8 Tipos de Madre Pt. III



Publicado el:
Martes 14 de Mayo, 2019

Nuestro Padre perfecto

Ya que hemos identificado algunas de las clases de madres que existen, probablemente tu mente se ha llenado con las memorias de tu niñez: Algunas placenteras y otras dolorosas. Y estás preguntándote: ¿Y ahora qué hago? No puedes cambiar tu pasado, pero sí puedes cambiar tu presente y futuro. ¿Cómo? Para comenzar, vamos a ver como Dios, nuestro Padre perfecto, puede suplir todas las necesidades básicas de un ser humano. 

Como hemos dicho desde el principio, no existen madres perfectas. Tú y yo hemos cometido errores con nuestros hijos, así como nuestras propias madres. Sin embargo, tenemos un Padre celestial maravilloso quien desea suplir cada una de nuestras necesidades, tanto físicas como emocionales. El rey David, del Antiguo Testamento, escribió algo sencillo pero profundo: 

Salmo 27:10

“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá”.

Uno de los nombres de Dios es El Shaddai, el cual aparece cuarenta y ocho veces en el Antiguo Testamento y es traducido como “Todopoderoso”. Es una palabra hebrea con dos partes: Shad, que significa “uno que sustenta, que nutre, una madre que da pecho” y Dai, que significa “un guerrero fuerte”. 

Es fácil para nosotros pensar en Dios como guerrero fuerte y con características masculinas, pero, ¿Dios con características femeninas? Sin embargo, fijémonos en las siguientes palabras del primer libro de la Biblia: 

Génesis 1:27

 “Y  creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

 “A su imagen... varón y hembra”. ¡Se requiere tanto del varón como de la hembra para expresar el carácter de Dios! Él es Shad (femenino) y Dai (masculino): ternura de una madre y fuerza de un padre.

Para que nos impacte que Dios es El Shaddai, nuestro padre y madre, consideraremos cómo Él suple todas nuestras necesidades: Físicas, emocionales y espirituales.

Él es nuestro proveedor

Después de haber creado a Adán y Eva, y darles dominio sobre la naturaleza, Dios dijo:

 Génesis 1:29

 “He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer”.

Este versículo deja claro que Dios proveyó a sus hijos según sus necesidades. Además, uno de los nombres de Dios es Yahweh Yirah, nuestro proveedor. 

Filipenses 4:19

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.

Génesis 22:14

 “Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová (Yavé) proveerá ...”.

En un mundo lleno de inseguridad, miseria y escasez, no hay nada que nos edifique tanto como el saber que el Altísimo, el Creador del universo, es nuestro Proveedor y que, ¡jamás hay crisis o bancarrota en el cielo!

 Él consuela y nutre

Una buena madre consuela y nutre a sus hijos; sin embargo, algunas personas no recibieron de su madre lo que necesitaban o porque ella no supo expresar afecto o porque ella fue demasiado cerrada con sus propios problemas. Qué tremendo saber que el Padre celestial es nuestro sustentador y que, ¡nos consuela y nutre como una madre que amamanta a su pequeño! 

Tengo una amiga que pasó por un tiempo largo de abuso emocional de parte de su marido. Aunque ella sufría desilusión y terrible dolor de corazón en cuanto a su matrimonio, testifica que durante esta época, experimentó la compañía y la presencia de Dios como nunca antes en su vida. Aunque su esposo no la abrazaba, su Padre celestial sí la abrazó y la consoló.

La Escritura nos dice que Dios es el gran Consolador: 

2 Corintios 1:3, 4

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.

Hablando de sí mismo en el papel femenino, dice:

Isaías 66:13

 “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros...”.

Jesús dijo: 

Mateo 23:37

“¡Jerusalén, Jerusalén... ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”. 

Cuántos casos existen de personas que han experimentado gran dolor, tal vez la muerte de un hijo y testifican del consuelo sobrenatural que recibieron de parte de Dios. Recuerdo que hace pocos años, unos misioneros en África nos visitaron y algunas semanas después de estar en México, su hijo de 23 años de edad murió trágicamente en un accidente de avioneta. Pero lo que nos impresionó era lo que ellos testificaron en una carta: Que el consuelo sobrenatural de Dios les había envuelto. No quiero decir que no había tristeza, sino que en medio de la tristeza, los brazos eternos de Dios les habían sostenido.

Si en este momento estás pasando por una tristeza, un dolor en la vida, tal vez la muerte de un ser amado, la muerte de un sueño o la muerte de tu matrimonio, acércate a El Shaddai y Él te dará consuelo sobrenatural. Como el niño asustado llora hasta que encuentra consuelo en los brazos de su mamá, así nuestro Padre celestial nos consuela con sus brazos. Aunque no lo puedas ver, Él no está lejos. Está cerca de ti, esperando para bendecirte. Extiende tu mano hacia Él y permite que Él bese las lágrimas de tu rostro. Permite que acaricie tu cabeza y te sostenga en sus brazos.  

Isaías 66:13

“Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros...”.

Él provee seguridad y confianza

No nacimos con la habilidad de confiar en otros, lo aprendemos primeramente de nuestras madres. Por el hecho de que siempre estaba allí emocionalmente, aprendimos que podíamos depender de ella y esto cultivaba en nosotras la habilidad de confiar en otros. Sin embargo, por ser humana, aun la mejor madre a veces falla y otras fallan terriblemente. Pero al conocer a El Shaddai, nos damos cuenta que Él es totalmente confiable, que Él nunca nos va a traicionar y que podemos derramar nuestro corazón en Él con toda confianza. 

Puede ser que en tu niñez tuviste experiencias de trauma o temor o sencillamente tus padres no supieron darte un cimiento de seguridad. Sin embargo, escucha lo que tu Padre celestial te promete:

Juan 10:27, 28

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”.

Juan 14:15, 16

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.

Jesús promete que el Espíritu Santo será enviado a los que son hijos de Dios y estará con ellos, ¡para siempre!

 Hebreos 13:5

 “...No te desampararé, ni te dejaré”.

Juan 6:37

 “...Al que a mí viene, no le echo fuera”.

¡Habla de seguridad! No hay nada que se compare con todas estas promesas de Dios.

Incertidumbre de mi salvación

Debido a la enseñanza bíblica que recibí durante mi niñez y juventud, viví años con mucha inseguridad en cuanto a mi destino eterno. Me enseñaron que nadie podía saber en esta vida si en verdad era salvo o no. Una noche, ya después de casarme, hubo una explosión cerca de nuestra casa y creí que era el fin del mundo. Por no saber a donde iría mi alma, empecé a llorar histéricamente. Mi amado esposo, que tenía entendimiento de la gracia de Dios, me ayudó enormemente. Me dirigió a las palabras de Jesús en Juan 6:37: “...Al que a mí viene, no le echo fuera”. Fue un proceso lento pero finalmente mi inseguridad y temor dieron lugar a la plena certeza de que no sería echada fuera del cielo, debido a que había llegado a Jesús, confiando sólo en Él para mi salvación. La Palabra de Dios me trajo seguridad y hará lo mismo contigo.

Libre del temor

Si tuviste una madre temerosa o no, lo cierto es que casi todas crecimos con algunos temores: Temor a la muerte, temor a un accidente, temor de perder al marido, temor al cáncer, temor de quedarse sola. Sin embargo, con la ayuda de nuestro Padre celestial, podemos vencer estos temores, puesto que en las Escrituras Él dice más de 366 veces: “no temas”. Medita en esta palabra de Proverbios: 

Proverbios 1:33

“Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal”.

 Hace años tuve temor de subirme a un avión, cosa que tenía que hacer frecuentemente por los viajes del ministerio. Entonces una amiga me compartió cómo ella impone sus manos en el avión cada vez que sube y declara:

Deuteronomio 28:8

“Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano...”. 

