Sobrenatural Pt.III



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Martes 17 de Diciembre, 2019

UN AVIVAMIENTO EN TORONTO, CANADA

Empecé a oír de un avivamiento que se había desatado en Toronto, Canadá, en enero de 1994, y que estaba acompañado con la señal o maravilla de la risa, entre otras señales.

¡¿Risa?! Esto me pareció demasiado raro y lo guardaba con reservas. Yo no quería meterme en algo "raro". ¡¿Risa?! Lo que yo no oía eran los testimonios de miles siendo salvos y otros miles volviendo al Señor y otros miles más siendo sanados en sus emociones, mentes y cuerpos físicos, tal como también en sus relaciones humanas.

Todo esto estaba sucediendo y la risa era el móvil por lo cual Dios estaba haciéndolo. Pero yo en mi ignorancia e insensibilidad estaba rechazándolo. Y luego Dios me habló. Estaba sentado en la sala de la casa y tomé en mis manos una revista llamada "Ministries Today" (Ministerios de Ahora). Empecé a leer un artículo de cierto pastor con quien Dios estaba tratando, por no haberle hecho sentir bienvenido a las reuniones de Su iglesia, y cómo este pastor fue a Toronto y allí fue transformado.

Mientras leía, oí en el aire, "¡Ve!". Era tan fuerte que, ¡yo supe que era Dios! Pregunté: "¿Tú quieres que yo me vaya a Toronto?". Sabía que sí, El no tenía que repetirlo. Entonces dije al Señor: "Por favor, confírmamelo y provee el dinero para el viaje y hotel".

Dentro de poco tiempo, Dios hizo ambas cosas y de pronto me encontré sentado en la Iglesia del Aeropuerto de Toronto, Canadá. Debo añadir, que solo faltaba un par de semanas para la Navidad.

¿Iban a cumplirse las promesas de Isaías? Todavía estaba a la defensiva en cuanto a la risa y otras señales de la presencia del Espíritu Santo. Pero Dios, en poco tiempo, me desarmó con el amor arrollador y evidencias innegables de Su divina presencia e intervención en muchísimas vidas. Personas de todo el mundo habían llegado a Toronto, la mayoría en la misma condición que yo: secos y desesperados por más.

Noche tras noche escuchaba impresionantes testimonios de pastores, unos de Inglaterra, otros de Japón, de Francia, Singapur, de los Estados Unidos, pero todos diciendo algo similar: "Llegué aquí hace meses, Dios me tocó, me renovó, volví a mi iglesia y nada ha sido igual desde entonces. ¡Ya hay nueva vida en la congregación porque hay nueva vida y nuevas fuerzas en mí!".

En Su misericordia, Dios me había enviado a Toronto para contestar mis oraciones desesperadas. Me había enviado a Toronto para regalarme las cosas nuevas y los ríos sobre mi sequedad. Y para que un día, no muy lejano yo pudiera pararme y dar el mismo testimonio que estaba escuchando de aquellos pastores.

Pero, antes de hacerlo, Él iba a tratar drásticamente conmigo. Yo me puse en la fila para recibir oración como las otras noches.

Oraron por mí y caí en mi cara bajo el poder del Espíritu Santo. Con mi cara en la alfombra alguien empezó a empujar mi cabeza aplastando mi nariz, molesto yo levanté mi mano para quitarlos y... No había nadie, ¡era Dios quien estaba empujando mi cabeza! Le pregunte: "¿Qué quieres Señor?". Y me hizo entender que yo había estado criticando a sus siervos y que tenía que arrepentirme si yo quería recibir algo de Él.

Con lágrimas, vergüenza y mi cara en la alfombra yo me arrepentí de criticar a Benny Hinn, Rodney Howard Brown, John Arnott y otros. Fue evidente que sin esta confesión yo no iba a recibir nada de Dios. Tuve que arrepentirme para ser perdonado.

Leyendo otros grandes avivamientos me doy cuenta que el arrepentimiento es una parte esencial de un avivamiento. ¡Sin esto, no durará!

En cada reunión todos queríamos oración, nos formamos en filas y cuando alguien oraba por mí, me caía al suelo pero me levantaba todavía triste y seco. "¿Me podría bendecir Dios a mí?". ¡No quería volver a casa como había llegado allí! Estaba desesperado por Dios. No entendí que cada toque del Espíritu trae cambios si entendemos o no.

¿POR QUÉ CAE LA GENTE?

Para los que tienen dudas del por qué cae la gente, les puedo decir que es porque la presencia del Espíritu de Cristo es tal que uno pierde el equilibrio físico y se desvanece delante del Altísimo.

