El Asombroso e Inagotable Amor de Dios IV



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Miércoles 26 de Febrero, 2020

Dios encuentra placer en nosotros 

Así como cualquier buen padre terrenal se goza en dar cosas a sus hijos, Dios, nuestro Padre, se deleita en bendecirnos. Pero, no solo se deleita en bendecirnos, sino que, ¡se deleita en nosotros mismos! ¿Te habías puesto a pensar en eso, que Dios se deleita en ti, que Dios encuentra placer en ti? ¿No es asombroso?

Sofonías 3:17 NVI 

“...Se deleitará en ti con gozo,  te renovará con su amor,se alegrará por ti con cantos”.                               

Salmos 149:4 

“Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo...”.

Isaías 65:19 

“Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo...”.

Isaías 62:4,5 

“...porque el amor de Jehová estará en ti… y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo”.

En este mismo momento, ¿por qué no declaras estas palabras?: “Dios se deleita en mí”; “Dios encuentra contentamiento en mí”; “Dios encuentra placer en mí”.

 La razón por la cual muchos tenemos problemas para captar y verdaderamente creer esta tremenda verdad, es por la imagen preconcebida que tenemos de Dios.  

Hemos tenido un concepto de un Dios severo, recio, duro, apático o seco y sin emoción alguna. Pero la verdad es que la Biblia nos presenta a un Dios muy diferente: Un Dios que tiene sentimientos, un Dios que puede ser herido, un Dios con un corazón que duele, un Dios que ama y que se deleita en nosotros, sus hijos.

El día del bautismo de Jesús, el Padre hizo esta declaración: “Tú eres mi hijo amado, en ti tengo complacencia”. Otras versiones dicen: “En ti me deleito”, “en ti tengo placer”. Probablemente no te sorprende que Dios tuvo placer en su Hijo Jesús, pero mira lo que Jesús dijo cuando estaba orando al Padre en Juan 17: 23

“…Los has amado a ellos, como también a mí me has amado”. 

¡Si esta verdad no te sorprende, yo no sé qué lo puede hacer! “Los has amado a ellos, como también me has amado”. ¡Dios nos ama de la misma manera que ama a su Hijo Jesús, y también se deleita en nosotros en la misma medida! ¡Qué impresionante!

La razón por la que podemos entender que el Padre se deleitaba en Jesús, es porque Él era perfecto, era su Hijo desde la eternidad, sin mancha y sin pecado. Era obediente y oraba todos los días, así que, ¡Jesús tenía los méritos para ser amado! 

¿El amor de Dios se gana con puntos?

Pero, ¿Dios se deleita en nosotros de esa misma manera? Aquí es donde entra el problema de la mayoría de nosotros; Creemos que el amor de Dios se gana con puntos, que se gana con méritos. Creemos que Dios nos ama menos si le desobedecemos, o nos ama más si le obedecemos. Claro que hay consecuencias cuando desobedecemos y Dios honra a los que obedecen, pero creer que su amor se disminuye o se aumenta es antibíblico. 

Cuando mis hijos desobedecen, les disciplino o les castigo, pero no les amo menos. De la misma manera, por más que tú ayunes, por más que ores, por más que leas la Biblia, no harás que Dios te ame más. No me malentiendas, tu relación con Dios se puede mejorar a través de todas estas prácticas, pero haciéndolas no harás que Dios te ame más.

El Salmo 103:17 dice que el amor del Señor es eterno. En algunas versiones dice que su misericordia es desde la eternidad hasta la eternidad. ¡Ese es un tiempo largo! Desde la eternidad, aun antes de que yo naciera, Él vio hacia delante y puso su amor sobre mí. 

Obviamente, no me amó por algo que yo había hecho. Él puso su amor sobre mí antes de que hubiera hecho ni bien ni mal. Por lo tanto, en medio de mis luchas, mis fallas, no tengo que pensar: “Ay, Dios mío, ¿todavía me amas?”. Su amor no se basa en nuestra dignidad, sino en su propia naturaleza. 

Isaías 54:10 

“Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia...”.

Algunos grupos cristianos infunden tanto temor en la gente, enseñando que cuando uno peca o comete un error, Dios lo desecha y pierde su salvación. ¡Con razón estas personas no pueden disfrutar la vida cristiana y gozarse en el amor de Dios! Posiblemente tú has creído esta mentira.

¿Inmaduro o rebelde?  

Es importante entender que existe una gran diferencia entre la inmadurez y la rebelión. Esto lo comprobamos al ver la escena de la última cena de Jesús con sus discípulos en Juan 13. Hablando directamente a Pedro, Jesús le dice:

 “…y vosotros limpios estáis, aunque no todos”. 

Obviamente, se refería a Judas, cuando dijo “no todos”, porque él tenía un corazón traicionero. Pero pensemos en Pedro, quien estaba por negarle tres veces dentro de unas cuantas horas. Antes del día de Pentecostés, Pedro fue un hombre inmaduro y a menudo “metía la pata”. Sin embargo y eso es muy, muy importante, Jesús le dijo que él, juntamente con los otros diez discípulos, eran limpios. ¡Ser inmaduro no significa que uno no tiene un corazón limpio!

Cuando Jesús estaba en el huerto de Getsemaní y los tres discípulos no podían velar y orar, Él declaró una verdad, para ellos y para nosotros, “el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Jesús entendía la contradicción dentro de Pedro, porque Él entendía la condición humana. 

Salmo 103:14 

“Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo”.

Es difícil para muchos captar el hecho de que Dios nos ama y se deleita en nosotros, ¡aun cuando somos inmaduros y nos tropezamos! Pero, aun cuando Pedro tropezó, el Señor no dejó de amarle y de llamarle “limpio”. 

Esto no quiere decir que no importa si pecamos. Claro que el pecado nos afecta y nos perjudica, pero el Señor sigue amándonos. Como alguien dijo, Dios nos ama, tal como somos, pero nos ama demasiado para dejarnos tal como somos. Por eso, Él traerá la convicción del Espíritu Santo, y usará circunstancias difíciles para incomodarnos, quitando nuestro gozo y paz, haciendo todo lo posible para que crezcamos y para que abandonemos el pecado. 

Escucha bien: El amor genuino que Pedro tenía por Jesús le calificó para ser escogido como uno de los doce apóstoles, ¡no fue porque nunca fuera a tropezarse!

¿Oveja o cerdo?

El creer que uno pierde el amor del Padre cuando peca, es tan arraigado en mucha gente, que es necesario hablar más del asunto. Juan escribió que si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso (1 Juan. 1:10). A la vez, él dice: 

1 Juan 3:9

 “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado…”.

 ¿No son contradictorias estas dos declaraciones? 

La palabra clave aquí es “practica”. Pensemos en un carpintero: Él practica diariamente la carpintería. De vez en cuando, como la mayoría de los hombres, yo levanto un martillo o un serrucho para reparar una puerta o algo en mi casa. Sin embargo, solo porque de vez en cuando uso un martillo, no me hace un carpintero. 

