Intercesión Pt. II



Publicado el:
Martes 14 de Enero, 2020

Párate en la brecha a favor de otros

Toda persona que conoce algo de la historia sabe cómo las ciudades antiguas eran cercadas con enormes murallas. Sin las armas sofisticadas que tenemos hoy en día, ¡éstas eran indispensables para proteger a la ciudad del enemigo! A veces una parte del muro sería derrumbado, ¡dejando una brecha! Y entonces, los soldados tenían que redoblar esfuerzos poniéndose y peleando en dicha brecha, para impedir la penetración del enemigo.

Esta es una vívida descripción de lo que hace el intercesor a favor de personas o naciones pecaminosas. Por el pecado, los muros espirituales se caen, permitiendo la entrada del enemigo, y el juicio de Dios. A través de su clamor a favor de otros, el intercesor literalmente está cubriendo esas brechas, porque si no lo hace, el juicio será inevitable.

 1 de Timoteo 2:1, dice que debemos hacer “rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias”. En el griego, la palabra “peticiones” significa “intercesiones”. Interceder quiere decir literalmente “mediar o interponerse”. El intercesor es la persona que se interpone entre Dios y quienes merecen su justa ira y castigo, o sea quien “se pone en la brecha”.

Más que una oración, es un estilo de vida

Dick Eastman, un intercesor y autor de varios libros, dice:

La palabra intercesión incluye el sentir de entregarse; intervenir o pagar el precio de. Describe a alguien que se ofrece a sí mismo entre los que necesitan ayuda. También significa pagar el precio de la intervención. Es cierto que la intercesión es un aspecto específico de la oración, pero es mucho más que eso. Es un estilo de vida.

Así que, cuando hablamos de intercesión en este libro, nos referimos primeramente a una clase específica de oración, pero a la vez a un estilo de vida: Uno que se entrega a sí mismo y que paga el precio para interponerse entre Dios y quienes merecen su juicio.

Hay varias referencias en la Biblia sobre intercesores que practicaban y vivían esta clase de oración: Samuel, Daniel, Ester, Abraham, Moisés y otros. En este capítulo mencionaremos a dos de ellos.

La intercesión de Abraham hizo la diferencia

Abraham es llamado en el Nuevo Testamento “el padre de la fe”, y en el capítulo 18 de Génesis  vemos que entendió claramente su papel de intercesor. El Señor, con apariencia humana, llegó acompañado de dos “hombres” para visitar a Abraham, diciendo que iba a destruir a Sodoma y Gomorra porque su pecado había llegado al extremo.

Cuando Abraham escuchó esto, él preguntó:

Génesis 18:23

 ¿Destruirás también al justo con el impío?

La palabra sodomía, que se usa para referirse a la homosexualidad, proviene de Sodoma, una ciudad en donde los hombres que la habitaban descaradamente trataron de violar a los ángeles que se le aparecieron a Lot en forma de hombres.

Sodoma y Gomorra eran dos grandes ciudades en donde moraban miles de personas. A pesar de su elevado índice de población, Dios dijo que si encontrara a sólo cincuenta justos, no destruiría la ciudad. Sabemos la historia. No se encontraron esas cincuenta personas, pero Abraham siguió intercediendo hasta que Dios consintió en no destruirla si encontraban diez justos. Tristemente, no se encontró ni siquiera esa cantidad. Así que, el juicio de Dios fue inevitable.

Puede ser que al oír esta noticia, Abraham haya clamado a Dios: “Por favor ten misericordia de mi sobrino Lot y su familia”. La Biblia dice: 

Génesis 19:29

“Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba”.

El capítulo 19 relata cómo los ángeles fueron a la casa de Lot y lo sacaron físicamente, con su esposa y sus dos hijas. Dios salvó a Lot, no por la justicia de él, sino porque, ¡Abraham tenía favor con Dios! Lot fue sacado porque, ¡Dios se acordó de Abraham!

Aquí encontramos una verdad sorprendente: Dios envía juicio sobre un pueblo por la ausencia de unos justos, más que por la presencia de la maldad. Corrupción, crimen, lascivia, etc. existen en todas partes del mundo, pero algunas partes escapan del juicio, mientras otras son asoladas por la mano del destructor.  ¿Será que Dios  hace acepción de personas? ¡De ninguna manera! La verdad es que ha de haber existido un “Abraham”, que ha sabido echar mano de Dios con sus ruegos y súplicas hasta que Él haya dicho: No la destruiré por amor a los diez.

La pregunta no es, ¿hay corrupción y maldad en mi ciudad y nación? La pregunta es, ¿encontrará Dios personas como Abraham que se pongan en la brecha y pidan misericordia?, ¿serás tú uno de ellos?

La intercesión de Moisés hizo la diferencia

En Éxodo 17 hay un relato fascinante de la batalla de Refidim, en la cual Josué derrotó a los enemigos de Dios. El nombre de Josué entró de forma permanente en la historia militar como el general que obtuvo la victoria en esa batalla.

