Increíble Pt.II



Publicado el:
Martes 13 de Agosto, 2019

EL PROPÓSITO DEL PODER

Jesús entonces habló del propósito de tanto poder derramado en ellos... ¡Y en nosotros! Hechos 1:8 dice: “...y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. 

También otro propósito del poder del Espíritu de Dios en nuestras vidas fue revelado aquel día que Jesús, en una reunión, tomó en sus manos la palabra de Dios y leyó: Lucas 4:18-19 “el Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”. 

Para que nosotros también podamos hacer estas cosas, Dios pondrá sobre nosotros y en nosotros, su Espíritu Santo.

DIOS ME ABRIÓ LOS OJOS

Ahora, permítame compartir la manera sorprendente en que Dios me abrió los ojos a la realidad de su Espíritu y cómo, ¡El cambió mi vida para siempre!

Fue un día en que había empezado como cualquier otro día de aquellos tiempos. Yo tenía poco tiempo ministrando en “Downtown Church of Christ” (La Iglesia de Cristo del Centro) en El Paso, Texas como co-pastor, y la aventura de haber sido llamado por el Señor para servirle aún era muy fresca y emocionante.

Unos meses antes yo había empezado el hábito de llegar a la iglesia y pasar tiempo solo, hincado, orando en voz alta. ¡Imposible que yo pudiera haber imaginado lo que me esperaba aquel día que cambiaría mi vida tan dramáticamente en aquel entonces! ¡Y que la marcaría hasta la fecha!

Mi antecedente cristiano me había condicionado a no creer ni esperar nada que fuera sobrenatural o increíble. ¡Me habían robado de toda la aventura de la vida cristiana! La enseñanza que yo había recibido era que los días de los milagros habían cesado con la muerte del último de los 12 apóstoles.

También me enseñaron que los dones sobrenaturales del Espíritu Santo ya no existían porque ahora teníamos las Escrituras del Nuevo Testamento. Así que, si nos topábamos con cualquier cosa semejante, seguramente era obra del diablo. Yo no cuestioné estas enseñanzas que había oído tantas veces, sino que las acepté como la verdad. No se me ocurrió en aquel entonces que ésta manera de pensar atribuía más poder a Satanás que al Señor mismo y que es falsa doctrina.

Creo que los que lo enseñaron eran ‘‘sinceros’’ pero estaban ‘‘sinceramente’’ equivocados.

Cabe mencionar que el pastor mayor de “La Iglesia del Centro” en El Paso, Woodrow Wilson, había empezado a leer e investigar acerca del bautismo en el Espíritu Santo, pero yo aún no tenía interés en estas cosas.

Mientras que yo oraba aquel día, sin que lo pensara o deseara, de repente salió de mi boca la oración: “Padre, bautízame en el Espíritu Santo”.  En ese instante, ¡el poder de Dios vino sobre mí, tirándome al suelo! No tengo idea alguna cuánto tiempo duré allí, pero cuando abrí mis ojos, con mi espalda contra el suelo y viendo las vigas del techo de la iglesia. ¡Yo estaba ASUSTADO!

Inmediatamente llamé al pastor Wilson para reportar lo que acababa de ocurrir y calmadamente me dijo: “Víctor, no tengas miedo... Ha sucedido con otros... ¡Vuelve a orar!”. La verdad es que:

1.- Yo no quería hacerlo.

2.- Nunca había oído de tal cosa sucediendo.     

3.- Tuve miedo.

Pero, nuevamente me hinqué y comencé a orar… pero sólo oré por todo lo que venía a la mente… ¡Menos lo que había provocado mi primer encuentro con el poder de Dios!

Cuando ya había orado por todo lo que pudiera pensar y ya no había más, yo (sí, esta vez fui yo mismo) dije: “Señor, bautízame en el Espíritu Santo”. 

Instantáneamente el poder de Dios vino sobre mí, mi respiración se aceleró y supe que estaba a punto de perder la conciencia. Lleno de temor, me levanté velozmente, huí del edificio corriendo, brinqué a mi automóvil y me fui de allí lo más pronto posible. Pero, como nunca antes, ¡Dios había captado mi atención! 

A partir de esta increíble y sorprendente visitación de Dios y a pesar del temor que experimenté aquel día, empecé una intensa búsqueda diaria por ser bautizado en el Espíritu Santo. Dios había obrado de tal manera en mi vida que ya podía “ver” ciertas Escrituras que nunca antes había entendido. Porque hasta entonces, mis ojos habían estado velados.