De la misma manera, un verdadero hijo de Dios peca, pero no continuamente. No es su estilo de vida. Él no practica el pecado. 

Se puede comparar un cristiano con una oveja que cae en el lodo. Para nada está a gusto en el lodo. Su mayor anhelo es levantarse y sacudirse del lodo. Pero, ¿qué hace un cerdo cuando cae en el lodo? ¡Le encanta! Por naturaleza él hasta, ¡busca el lodo y cuando lo encuentra, se acomoda y lo disfruta! Tú puedes bañar a un cerdo y hasta ponerle un moño para que se vea bonito y limpio por fuera, pero por dentro es igual. Y a la primera oportunidad buscará el lodo, porque así es su naturaleza.

Pregúntate: ¿Cuál es mi naturaleza? ¿Disfruto el pecado? o cuando caigo, ¿estoy incómodo y deseo salirme? Según tu respuesta, ya sabes si eres hijo de Dios o no. Y cuando ya hayas resuelto este asunto, descansa en el amor del Padre aun cuando seas inmaduro, aun cuando “metas la pata”, ¡aun cuando caigas en el pecado!

Leía sobre alguien que decía que Dios no es tomado por sorpresa por tu pecado, a Dios no lo decepcionas, como que de repente un día cometiste un pecado y Dios dijo: “¿Cómo puede ser posible? Me has decepcionado, no esperaba esto de ti”. ¿Tú crees que puedes tomar a Dios por sorpresa? Él sabe tu condición, sabe que eres polvo, Él conoce tus debilidades. Puedes decepcionar a alguien que no es omnisciente y que no conoce todo, pero Dios conoce hasta el más profundo de tus pensamientos. ¿Crees que lo vas a decepcionar cuando metes la pata? ¡No! 

Algunos creen que es peligroso enseñar tanta gracia y perdón. Temen que la gente lo tomará como una libertad para hacer lo que les da la gana, después venir al Señor y pedir perdón, para luego volver a vivir en libertinaje. Pero no es así, puesto que Dios nos dio una naturaleza nueva al momento que nacimos de nuevo. Y con esta naturaleza nueva, no podemos disfrutar el pecar. 

Él toma en cuenta tus buenas intenciones

Déjame decirte algo y espero que entre en tu espíritu. Jesús dijo que el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró. Él no estaba hablando de la acción física del adulterio, sino de la intención del corazón. Esto quiere decir que la intención de nuestro corazón para Dios es tan importante como nuestras acciones, ¿verdad? No obstante, lo relacionamos únicamente con lo malo.

¿Qué de nuestras buenas intenciones, qué de nuestros buenos deseos, qué de nuestra hambre por la santidad y por la justicia, aunque fallemos? ¿Crees que Dios no ve eso? ¿Crees que no ve las intenciones de nuestro corazón? ¿Crees que no ve los momentos cuando lloras desesperado diciendo: “No quería caer en esto, pero pequé, no me cuidé en esta área, pero, tú Señor, conoces el anhelo de mi corazón”. Y Dios sí lo conoce, Él conoce tus intenciones. 

El diablo se ha ocupado en hacernos ver las intenciones negativas. Pero todos los buenos deseos, todas las buenas intenciones de tu corazón, Dios las ve. Él no se va a decepcionar de ti, porque Él conoce el deseo que hay en tu corazón.

Ahora, cuando se van esos deseos de agradarle, de ser rectos y santos, entonces sí, estamos en problemas. Si empezamos a deleitarnos en el pecado y nos hundimos en él, hay un problema ahí. Pero, cuando hay un deseo en nosotros por santidad, Dios toma en cuenta cada uno de nuestros deseos.

Aun cuando nos rebelamos

Vemos el amor incambiable de Dios en una manera hermosa e impresionante en el libro de Oseas 3:1. Allí Dios declaró que aún amaba a su pueblo aunque se volvieran a dioses ajenos. A través de todo el mensaje del profeta, el Señor muestra qué tan constante es su amor para su pueblo, aun cuando ellos le despreciaron y persistían en rebelarse contra Él.

En otra versión Oseas 11:8 dice: “¿Cómo puedo abandonarles? Mi corazón no me permite hacerlo. Mi amor por ustedes es demasiado fuerte”. 

A través de los siglos Dios les había enviado advertencias, pero a menudo rehusaron escuchar. Finalmente, envió fuerte castigo, pero aun esto fue evidencia de su amor. Su actitud durante todo el tiempo fue: ¿Cómo puedo abandonarles? O, ¿cómo puedo permitirles ir? Él no puede abandonarnos. Cómo me consuela que aun cuando permito que otras cosas sean más importantes que Él, aun cuando tropiezo, ¡Él sigue amándome! Aun cuando tiene que disciplinarme, no deja de amarme.

El amor de Dios es perfecto, de modo que no mengua, no crece, no baja, es el mismo amor. Si no fuera así, no sería el amor perfecto. Dios no te puede amar más mañana de lo que te ama hoy. Él te ama porque Él es amor. La esencia de Dios es amar, y el apóstol Juan lo expresa así:

1 Juan 3:1

 “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios...”.

Estaba asombrado Juan y con toda la razón del mundo. ¡Cómo puede ser posible! Él está diciendo: ¡Miren qué amor tan grande Dios tiene por nosotros, al hacernos hijos de Él!

Temo que realmente no hemos captado la grandeza de la obra de Jesús en la cruz. Isaías dice que el Señor cargó en Él el pecado de todos nosotros (53:6). Él llevó todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Por lo tanto, si tú has confiado en Jesús como tu Salvador, ya no hay ninguna condenación ni culpa del pecado (Romanos 8:1). No solo esto, Él se hizo pecado para que nosotros recibiéramos su justicia.

 2 Corintios 5:21 

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

Esto quiere decir que cuando Dios nos ve, Él nos ve justos, ¡tal como si nunca hubiéramos pecado! ¡Qué maravillosa salvación!

Dios es amor, pero, ¿qué significa?

Antes de concluir este tema, tenemos que preguntarnos qué significan realmente las palabras de 1 Juan 4:8:

 “… Dios es amor”. 

Para ello, es importante entender el contexto de la epístola de Juan. Él está escribiendo sobre la seguridad de nuestra salvación, para ayudar a los creyentes que luchaban para saber si eran salvos o no. 

1 Juan 5:13

 “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”.

Pero a la vez quería destruir la seguridad falsa de algunos que profesaban creer en Cristo pero por su conducta comprueban que no le conocen. Por lo tanto, él escribe:

1 Juan 1:6 

“Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad”.

1 Juan 2:4

“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él”.

Y Juan sigue diciendo:

1 Juan 4:8

 “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”.

