madre es de nutrir y proveer seguridad al niño. Sin embargo, después de que ella hace esto, su siguiente tarea es ayudar al hijo a desarrollar su individualidad. Fuimos diseñados por Dios para tener nuestra propia identidad. Para que un hijo se desarrolle sanamente, la madre necesita permitirle cultivar su independencia y afirmación de la voluntad.

Durante la niñez y la adolescencia, el niño empieza a experimentar lo que llamamos la voluntad. En algunos niños, es especialmente marcado, de modo que son llamados “de carácter fuerte”. Otros son menos fuertes, pero todo el mundo tiene su propia voluntad.

Cuando una madre tiene un espíritu de control y no permite al hijo independizarse, utiliza la manipulación para lograr sus propósitos. Y existen varias maneras:

Culpa

Una de las formas más poderosas que las madres usan para controlar es la culpa. “Me vas a herir si haces tal o cual cosa”. Para el niño, herir a su madre es algo que no soporta. Y la culpabilidad a veces se queda con el hijo después de ser adulto.

Una amiga me contó la historia de cómo su suegra controla la vida de su esposo, Gerardo. A pesar de que esta madre tiene su propio negocio y tiene un esposo que trabaja. En cierta ocasión, le dijo: “Hijo, ¡cómo necesito un mejor automóvil! Tus hermanos no quieren ayudarme. ¿No puedes darme dinero para comprar otro carro?”. Esto hizo sentir a Gerardo impotente y culpable por no poder ayudarla. Entonces Gerardo consiguió un segundo trabajo para poder proveer mejor para su madre. Mi amiga me dice: “Los niños casi no ven a su padre porque ya están dormidos cuando él llega en la noche. Veo que mi suegra está controlando la vida de su hijo utilizando la culpabilidad”.

Retener el amor

Otras madres, en vez de usar la culpabilidad, utilizan un mensaje silencioso que dice: “Si no haces lo que quiero, no te seguiré amando”. Para un joven llamado Enrique con una madre controladora, el colmo llegó cuando él decidió asistir a una escuela superior diferente a la que ella había escogido. Por un año, ella no le habló. Algunos padres retienen el apoyo financiero u otros beneficios.

Enojo

Algunas madres controlan a sus hijos por medio de la ira. Se ponen furiosas si su hijo no está de acuerdo. Son capaces de controlar a gritos y hasta usar la violencia. Como un niño no soporta el enojo de su madre, se somete pero vive atemorizado. Muchas veces crece dentro de él una rebeldía que tarde o temprano explota. A menudo la madre enojona es también impositiva: “¡Se hace porque yo digo!”.

Consecuencias de una madre controladora

Samuel tenía 36 años y quería casarse. Se había enamorado varias veces de buenas mujeres, pero cada vez que se acercaba al matrimonio, él se sentía “sofocado” y rompía la relación. Había tenido una madre dominante e inconscientemente, él temía al compromiso.

En otros casos, la persona que ha tenido una madre controladora, tiene problemas en decir “no”. Puesto que había conflictos cada vez que expresaba una opinión diferente a su madre, ahora teme las consecuencias negativas si dice “no” a  cualquier persona que ama.

Tendemos a repetir los mismos patrones que aprendimos con nuestra madre, así que si tu madre usaba la culpa, el enojo o la manipulación para controlarte, probablemente tú harás lo mismo... a menos que en el nombre de Jesús rompas el patrón y pidas al Señor que te cambie.  

El control excesivo genera intimidación y a veces humillación interna, con mucho resentimiento, pero con la incapacidad para manifestarlo, lo cual atrapa a la persona en sentimientos encontrados consigo misma. Se siente culpable de lo que siente o hace, pero por lo general no tiene la voluntad para decir no.

Tengo que reconocer que mi propia madre era dominante en algunas áreas. Durante mi juventud, tuvimos muchas discusiones porque yo también era de carácter fuerte y cuando no estaba de acuerdo con sus opiniones, lo expresaba. Aún después de casarme, mi madre expresaba sus opiniones, contrarias a las de mi esposo, sobre mi corte de cabello y otros asuntos personales. A veces discutíamos fuertemente cuando yo no estaba de acuerdo con ella. 