Ahora leí y entendí Escrituras como: Hechos 1:5: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo...’’ (Otras referencias son Mateo 3:11, Marcos 1:8, Lucas 3:16, Juan 1:33 con la misma promesa del bautismo en el Espíritu Santo). Hechos 2:17: “y en los postreros días dice Dios, derramaré de mi espíritu sobre toda carne...”. ¿Y esto hasta cuándo sucedería?  Hasta que, ”El sol se convierta en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor ...’’  Hechos. 2:20.

Y luego estaban estas palabras de San Pedro en Hechos 2:38-39: “...recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. 

Mi búsqueda por la llenura del Espíritu incluía oración, petición y ruego, junto con la lectura de las Escrituras y los muy pocos libros que pudimos encontrar en aquel entonces sobre el asunto. La única librería cristiana local en El Paso, Texas en aquel entonces no vendía libros sobre este tema porque lo consideraban una herejía.

Algo que yo no sabía era que una visitación del Espíritu Santo había empezado a desatarse en muchas partes del mundo. ¡Yo ni siquiera sabía que existían visitaciones del Espíritu Santo! Yo no sabía que, desde lo que sucedió en Hechos capítulo 2, han habido fuertes derramamientos del Espíritu Santo periódicamente a través de los siglos. ¡Yo era muy ignorante! Ignorante de lo increíble y de lo sobrenatural.

Una visitación había empezado a fines de los 1950’s en algunos lugares aislados y aún no había logrado el gran ímpetu que alcanzaría al cabo de los próximos ocho a diez años y que finalmente duraría aproximadamente 25 años, transformando a multitudes de cristianos e iglesias, alcanzando hippies y empresarios, neófitos y teólogos, jóvenes y ancianos, obreros y profesores en derredor del mundo.

 

 

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Rompiendo Ataduras Victor Richards 2020-03-03

Jesús Nuestro Pronto Auxilio Hno. Victor Richards 2020-03-03

El Asombroso e Inagotable Amor de Dios IV Jes�s Adri�n Romero y Gloria Richards 2020-02-26

Jesús Nuestro Libertador III Hno. Victor Richards 2020-02-25

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Jesús Nuestro Guía Hno. Victor Richards 2020-01-07

Sobrenatural Pt. V Hno. Victor Richards 2019-12-31

El Jesús Auténtico Pt. XXI Hno. Victor Richards 2019-12-31

Sobrenatural Pt. IV Hno. Victor Richards 2019-12-24

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EL PROPÓSITO DEL PODER

Jesús entonces habló del propósito de tanto poder derramado en ellos... ¡Y en nosotros! Hechos 1:8 dice: “...y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. 

También otro propósito del poder del Espíritu de Dios en nuestras vidas fue revelado aquel día que Jesús, en una reunión, tomó en sus manos la palabra de Dios y leyó: Lucas 4:18-19 “el Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”. 

Para que nosotros también podamos hacer estas cosas, Dios pondrá sobre nosotros y en nosotros, su Espíritu Santo.

DIOS ME ABRIÓ LOS OJOS

Ahora, permítame compartir la manera sorprendente en que Dios me abrió los ojos a la realidad de su Espíritu y cómo, ¡El cambió mi vida para siempre!

Fue un día en que había empezado como cualquier otro día de aquellos tiempos. Yo tenía poco tiempo ministrando en “Downtown Church of Christ” (La Iglesia de Cristo del Centro) en El Paso, Texas como co-pastor, y la aventura de haber sido llamado por el Señor para servirle aún era muy fresca y emocionante.

Unos meses antes yo había empezado el hábito de llegar a la iglesia y pasar tiempo solo, hincado, orando en voz alta. ¡Imposible que yo pudiera haber imaginado lo que me esperaba aquel día que cambiaría mi vida tan dramáticamente en aquel entonces! ¡Y que la marcaría hasta la fecha!

Mi antecedente cristiano me había condicionado a no creer ni esperar nada que fuera sobrenatural o increíble. ¡Me habían robado de toda la aventura de la vida cristiana! La enseñanza que yo había recibido era que los días de los milagros habían cesado con la muerte del último de los 12 apóstoles.