Un erudito inglés del siglo pasado, Martín Lloyd-Jones, declaró:

Tristemente, muchos de nosotros hemos encontrado algunos que profesan fe en Jesús que no son nada amables, ni benignos, siempre critican y atacan a otros, odian y no perdonan. ¡Cómo mi corazón se duele por ellos, porque están demostrando que no han nacido de nuevo, que están fuera de la voluntad de Dios! Y si no se arrepienten no hay esperanza para ellos. La fe genuina siempre se demuestra por el amor.

La cruz es la prueba máxima del amor divino

La Biblia no dice; “Dios es amor” y luego nos deja a la imaginación qué significa. No, Juan explica el amor de Dios con  los términos de sacrificio y propiciación por el pecado. 

1Juan 4:10 

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a  Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

A menudo hay personas, bien intencionadas, que dicen: “Ya que Dios es amor, no me interesa la teología, o la doctrina”. Pero la doctrina o enseñanza de la muerte de Jesucristo en la cruz, en sacrificio por nuestros pecados, el significado de la palabra “propiciación” es el mero corazón del evangelio.

El evangelio, o Buenas Nuevas, no es que Dios esté dispuesto simplemente a olvidar el pecado, porque esto comprometería su santidad y justicia. Puesto que Dios es justo y recto, tiene que castigar al pecado. Alguien tuvo que morir. Y Dios, quien es amor, al enviar a su Hijo para morir en nuestro lugar, fue la expresión más alta del amor divino. Si tu sentido de justicia está indignado, porque un inocente murió por un culpable, ¡qué bueno! ¡Debemos estar sorprendidos! ¡Debemos estar asombrados! Solo así podremos empezar a comprender la grandeza del precio que, ¡Dios pagó para manifestar su amor!

Jesús ve tu situación

Necesitas saber que Jesús está contigo en medio de las tormentas de la vida. No sé por qué situación estás pasando en este momento, no sé si estás enfermo, si tienes problemas familiares y a lo mejor has estado clamando a Dios y posiblemente piensas que Él es totalmente ajeno a lo que te está sucediendo.

Fijémonos en Marcos capítulo 6, versículos 45 y 46:

“En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar”. 

Alguien ha dicho que nuestra vida es como una travesía en barca, tenemos un destino eterno y somos como peregrinos y extranjeros rumbo a ese destino. Mira lo que dice el versículo 47: 

“Y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra”. 

La noche ha venido para muchos de nosotros, en ocasiones viene en forma de una enfermedad u otros problemas. 

Pero ya en el monte, Jesús estaba consciente de lo que les pasaba:

 “...viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario”. 

Ahora, nota lo que sucede. Al leer el capítulo anterior te das cuenta que ellos subieron a la barca aproximadamente a las seis de la tarde, cuando apenas estaba oscureciendo. Luego dice: 

“...cerca de la cuarta vigilia de la noche...”.

 La noche llega en la primera vigilia, de seis a nueve. Dice que Él los estaba viendo desde el monte, pero no es sino hasta la cuarta vigilia de la noche, es decir de tres a seis de la mañana, cuando Él viene a ellos.

Quiero decirte que la cuarta vigilia te llegará a ti. Tal vez digas, ¿pero por qué Dios ha esperado tanto tiempo para socorrerme? ¿Por qué Dios ha esperado tanto tiempo para venir a mi auxilio? Él no te ha ignorado, Él te ha estado viendo. Él intercede delante del Padre por cada uno de nosotros, pero a la cuarta vigilia de la noche Él viene y se hace presente en nuestra necesidad. 

Él viene porque te ama, y te está enseñando dependencia de Él, te está enseñando confianza en Él. No has estado solo, aunque hay ocasiones cuando sentirás como que Él no está. El profeta dice que es el Dios que se esconde (Salmos 13:1) o hace como que se esconde a veces, esperando el clamor de nosotros sus hijos. Pero cuando Él sube a la barca, calma los vientos.

El amor de Dios, incomprensible

Alguien escribió: 

El que Dios desee compañerismo con nosotros es uno de los sucesos más impresionantes en las Escrituras. De hecho, es tan sorprendente y asombroso que es sumamente difícil para nosotros asimilarlo. ¡Que Dios permitiera a su creación tener comunión con Él es en sí maravilloso! Pero, el hecho de que Él lo desea, que le provee gozo y placer, es demasiado para nuestro entendimiento.

 Amado lector, si nunca has experimentado ese asombroso amor del Padre, puedes empezar una relación personal con Él, a través de su Hijo Jesucristo. 

1 Juan 4:10 

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a  Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

Hay además algo que es de eterno valor que tienes que considerar: Tu eterna salvación. Hay que nacer de nuevo. Debes convertirte en un seguidor de Jesús,  arrepentirte de todo pecado;  confesándolo, odiándolo y abandonándolo.

Jesús dijo a Nicodemo; un líder espiritual en Jerusalén: Tienes que nacer de nuevo si quieres ver el reino de Dios y entrar en él.

Hay que experimentar una verdadera conversión a Jesucristo por el poder del Espíritu Santo. Sólo repetir una oración que alguien dirija, no va a darte salvación. Tienes que nacer de el Espíritu Santo.

Los seguidores de Jesús le aman, le siguen, le obedecen.

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Dios encuentra placer en nosotros 

Así como cualquier buen padre terrenal se goza en dar cosas a sus hijos, Dios, nuestro Padre, se deleita en bendecirnos. Pero, no solo se deleita en bendecirnos, sino que, ¡se deleita en nosotros mismos! ¿Te habías puesto a pensar en eso, que Dios se deleita en ti, que Dios encuentra placer en ti? ¿No es asombroso?

Sofonías 3:17 NVI 

“...Se deleitará en ti con gozo,  te renovará con su amor,se alegrará por ti con cantos”.                               

Salmos 149:4 

“Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo...”.

Isaías 65:19 

“Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo...”.

Isaías 62:4,5 

“...porque el amor de Jehová estará en ti… y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo”.

En este mismo momento, ¿por qué no declaras estas palabras?: “Dios se deleita en mí”; “Dios encuentra contentamiento en mí”; “Dios encuentra placer en mí”.

 La razón por la cual muchos tenemos problemas para captar y verdaderamente creer esta tremenda verdad, es por la imagen preconcebida que tenemos de Dios.  

Hemos tenido un concepto de un Dios severo, recio, duro, apático o seco y sin emoción alguna. Pero la verdad es que la Biblia nos presenta a un Dios muy diferente: Un Dios que tiene sentimientos, un Dios que puede ser herido, un Dios con un corazón que duele, un Dios que ama y que se deleita en nosotros, sus hijos.

El día del bautismo de Jesús, el Padre hizo esta declaración: “Tú eres mi hijo amado, en ti tengo complacencia”. Otras versiones dicen: “En ti me deleito”, “en ti tengo placer”. Probablemente no te sorprende que Dios tuvo placer en su Hijo Jesús, pero mira lo que Jesús dijo cuando estaba orando al Padre en Juan 17: 23

“…Los has amado a ellos, como también a mí me has amado”. 