Tengo dos hermanos  y  uno  de  ellos discutía frecuentemente con mi madre porque ella quería controlar áreas personales de su vida, como su elección de ropa y cómo administraba el dinero. No recuerdo a mi otro hermano discutiendo nunca con mi madre porque él tiene un temperamento mucho más tranquilo. Por lo tanto, de los tres hijos, él siempre se llevaba mejor con mi madre. En vez de discutir con ella, simplemente la escuchaba pero luego tomaba su propia decisión. De modo que, nuestro temperamento tiene mucho que ver con la forma en que respondemos al carácter de nuestra madre. 

Mensaje personal

No hay nada más frustrante que el pasarse la vida tratando de agradar a personas difíciles de agradar. Y si tuviste o tienes una madre así, probablemente a menudo sientes que estás “entre la espada y la pared”. Pero el Señor tiene una palabra libertadora para ti: Él dice que tenemos que “agradar a Dios antes que a los hombres”. Él tiene una voluntad perfecta para tu vida y la de tu familia y lo que es más, Él conoce tus limitaciones. 

Tengo una sugerencia: si sientes que tu vida está totalmente fuera de control, que es un constante estire y afloje, agradando a todo el mundo, regálate un par de horas para sentarte, pluma y cuaderno en mano y haz una evaluación de todas tus actividades. ¿Cuáles cosas haces porque son parte imprescindible de tu responsabilidad como hija, esposa, madre e hija de Dios? ¿Cuáles cosas disfrutas y te enriquecen? ¿Cuáles cosas haces sólo para agradar a otros, para “quedar bien” o porque no te animas a decir “no”? ¿Cuánto tiempo dedicas para ti sola por semana?  Pide dirección a Dios sobre las prioridades en tu vida, luego empieza a decir “no”, con más frecuencia.

Recuerda: Jesús nos manda amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos; es decir, si continuamente nos negamos a nosotras mismas, si nunca nos amamos ni nos dejamos amar, estaremos fuera de la voluntad de Dios y privándonos de su bendición. ¡Ármate de valor para vivir como Él quiere, no como los demás quieren! 

Conchis, la madre consentidora

Conchis ha leído todos los libros sobre psicología moderna en cuanto a la crianza de los hijos, la cual le ha enseñado que lo más importante es permitir a los niños “ser”. Y una de las peores cosas que uno puede hacer es castigar al hijo corporalmente porque “¡eso es enseñar a los niños a resolver los problemas con violencia!”.

Su hijo Paquito, de edad preescolar, es el “terror” de toda la familia. Ni siquiera los abuelitos lo quieren cuidar porque simple y sencillamente no entiende la palabra “¡no!” Controla la situación con sus berrinches, destruye lo que hay a su alcance y muerde a los primitos. Pero, ¿castigarlo? ¡Nunca! Conchis sólo trata de “dialogar” con él.

Y así crece Paquito: sin freno, sin disciplina, porque Conchis aprendió que para tener un hijo feliz, se le debe dar todo lo que quiere para no frustrarlo y permitir que haga lo que quiera, para no limitar su libertad de expresión.

Amplificación

Conchis, juntamente con muchas madres, cree las siguientes mentiras acerca de la crianza de los hijos:

1. Evita confrontación directa con el niño, poniendo la carga de la disciplina sobre terceras personas: “Juanito, la Sra. Richards (la anfitriona) te enviará a casa si haces eso”. O peor: “Diosito te va a castigar si no te portas bien”.

2. Cada niño, si está haciendo pucheros, berrinches o llorando porque recién fue disciplinado, necesita un dulce… ¡y rápido!

3. Siempre guarda dulces en la bolsa para controlar al niño.

4. Es culpa del niño si no se porta bien, no la responsabilidad de la madre de enseñar y disciplinarle. “No quiere”, dice la madre y así termina el asunto.

5. Es un pecado cultural hacer al niño llorar o sentirse infeliz. La felicidad inmediata es más importante que las metas a largo plazo.

Consecuencias de una madre consentidora

Una consecuencia de la falta de disciplina es que produce hijos rebeldes que batallan con figuras de autoridad, sean en el hogar, en la iglesia, en el trabajo o en el gobierno.