También me enseñaron que los dones sobrenaturales del Espíritu Santo ya no existían porque ahora teníamos las Escrituras del Nuevo Testamento. Así que, si nos topábamos con cualquier cosa semejante, seguramente era obra del diablo. Yo no cuestioné estas enseñanzas que había oído tantas veces, sino que las acepté como la verdad. No se me ocurrió en aquel entonces que ésta manera de pensar atribuía más poder a Satanás que al Señor mismo y que es falsa doctrina.

Creo que los que lo enseñaron eran ‘‘sinceros’’ pero estaban ‘‘sinceramente’’ equivocados.

Cabe mencionar que el pastor mayor de “La Iglesia del Centro” en El Paso, Woodrow Wilson, había empezado a leer e investigar acerca del bautismo en el Espíritu Santo, pero yo aún no tenía interés en estas cosas.

Mientras que yo oraba aquel día, sin que lo pensara o deseara, de repente salió de mi boca la oración: “Padre, bautízame en el Espíritu Santo”.  En ese instante, ¡el poder de Dios vino sobre mí, tirándome al suelo! No tengo idea alguna cuánto tiempo duré allí, pero cuando abrí mis ojos, con mi espalda contra el suelo y viendo las vigas del techo de la iglesia. ¡Yo estaba ASUSTADO!

Inmediatamente llamé al pastor Wilson para reportar lo que acababa de ocurrir y calmadamente me dijo: “Víctor, no tengas miedo... Ha sucedido con otros... ¡Vuelve a orar!”. La verdad es que:

1.- Yo no quería hacerlo.

2.- Nunca había oído de tal cosa sucediendo.     

3.- Tuve miedo.

Pero, nuevamente me hinqué y comencé a orar… pero sólo oré por todo lo que venía a la mente… ¡Menos lo que había provocado mi primer encuentro con el poder de Dios!

Cuando ya había orado por todo lo que pudiera pensar y ya no había más, yo (sí, esta vez fui yo mismo) dije: “Señor, bautízame en el Espíritu Santo”. 

Instantáneamente el poder de Dios vino sobre mí, mi respiración se aceleró y supe que estaba a punto de perder la conciencia. Lleno de temor, me levanté velozmente, huí del edificio corriendo, brinqué a mi automóvil y me fui de allí lo más pronto posible. Pero, como nunca antes, ¡Dios había captado mi atención! 

A partir de esta increíble y sorprendente visitación de Dios y a pesar del temor que experimenté aquel día, empecé una intensa búsqueda diaria por ser bautizado en el Espíritu Santo. Dios había obrado de tal manera en mi vida que ya podía “ver” ciertas Escrituras que nunca antes había entendido. Porque hasta entonces, mis ojos habían estado velados.

Ahora leí y entendí Escrituras como: Hechos 1:5: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo...’’ (Otras referencias son Mateo 3:11, Marcos 1:8, Lucas 3:16, Juan 1:33 con la misma promesa del bautismo en el Espíritu Santo). Hechos 2:17: “y en los postreros días dice Dios, derramaré de mi espíritu sobre toda carne...”. ¿Y esto hasta cuándo sucedería?  Hasta que, ”El sol se convierta en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor ...’’  Hechos. 2:20.

Y luego estaban estas palabras de San Pedro en Hechos 2:38-39: “...recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. 

Mi búsqueda por la llenura del Espíritu incluía oración, petición y ruego, junto con la lectura de las Escrituras y los muy pocos libros que pudimos encontrar en aquel entonces sobre el asunto. La única librería cristiana local en El Paso, Texas en aquel entonces no vendía libros sobre este tema porque lo consideraban una herejía.

Algo que yo no sabía era que una visitación del Espíritu Santo había empezado a desatarse en muchas partes del mundo. ¡Yo ni siquiera sabía que existían visitaciones del Espíritu Santo! Yo no sabía que, desde lo que sucedió en Hechos capítulo 2, han habido fuertes derramamientos del Espíritu Santo periódicamente a través de los siglos. ¡Yo era muy ignorante! Ignorante de lo increíble y de lo sobrenatural.

Una visitación había empezado a fines de los 1950’s en algunos lugares aislados y aún no había logrado el gran ímpetu que alcanzaría al cabo de los próximos ocho a diez años y que finalmente duraría aproximadamente 25 años, transformando a multitudes de cristianos e iglesias, alcanzando hippies y empresarios, neófitos y teólogos, jóvenes y ancianos, obreros y profesores en derredor del mundo.

 

 

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Por: Hno. Victor Richards
Martes 13 de Agosto, 2019

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