¡Si esta verdad no te sorprende, yo no sé qué lo puede hacer! “Los has amado a ellos, como también me has amado”. ¡Dios nos ama de la misma manera que ama a su Hijo Jesús, y también se deleita en nosotros en la misma medida! ¡Qué impresionante!

La razón por la que podemos entender que el Padre se deleitaba en Jesús, es porque Él era perfecto, era su Hijo desde la eternidad, sin mancha y sin pecado. Era obediente y oraba todos los días, así que, ¡Jesús tenía los méritos para ser amado! 

¿El amor de Dios se gana con puntos?

Pero, ¿Dios se deleita en nosotros de esa misma manera? Aquí es donde entra el problema de la mayoría de nosotros; Creemos que el amor de Dios se gana con puntos, que se gana con méritos. Creemos que Dios nos ama menos si le desobedecemos, o nos ama más si le obedecemos. Claro que hay consecuencias cuando desobedecemos y Dios honra a los que obedecen, pero creer que su amor se disminuye o se aumenta es antibíblico. 

Cuando mis hijos desobedecen, les disciplino o les castigo, pero no les amo menos. De la misma manera, por más que tú ayunes, por más que ores, por más que leas la Biblia, no harás que Dios te ame más. No me malentiendas, tu relación con Dios se puede mejorar a través de todas estas prácticas, pero haciéndolas no harás que Dios te ame más.

El Salmo 103:17 dice que el amor del Señor es eterno. En algunas versiones dice que su misericordia es desde la eternidad hasta la eternidad. ¡Ese es un tiempo largo! Desde la eternidad, aun antes de que yo naciera, Él vio hacia delante y puso su amor sobre mí. 

Obviamente, no me amó por algo que yo había hecho. Él puso su amor sobre mí antes de que hubiera hecho ni bien ni mal. Por lo tanto, en medio de mis luchas, mis fallas, no tengo que pensar: “Ay, Dios mío, ¿todavía me amas?”. Su amor no se basa en nuestra dignidad, sino en su propia naturaleza. 

Isaías 54:10 

“Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia...”.

Algunos grupos cristianos infunden tanto temor en la gente, enseñando que cuando uno peca o comete un error, Dios lo desecha y pierde su salvación. ¡Con razón estas personas no pueden disfrutar la vida cristiana y gozarse en el amor de Dios! Posiblemente tú has creído esta mentira.

¿Inmaduro o rebelde?  

Es importante entender que existe una gran diferencia entre la inmadurez y la rebelión. Esto lo comprobamos al ver la escena de la última cena de Jesús con sus discípulos en Juan 13. Hablando directamente a Pedro, Jesús le dice:

 “…y vosotros limpios estáis, aunque no todos”. 

Obviamente, se refería a Judas, cuando dijo “no todos”, porque él tenía un corazón traicionero. Pero pensemos en Pedro, quien estaba por negarle tres veces dentro de unas cuantas horas. Antes del día de Pentecostés, Pedro fue un hombre inmaduro y a menudo “metía la pata”. Sin embargo y eso es muy, muy importante, Jesús le dijo que él, juntamente con los otros diez discípulos, eran limpios. ¡Ser inmaduro no significa que uno no tiene un corazón limpio!

Cuando Jesús estaba en el huerto de Getsemaní y los tres discípulos no podían velar y orar, Él declaró una verdad, para ellos y para nosotros, “el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Jesús entendía la contradicción dentro de Pedro, porque Él entendía la condición humana. 

Salmo 103:14 

“Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo”.

Es difícil para muchos captar el hecho de que Dios nos ama y se deleita en nosotros, ¡aun cuando somos inmaduros y nos tropezamos! Pero, aun cuando Pedro tropezó, el Señor no dejó de amarle y de llamarle “limpio”. 

Esto no quiere decir que no importa si pecamos. Claro que el pecado nos afecta y nos perjudica, pero el Señor sigue amándonos. Como alguien dijo, Dios nos ama, tal como somos, pero nos ama demasiado para dejarnos tal como somos. Por eso, Él traerá la convicción del Espíritu Santo, y usará circunstancias difíciles para incomodarnos, quitando nuestro gozo y paz, haciendo todo lo posible para que crezcamos y para que abandonemos el pecado. 

Escucha bien: El amor genuino que Pedro tenía por Jesús le calificó para ser escogido como uno de los doce apóstoles, ¡no fue porque nunca fuera a tropezarse!

¿Oveja o cerdo?

El creer que uno pierde el amor del Padre cuando peca, es tan arraigado en mucha gente, que es necesario hablar más del asunto. Juan escribió que si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso (1 Juan. 1:10). A la vez, él dice: 

1 Juan 3:9

 “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado…”.

 ¿No son contradictorias estas dos declaraciones? 

La palabra clave aquí es “practica”. Pensemos en un carpintero: Él practica diariamente la carpintería. De vez en cuando, como la mayoría de los hombres, yo levanto un martillo o un serrucho para reparar una puerta o algo en mi casa. Sin embargo, solo porque de vez en cuando uso un martillo, no me hace un carpintero. 

De la misma manera, un verdadero hijo de Dios peca, pero no continuamente. No es su estilo de vida. Él no practica el pecado. 

Se puede comparar un cristiano con una oveja que cae en el lodo. Para nada está a gusto en el lodo. Su mayor anhelo es levantarse y sacudirse del lodo. Pero, ¿qué hace un cerdo cuando cae en el lodo? ¡Le encanta! Por naturaleza él hasta, ¡busca el lodo y cuando lo encuentra, se acomoda y lo disfruta! Tú puedes bañar a un cerdo y hasta ponerle un moño para que se vea bonito y limpio por fuera, pero por dentro es igual. Y a la primera oportunidad buscará el lodo, porque así es su naturaleza.

Pregúntate: ¿Cuál es mi naturaleza? ¿Disfruto el pecado? o cuando caigo, ¿estoy incómodo y deseo salirme? Según tu respuesta, ya sabes si eres hijo de Dios o no. Y cuando ya hayas resuelto este asunto, descansa en el amor del Padre aun cuando seas inmaduro, aun cuando “metas la pata”, ¡aun cuando caigas en el pecado!

Leía sobre alguien que decía que Dios no es tomado por sorpresa por tu pecado, a Dios no lo decepcionas, como que de repente un día cometiste un pecado y Dios dijo: “¿Cómo puede ser posible? Me has decepcionado, no esperaba esto de ti”. ¿Tú crees que puedes tomar a Dios por sorpresa? Él sabe tu condición, sabe que eres polvo, Él conoce tus debilidades. Puedes decepcionar a alguien que no es omnisciente y que no conoce todo, pero Dios conoce hasta el más profundo de tus pensamientos. ¿Crees que lo vas a decepcionar cuando metes la pata? ¡No! 