Otra consecuencia de un niño consentido, es que forma un sentimiento de ser merecedor de todo, sin reconocer que él tiene que esforzarse por obtener aquello que pide. Una persona que vive sin disciplina se vuelve una persona egocéntrica, creyendo que el mundo tiene que girar alrededor de ella, por lo que difícilmente tendrá amistades. Vivirá en frustración también al ver que no todo el mundo tiene la misma disposición para cumplir la voluntad de ella. Llegará a ver a las personas con diferencias de opinión como enemigos en vez de respetar las diferencias, haciendo “berrinches” aun de adulta. Y para colmo, esos berrinches sólo servirán para alejar a la gente, en vez de lograr su propósito.

También a veces se nota en un adulto que fue consentido de niño, la falta de “freno” interior, lo cual puede manifestarse en deudas excesivas e innecesarias, casa desarreglada e hijos descuidados. A veces surge indisciplina en áreas de su vida personal, como descuidar su salud, alimentación, estudios, etc. 

Por años he escuchado a mujeres decir que nosotras, las madres, fomentamos el machismo y estoy de acuerdo. Cuando una madre consiente a sus hijos varones de tal forma que sus hermanas (o su madre) siempre les sirven, ella está perpetuando la mentira que la mujer existe básicamente para servir al varón. ¡En el hogar es donde podemos cambiar esta mentalidad tan destructiva!

Mensaje personal

Si reconoces que tu madre fue consentidora, no es demasiado tarde para que aprendas la autodisciplina y obediencia a las autoridades en tu vida, aunque no será tan fácil como adulta. Necesitas reconocer que la sumisión a las autoridades legítimas es el plan de Dios. Trae orden a las familias, a la iglesia y a la sociedad.

A la vez, tendrás que aprender a discernir entre placer momentáneo y felicidad duradera, especialmente en el área sexual, en la alimentación y en el manejo del dinero.

Tengo una amiga que llamaré Anita que me ha contado cómo su madre era tan eficiente y perfeccionista en cuanto al cuidado de la casa, además de tener una sirvienta durante varios años, que nunca le enseñaba ni le hizo responsable para ayudar con las tareas de la casa. Ella dice: “Como consecuencia, mis primeros años como ama de casa fueron un desastre. ¡Simplemente no tenía disciplina! Aunque suene como algo muy espiritual para algo tan práctico, lo vencí a través de la oración. Poco a poco, orando y “haciendo”, Dios me ayudó a cambiar y mi casa ha cambiado. Aunque nunca seré alguien que logre que sus pisos parezcan espejo, mi casa es un lugar agradable y atractivo”.

Pablo escribió: 

Filipenses 4:13

 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Si estás batallando con la falta de autodisciplina en algún área de tu vida, aprópiate de esta declaración. ¡Porque no hay nada imposible al que cree!

Thelma, la madre temerosa

Cuando Thelma, la temerosa, tenía doce años, mataron accidentalmente a su papá con una “bala perdida” en año nuevo. Desde entonces el temor a todo y a todos dominaba su personalidad. Y ya de mamá sus hijos están sufriendo las consecuencias.

Thelma nunca lleva a Pepe y a Carla a un parque porque “uno nunca sabe qué clase de gente anda allí”. Tal vez, les pueda morder un animal. Tampoco saben lo que es ir a jugar a la casa de amigos, porque “¿qué si alguien está enfermo y se contagian?”.

También ella se preocupa que pueda haber accidentes, por eso si ella no los puede acompañar personalmente, ¡ni siquiera pueden participar en las excursiones de la escuela o la iglesia!

En otros aspectos es también temerosa. Sus hijos sólo tienen que toser una vez e inmediatamente los lleva con el pediatra. No pueden comer helado porque “se enferman de la garganta”. Thelma desconfía de todo y de todos; para ella, su mayor propósito en la vida es proteger a sus hijos, para que “nada, ni nadie” les haga daño.

Amplificación

Algunas expresiones de la madre temerosa son:

“Hijito, no salgas a jugar en la tierra, te puedes enfermar”.

“No salgas afuera, el sol te puede causar cáncer de piel”.

“No te bañes más de una vez a la semana; se te baja el calcio”.

“No brinques porque te puedes quebrar el brazo”.