Empecé a hacerlo y me ayudó. A la vez, empecé a declarar con mi boca esta verdad:

 

2 Timoteo 1:7

 “Porque no nos (me) ha dado Dios espíritu de cobardía (temor)…”. 

Gracias a Dios, pude vencer totalmente ese temor y, ¡hoy disfruto los constantes viajes en avión!

Él provee amor y aceptación incondicional

¿Cuántas personas de niñas escucharon afirmaciones tales como: “Dios no te quiere cuando eres desobediente” o “si te portas siempre bien, vas a irte al cielo”? ¡Qué conceptos tan erróneos nos enseñaron acerca de Dios!

El versículo bíblico más conocido en todo el mundo es:

 Juan 3:16

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. 

La palabra amó en griego es “agape” que significa amor incondicional. Él nos ama tal como somos, no solamente cuando nuestra conducta es perfecta.

Más cantos y más libros se han escrito sobre el amor de Dios que sobre cualquier otro tema, sin embargo, todos se quedan cortos para transmitir este amor. Aun si tus padres te amaban al máximo de su capacidad humana, no hay nada que se compare al hecho de saber que Dios te ama y te acepta incondicionalmente. Multitudes de personas testifican que al entender esta verdad, sus vidas fueron transformadas.

Los abrazos de Dios

A veces Dios nos hace sentir su amor, independientemente del amor humano; posiblemente durante un tiempo de adoración su amor nos envuelve de una forma casi palpable. En otras ocasiones, Él usa a la gente, a una amiga, tu marido, un líder espiritual, un hijo para expresar su amor y aceptación. Ha habido casos de vidas transformadas a través de estos abrazos de amor.

A mí me sucedió algo hace varios años en un congreso para pastores en Cd. Juárez, que jamás olvidaré. Una noche cuando se había terminado la reunión y mucha gente todavía estaba orando el uno por el otro, se me acercó un hombre desconocido. Pero por su gáfete sabía que era un pastor que se llamaba Martín. Él me dijo: —¿Le puedo pedir un favor? ¿Pudiera darme un abrazo de mamá? Mi madre se murió cuando yo tenía cinco años y no sé qué es el abrazo de una madre.

Al abrazar a ese pastor, él empezó a llorar y continuó llorando por unos minutos. Me conmovió tanto que yo también comencé a llorar. Luego nos despedimos, pensando que jamás le volvería a ver. Pero no fue así. Como dos años después estuve en otra ciudad y se me acercó un hombre, preguntando: —¿Se acuerda de mí? Tuve que decirle honestamente que no me acordaba de él. Entonces me contestó: —¡Soy Martín!”. Después de unos segundos, volvió a mi memoria la escena aquella noche en Cd. Juárez y le abracé de nuevo, pero esta vez con un genuino amor.

Luego Martín me explicó lo que había significado mi abrazo de madre. Me dijo que por la falta de expresiones de afecto en su niñez, ahora de adulto, él había sido deficiente en poder expresar amor hacia su esposa e hijos. Había repercutido en su ministerio en la iglesia. Sin embargo, aquella noche en Cd. Juárez, Dios sanó algo en sus emociones y ahora era un marido, padre y pastor diferente.

Esta historia se repite frecuentemente dentro del cuerpo de Cristo, donde fluye el amor de Dios. El Señor usa los instrumentos humanos para expresar su amor incondicional y sanar nuestras heridas. Puede ser que en tu niñez no recibiste los abrazos y toques significativos que necesitabas. Pero ahora puedes sentir los abrazos de tu Padre celestial. Como Martín, toma un paso y acércate a alguien que respetes, sea un líder, mujer de mayor edad, una amiga y pídele un abrazo de madre o de padre.

Si no necesitas recibir este abrazo para sanidad emocional, tú puedes ser un canal de bendición a otros, dando abrazos a los que tanto lo necesitan. ¡Sé generosa con tus abrazos! A mí, me sorprende e inquieta cómo mujeres en liderazgo en la iglesia batallan para dar abrazos a personas necesitadas. Les es fácil imponer manos al orar por la persona, pero a menudo un abrazo cariñoso es lo que necesitan para recibir sanidad.

Dios te ama: ¡Tres palabras revolucionarias!

Un presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, cuenta en su autobiografía de una experiencia con el amor de Dios que le transformó. Después de que había sido destituido vergonzosamente de la presidencia y recuperándose de una cirugía, él se encontraba en el hospital pasando por una gran depresión. Un día, sin deseos de vivir, entró en su cuarto una enfermera, caminó hacia la ventana y abrió las cortinas. Cuando el Sr. Nixon y su esposa Patricia miraron hacia afuera vieron una avioneta llevando un mensaje que decía: “Dios te ama y nosotros también”. 

El Sr. Nixon cuenta que al leer estas sencillas palabras, fue el momento que él empezó a recuperarse de la depresión. Después se dio cuenta que unos amigos cristianos habían contratado la avioneta. 

Tal vez has buscado la aceptación de tus padres toda la vida y el rechazo te ha destruido. Ahora, Dios dice que en Jesús tú eres “acepta en el Amado” (Efesios 1:6). Al creer y abrazar esta verdad, tu vida puede ser transformada. Puede ser que en tu niñez no recibiste los abrazos que necesitabas. ¡Pero; ahora puedes sentir los abrazos de tu Padre celestial!

Ninguna relación que una mujer experimente será más plena que la relación que existe entre ella y su Señor. El hecho de que el Señor la sostenga en sus brazos es lo que traerá sanidad del daño que pudiera haber sufrido en su búsqueda de otras relaciones. En sus brazos, ella encuentra restauración. Habrá ocasiones en las que se sentirá como una niña y en su presencia, se sentará en el regazo de un Padre amoroso cuya sabiduría, consejo y amor consistente la aislarán del adversario contra el cual tiene que luchar. Su Padre se convierte en su protector. 

Él provee disciplina

Una de las necesidades básicas de los niños es la disciplina. Por lo tanto, el niño que tuvo o tiene una madre consentidora, sufrirá toda la vida por no saber someterse a la autoridad. Sin embargo, si eres una de estas personas, ¡tengo buenas noticias! Si eres una hija de Dios, por haber tomado la decisión de ser seguidora de Jesús, tu Padre celestial te enseñará la disciplina. Por supuesto, será mucho más difícil como adulto, pero aprenderás y traerá madurez a tu vida.

 Proverbios 3:12

“Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”.

Hebreos 12:6, 7

“Porque el Señor al que ama, disciplina… Si soportáis la disciplina, Dios os trata como hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?”. 

Corrección directa e indirecta

Todos necesitamos corrección y Dios tiene básicamente dos formas para corregirnos: La directa y la indirecta. La directa es cuando Él habla a nuestro espíritu, tal vez cuando estamos leyendo la Biblia o estamos orando o meditando. “No debes tomar esta decisión”, “estás siendo injusta con tu hijo”, “¿te fijaste cómo deshonraste a tu marido delante de tus hijos?”. Esta es la voz del Espíritu Santo que nos advierte o nos trae convicción del pecado.

Sin embargo, muchos somos medio “sordos” espiritualmente hablando y necesitamos algo más fuerte que la voz interior. Entonces Dios también usa una forma indirecta para corregirnos. ¿Cuáles son algunas de estas formas? 

1. Las reprensiones de la vida, las circunstancias que nos recuerdan obedecer a Dios. Por ejemplo, si te dice el médico que tu colesterol está a casi 300 y estás en peligro de un infarto por la comida de alto contenido en grasas, ¡más vale que recuerdes que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo y debes cuidarlo y tratarlo como tal!

2. Relaciones de pacto, es decir, entre esposos se corrigen unos a otros e hijos corrigen a padres. “Mamá, el aviso decía 40 km/h y tú estás conduciendo a 60 km/h”. Entre verdaderos amigos también se corrigen unos a otros. 