Algunos creen que es peligroso enseñar tanta gracia y perdón. Temen que la gente lo tomará como una libertad para hacer lo que les da la gana, después venir al Señor y pedir perdón, para luego volver a vivir en libertinaje. Pero no es así, puesto que Dios nos dio una naturaleza nueva al momento que nacimos de nuevo. Y con esta naturaleza nueva, no podemos disfrutar el pecar. 

Él toma en cuenta tus buenas intenciones

Déjame decirte algo y espero que entre en tu espíritu. Jesús dijo que el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró. Él no estaba hablando de la acción física del adulterio, sino de la intención del corazón. Esto quiere decir que la intención de nuestro corazón para Dios es tan importante como nuestras acciones, ¿verdad? No obstante, lo relacionamos únicamente con lo malo.

¿Qué de nuestras buenas intenciones, qué de nuestros buenos deseos, qué de nuestra hambre por la santidad y por la justicia, aunque fallemos? ¿Crees que Dios no ve eso? ¿Crees que no ve las intenciones de nuestro corazón? ¿Crees que no ve los momentos cuando lloras desesperado diciendo: “No quería caer en esto, pero pequé, no me cuidé en esta área, pero, tú Señor, conoces el anhelo de mi corazón”. Y Dios sí lo conoce, Él conoce tus intenciones. 

El diablo se ha ocupado en hacernos ver las intenciones negativas. Pero todos los buenos deseos, todas las buenas intenciones de tu corazón, Dios las ve. Él no se va a decepcionar de ti, porque Él conoce el deseo que hay en tu corazón.

Ahora, cuando se van esos deseos de agradarle, de ser rectos y santos, entonces sí, estamos en problemas. Si empezamos a deleitarnos en el pecado y nos hundimos en él, hay un problema ahí. Pero, cuando hay un deseo en nosotros por santidad, Dios toma en cuenta cada uno de nuestros deseos.

Aun cuando nos rebelamos

Vemos el amor incambiable de Dios en una manera hermosa e impresionante en el libro de Oseas 3:1. Allí Dios declaró que aún amaba a su pueblo aunque se volvieran a dioses ajenos. A través de todo el mensaje del profeta, el Señor muestra qué tan constante es su amor para su pueblo, aun cuando ellos le despreciaron y persistían en rebelarse contra Él.

En otra versión Oseas 11:8 dice: “¿Cómo puedo abandonarles? Mi corazón no me permite hacerlo. Mi amor por ustedes es demasiado fuerte”. 

A través de los siglos Dios les había enviado advertencias, pero a menudo rehusaron escuchar. Finalmente, envió fuerte castigo, pero aun esto fue evidencia de su amor. Su actitud durante todo el tiempo fue: ¿Cómo puedo abandonarles? O, ¿cómo puedo permitirles ir? Él no puede abandonarnos. Cómo me consuela que aun cuando permito que otras cosas sean más importantes que Él, aun cuando tropiezo, ¡Él sigue amándome! Aun cuando tiene que disciplinarme, no deja de amarme.

El amor de Dios es perfecto, de modo que no mengua, no crece, no baja, es el mismo amor. Si no fuera así, no sería el amor perfecto. Dios no te puede amar más mañana de lo que te ama hoy. Él te ama porque Él es amor. La esencia de Dios es amar, y el apóstol Juan lo expresa así:

1 Juan 3:1

 “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios...”.

Estaba asombrado Juan y con toda la razón del mundo. ¡Cómo puede ser posible! Él está diciendo: ¡Miren qué amor tan grande Dios tiene por nosotros, al hacernos hijos de Él!

Temo que realmente no hemos captado la grandeza de la obra de Jesús en la cruz. Isaías dice que el Señor cargó en Él el pecado de todos nosotros (53:6). Él llevó todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Por lo tanto, si tú has confiado en Jesús como tu Salvador, ya no hay ninguna condenación ni culpa del pecado (Romanos 8:1). No solo esto, Él se hizo pecado para que nosotros recibiéramos su justicia.

 2 Corintios 5:21 

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

Esto quiere decir que cuando Dios nos ve, Él nos ve justos, ¡tal como si nunca hubiéramos pecado! ¡Qué maravillosa salvación!

Dios es amor, pero, ¿qué significa?

Antes de concluir este tema, tenemos que preguntarnos qué significan realmente las palabras de 1 Juan 4:8:

 “… Dios es amor”. 

Para ello, es importante entender el contexto de la epístola de Juan. Él está escribiendo sobre la seguridad de nuestra salvación, para ayudar a los creyentes que luchaban para saber si eran salvos o no. 

1 Juan 5:13

 “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”.

Pero a la vez quería destruir la seguridad falsa de algunos que profesaban creer en Cristo pero por su conducta comprueban que no le conocen. Por lo tanto, él escribe:

1 Juan 1:6 

“Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad”.

1 Juan 2:4

“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él”.

Y Juan sigue diciendo:

1 Juan 4:8

 “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”.

Un erudito inglés del siglo pasado, Martín Lloyd-Jones, declaró:

Tristemente, muchos de nosotros hemos encontrado algunos que profesan fe en Jesús que no son nada amables, ni benignos, siempre critican y atacan a otros, odian y no perdonan. ¡Cómo mi corazón se duele por ellos, porque están demostrando que no han nacido de nuevo, que están fuera de la voluntad de Dios! Y si no se arrepienten no hay esperanza para ellos. La fe genuina siempre se demuestra por el amor.

La cruz es la prueba máxima del amor divino

La Biblia no dice; “Dios es amor” y luego nos deja a la imaginación qué significa. No, Juan explica el amor de Dios con  los términos de sacrificio y propiciación por el pecado. 

1Juan 4:10 

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a  Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

A menudo hay personas, bien intencionadas, que dicen: “Ya que Dios es amor, no me interesa la teología, o la doctrina”. Pero la doctrina o enseñanza de la muerte de Jesucristo en la cruz, en sacrificio por nuestros pecados, el significado de la palabra “propiciación” es el mero corazón del evangelio.

El evangelio, o Buenas Nuevas, no es que Dios esté dispuesto simplemente a olvidar el pecado, porque esto comprometería su santidad y justicia. Puesto que Dios es justo y recto, tiene que castigar al pecado. Alguien tuvo que morir. Y Dios, quien es amor, al enviar a su Hijo para morir en nuestro lugar, fue la expresión más alta del amor divino. Si tu sentido de justicia está indignado, porque un inocente murió por un culpable, ¡qué bueno! ¡Debemos estar sorprendidos! ¡Debemos estar asombrados! Solo así podremos empezar a comprender la grandeza del precio que, ¡Dios pagó para manifestar su amor!

Jesús ve tu situación

Necesitas saber que Jesús está contigo en medio de las tormentas de la vida. No sé por qué situación estás pasando en este momento, no sé si estás enfermo, si tienes problemas familiares y a lo mejor has estado clamando a Dios y posiblemente piensas que Él es totalmente ajeno a lo que te está sucediendo.

Fijémonos en Marcos capítulo 6, versículos 45 y 46:

“En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar”. 