El desarrollo de los hijos de una madre temerosa se ve afectado porque no se les permite “aventurar”. Y como no se han aventurado en el mundo, tardan para lograr independencia y madurez.

Consecuencias de una madre temerosa

Las madres extremadamente temerosas casi siempre traspasan su temor a los hijos. Por ejemplo, tengo una amiga llamada Carla que me contó lo siguiente: “Mi madre era una persona temerosísima a los dentistas. Ella era una persona muy autodisciplinada, así que era fiel a sus citas, pero antes de ir con el dentista, externaba su temor a toda la familia. De hecho, siempre tomaba tranquilizantes para poder sobrellevar el tiempo.

Este temor me lo pasó a mí, pero por no ser tan disciplinada como ella, yo sí aplazaba el tiempo de ir con el dentista hasta que estaba en un grito de dolor, con infecciones fuertes. A raíz de este descuido, prácticamente me he quedado sin muelas”.

Otra amiga, llamada Alicia, tenía una madre que siempre expresaba temor de que ella entrara en una relación con un mal hombre. Varias de sus primas quedaron embarazadas antes del matrimonio y su madre continuamente le decía: —Ten cuidado con los hombres, todos son unos aprovechados y quieren una sola cosa. Alicia comenta: “Mi madre tenía tantos ‘tabúes’ que hasta implicaba pecado que siquiera nos tomáramos de la mano en un noviazgo. Como consecuencia, yo llegué a ser muy reacia y desconfiada con los hombres; nunca pude tener un novio sin sentir culpa”. Ahora Alicia tiene 38 años y aún no se ha casado, a pesar de desearlo y de ser una chica muy bonita con un carácter muy agradable. 

Mi propia madre tenía mucho temor del agua y yo “heredé” ese mismo temor. Como adolescente, cuando en grupo íbamos a una alberca, mi madre me advertía un sinnúmero de veces de tener cuidado y no ahogarme. Y cuando en algunas ocasiones se nos presentó la oportunidad de subir a una lancha, ¡a mi madre casi le daba un infarto! De modo que, hasta la fecha no me gusta tampoco subirme a una lancha,  aun y cuando unos queridos amigos de Cabo San Lucas y de Cozumel, se ofrecen a pasearnos gratuitamente. Finalmente, aprendí a nadar, muchos años después de casarme, gracias a la instrucción de mi esposo, pero aún prefiero quedarme en el lado de la alberca donde el agua no es profunda.

El temor afecta de otras maneras también. Cristina temía a la confrontación. Cuando su hijo Esteban estaba teniendo problemas en la escuela primaria con un maestro que se burlaba abiertamente de él por ser cristiano y por ser más tierno de carácter que los demás niños, Cristina sabía que tenía que confrontar la situación. Pero antes de por fin hacerlo, el temor le provocó una úlcera gástrica.

Mensaje personal

Si tuviste una madre temerosa y has heredado algunos de sus temores, recuerda lo que la Biblia nos dice: 

2 Timoteo 1:7

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía (temor)…”. 

En el Señor, ¡tú puedes vencer! ¿Cuáles son tus temores? Entrégalos a Jesús, confiando en su cuidado y amor. La Escritura dice: 

1 Juan 4:18

“...El perfecto amor echa fuera el temor...”. 

Contiene una gran verdad. A la vez, toma autoridad sobre el espíritu de temor, atándolo en el nombre de Jesús. ¡Aprende a orar enérgicamente por la protección de los tuyos!

Zulema, la madre sufrida

El esposo de doña Zulema, “la sufrida”, era alcohólico, de modo que ella tuvo que sacar adelante a sus tres hijos sola. Ellos agradecen el sacrificio y la dedicación de su madre, pero le agradecerían mucho más si ella no les recordara tanto lo de su papá. “Adrianita, tú eres la única hija y viendo a tu padre, ya sabes cómo son los hombres. ¡Son unos irresponsables! Tú me entiendes. ¡Tener marido es sufrir! Espero que lo pienses dos veces antes de casarte. Mejor, ¡deberías quedarte conmigo! Lo que más temo es morir en total soledad. ¡Y después de todo lo que he hecho por mi familia!”.