Recordemos, el Espíritu Santo es el Espíritu de Dios y el Espíritu de Cristo. ¡Estamos tratando con Dios! ¡No con una "cosa" o una "influencia"! Él es el "YO SOY", que confrontó Moisés. Cuando fue confrontado con un poderoso ser celestial, Daniel dijo lo siguiente: Daniel 10:8-16: ...no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno... Caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra. Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos... Me puse en pie temblando... Estaba yo con los ojos puestos en tierra, y enmudecido. Entonces abrí mi boca y hablé, y dije al que estaba delante de mí: Señor mío, con la visión me han sobrevenido dolores, y no me queda fuerza.

Daniel se encontró débil, sin vigor, cayó sobre su rostro (con su rostro en tierra), sobre rodillas y palmas (como un niño), temblando, ojos caídos, mudo, con dolores. Y recordemos que Daniel dijo que los que estaban con él no vieron el ángel sino que ellos únicamente lo vieron a él (a Daniel) en esta condición extraña. Si sucediera algo así ahora, algunos dirían que tendría un demonio. Pero no, ¡todo esto fue provocado por la presencia de Dios! Fue sobrenatural.

En el Evangelio de Juan encontramos el arresto de Jesús en el capítulo dieciocho. Empezamos nuestra lectura en el versículo 3: "Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: YO SOY... Retrocedieron, y cayeron a tierra". 

Los soldados y Judas cayeron delante de Jesús, el "YO SOY". Para ellos fue una experiencia desagradable y temerosa. Pero cuando uno cae al suelo en la preciosa presencia del Espíritu de Cristo, a quien la persona ama y anhela, no es desagradable sino algo deseable, aceptable y una bendición.

Volviendo a los tratos de Dios conmigo en Toronto. Llegó mi último día allí y yo aún no había recibido el gozo, el río, la cosa nueva que tanto necesitaba. Fue entonces que le pedí a un pastor de Inglaterra que orara por mí, puesto que había escuchado a un grupo de pastores ingleses dando su testimonio y obviamente, habían sido radicalmente cambiados.

Para los que no se dan cuenta, el inglés, por naturaleza, usualmente es seco, poco expresivo y definitivamente no dado al emocionalismo. Pero estos ingleses eran diferentes; transformados, nuevos. Ya era la última oportunidad antes de volver a casa. Pero mientras el inglés con algunos de sus compañeros oraron por mí, ¡me sucedió!

El Espíritu Santo me tocó tan profundamente que empezó como fuego en mis pies y subió explotando de mi boca en un torrente de risa. ¡La tristeza huyó inmediatamente y el río empezó a regar la tierra árida de mi ser!

¡No tendría que volver a casa como había llegado allí! ¡Ya no estaba seco! ¡Ya no estaba triste! Era sobrenatural.

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¡¿Risa?! Esto me pareció demasiado raro y lo guardaba con reservas. Yo no quería meterme en algo "raro". ¡¿Risa?! Lo que yo no oía eran los testimonios de miles siendo salvos y otros miles volviendo al Señor y otros miles más siendo sanados en sus emociones, mentes y cuerpos físicos, tal como también en sus relaciones humanas.

Todo esto estaba sucediendo y la risa era el móvil por lo cual Dios estaba haciéndolo. Pero yo en mi ignorancia e insensibilidad estaba rechazándolo. Y luego Dios me habló. Estaba sentado en la sala de la casa y tomé en mis manos una revista llamada "Ministries Today" (Ministerios de Ahora). Empecé a leer un artículo de cierto pastor con quien Dios estaba tratando, por no haberle hecho sentir bienvenido a las reuniones de Su iglesia, y cómo este pastor fue a Toronto y allí fue transformado.

Mientras leía, oí en el aire, "¡Ve!". Era tan fuerte que, ¡yo supe que era Dios! Pregunté: "¿Tú quieres que yo me vaya a Toronto?". Sabía que sí, El no tenía que repetirlo. Entonces dije al Señor: "Por favor, confírmamelo y provee el dinero para el viaje y hotel".

Dentro de poco tiempo, Dios hizo ambas cosas y de pronto me encontré sentado en la Iglesia del Aeropuerto de Toronto, Canadá. Debo añadir, que solo faltaba un par de semanas para la Navidad.

¿Iban a cumplirse las promesas de Isaías? Todavía estaba a la defensiva en cuanto a la risa y otras señales de la presencia del Espíritu Santo. Pero Dios, en poco tiempo, me desarmó con el amor arrollador y evidencias innegables de Su divina presencia e intervención en muchísimas vidas. Personas de todo el mundo habían llegado a Toronto, la mayoría en la misma condición que yo: secos y desesperados por más.