Alguien ha dicho que nuestra vida es como una travesía en barca, tenemos un destino eterno y somos como peregrinos y extranjeros rumbo a ese destino. Mira lo que dice el versículo 47: 

“Y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra”. 

La noche ha venido para muchos de nosotros, en ocasiones viene en forma de una enfermedad u otros problemas. 

Pero ya en el monte, Jesús estaba consciente de lo que les pasaba:

 “...viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario”. 

Ahora, nota lo que sucede. Al leer el capítulo anterior te das cuenta que ellos subieron a la barca aproximadamente a las seis de la tarde, cuando apenas estaba oscureciendo. Luego dice: 

“...cerca de la cuarta vigilia de la noche...”.

 La noche llega en la primera vigilia, de seis a nueve. Dice que Él los estaba viendo desde el monte, pero no es sino hasta la cuarta vigilia de la noche, es decir de tres a seis de la mañana, cuando Él viene a ellos.

Quiero decirte que la cuarta vigilia te llegará a ti. Tal vez digas, ¿pero por qué Dios ha esperado tanto tiempo para socorrerme? ¿Por qué Dios ha esperado tanto tiempo para venir a mi auxilio? Él no te ha ignorado, Él te ha estado viendo. Él intercede delante del Padre por cada uno de nosotros, pero a la cuarta vigilia de la noche Él viene y se hace presente en nuestra necesidad. 

Él viene porque te ama, y te está enseñando dependencia de Él, te está enseñando confianza en Él. No has estado solo, aunque hay ocasiones cuando sentirás como que Él no está. El profeta dice que es el Dios que se esconde (Salmos 13:1) o hace como que se esconde a veces, esperando el clamor de nosotros sus hijos. Pero cuando Él sube a la barca, calma los vientos.

El amor de Dios, incomprensible

Alguien escribió: 

El que Dios desee compañerismo con nosotros es uno de los sucesos más impresionantes en las Escrituras. De hecho, es tan sorprendente y asombroso que es sumamente difícil para nosotros asimilarlo. ¡Que Dios permitiera a su creación tener comunión con Él es en sí maravilloso! Pero, el hecho de que Él lo desea, que le provee gozo y placer, es demasiado para nuestro entendimiento.

 Amado lector, si nunca has experimentado ese asombroso amor del Padre, puedes empezar una relación personal con Él, a través de su Hijo Jesucristo. 

1 Juan 4:10 

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a  Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

Hay además algo que es de eterno valor que tienes que considerar: Tu eterna salvación. Hay que nacer de nuevo. Debes convertirte en un seguidor de Jesús,  arrepentirte de todo pecado;  confesándolo, odiándolo y abandonándolo.

Jesús dijo a Nicodemo; un líder espiritual en Jerusalén: Tienes que nacer de nuevo si quieres ver el reino de Dios y entrar en él.

Hay que experimentar una verdadera conversión a Jesucristo por el poder del Espíritu Santo. Sólo repetir una oración que alguien dirija, no va a darte salvación. Tienes que nacer de el Espíritu Santo.

Los seguidores de Jesús le aman, le siguen, le obedecen.

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Por: Jes�s Adri�n Romero y Gloria Richards
Miércoles 26 de Febrero, 2020

Dios encuentra placer en nosotros 

Así como cualquier buen padre terrenal se goza en dar cosas a sus hijos, Dios, nuestro Padre, se deleita en bendecirnos. Pero, no solo se deleita en bendecirnos, sino que, ¡se deleita en nosotros mismos! ¿Te habías puesto a pensar en eso, que Dios se deleita en ti, que Dios encuentra placer en ti? ¿No es asombroso?

Sofonías 3:17 NVI 

“...Se deleitará en ti con gozo,  te renovará con su amor,se alegrará por ti con cantos”.                               

Salmos 149:4 

“Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo...”.

Isaías 65:19 

“Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo...”.

Isaías 62:4,5 

“...porque el amor de Jehová estará en ti… y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo”.

En este mismo momento, ¿por qué no declaras estas palabras?: “Dios se deleita en mí”; “Dios encuentra contentamiento en mí”; “Dios encuentra placer en mí”.

 La razón por la cual muchos tenemos problemas para captar y verdaderamente creer esta tremenda verdad, es por la imagen preconcebida que tenemos de Dios.  

Hemos tenido un concepto de un Dios severo, recio, duro, apático o seco y sin emoción alguna. Pero la verdad es que la Biblia nos presenta a un Dios muy diferente: Un Dios que tiene sentimientos, un Dios que puede ser herido, un Dios con un corazón que duele, un Dios que ama y que se deleita en nosotros, sus hijos.

El día del bautismo de Jesús, el Padre hizo esta declaración: “Tú eres mi hijo amado, en ti tengo complacencia”. Otras versiones dicen: “En ti me deleito”, “en ti tengo placer”. Probablemente no te sorprende que Dios tuvo placer en su Hijo Jesús, pero mira lo que Jesús dijo cuando estaba orando al Padre en Juan 17: 23

“…Los has amado a ellos, como también a mí me has amado”. 

¡Si esta verdad no te sorprende, yo no sé qué lo puede hacer! “Los has amado a ellos, como también me has amado”. ¡Dios nos ama de la misma manera que ama a su Hijo Jesús, y también se deleita en nosotros en la misma medida! ¡Qué impresionante!

La razón por la que podemos entender que el Padre se deleitaba en Jesús, es porque Él era perfecto, era su Hijo desde la eternidad, sin mancha y sin pecado. Era obediente y oraba todos los días, así que, ¡Jesús tenía los méritos para ser amado! 

¿El amor de Dios se gana con puntos?

Pero, ¿Dios se deleita en nosotros de esa misma manera? Aquí es donde entra el problema de la mayoría de nosotros; Creemos que el amor de Dios se gana con puntos, que se gana con méritos. Creemos que Dios nos ama menos si le desobedecemos, o nos ama más si le obedecemos. Claro que hay consecuencias cuando desobedecemos y Dios honra a los que obedecen, pero creer que su amor se disminuye o se aumenta es antibíblico. 

Cuando mis hijos desobedecen, les disciplino o les castigo, pero no les amo menos. De la misma manera, por más que tú ayunes, por más que ores, por más que leas la Biblia, no harás que Dios te ame más. No me malentiendas, tu relación con Dios se puede mejorar a través de todas estas prácticas, pero haciéndolas no harás que Dios te ame más.

El Salmo 103:17 dice que el amor del Señor es eterno. En algunas versiones dice que su misericordia es desde la eternidad hasta la eternidad. ¡Ese es un tiempo largo! Desde la eternidad, aun antes de que yo naciera, Él vio hacia delante y puso su amor sobre mí. 

Obviamente, no me amó por algo que yo había hecho. Él puso su amor sobre mí antes de que hubiera hecho ni bien ni mal. Por lo tanto, en medio de mis luchas, mis fallas, no tengo que pensar: “Ay, Dios mío, ¿todavía me amas?”. Su amor no se basa en nuestra dignidad, sino en su propia naturaleza. 