Proverbios 27:6

“Fieles son las heridas del que ama...”.

3. Las autoridades que Él ha puesto. Dios ha delegado autoridad de los padres sobre los hijos (Efesios 6:1); los líderes en la iglesia sobre la grey (Hebreos 13:17); el patrón sobre el empleado (Efesios 6:5); el gobierno sobre los ciudadanos (Romanos 13:1, 2).

Mucha es la gente que ha sido rebelde toda su vida, haciendo lo que le da la gana, porque no recibió disciplina correcta en su niñez. No escucha los consejos de sus padres, ni de su cónyuge, ni de amigos. Pero de repente, conoce a Cristo y llega a ser parte de una congregación cristiana donde existe orden bíblico. Esta persona inmediatamente encuentra que es necesario someterse a la autoridad delegada por Dios, sea el pastor u otro líder con autoridad (no estoy hablando de una esclavitud a líderes espirituales, sino sumisión sana que trae orden). Dios usará a este pastor o líder para traer disciplina a la vida del individuo rebelde, si se le permite. Al contrario, si sigue con un espíritu rebelde, posiblemente tendrá que sufrir algunos “golpes” de la vida, porque el Señor le ama demasiado como para dejarle continuar en su propio camino.

Un ejemplo de cómo Dios nos disciplina, a través de líderes espirituales, es el caso de un hombre que llamaré Octavio. Este hombre joven tiene una linda esposa que le ama y como pareja tienen muchas ganas de servir al Señor algún día como pastores en su estado natal Chiapas. Mientras esperan el tiempo de Dios para empezar su propio ministerio, Octavio ha estado apoyando en una nueva iglesia en Cd. Juárez. Pero hace poco algo triste sucedió. Octavio, se involucró emocionalmente con una chica de la congregación. Al darse cuenta su líder, le confrontó y le puso en disciplina, quitándole todas sus responsabilidades (y privilegios) del ministerio. Si Octavio muestra señales de arrepentimiento y responde bien a la disciplina, con el tiempo él será restaurado y puede esperar un futuro brillante, sirviendo al Señor. Así que, la disciplina aplicada en amor y bajo la dirección del Espíritu Santo, produce madurez en el individuo. 

Mi esposo Victor tuvo una madre que creía en usar la vara (en amor), de modo que él aprendió de niño a obedecer a la autoridad. Y él mismo cuenta que cuando llegó el día que ingresó al ejército norteamericano, no batalló para someterse al sargento, como muchos de sus compañeros. Años después, cuando servía como pastor asistente, no batalló para someterse al pastor principal. ¡Porque había aprendido de niño la disciplina!

Cuando alguien nos corrige, sea el esposo, pastor o patrón, en vez de siempre justificarnos, debemos hacernos estas preguntas: ¿Tiene esto un poco de verdad? ¿Cómo ha afectado esta falta a otros?

Recuerda esto: Los instrumentos humanos que Dios utiliza para corregirnos posiblemente no habrán sido totalmente correctos; no obstante, de la experiencia vendrá bien, si abrazamos y no rechazamos la disciplina. La corrección es una manera en que nuestro Padre celestial nos muestra su amor, por lo tanto, debemos regocijarnos porque somos amados y encontrar seguridad en su disciplina.

Tienes un presente y futuro glorioso

Hemos visto cómo uno de los nombres de nuestro Padre celestial es El Shaddai, que en parte significa el que sustenta y cuida. Otro nombre es Yirah, nuestro proveedor. Él nos consuela y nutre, provee seguridad y confianza, provee amor y aceptación incondicional y nos disciplina en amor. 

Sea cual sea tu pasado, piensa por un momento en lo que Dios te ha dado:

Identidad, eres su hija

1 Juan 3:1

“Mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…”. 

Un sentir de procedencia: 

Salmo 139:13

“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre”. 

Propósito: 

Filipenses 1:21

“Porque para mí el vivir es Cristo...”.

Paz: 

Romanos 5:1

“...Tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. 

Perdón: 

1 Juan 1:7

“...La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. 

Destino:  

Juan 14:2

“En la casa de mi padre muchas moradas hay…voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. 

¿Conoces a Dios como Padre? 

La pregunta es: ¿Conoces a Dios como Padre? Muchos piensan erróneamente que “todos somos hijos de Dios”, simplemente porque somos creación de Él o porque sus padres eran cristianos. Pero Dios no tiene nietos, sólo hijos y llegamos a ser sus hijos cuando tomamos la decisión de arrepentirnos de nuestros pecados y aceptar a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor; hay algo que es de eterno valor que tienes que considerar: Tu eterna salvación. Hay que nacer de nuevo. Debes convertirte en una seguidora de Jesús, arrepentirte de todo pecado; confesándolo, odiándolo y abandonándolo.

Jesús dijo a Nicodemo; un líder espiritual en Jerusalén: Tienes que nacer de nuevo si quieres ver el reino de Dios y entrar en él.

Hay que experimentar una verdadera conversión a Jesucristo por el poder del Espíritu Santo. Sólo repetir una oración que alguien dirija, no va a darte salvación. Tienes que nacer del Espíritu Santo.

Los seguidores de Jesús le aman, le siguen, le obedecen. 

Sea que apenas estás tomando la decisión de ser seguidora de Jesús o tienes años de seguirle, hay otros pasos importantes que tienes que tomar para ser una mujer completamente íntegra. Sigue conmigo en nuestro viaje.

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Como hemos dicho desde el principio, no existen madres perfectas. Tú y yo hemos cometido errores con nuestros hijos, así como nuestras propias madres. Sin embargo, tenemos un Padre celestial maravilloso quien desea suplir cada una de nuestras necesidades, tanto físicas como emocionales. El rey David, del Antiguo Testamento, escribió algo sencillo pero profundo: 

Salmo 27:10

“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá”.

Uno de los nombres de Dios es El Shaddai, el cual aparece cuarenta y ocho veces en el Antiguo Testamento y es traducido como “Todopoderoso”. Es una palabra hebrea con dos partes: Shad, que significa “uno que sustenta, que nutre, una madre que da pecho” y Dai, que significa “un guerrero fuerte”. 

Es fácil para nosotros pensar en Dios como guerrero fuerte y con características masculinas, pero, ¿Dios con características femeninas? Sin embargo, fijémonos en las siguientes palabras del primer libro de la Biblia: 

Génesis 1:27

 “Y  creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

 “A su imagen... varón y hembra”. ¡Se requiere tanto del varón como de la hembra para expresar el carácter de Dios! Él es Shad (femenino) y Dai (masculino): ternura de una madre y fuerza de un padre.

Para que nos impacte que Dios es El Shaddai, nuestro padre y madre, consideraremos cómo Él suple todas nuestras necesidades: Físicas, emocionales y espirituales.

Él es nuestro proveedor

Después de haber creado a Adán y Eva, y darles dominio sobre la naturaleza, Dios dijo:

 Génesis 1:29

 “He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer”.

Este versículo deja claro que Dios proveyó a sus hijos según sus necesidades. Además, uno de los nombres de Dios es Yahweh Yirah, nuestro proveedor. 

Filipenses 4:19

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.

Génesis 22:14

 “Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová (Yavé) proveerá ...”.

En un mundo lleno de inseguridad, miseria y escasez, no hay nada que nos edifique tanto como el saber que el Altísimo, el Creador del universo, es nuestro Proveedor y que, ¡jamás hay crisis o bancarrota en el cielo!

 Él consuela y nutre

Una buena madre consuela y nutre a sus hijos; sin embargo, algunas personas no recibieron de su madre lo que necesitaban o porque ella no supo expresar afecto o porque ella fue demasiado cerrada con sus propios problemas. Qué tremendo saber que el Padre celestial es nuestro sustentador y que, ¡nos consuela y nutre como una madre que amamanta a su pequeño! 