Noche tras noche escuchaba impresionantes testimonios de pastores, unos de Inglaterra, otros de Japón, de Francia, Singapur, de los Estados Unidos, pero todos diciendo algo similar: "Llegué aquí hace meses, Dios me tocó, me renovó, volví a mi iglesia y nada ha sido igual desde entonces. ¡Ya hay nueva vida en la congregación porque hay nueva vida y nuevas fuerzas en mí!".

En Su misericordia, Dios me había enviado a Toronto para contestar mis oraciones desesperadas. Me había enviado a Toronto para regalarme las cosas nuevas y los ríos sobre mi sequedad. Y para que un día, no muy lejano yo pudiera pararme y dar el mismo testimonio que estaba escuchando de aquellos pastores.

Pero, antes de hacerlo, Él iba a tratar drásticamente conmigo. Yo me puse en la fila para recibir oración como las otras noches.

Oraron por mí y caí en mi cara bajo el poder del Espíritu Santo. Con mi cara en la alfombra alguien empezó a empujar mi cabeza aplastando mi nariz, molesto yo levanté mi mano para quitarlos y... No había nadie, ¡era Dios quien estaba empujando mi cabeza! Le pregunte: "¿Qué quieres Señor?". Y me hizo entender que yo había estado criticando a sus siervos y que tenía que arrepentirme si yo quería recibir algo de Él.

Con lágrimas, vergüenza y mi cara en la alfombra yo me arrepentí de criticar a Benny Hinn, Rodney Howard Brown, John Arnott y otros. Fue evidente que sin esta confesión yo no iba a recibir nada de Dios. Tuve que arrepentirme para ser perdonado.

Leyendo otros grandes avivamientos me doy cuenta que el arrepentimiento es una parte esencial de un avivamiento. ¡Sin esto, no durará!

En cada reunión todos queríamos oración, nos formamos en filas y cuando alguien oraba por mí, me caía al suelo pero me levantaba todavía triste y seco. "¿Me podría bendecir Dios a mí?". ¡No quería volver a casa como había llegado allí! Estaba desesperado por Dios. No entendí que cada toque del Espíritu trae cambios si entendemos o no.

¿POR QUÉ CAE LA GENTE?

Para los que tienen dudas del por qué cae la gente, les puedo decir que es porque la presencia del Espíritu de Cristo es tal que uno pierde el equilibrio físico y se desvanece delante del Altísimo.

Recordemos, el Espíritu Santo es el Espíritu de Dios y el Espíritu de Cristo. ¡Estamos tratando con Dios! ¡No con una "cosa" o una "influencia"! Él es el "YO SOY", que confrontó Moisés. Cuando fue confrontado con un poderoso ser celestial, Daniel dijo lo siguiente: Daniel 10:8-16: ...no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno... Caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra. Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos... Me puse en pie temblando... Estaba yo con los ojos puestos en tierra, y enmudecido. Entonces abrí mi boca y hablé, y dije al que estaba delante de mí: Señor mío, con la visión me han sobrevenido dolores, y no me queda fuerza.

Daniel se encontró débil, sin vigor, cayó sobre su rostro (con su rostro en tierra), sobre rodillas y palmas (como un niño), temblando, ojos caídos, mudo, con dolores. Y recordemos que Daniel dijo que los que estaban con él no vieron el ángel sino que ellos únicamente lo vieron a él (a Daniel) en esta condición extraña. Si sucediera algo así ahora, algunos dirían que tendría un demonio. Pero no, ¡todo esto fue provocado por la presencia de Dios! Fue sobrenatural.

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Los soldados y Judas cayeron delante de Jesús, el "YO SOY". Para ellos fue una experiencia desagradable y temerosa. Pero cuando uno cae al suelo en la preciosa presencia del Espíritu de Cristo, a quien la persona ama y anhela, no es desagradable sino algo deseable, aceptable y una bendición.

Volviendo a los tratos de Dios conmigo en Toronto. Llegó mi último día allí y yo aún no había recibido el gozo, el río, la cosa nueva que tanto necesitaba. Fue entonces que le pedí a un pastor de Inglaterra que orara por mí, puesto que había escuchado a un grupo de pastores ingleses dando su testimonio y obviamente, habían sido radicalmente cambiados.

Para los que no se dan cuenta, el inglés, por naturaleza, usualmente es seco, poco expresivo y definitivamente no dado al emocionalismo. Pero estos ingleses eran diferentes; transformados, nuevos. Ya era la última oportunidad antes de volver a casa. Pero mientras el inglés con algunos de sus compañeros oraron por mí, ¡me sucedió!

El Espíritu Santo me tocó tan profundamente que empezó como fuego en mis pies y subió explotando de mi boca en un torrente de risa. ¡La tristeza huyó inmediatamente y el río empezó a regar la tierra árida de mi ser!

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