Isaías 54:10 

“Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia...”.

Algunos grupos cristianos infunden tanto temor en la gente, enseñando que cuando uno peca o comete un error, Dios lo desecha y pierde su salvación. ¡Con razón estas personas no pueden disfrutar la vida cristiana y gozarse en el amor de Dios! Posiblemente tú has creído esta mentira.

¿Inmaduro o rebelde?  

Es importante entender que existe una gran diferencia entre la inmadurez y la rebelión. Esto lo comprobamos al ver la escena de la última cena de Jesús con sus discípulos en Juan 13. Hablando directamente a Pedro, Jesús le dice:

 “…y vosotros limpios estáis, aunque no todos”. 

Obviamente, se refería a Judas, cuando dijo “no todos”, porque él tenía un corazón traicionero. Pero pensemos en Pedro, quien estaba por negarle tres veces dentro de unas cuantas horas. Antes del día de Pentecostés, Pedro fue un hombre inmaduro y a menudo “metía la pata”. Sin embargo y eso es muy, muy importante, Jesús le dijo que él, juntamente con los otros diez discípulos, eran limpios. ¡Ser inmaduro no significa que uno no tiene un corazón limpio!

Cuando Jesús estaba en el huerto de Getsemaní y los tres discípulos no podían velar y orar, Él declaró una verdad, para ellos y para nosotros, “el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Jesús entendía la contradicción dentro de Pedro, porque Él entendía la condición humana. 

Salmo 103:14 

“Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo”.

Es difícil para muchos captar el hecho de que Dios nos ama y se deleita en nosotros, ¡aun cuando somos inmaduros y nos tropezamos! Pero, aun cuando Pedro tropezó, el Señor no dejó de amarle y de llamarle “limpio”. 

Esto no quiere decir que no importa si pecamos. Claro que el pecado nos afecta y nos perjudica, pero el Señor sigue amándonos. Como alguien dijo, Dios nos ama, tal como somos, pero nos ama demasiado para dejarnos tal como somos. Por eso, Él traerá la convicción del Espíritu Santo, y usará circunstancias difíciles para incomodarnos, quitando nuestro gozo y paz, haciendo todo lo posible para que crezcamos y para que abandonemos el pecado. 

Escucha bien: El amor genuino que Pedro tenía por Jesús le calificó para ser escogido como uno de los doce apóstoles, ¡no fue porque nunca fuera a tropezarse!

¿Oveja o cerdo?

El creer que uno pierde el amor del Padre cuando peca, es tan arraigado en mucha gente, que es necesario hablar más del asunto. Juan escribió que si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso (1 Juan. 1:10). A la vez, él dice: 

1 Juan 3:9

 “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado…”.

 ¿No son contradictorias estas dos declaraciones? 

La palabra clave aquí es “practica”. Pensemos en un carpintero: Él practica diariamente la carpintería. De vez en cuando, como la mayoría de los hombres, yo levanto un martillo o un serrucho para reparar una puerta o algo en mi casa. Sin embargo, solo porque de vez en cuando uso un martillo, no me hace un carpintero. 

De la misma manera, un verdadero hijo de Dios peca, pero no continuamente. No es su estilo de vida. Él no practica el pecado. 

Se puede comparar un cristiano con una oveja que cae en el lodo. Para nada está a gusto en el lodo. Su mayor anhelo es levantarse y sacudirse del lodo. Pero, ¿qué hace un cerdo cuando cae en el lodo? ¡Le encanta! Por naturaleza él hasta, ¡busca el lodo y cuando lo encuentra, se acomoda y lo disfruta! Tú puedes bañar a un cerdo y hasta ponerle un moño para que se vea bonito y limpio por fuera, pero por dentro es igual. Y a la primera oportunidad buscará el lodo, porque así es su naturaleza.

Pregúntate: ¿Cuál es mi naturaleza? ¿Disfruto el pecado? o cuando caigo, ¿estoy incómodo y deseo salirme? Según tu respuesta, ya sabes si eres hijo de Dios o no. Y cuando ya hayas resuelto este asunto, descansa en el amor del Padre aun cuando seas inmaduro, aun cuando “metas la pata”, ¡aun cuando caigas en el pecado!

Leía sobre alguien que decía que Dios no es tomado por sorpresa por tu pecado, a Dios no lo decepcionas, como que de repente un día cometiste un pecado y Dios dijo: “¿Cómo puede ser posible? Me has decepcionado, no esperaba esto de ti”. ¿Tú crees que puedes tomar a Dios por sorpresa? Él sabe tu condición, sabe que eres polvo, Él conoce tus debilidades. Puedes decepcionar a alguien que no es omnisciente y que no conoce todo, pero Dios conoce hasta el más profundo de tus pensamientos. ¿Crees que lo vas a decepcionar cuando metes la pata? ¡No! 

Algunos creen que es peligroso enseñar tanta gracia y perdón. Temen que la gente lo tomará como una libertad para hacer lo que les da la gana, después venir al Señor y pedir perdón, para luego volver a vivir en libertinaje. Pero no es así, puesto que Dios nos dio una naturaleza nueva al momento que nacimos de nuevo. Y con esta naturaleza nueva, no podemos disfrutar el pecar. 

Él toma en cuenta tus buenas intenciones

Déjame decirte algo y espero que entre en tu espíritu. Jesús dijo que el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró. Él no estaba hablando de la acción física del adulterio, sino de la intención del corazón. Esto quiere decir que la intención de nuestro corazón para Dios es tan importante como nuestras acciones, ¿verdad? No obstante, lo relacionamos únicamente con lo malo.

¿Qué de nuestras buenas intenciones, qué de nuestros buenos deseos, qué de nuestra hambre por la santidad y por la justicia, aunque fallemos? ¿Crees que Dios no ve eso? ¿Crees que no ve las intenciones de nuestro corazón? ¿Crees que no ve los momentos cuando lloras desesperado diciendo: “No quería caer en esto, pero pequé, no me cuidé en esta área, pero, tú Señor, conoces el anhelo de mi corazón”. Y Dios sí lo conoce, Él conoce tus intenciones. 

El diablo se ha ocupado en hacernos ver las intenciones negativas. Pero todos los buenos deseos, todas las buenas intenciones de tu corazón, Dios las ve. Él no se va a decepcionar de ti, porque Él conoce el deseo que hay en tu corazón.

Ahora, cuando se van esos deseos de agradarle, de ser rectos y santos, entonces sí, estamos en problemas. Si empezamos a deleitarnos en el pecado y nos hundimos en él, hay un problema ahí. Pero, cuando hay un deseo en nosotros por santidad, Dios toma en cuenta cada uno de nuestros deseos.