Tengo una amiga que pasó por un tiempo largo de abuso emocional de parte de su marido. Aunque ella sufría desilusión y terrible dolor de corazón en cuanto a su matrimonio, testifica que durante esta época, experimentó la compañía y la presencia de Dios como nunca antes en su vida. Aunque su esposo no la abrazaba, su Padre celestial sí la abrazó y la consoló.

La Escritura nos dice que Dios es el gran Consolador: 

2 Corintios 1:3, 4

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.

Hablando de sí mismo en el papel femenino, dice:

Isaías 66:13

 “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros...”.

Jesús dijo: 

Mateo 23:37

“¡Jerusalén, Jerusalén... ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”. 

Cuántos casos existen de personas que han experimentado gran dolor, tal vez la muerte de un hijo y testifican del consuelo sobrenatural que recibieron de parte de Dios. Recuerdo que hace pocos años, unos misioneros en África nos visitaron y algunas semanas después de estar en México, su hijo de 23 años de edad murió trágicamente en un accidente de avioneta. Pero lo que nos impresionó era lo que ellos testificaron en una carta: Que el consuelo sobrenatural de Dios les había envuelto. No quiero decir que no había tristeza, sino que en medio de la tristeza, los brazos eternos de Dios les habían sostenido.

Si en este momento estás pasando por una tristeza, un dolor en la vida, tal vez la muerte de un ser amado, la muerte de un sueño o la muerte de tu matrimonio, acércate a El Shaddai y Él te dará consuelo sobrenatural. Como el niño asustado llora hasta que encuentra consuelo en los brazos de su mamá, así nuestro Padre celestial nos consuela con sus brazos. Aunque no lo puedas ver, Él no está lejos. Está cerca de ti, esperando para bendecirte. Extiende tu mano hacia Él y permite que Él bese las lágrimas de tu rostro. Permite que acaricie tu cabeza y te sostenga en sus brazos.  

Isaías 66:13

“Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros...”.

Él provee seguridad y confianza

No nacimos con la habilidad de confiar en otros, lo aprendemos primeramente de nuestras madres. Por el hecho de que siempre estaba allí emocionalmente, aprendimos que podíamos depender de ella y esto cultivaba en nosotras la habilidad de confiar en otros. Sin embargo, por ser humana, aun la mejor madre a veces falla y otras fallan terriblemente. Pero al conocer a El Shaddai, nos damos cuenta que Él es totalmente confiable, que Él nunca nos va a traicionar y que podemos derramar nuestro corazón en Él con toda confianza. 

Puede ser que en tu niñez tuviste experiencias de trauma o temor o sencillamente tus padres no supieron darte un cimiento de seguridad. Sin embargo, escucha lo que tu Padre celestial te promete:

Juan 10:27, 28

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”.

Juan 14:15, 16

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.

Jesús promete que el Espíritu Santo será enviado a los que son hijos de Dios y estará con ellos, ¡para siempre!

 Hebreos 13:5

 “...No te desampararé, ni te dejaré”.

Juan 6:37

 “...Al que a mí viene, no le echo fuera”.

¡Habla de seguridad! No hay nada que se compare con todas estas promesas de Dios.

Incertidumbre de mi salvación

Debido a la enseñanza bíblica que recibí durante mi niñez y juventud, viví años con mucha inseguridad en cuanto a mi destino eterno. Me enseñaron que nadie podía saber en esta vida si en verdad era salvo o no. Una noche, ya después de casarme, hubo una explosión cerca de nuestra casa y creí que era el fin del mundo. Por no saber a donde iría mi alma, empecé a llorar histéricamente. Mi amado esposo, que tenía entendimiento de la gracia de Dios, me ayudó enormemente. Me dirigió a las palabras de Jesús en Juan 6:37: “...Al que a mí viene, no le echo fuera”. Fue un proceso lento pero finalmente mi inseguridad y temor dieron lugar a la plena certeza de que no sería echada fuera del cielo, debido a que había llegado a Jesús, confiando sólo en Él para mi salvación. La Palabra de Dios me trajo seguridad y hará lo mismo contigo.

Libre del temor

Si tuviste una madre temerosa o no, lo cierto es que casi todas crecimos con algunos temores: Temor a la muerte, temor a un accidente, temor de perder al marido, temor al cáncer, temor de quedarse sola. Sin embargo, con la ayuda de nuestro Padre celestial, podemos vencer estos temores, puesto que en las Escrituras Él dice más de 366 veces: “no temas”. Medita en esta palabra de Proverbios: 

Proverbios 1:33

“Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal”.

 Hace años tuve temor de subirme a un avión, cosa que tenía que hacer frecuentemente por los viajes del ministerio. Entonces una amiga me compartió cómo ella impone sus manos en el avión cada vez que sube y declara:

Deuteronomio 28:8

“Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano...”. 

Empecé a hacerlo y me ayudó. A la vez, empecé a declarar con mi boca esta verdad:

 

2 Timoteo 1:7

 “Porque no nos (me) ha dado Dios espíritu de cobardía (temor)…”. 

Gracias a Dios, pude vencer totalmente ese temor y, ¡hoy disfruto los constantes viajes en avión!

Él provee amor y aceptación incondicional

¿Cuántas personas de niñas escucharon afirmaciones tales como: “Dios no te quiere cuando eres desobediente” o “si te portas siempre bien, vas a irte al cielo”? ¡Qué conceptos tan erróneos nos enseñaron acerca de Dios!

El versículo bíblico más conocido en todo el mundo es:

 Juan 3:16

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. 

La palabra amó en griego es “agape” que significa amor incondicional. Él nos ama tal como somos, no solamente cuando nuestra conducta es perfecta.

Más cantos y más libros se han escrito sobre el amor de Dios que sobre cualquier otro tema, sin embargo, todos se quedan cortos para transmitir este amor. Aun si tus padres te amaban al máximo de su capacidad humana, no hay nada que se compare al hecho de saber que Dios te ama y te acepta incondicionalmente. Multitudes de personas testifican que al entender esta verdad, sus vidas fueron transformadas.

Los abrazos de Dios

A veces Dios nos hace sentir su amor, independientemente del amor humano; posiblemente durante un tiempo de adoración su amor nos envuelve de una forma casi palpable. En otras ocasiones, Él usa a la gente, a una amiga, tu marido, un líder espiritual, un hijo para expresar su amor y aceptación. Ha habido casos de vidas transformadas a través de estos abrazos de amor.

A mí me sucedió algo hace varios años en un congreso para pastores en Cd. Juárez, que jamás olvidaré. Una noche cuando se había terminado la reunión y mucha gente todavía estaba orando el uno por el otro, se me acercó un hombre desconocido. Pero por su gáfete sabía que era un pastor que se llamaba Martín. Él me dijo: —¿Le puedo pedir un favor? ¿Pudiera darme un abrazo de mamá? Mi madre se murió cuando yo tenía cinco años y no sé qué es el abrazo de una madre.

Al abrazar a ese pastor, él empezó a llorar y continuó llorando por unos minutos. Me conmovió tanto que yo también comencé a llorar. Luego nos despedimos, pensando que jamás le volvería a ver. Pero no fue así. Como dos años después estuve en otra ciudad y se me acercó un hombre, preguntando: —¿Se acuerda de mí? Tuve que decirle honestamente que no me acordaba de él. Entonces me contestó: —¡Soy Martín!”. Después de unos segundos, volvió a mi memoria la escena aquella noche en Cd. Juárez y le abracé de nuevo, pero esta vez con un genuino amor.

Luego Martín me explicó lo que había significado mi abrazo de madre. Me dijo que por la falta de expresiones de afecto en su niñez, ahora de adulto, él había sido deficiente en poder expresar amor hacia su esposa e hijos. Había repercutido en su ministerio en la iglesia. Sin embargo, aquella noche en Cd. Juárez, Dios sanó algo en sus emociones y ahora era un marido, padre y pastor diferente.