Sin embargo, hay otro lado de esta historia. Mientras Josué dirigía a las tropas en el campo de batalla, Moisés, Aarón, y Hur subieron a la cumbre de una colina cercana.  Y sucedió que cuando Moisés alzaba su mano, Israel prevalecía, pero cuando bajaba su mano, prevalecía el enemigo, Amalec.

Moisés rápidamente se dio cuenta de esto y decidió mantener sus manos levantadas. Cuando las manos de Moisés se cansaron, Aarón y Hur vinieron al rescate. Sentaron a Moisés sobre una roca y ellos mismos sostuvieron las manos de Moisés en alto. Israel venció en la batalla como resultado de este esfuerzo (Éxodo 17:8-13).

Este relato sencillo tiene un principio muy importante para todos nosotros. Josué lucha mientras Moisés ora. Josué recibe el crédito por ganar la batalla, pero sabemos que esa es sólo la mitad de la historia. Por supuesto, fue el poder divino el que logró el triunfo, pero el elemento humano usado de manera directa, no fue sólo Josué, sino también Moisés, el intercesor, ¡y claro, el apoyo recibido por Aarón y Hur! 

La intercesión de Moisés, simbolizada por sus manos en alto, hizo la diferencia. La batalla no pudo haberse ganado sin la participación de los dos. Pero por lo general, la gente sólo ve a los “Josué”, los que están al frente de la batalla y creen que la victoria o la derrota depende de ellos. La verdad es que la victoria primeramente se gana en el “lugar secreto”, y luego en el campo de batalla.

Dios busca intercesores

Dios dice a través del profeta Ezequiel:

 Ezequiel 22:30, 31

 “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor”.

Las implicaciones de este versículo son sorprendentes. La santidad e integridad de Dios no permiten que Él simplemente pase por alto los pecados. Deben de ser juzgados. Por otro lado, Dios no solamente es santo, sino que también es amor y su amor siempre desea redimir y mostrar misericordia. Las Escrituras nos dicen que Dios no se complace en la muerte de los malos (Ezequiel 33:11). Pero no tiene otro recurso si nadie intercede por ellos.

El pasaje de Ezequiel dice claramente: 

Aunque mi justicia demandaba juicio, mi amor deseaba perdonar. Si hubiese encontrado a un humano que me pidiera que salvara a este pueblo, lo podría haber hecho. Me habría permitido mostrar misericordia (Ezequiel 33:11 parafraseado).

Esta verdad podría intimidarnos por la responsabilidad que implica, o incluso condenarnos debido a nuestra falta de oración. Pero también existe otra posibilidad. 

Si permitimos que la revelación sobre la importancia de la intercesión nos desafíe, puede transformar nuestras vidas y también el destino de las personas y las ciudades por las cuales estemos orando. ¡La intercesión es la bomba nuclear de Dios!

Para reflexionar

Es interesante notar que Lot, el sobrino de Abraham por el cual él intercedió, había sido un familiar aprovechado y malagradecido. Abraham pudo haber pensado que Lot merecía la destrucción pero por amor desinteresado, intercedió por Él. ¿Estás dispuesto a interceder aun a favor de los que te han pagado mal por bien?

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Esta es una vívida descripción de lo que hace el intercesor a favor de personas o naciones pecaminosas. Por el pecado, los muros espirituales se caen, permitiendo la entrada del enemigo, y el juicio de Dios. A través de su clamor a favor de otros, el intercesor literalmente está cubriendo esas brechas, porque si no lo hace, el juicio será inevitable.

 1 de Timoteo 2:1, dice que debemos hacer “rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias”. En el griego, la palabra “peticiones” significa “intercesiones”. Interceder quiere decir literalmente “mediar o interponerse”. El intercesor es la persona que se interpone entre Dios y quienes merecen su justa ira y castigo, o sea quien “se pone en la brecha”.

Más que una oración, es un estilo de vida

Dick Eastman, un intercesor y autor de varios libros, dice:

La palabra intercesión incluye el sentir de entregarse; intervenir o pagar el precio de. Describe a alguien que se ofrece a sí mismo entre los que necesitan ayuda. También significa pagar el precio de la intervención. Es cierto que la intercesión es un aspecto específico de la oración, pero es mucho más que eso. Es un estilo de vida.

Así que, cuando hablamos de intercesión en este libro, nos referimos primeramente a una clase específica de oración, pero a la vez a un estilo de vida: Uno que se entrega a sí mismo y que paga el precio para interponerse entre Dios y quienes merecen su juicio.

Hay varias referencias en la Biblia sobre intercesores que practicaban y vivían esta clase de oración: Samuel, Daniel, Ester, Abraham, Moisés y otros. En este capítulo mencionaremos a dos de ellos.

La intercesión de Abraham hizo la diferencia

Abraham es llamado en el Nuevo Testamento “el padre de la fe”, y en el capítulo 18 de Génesis  vemos que entendió claramente su papel de intercesor. El Señor, con apariencia humana, llegó acompañado de dos “hombres” para visitar a Abraham, diciendo que iba a destruir a Sodoma y Gomorra porque su pecado había llegado al extremo.

Cuando Abraham escuchó esto, él preguntó:

Génesis 18:23

 ¿Destruirás también al justo con el impío?