A su hijo Gustavo, doña Zulema le dice: “Cuando me embaracé de ti, por algún motivo mi tiroides se descompuso y desde entonces he estado sube y sube de peso y he perdido mi atractivo físico. Fue entonces que tu padre empezó a entenderse con otras mujeres. Claro, tú no puedes hacer nada por el pasado pero sólo quiero que sepas lo que me has costado y que nunca lo olvides. Cuando necesite un dinerito para mis medicinas, espero que pueda contar contigo”.

El menor es Pedrito: “¡Jamás esperé tener otro hijo! La verdad es que tu papá me obligó una noche cuando estaba tomado. Le tuve miedo y accedí. Fue una gran carga para mí saber que tendría otro hijo cuando tu papá y yo andábamos tan mal, pero; ¡has resultado una alegría para mí! ¡Qué bueno que te tengo! Ahora tus hermanos más grandes están estudiando sus carreras y ocupados con sus noviazgos, sé que puedo contar contigo en estos años difíciles en que, ¡todos se han olvidado de mí!”.

Amplificación

Algunas frases comunes de la madre sufrida son:

“No pude terminar mi carrera cuando naciste porque me dediqué a criarte”.

 “Tu papá no me hace caso, tus hermanos son malagradecidos, nadie viene a verme”.

“Estoy enferma y a nadie le importa”.

“Hace 30 años tu padre me engañó y he sufrido como no te imaginas”.

“Dentro de poco me voy a morir, entonces tendrás mucho tiempo para pasar con tu esposa. ¿Por qué no vienes más seguido a verme? Pero por favor, ven solo; esa mujer no me quiere”.

Aunque he usado la palabra “sufrida” para describir esta madre, a la vez ella es una manipuladora, porque utiliza sus sufrimientos, los reales e imaginarios para manipular a los hijos.

Consecuencias de una madre sufrida, manipuladora

A veces el resultado de esta clase de madre son hijos que viven con la culpabilidad por no haber hecho más por su madre. Muchas personas llevan un sentido de responsabilidad falso toda la vida. En otros casos, resulta en hijos rebeldes que tienen resentimiento o rencor contra su mamá.

Los hijos son más propensos a tener matrimonios infelices a causa de los conflictos familiares. Por un lado, le siguen la corriente a su mamá; pero por otro lado, sienten culpa para con su propia familia porque se dan cuenta que no se dan abasto. Se sienten confundidos por las recriminaciones de su cónyuge. Sufren gastritis, colitis, dolores de cabeza y otras enfermedades.

Mensaje personal

Si tuviste o todavía tienes una madre sufrida o manipuladora, necesitas reconocer que cada uno, incluyendo a tu mamá, somos responsables por nuestras propias decisiones y que tú no eres responsable ni culpable por las cosas que ella sufrió. Rechaza la autocondenación. Esto no es deshonrar a tu madre, es solamente aceptar la verdad. Si no lo haces, sufrirás toda la vida y no serás una persona emocionalmente sana, ¡y tus hijos pagarán el precio!

Paulina, la madre pasiva

Paulina, una madre pasiva, no sabía tomar decisiones y se dejaba insultar y menospreciar por su esposo. Cuando sus hijos necesitaban zapatos, ella no le pedía dinero y cuando había problemas con sus hijos en la escuela, ella nunca se presentaba para hablar con el maestro porque no quería involucrarse en ninguna confrontación. Siempre se mantenía al margen.

Cuando el padre disciplinaba a los hijos con castigo corporal excesivo y llegaba a golpearlos brutalmente, Paulina no hacía nada por defenderlos. Susana, la hija mayor tenía que poner a estudiar a sus hermanos, tenía que decirles que recogieran su ropa, que se acostaran; en fin, ella casi asumía el papel de la madre.

Susana, ya adulta, dice: “Desde pequeña empecé a odiar a mi papá por ser injusto. Yo siempre deseaba que mi mamá se defendiera porque yo no podía hacerlo. Al ver que ella no se defendía, empezó a crecer en mí un enojo contra ella. Cuando era adolescente, me rebelé y entonces yo le decía a mi papá ‘sus verdades’. 