Esta historia se repite frecuentemente dentro del cuerpo de Cristo, donde fluye el amor de Dios. El Señor usa los instrumentos humanos para expresar su amor incondicional y sanar nuestras heridas. Puede ser que en tu niñez no recibiste los abrazos y toques significativos que necesitabas. Pero ahora puedes sentir los abrazos de tu Padre celestial. Como Martín, toma un paso y acércate a alguien que respetes, sea un líder, mujer de mayor edad, una amiga y pídele un abrazo de madre o de padre.

Si no necesitas recibir este abrazo para sanidad emocional, tú puedes ser un canal de bendición a otros, dando abrazos a los que tanto lo necesitan. ¡Sé generosa con tus abrazos! A mí, me sorprende e inquieta cómo mujeres en liderazgo en la iglesia batallan para dar abrazos a personas necesitadas. Les es fácil imponer manos al orar por la persona, pero a menudo un abrazo cariñoso es lo que necesitan para recibir sanidad.

Dios te ama: ¡Tres palabras revolucionarias!

Un presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, cuenta en su autobiografía de una experiencia con el amor de Dios que le transformó. Después de que había sido destituido vergonzosamente de la presidencia y recuperándose de una cirugía, él se encontraba en el hospital pasando por una gran depresión. Un día, sin deseos de vivir, entró en su cuarto una enfermera, caminó hacia la ventana y abrió las cortinas. Cuando el Sr. Nixon y su esposa Patricia miraron hacia afuera vieron una avioneta llevando un mensaje que decía: “Dios te ama y nosotros también”. 

El Sr. Nixon cuenta que al leer estas sencillas palabras, fue el momento que él empezó a recuperarse de la depresión. Después se dio cuenta que unos amigos cristianos habían contratado la avioneta. 

Tal vez has buscado la aceptación de tus padres toda la vida y el rechazo te ha destruido. Ahora, Dios dice que en Jesús tú eres “acepta en el Amado” (Efesios 1:6). Al creer y abrazar esta verdad, tu vida puede ser transformada. Puede ser que en tu niñez no recibiste los abrazos que necesitabas. ¡Pero; ahora puedes sentir los abrazos de tu Padre celestial!

Ninguna relación que una mujer experimente será más plena que la relación que existe entre ella y su Señor. El hecho de que el Señor la sostenga en sus brazos es lo que traerá sanidad del daño que pudiera haber sufrido en su búsqueda de otras relaciones. En sus brazos, ella encuentra restauración. Habrá ocasiones en las que se sentirá como una niña y en su presencia, se sentará en el regazo de un Padre amoroso cuya sabiduría, consejo y amor consistente la aislarán del adversario contra el cual tiene que luchar. Su Padre se convierte en su protector. 

Él provee disciplina

Una de las necesidades básicas de los niños es la disciplina. Por lo tanto, el niño que tuvo o tiene una madre consentidora, sufrirá toda la vida por no saber someterse a la autoridad. Sin embargo, si eres una de estas personas, ¡tengo buenas noticias! Si eres una hija de Dios, por haber tomado la decisión de ser seguidora de Jesús, tu Padre celestial te enseñará la disciplina. Por supuesto, será mucho más difícil como adulto, pero aprenderás y traerá madurez a tu vida.

 Proverbios 3:12

“Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”.

Hebreos 12:6, 7

“Porque el Señor al que ama, disciplina… Si soportáis la disciplina, Dios os trata como hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?”. 

Corrección directa e indirecta

Todos necesitamos corrección y Dios tiene básicamente dos formas para corregirnos: La directa y la indirecta. La directa es cuando Él habla a nuestro espíritu, tal vez cuando estamos leyendo la Biblia o estamos orando o meditando. “No debes tomar esta decisión”, “estás siendo injusta con tu hijo”, “¿te fijaste cómo deshonraste a tu marido delante de tus hijos?”. Esta es la voz del Espíritu Santo que nos advierte o nos trae convicción del pecado.

Sin embargo, muchos somos medio “sordos” espiritualmente hablando y necesitamos algo más fuerte que la voz interior. Entonces Dios también usa una forma indirecta para corregirnos. ¿Cuáles son algunas de estas formas? 

1. Las reprensiones de la vida, las circunstancias que nos recuerdan obedecer a Dios. Por ejemplo, si te dice el médico que tu colesterol está a casi 300 y estás en peligro de un infarto por la comida de alto contenido en grasas, ¡más vale que recuerdes que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo y debes cuidarlo y tratarlo como tal!

2. Relaciones de pacto, es decir, entre esposos se corrigen unos a otros e hijos corrigen a padres. “Mamá, el aviso decía 40 km/h y tú estás conduciendo a 60 km/h”. Entre verdaderos amigos también se corrigen unos a otros. 

Proverbios 27:6

“Fieles son las heridas del que ama...”.

3. Las autoridades que Él ha puesto. Dios ha delegado autoridad de los padres sobre los hijos (Efesios 6:1); los líderes en la iglesia sobre la grey (Hebreos 13:17); el patrón sobre el empleado (Efesios 6:5); el gobierno sobre los ciudadanos (Romanos 13:1, 2).

Mucha es la gente que ha sido rebelde toda su vida, haciendo lo que le da la gana, porque no recibió disciplina correcta en su niñez. No escucha los consejos de sus padres, ni de su cónyuge, ni de amigos. Pero de repente, conoce a Cristo y llega a ser parte de una congregación cristiana donde existe orden bíblico. Esta persona inmediatamente encuentra que es necesario someterse a la autoridad delegada por Dios, sea el pastor u otro líder con autoridad (no estoy hablando de una esclavitud a líderes espirituales, sino sumisión sana que trae orden). Dios usará a este pastor o líder para traer disciplina a la vida del individuo rebelde, si se le permite. Al contrario, si sigue con un espíritu rebelde, posiblemente tendrá que sufrir algunos “golpes” de la vida, porque el Señor le ama demasiado como para dejarle continuar en su propio camino.

Un ejemplo de cómo Dios nos disciplina, a través de líderes espirituales, es el caso de un hombre que llamaré Octavio. Este hombre joven tiene una linda esposa que le ama y como pareja tienen muchas ganas de servir al Señor algún día como pastores en su estado natal Chiapas. Mientras esperan el tiempo de Dios para empezar su propio ministerio, Octavio ha estado apoyando en una nueva iglesia en Cd. Juárez. Pero hace poco algo triste sucedió. Octavio, se involucró emocionalmente con una chica de la congregación. Al darse cuenta su líder, le confrontó y le puso en disciplina, quitándole todas sus responsabilidades (y privilegios) del ministerio. Si Octavio muestra señales de arrepentimiento y responde bien a la disciplina, con el tiempo él será restaurado y puede esperar un futuro brillante, sirviendo al Señor. Así que, la disciplina aplicada en amor y bajo la dirección del Espíritu Santo, produce madurez en el individuo. 

Mi esposo Victor tuvo una madre que creía en usar la vara (en amor), de modo que él aprendió de niño a obedecer a la autoridad. Y él mismo cuenta que cuando llegó el día que ingresó al ejército norteamericano, no batalló para someterse al sargento, como muchos de sus compañeros. Años después, cuando servía como pastor asistente, no batalló para someterse al pastor principal. ¡Porque había aprendido de niño la disciplina!

Cuando alguien nos corrige, sea el esposo, pastor o patrón, en vez de siempre justificarnos, debemos hacernos estas preguntas: ¿Tiene esto un poco de verdad? ¿Cómo ha afectado esta falta a otros?