La palabra sodomía, que se usa para referirse a la homosexualidad, proviene de Sodoma, una ciudad en donde los hombres que la habitaban descaradamente trataron de violar a los ángeles que se le aparecieron a Lot en forma de hombres.

Sodoma y Gomorra eran dos grandes ciudades en donde moraban miles de personas. A pesar de su elevado índice de población, Dios dijo que si encontrara a sólo cincuenta justos, no destruiría la ciudad. Sabemos la historia. No se encontraron esas cincuenta personas, pero Abraham siguió intercediendo hasta que Dios consintió en no destruirla si encontraban diez justos. Tristemente, no se encontró ni siquiera esa cantidad. Así que, el juicio de Dios fue inevitable.

Puede ser que al oír esta noticia, Abraham haya clamado a Dios: “Por favor ten misericordia de mi sobrino Lot y su familia”. La Biblia dice: 

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“Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba”.

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Aquí encontramos una verdad sorprendente: Dios envía juicio sobre un pueblo por la ausencia de unos justos, más que por la presencia de la maldad. Corrupción, crimen, lascivia, etc. existen en todas partes del mundo, pero algunas partes escapan del juicio, mientras otras son asoladas por la mano del destructor.  ¿Será que Dios  hace acepción de personas? ¡De ninguna manera! La verdad es que ha de haber existido un “Abraham”, que ha sabido echar mano de Dios con sus ruegos y súplicas hasta que Él haya dicho: No la destruiré por amor a los diez.

La pregunta no es, ¿hay corrupción y maldad en mi ciudad y nación? La pregunta es, ¿encontrará Dios personas como Abraham que se pongan en la brecha y pidan misericordia?, ¿serás tú uno de ellos?

La intercesión de Moisés hizo la diferencia

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Sin embargo, hay otro lado de esta historia. Mientras Josué dirigía a las tropas en el campo de batalla, Moisés, Aarón, y Hur subieron a la cumbre de una colina cercana.  Y sucedió que cuando Moisés alzaba su mano, Israel prevalecía, pero cuando bajaba su mano, prevalecía el enemigo, Amalec.

Moisés rápidamente se dio cuenta de esto y decidió mantener sus manos levantadas. Cuando las manos de Moisés se cansaron, Aarón y Hur vinieron al rescate. Sentaron a Moisés sobre una roca y ellos mismos sostuvieron las manos de Moisés en alto. Israel venció en la batalla como resultado de este esfuerzo (Éxodo 17:8-13).

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El pasaje de Ezequiel dice claramente: 

Aunque mi justicia demandaba juicio, mi amor deseaba perdonar. Si hubiese encontrado a un humano que me pidiera que salvara a este pueblo, lo podría haber hecho. Me habría permitido mostrar misericordia (Ezequiel 33:11 parafraseado).

Esta verdad podría intimidarnos por la responsabilidad que implica, o incluso condenarnos debido a nuestra falta de oración. Pero también existe otra posibilidad. 

Si permitimos que la revelación sobre la importancia de la intercesión nos desafíe, puede transformar nuestras vidas y también el destino de las personas y las ciudades por las cuales estemos orando. ¡La intercesión es la bomba nuclear de Dios!

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Sin embargo, hay otro lado de esta historia. Mientras Josué dirigía a las tropas en el campo de batalla, Moisés, Aarón, y Hur subieron a la cumbre de una colina cercana.  Y sucedió que cuando Moisés alzaba su mano, Israel prevalecía, pero cuando bajaba su mano, prevalecía el enemigo, Amalec.

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 Ezequiel 22:30, 31

 “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor”.

Las implicaciones de este versículo son sorprendentes. La santidad e integridad de Dios no permiten que Él simplemente pase por alto los pecados. Deben de ser juzgados. Por otro lado, Dios no solamente es santo, sino que también es amor y su amor siempre desea redimir y mostrar misericordia. Las Escrituras nos dicen que Dios no se complace en la muerte de los malos (Ezequiel 33:11). Pero no tiene otro recurso si nadie intercede por ellos.

El pasaje de Ezequiel dice claramente: 

Aunque mi justicia demandaba juicio, mi amor deseaba perdonar. Si hubiese encontrado a un humano que me pidiera que salvara a este pueblo, lo podría haber hecho. Me habría permitido mostrar misericordia (Ezequiel 33:11 parafraseado).

Esta verdad podría intimidarnos por la responsabilidad que implica, o incluso condenarnos debido a nuestra falta de oración. Pero también existe otra posibilidad. 

Si permitimos que la revelación sobre la importancia de la intercesión nos desafíe, puede transformar nuestras vidas y también el destino de las personas y las ciudades por las cuales estemos orando. ¡La intercesión es la bomba nuclear de Dios!

Para reflexionar

Es interesante notar que Lot, el sobrino de Abraham por el cual él intercedió, había sido un familiar aprovechado y malagradecido. Abraham pudo haber pensado que Lot merecía la destrucción pero por amor desinteresado, intercedió por Él. ¿Estás dispuesto a interceder aun a favor de los que te han pagado mal por bien?

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