Todo esto resultó en que yo odiara el matrimonio y lo viera como algo sin sentido, trayéndome sólo problemas. En algunos de mis hermanos provocó tanta pasividad que no podían terminar con nada de lo que empezaban; actuaban igual que mi mamá o al contrario, completamente rebeldes, aun ya casados”.

Amplificación

Aunque las consecuencias son tristes y devastadoras en la clase de pasividad ya mencionada, existe otra clase de pasividad y las consecuencias son aún más devastadoras, ¡es la pasividad espiritual! 

Cuando Laura era niña no había nada que la desesperara más que el tener que asistir cada semana a una reunión religiosa. Implicaba estar quieta por una hora sin abrir la boca ni moverse para nada y escuchar a alguien hablar, a quien no entendía. 

Además, Laura sentía que en su familia “la religión” era una hipocresía. Su papá y su mamá usaban su mejor ropa y su mejor cara para asistir a esta actividad dominical y ambos eran reconocidos por sus fuertes contribuciones económicas, pero tan pronto se alejaban de la iglesia, todo cambiaba. Sus padres se peleaban como perros y gatos entre sí, y en la abarrotera de la cual eran dueños tenían fama de ser tacaños con los clientes, abusivos con los empleados y ladrones para con los proveedores. 

Así que Laura formó una actitud en cuanto a la religión: “Realmente no sirve para nada; es una actividad social y cultural para aquellos que tienen tiempo para ello”. Por eso, ella y su esposo determinaron no imponerles a sus hijos la religión. “Es mejor permitirles que ellos decidan cuando sean grandes”, es lo que dice Laura. “Los domingos es más bien día de dormir tarde, ir juntos al cine y a un buen buffet de almuerzo. Después de todo, ¿cuándo más vamos a tener tiempo para estar con ellos?”.

El caso de Luisa es diferente. Ella sí disfrutó el ir a la iglesia de niña. Es más, se destacó en aprender muchas historias y versículos bíblicos. De joven, se involucraba con el grupo de jóvenes. Sin embargo, cuando se casó con un hombre espiritualmente apático, la fe de Luisa se fue enfriando y ella llegó a ser espiritualmente pasiva. Cuando llegaron los hijos había nuevas distracciones y más trabajo. Ambos reconocen que ir a la iglesia es algo bueno para los hijos y procuran llevarlos cuando menos dos veces al mes, siempre y cuando no interfiera con un programa especial en la televisión o no estén demasiado cansados. Pero la realidad es que sus hijos están creciendo sin Dios.

Aunque ambos son casos diferentes, tanto Laura como Luisa, con su apatía y pasividad en las cosas espirituales, están dejando un vacío en sus hijos. Un terrible vacío, ¡que nada, ni nadie va a poder llenar! 

Consecuencias de la madre pasiva

Los hijos de una madre pasiva probablemente tendrán problemas con la inestabilidad emocional. Ellos no sabrán cómo enfrentar y solucionar problemas porque nunca lo vieron en su madre. Cuando existe abuso sexual, las madres pasivas prefieren llamar a la niña (o niño) “mentirosa” en vez de defenderle y enfrentar la situación difícil, lo cual provoca consecuencias devastadoras.

Doy gracias a Dios que mi madre no fue pasiva en cuanto a las cosas de Dios. Ella fue enérgica en llevarme a mí y mis dos hermanos a la iglesia donde recibimos instrucción acerca de la Palabra de Dios. A pesar de que en nuestra agrupación no entendíamos muchas cosas importantes sobre la obra del Espíritu Santo, sin embargo, aprendí el temor a Dios y un respeto por su Palabra que me ha beneficiado toda la vida. Y no fue “una religión” que sólo se practicaba los domingos. Mis padres vivían diariamente, al nivel de su entendimiento, las Sagradas Escrituras.

Mensaje personal

Hayas tenido o no una madre que te inculcaba la importancia de las cosas de Dios, ahora como adulta, eres responsable por tu propias decisiones y acciones. Tienes la oportunidad de tener más que una religión, puedes tener una relación personal con Dios a través de su Hijo Jesús. Si nunca has comenzado esta relación, en la siguiente sección del libro aprenderás cómo hacerlo y en la penúltima sección aprenderás cómo encaminar a tus propios hijos en los caminos de Dios.

 

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