Recuerda esto: Los instrumentos humanos que Dios utiliza para corregirnos posiblemente no habrán sido totalmente correctos; no obstante, de la experiencia vendrá bien, si abrazamos y no rechazamos la disciplina. La corrección es una manera en que nuestro Padre celestial nos muestra su amor, por lo tanto, debemos regocijarnos porque somos amados y encontrar seguridad en su disciplina.

Tienes un presente y futuro glorioso

Hemos visto cómo uno de los nombres de nuestro Padre celestial es El Shaddai, que en parte significa el que sustenta y cuida. Otro nombre es Yirah, nuestro proveedor. Él nos consuela y nutre, provee seguridad y confianza, provee amor y aceptación incondicional y nos disciplina en amor. 

Sea cual sea tu pasado, piensa por un momento en lo que Dios te ha dado:

Identidad, eres su hija

1 Juan 3:1

“Mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…”. 

Un sentir de procedencia: 

Salmo 139:13

“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre”. 

Propósito: 

Filipenses 1:21

“Porque para mí el vivir es Cristo...”.

Paz: 

Romanos 5:1

“...Tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. 

Perdón: 

1 Juan 1:7

“...La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. 

Destino:  

Juan 14:2

“En la casa de mi padre muchas moradas hay…voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. 

¿Conoces a Dios como Padre? 

La pregunta es: ¿Conoces a Dios como Padre? Muchos piensan erróneamente que “todos somos hijos de Dios”, simplemente porque somos creación de Él o porque sus padres eran cristianos. Pero Dios no tiene nietos, sólo hijos y llegamos a ser sus hijos cuando tomamos la decisión de arrepentirnos de nuestros pecados y aceptar a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor; hay algo que es de eterno valor que tienes que considerar: Tu eterna salvación. Hay que nacer de nuevo. Debes convertirte en una seguidora de Jesús, arrepentirte de todo pecado; confesándolo, odiándolo y abandonándolo.

Jesús dijo a Nicodemo; un líder espiritual en Jerusalén: Tienes que nacer de nuevo si quieres ver el reino de Dios y entrar en él.

Hay que experimentar una verdadera conversión a Jesucristo por el poder del Espíritu Santo. Sólo repetir una oración que alguien dirija, no va a darte salvación. Tienes que nacer del Espíritu Santo.

Los seguidores de Jesús le aman, le siguen, le obedecen. 

Sea que apenas estás tomando la decisión de ser seguidora de Jesús o tienes años de seguirle, hay otros pasos importantes que tienes que tomar para ser una mujer completamente íntegra. Sigue conmigo en nuestro viaje.

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Por: Gloria Richards
Martes 14 de Mayo, 2019

Nuestro Padre perfecto

Ya que hemos identificado algunas de las clases de madres que existen, probablemente tu mente se ha llenado con las memorias de tu niñez: Algunas placenteras y otras dolorosas. Y estás preguntándote: ¿Y ahora qué hago? No puedes cambiar tu pasado, pero sí puedes cambiar tu presente y futuro. ¿Cómo? Para comenzar, vamos a ver como Dios, nuestro Padre perfecto, puede suplir todas las necesidades básicas de un ser humano. 

Como hemos dicho desde el principio, no existen madres perfectas. Tú y yo hemos cometido errores con nuestros hijos, así como nuestras propias madres. Sin embargo, tenemos un Padre celestial maravilloso quien desea suplir cada una de nuestras necesidades, tanto físicas como emocionales. El rey David, del Antiguo Testamento, escribió algo sencillo pero profundo: 

Salmo 27:10

“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá”.

Uno de los nombres de Dios es El Shaddai, el cual aparece cuarenta y ocho veces en el Antiguo Testamento y es traducido como “Todopoderoso”. Es una palabra hebrea con dos partes: Shad, que significa “uno que sustenta, que nutre, una madre que da pecho” y Dai, que significa “un guerrero fuerte”. 

Es fácil para nosotros pensar en Dios como guerrero fuerte y con características masculinas, pero, ¿Dios con características femeninas? Sin embargo, fijémonos en las siguientes palabras del primer libro de la Biblia: 

Génesis 1:27

 “Y  creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

 “A su imagen... varón y hembra”. ¡Se requiere tanto del varón como de la hembra para expresar el carácter de Dios! Él es Shad (femenino) y Dai (masculino): ternura de una madre y fuerza de un padre.

Para que nos impacte que Dios es El Shaddai, nuestro padre y madre, consideraremos cómo Él suple todas nuestras necesidades: Físicas, emocionales y espirituales.

Él es nuestro proveedor

Después de haber creado a Adán y Eva, y darles dominio sobre la naturaleza, Dios dijo:

 Génesis 1:29

 “He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer”.

Este versículo deja claro que Dios proveyó a sus hijos según sus necesidades. Además, uno de los nombres de Dios es Yahweh Yirah, nuestro proveedor. 

Filipenses 4:19

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.

Génesis 22:14

 “Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová (Yavé) proveerá ...”.

En un mundo lleno de inseguridad, miseria y escasez, no hay nada que nos edifique tanto como el saber que el Altísimo, el Creador del universo, es nuestro Proveedor y que, ¡jamás hay crisis o bancarrota en el cielo!

 Él consuela y nutre

Una buena madre consuela y nutre a sus hijos; sin embargo, algunas personas no recibieron de su madre lo que necesitaban o porque ella no supo expresar afecto o porque ella fue demasiado cerrada con sus propios problemas. Qué tremendo saber que el Padre celestial es nuestro sustentador y que, ¡nos consuela y nutre como una madre que amamanta a su pequeño! 

Tengo una amiga que pasó por un tiempo largo de abuso emocional de parte de su marido. Aunque ella sufría desilusión y terrible dolor de corazón en cuanto a su matrimonio, testifica que durante esta época, experimentó la compañía y la presencia de Dios como nunca antes en su vida. Aunque su esposo no la abrazaba, su Padre celestial sí la abrazó y la consoló.

La Escritura nos dice que Dios es el gran Consolador: 

2 Corintios 1:3, 4

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.

Hablando de sí mismo en el papel femenino, dice:

Isaías 66:13

 “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros...”.

Jesús dijo: 

Mateo 23:37

“¡Jerusalén, Jerusalén... ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”. 

Cuántos casos existen de personas que han experimentado gran dolor, tal vez la muerte de un hijo y testifican del consuelo sobrenatural que recibieron de parte de Dios. Recuerdo que hace pocos años, unos misioneros en África nos visitaron y algunas semanas después de estar en México, su hijo de 23 años de edad murió trágicamente en un accidente de avioneta. Pero lo que nos impresionó era lo que ellos testificaron en una carta: Que el consuelo sobrenatural de Dios les había envuelto. No quiero decir que no había tristeza, sino que en medio de la tristeza, los brazos eternos de Dios les habían sostenido.

Si en este momento estás pasando por una tristeza, un dolor en la vida, tal vez la muerte de un ser amado, la muerte de un sueño o la muerte de tu matrimonio, acércate a El Shaddai y Él te dará consuelo sobrenatural. Como el niño asustado llora hasta que encuentra consuelo en los brazos de su mamá, así nuestro Padre celestial nos consuela con sus brazos. Aunque no lo puedas ver, Él no está lejos. Está cerca de ti, esperando para bendecirte. Extiende tu mano hacia Él y permite que Él bese las lágrimas de tu rostro. Permite que acaricie tu cabeza y te sostenga en sus brazos.  

Isaías 66:13

“Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros...”.

Él provee seguridad y confianza

No nacimos con la habilidad de confiar en otros, lo aprendemos primeramente de nuestras madres. Por el hecho de que siempre estaba allí emocionalmente, aprendimos que podíamos depender de ella y esto cultivaba en nosotras la habilidad de confiar en otros. Sin embargo, por ser humana, aun la mejor madre a veces falla y otras fallan terriblemente. Pero al conocer a El Shaddai, nos damos cuenta que Él es totalmente confiable, que Él nunca nos va a traicionar y que podemos derramar nuestro corazón en Él con toda confianza. 

Puede ser que en tu niñez tuviste experiencias de trauma o temor o sencillamente tus padres no supieron darte un cimiento de seguridad. Sin embargo, escucha lo que tu Padre celestial te promete:

Juan 10:27, 28

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”.

Juan 14:15, 16

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.

Jesús promete que el Espíritu Santo será enviado a los que son hijos de Dios y estará con ellos, ¡para siempre!

 Hebreos 13:5

 “...No te desampararé, ni te dejaré”.

Juan 6:37

 “...Al que a mí viene, no le echo fuera”.

¡Habla de seguridad! No hay nada que se compare con todas estas promesas de Dios.

Incertidumbre de mi salvación

Debido a la enseñanza bíblica que recibí durante mi niñez y juventud, viví años con mucha inseguridad en cuanto a mi destino eterno. Me enseñaron que nadie podía saber en esta vida si en verdad era salvo o no. Una noche, ya después de casarme, hubo una explosión cerca de nuestra casa y creí que era el fin del mundo. Por no saber a donde iría mi alma, empecé a llorar histéricamente. Mi amado esposo, que tenía entendimiento de la gracia de Dios, me ayudó enormemente. Me dirigió a las palabras de Jesús en Juan 6:37: “...Al que a mí viene, no le echo fuera”. Fue un proceso lento pero finalmente mi inseguridad y temor dieron lugar a la plena certeza de que no sería echada fuera del cielo, debido a que había llegado a Jesús, confiando sólo en Él para mi salvación. La Palabra de Dios me trajo seguridad y hará lo mismo contigo.

Libre del temor

Si tuviste una madre temerosa o no, lo cierto es que casi todas crecimos con algunos temores: Temor a la muerte, temor a un accidente, temor de perder al marido, temor al cáncer, temor de quedarse sola. Sin embargo, con la ayuda de nuestro Padre celestial, podemos vencer estos temores, puesto que en las Escrituras Él dice más de 366 veces: “no temas”. Medita en esta palabra de Proverbios: 

Proverbios 1:33

“Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal”.

 Hace años tuve temor de subirme a un avión, cosa que tenía que hacer frecuentemente por los viajes del ministerio. Entonces una amiga me compartió cómo ella impone sus manos en el avión cada vez que sube y declara:

Deuteronomio 28:8

“Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano...”. 

Empecé a hacerlo y me ayudó. A la vez, empecé a declarar con mi boca esta verdad:

 

2 Timoteo 1:7

 “Porque no nos (me) ha dado Dios espíritu de cobardía (temor)…”. 

Gracias a Dios, pude vencer totalmente ese temor y, ¡hoy disfruto los constantes viajes en avión!

Él provee amor y aceptación incondicional

¿Cuántas personas de niñas escucharon afirmaciones tales como: “Dios no te quiere cuando eres desobediente” o “si te portas siempre bien, vas a irte al cielo”? ¡Qué conceptos tan erróneos nos enseñaron acerca de Dios!

El versículo bíblico más conocido en todo el mundo es:

 Juan 3:16

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. 

La palabra amó en griego es “agape” que significa amor incondicional. Él nos ama tal como somos, no solamente cuando nuestra conducta es perfecta.

Más cantos y más libros se han escrito sobre el amor de Dios que sobre cualquier otro tema, sin embargo, todos se quedan cortos para transmitir este amor. Aun si tus padres te amaban al máximo de su capacidad humana, no hay nada que se compare al hecho de saber que Dios te ama y te acepta incondicionalmente. Multitudes de personas testifican que al entender esta verdad, sus vidas fueron transformadas.

Los abrazos de Dios

A veces Dios nos hace sentir su amor, independientemente del amor humano; posiblemente durante un tiempo de adoración su amor nos envuelve de una forma casi palpable. En otras ocasiones, Él usa a la gente, a una amiga, tu marido, un líder espiritual, un hijo para expresar su amor y aceptación. Ha habido casos de vidas transformadas a través de estos abrazos de amor.

A mí me sucedió algo hace varios años en un congreso para pastores en Cd. Juárez, que jamás olvidaré. Una noche cuando se había terminado la reunión y mucha gente todavía estaba orando el uno por el otro, se me acercó un hombre desconocido. Pero por su gáfete sabía que era un pastor que se llamaba Martín. Él me dijo: —¿Le puedo pedir un favor? ¿Pudiera darme un abrazo de mamá? Mi madre se murió cuando yo tenía cinco años y no sé qué es el abrazo de una madre.

Al abrazar a ese pastor, él empezó a llorar y continuó llorando por unos minutos. Me conmovió tanto que yo también comencé a llorar. Luego nos despedimos, pensando que jamás le volvería a ver. Pero no fue así. Como dos años después estuve en otra ciudad y se me acercó un hombre, preguntando: —¿Se acuerda de mí? Tuve que decirle honestamente que no me acordaba de él. Entonces me contestó: —¡Soy Martín!”. Después de unos segundos, volvió a mi memoria la escena aquella noche en Cd. Juárez y le abracé de nuevo, pero esta vez con un genuino amor.

Luego Martín me explicó lo que había significado mi abrazo de madre. Me dijo que por la falta de expresiones de afecto en su niñez, ahora de adulto, él había sido deficiente en poder expresar amor hacia su esposa e hijos. Había repercutido en su ministerio en la iglesia. Sin embargo, aquella noche en Cd. Juárez, Dios sanó algo en sus emociones y ahora era un marido, padre y pastor diferente.

Esta historia se repite frecuentemente dentro del cuerpo de Cristo, donde fluye el amor de Dios. El Señor usa los instrumentos humanos para expresar su amor incondicional y sanar nuestras heridas. Puede ser que en tu niñez no recibiste los abrazos y toques significativos que necesitabas. Pero ahora puedes sentir los abrazos de tu Padre celestial. Como Martín, toma un paso y acércate a alguien que respetes, sea un líder, mujer de mayor edad, una amiga y pídele un abrazo de madre o de padre.

Si no necesitas recibir este abrazo para sanidad emocional, tú puedes ser un canal de bendición a otros, dando abrazos a los que tanto lo necesitan. ¡Sé generosa con tus abrazos! A mí, me sorprende e inquieta cómo mujeres en liderazgo en la iglesia batallan para dar abrazos a personas necesitadas. Les es fácil imponer manos al orar por la persona, pero a menudo un abrazo cariñoso es lo que necesitan para recibir sanidad.

Dios te ama: ¡Tres palabras revolucionarias!

Un presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, cuenta en su autobiografía de una experiencia con el amor de Dios que le transformó. Después de que había sido destituido vergonzosamente de la presidencia y recuperándose de una cirugía, él se encontraba en el hospital pasando por una gran depresión. Un día, sin deseos de vivir, entró en su cuarto una enfermera, caminó hacia la ventana y abrió las cortinas. Cuando el Sr. Nixon y su esposa Patricia miraron hacia afuera vieron una avioneta llevando un mensaje que decía: “Dios te ama y nosotros también”. 

El Sr. Nixon cuenta que al leer estas sencillas palabras, fue el momento que él empezó a recuperarse de la depresión. Después se dio cuenta que unos amigos cristianos habían contratado la avioneta. 

Tal vez has buscado la aceptación de tus padres toda la vida y el rechazo te ha destruido. Ahora, Dios dice que en Jesús tú eres “acepta en el Amado” (Efesios 1:6). Al creer y abrazar esta verdad, tu vida puede ser transformada. Puede ser que en tu niñez no recibiste los abrazos que necesitabas. ¡Pero; ahora puedes sentir los abrazos de tu Padre celestial!

Ninguna relación que una mujer experimente será más plena que la relación que existe entre ella y su Señor. El hecho de que el Señor la sostenga en sus brazos es lo que traerá sanidad del daño que pudiera haber sufrido en su búsqueda de otras relaciones. En sus brazos, ella encuentra restauración. Habrá ocasiones en las que se sentirá como una niña y en su presencia, se sentará en el regazo de un Padre amoroso cuya sabiduría, consejo y amor consistente la aislarán del adversario contra el cual tiene que luchar. Su Padre se convierte en su protector. 

Él provee disciplina

Una de las necesidades básicas de los niños es la disciplina. Por lo tanto, el niño que tuvo o tiene una madre consentidora, sufrirá toda la vida por no saber someterse a la autoridad. Sin embargo, si eres una de estas personas, ¡tengo buenas noticias! Si eres una hija de Dios, por haber tomado la decisión de ser seguidora de Jesús, tu Padre celestial te enseñará la disciplina. Por supuesto, será mucho más difícil como adulto, pero aprenderás y traerá madurez a tu vida.

 Proverbios 3:12

“Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”.

Hebreos 12:6, 7

“Porque el Señor al que ama, disciplina… Si soportáis la disciplina, Dios os trata como hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?”. 

Corrección directa e indirecta

Todos necesitamos corrección y Dios tiene básicamente dos formas para corregirnos: La directa y la indirecta. La directa es cuando Él habla a nuestro espíritu, tal vez cuando estamos leyendo la Biblia o estamos orando o meditando. “No debes tomar esta decisión”, “estás siendo injusta con tu hijo”, “¿te fijaste cómo deshonraste a tu marido delante de tus hijos?”. Esta es la voz del Espíritu Santo que nos advierte o nos trae convicción del pecado.

Sin embargo, muchos somos medio “sordos” espiritualmente hablando y necesitamos algo más fuerte que la voz interior. Entonces Dios también usa una forma indirecta para corregirnos. ¿Cuáles son algunas de estas formas? 

1. Las reprensiones de la vida, las circunstancias que nos recuerdan obedecer a Dios. Por ejemplo, si te dice el médico que tu colesterol está a casi 300 y estás en peligro de un infarto por la comida de alto contenido en grasas, ¡más vale que recuerdes que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo y debes cuidarlo y tratarlo como tal!

2. Relaciones de pacto, es decir, entre esposos se corrigen unos a otros e hijos corrigen a padres. “Mamá, el aviso decía 40 km/h y tú estás conduciendo a 60 km/h”. Entre verdaderos amigos también se corrigen unos a otros. 

Proverbios 27:6

“Fieles son las heridas del que ama...”.

3. Las autoridades que Él ha puesto. Dios ha delegado autoridad de los padres sobre los hijos (Efesios 6:1); los líderes en la iglesia sobre la grey (Hebreos 13:17); el patrón sobre el empleado (Efesios 6:5); el gobierno sobre los ciudadanos (Romanos 13:1, 2).

Mucha es la gente que ha sido rebelde toda su vida, haciendo lo que le da la gana, porque no recibió disciplina correcta en su niñez. No escucha los consejos de sus padres, ni de su cónyuge, ni de amigos. Pero de repente, conoce a Cristo y llega a ser parte de una congregación cristiana donde existe orden bíblico. Esta persona inmediatamente encuentra que es necesario someterse a la autoridad delegada por Dios, sea el pastor u otro líder con autoridad (no estoy hablando de una esclavitud a líderes espirituales, sino sumisión sana que trae orden). Dios usará a este pastor o líder para traer disciplina a la vida del individuo rebelde, si se le permite. Al contrario, si sigue con un espíritu rebelde, posiblemente tendrá que sufrir algunos “golpes” de la vida, porque el Señor le ama demasiado como para dejarle continuar en su propio camino.

Un ejemplo de cómo Dios nos disciplina, a través de líderes espirituales, es el caso de un hombre que llamaré Octavio. Este hombre joven tiene una linda esposa que le ama y como pareja tienen muchas ganas de servir al Señor algún día como pastores en su estado natal Chiapas. Mientras esperan el tiempo de Dios para empezar su propio ministerio, Octavio ha estado apoyando en una nueva iglesia en Cd. Juárez. Pero hace poco algo triste sucedió. Octavio, se involucró emocionalmente con una chica de la congregación. Al darse cuenta su líder, le confrontó y le puso en disciplina, quitándole todas sus responsabilidades (y privilegios) del ministerio. Si Octavio muestra señales de arrepentimiento y responde bien a la disciplina, con el tiempo él será restaurado y puede esperar un futuro brillante, sirviendo al Señor. Así que, la disciplina aplicada en amor y bajo la dirección del Espíritu Santo, produce madurez en el individuo. 

Mi esposo Victor tuvo una madre que creía en usar la vara (en amor), de modo que él aprendió de niño a obedecer a la autoridad. Y él mismo cuenta que cuando llegó el día que ingresó al ejército norteamericano, no batalló para someterse al sargento, como muchos de sus compañeros. Años después, cuando servía como pastor asistente, no batalló para someterse al pastor principal. ¡Porque había aprendido de niño la disciplina!

Cuando alguien nos corrige, sea el esposo, pastor o patrón, en vez de siempre justificarnos, debemos hacernos estas preguntas: ¿Tiene esto un poco de verdad? ¿Cómo ha afectado esta falta a otros?

Recuerda esto: Los instrumentos humanos que Dios utiliza para corregirnos posiblemente no habrán sido totalmente correctos; no obstante, de la experiencia vendrá bien, si abrazamos y no rechazamos la disciplina. La corrección es una manera en que nuestro Padre celestial nos muestra su amor, por lo tanto, debemos regocijarnos porque somos amados y encontrar seguridad en su disciplina.

Tienes un presente y futuro glorioso

Hemos visto cómo uno de los nombres de nuestro Padre celestial es El Shaddai, que en parte significa el que sustenta y cuida. Otro nombre es Yirah, nuestro proveedor. Él nos consuela y nutre, provee seguridad y confianza, provee amor y aceptación incondicional y nos disciplina en amor. 

Sea cual sea tu pasado, piensa por un momento en lo que Dios te ha dado:

Identidad, eres su hija

1 Juan 3:1

“Mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…”. 

Un sentir de procedencia: 

Salmo 139:13

“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre”. 

Propósito: 

Filipenses 1:21

“Porque para mí el vivir es Cristo...”.

Paz: 

Romanos 5:1

“...Tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. 

Perdón: 

1 Juan 1:7

“...La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. 

Destino:  

Juan 14:2

“En la casa de mi padre muchas moradas hay…voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. 

¿Conoces a Dios como Padre? 

La pregunta es: ¿Conoces a Dios como Padre? Muchos piensan erróneamente que “todos somos hijos de Dios”, simplemente porque somos creación de Él o porque sus padres eran cristianos. Pero Dios no tiene nietos, sólo hijos y llegamos a ser sus hijos cuando tomamos la decisión de arrepentirnos de nuestros pecados y aceptar a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor; hay algo que es de eterno valor que tienes que considerar: Tu eterna salvación. Hay que nacer de nuevo. Debes convertirte en una seguidora de Jesús, arrepentirte de todo pecado; confesándolo, odiándolo y abandonándolo.

Jesús dijo a Nicodemo; un líder espiritual en Jerusalén: Tienes que nacer de nuevo si quieres ver el reino de Dios y entrar en él.

Hay que experimentar una verdadera conversión a Jesucristo por el poder del Espíritu Santo. Sólo repetir una oración que alguien dirija, no va a darte salvación. Tienes que nacer del Espíritu Santo.

Los seguidores de Jesús le aman, le siguen, le obedecen. 

Sea que apenas estás tomando la decisión de ser seguidora de Jesús o tienes años de seguirle, hay otros pasos importantes que tienes que tomar para ser una mujer completamente íntegra. Sigue conmigo en nuestro viaje.

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