Aun cuando nos rebelamos

Vemos el amor incambiable de Dios en una manera hermosa e impresionante en el libro de Oseas 3:1. Allí Dios declaró que aún amaba a su pueblo aunque se volvieran a dioses ajenos. A través de todo el mensaje del profeta, el Señor muestra qué tan constante es su amor para su pueblo, aun cuando ellos le despreciaron y persistían en rebelarse contra Él.

En otra versión Oseas 11:8 dice: “¿Cómo puedo abandonarles? Mi corazón no me permite hacerlo. Mi amor por ustedes es demasiado fuerte”. 

A través de los siglos Dios les había enviado advertencias, pero a menudo rehusaron escuchar. Finalmente, envió fuerte castigo, pero aun esto fue evidencia de su amor. Su actitud durante todo el tiempo fue: ¿Cómo puedo abandonarles? O, ¿cómo puedo permitirles ir? Él no puede abandonarnos. Cómo me consuela que aun cuando permito que otras cosas sean más importantes que Él, aun cuando tropiezo, ¡Él sigue amándome! Aun cuando tiene que disciplinarme, no deja de amarme.

El amor de Dios es perfecto, de modo que no mengua, no crece, no baja, es el mismo amor. Si no fuera así, no sería el amor perfecto. Dios no te puede amar más mañana de lo que te ama hoy. Él te ama porque Él es amor. La esencia de Dios es amar, y el apóstol Juan lo expresa así:

1 Juan 3:1

 “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios...”.

Estaba asombrado Juan y con toda la razón del mundo. ¡Cómo puede ser posible! Él está diciendo: ¡Miren qué amor tan grande Dios tiene por nosotros, al hacernos hijos de Él!

Temo que realmente no hemos captado la grandeza de la obra de Jesús en la cruz. Isaías dice que el Señor cargó en Él el pecado de todos nosotros (53:6). Él llevó todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Por lo tanto, si tú has confiado en Jesús como tu Salvador, ya no hay ninguna condenación ni culpa del pecado (Romanos 8:1). No solo esto, Él se hizo pecado para que nosotros recibiéramos su justicia.

 2 Corintios 5:21 

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

Esto quiere decir que cuando Dios nos ve, Él nos ve justos, ¡tal como si nunca hubiéramos pecado! ¡Qué maravillosa salvación!

Dios es amor, pero, ¿qué significa?

Antes de concluir este tema, tenemos que preguntarnos qué significan realmente las palabras de 1 Juan 4:8:

 “… Dios es amor”. 

Para ello, es importante entender el contexto de la epístola de Juan. Él está escribiendo sobre la seguridad de nuestra salvación, para ayudar a los creyentes que luchaban para saber si eran salvos o no. 

1 Juan 5:13

 “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”.

Pero a la vez quería destruir la seguridad falsa de algunos que profesaban creer en Cristo pero por su conducta comprueban que no le conocen. Por lo tanto, él escribe:

1 Juan 1:6 

“Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad”.

1 Juan 2:4

“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él”.

Y Juan sigue diciendo:

1 Juan 4:8

 “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”.

Un erudito inglés del siglo pasado, Martín Lloyd-Jones, declaró:

Tristemente, muchos de nosotros hemos encontrado algunos que profesan fe en Jesús que no son nada amables, ni benignos, siempre critican y atacan a otros, odian y no perdonan. ¡Cómo mi corazón se duele por ellos, porque están demostrando que no han nacido de nuevo, que están fuera de la voluntad de Dios! Y si no se arrepienten no hay esperanza para ellos. La fe genuina siempre se demuestra por el amor.

La cruz es la prueba máxima del amor divino

La Biblia no dice; “Dios es amor” y luego nos deja a la imaginación qué significa. No, Juan explica el amor de Dios con  los términos de sacrificio y propiciación por el pecado. 

1Juan 4:10 

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a  Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

A menudo hay personas, bien intencionadas, que dicen: “Ya que Dios es amor, no me interesa la teología, o la doctrina”. Pero la doctrina o enseñanza de la muerte de Jesucristo en la cruz, en sacrificio por nuestros pecados, el significado de la palabra “propiciación” es el mero corazón del evangelio.

El evangelio, o Buenas Nuevas, no es que Dios esté dispuesto simplemente a olvidar el pecado, porque esto comprometería su santidad y justicia. Puesto que Dios es justo y recto, tiene que castigar al pecado. Alguien tuvo que morir. Y Dios, quien es amor, al enviar a su Hijo para morir en nuestro lugar, fue la expresión más alta del amor divino. Si tu sentido de justicia está indignado, porque un inocente murió por un culpable, ¡qué bueno! ¡Debemos estar sorprendidos! ¡Debemos estar asombrados! Solo así podremos empezar a comprender la grandeza del precio que, ¡Dios pagó para manifestar su amor!

Jesús ve tu situación

Necesitas saber que Jesús está contigo en medio de las tormentas de la vida. No sé por qué situación estás pasando en este momento, no sé si estás enfermo, si tienes problemas familiares y a lo mejor has estado clamando a Dios y posiblemente piensas que Él es totalmente ajeno a lo que te está sucediendo.

Fijémonos en Marcos capítulo 6, versículos 45 y 46:

“En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar”. 

Alguien ha dicho que nuestra vida es como una travesía en barca, tenemos un destino eterno y somos como peregrinos y extranjeros rumbo a ese destino. Mira lo que dice el versículo 47: 

“Y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra”. 

La noche ha venido para muchos de nosotros, en ocasiones viene en forma de una enfermedad u otros problemas. 

Pero ya en el monte, Jesús estaba consciente de lo que les pasaba:

 “...viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario”. 

Ahora, nota lo que sucede. Al leer el capítulo anterior te das cuenta que ellos subieron a la barca aproximadamente a las seis de la tarde, cuando apenas estaba oscureciendo. Luego dice: 

“...cerca de la cuarta vigilia de la noche...”.

 La noche llega en la primera vigilia, de seis a nueve. Dice que Él los estaba viendo desde el monte, pero no es sino hasta la cuarta vigilia de la noche, es decir de tres a seis de la mañana, cuando Él viene a ellos.

Quiero decirte que la cuarta vigilia te llegará a ti. Tal vez digas, ¿pero por qué Dios ha esperado tanto tiempo para socorrerme? ¿Por qué Dios ha esperado tanto tiempo para venir a mi auxilio? Él no te ha ignorado, Él te ha estado viendo. Él intercede delante del Padre por cada uno de nosotros, pero a la cuarta vigilia de la noche Él viene y se hace presente en nuestra necesidad. 

Él viene porque te ama, y te está enseñando dependencia de Él, te está enseñando confianza en Él. No has estado solo, aunque hay ocasiones cuando sentirás como que Él no está. El profeta dice que es el Dios que se esconde (Salmos 13:1) o hace como que se esconde a veces, esperando el clamor de nosotros sus hijos. Pero cuando Él sube a la barca, calma los vientos.

El amor de Dios, incomprensible

Alguien escribió: 

El que Dios desee compañerismo con nosotros es uno de los sucesos más impresionantes en las Escrituras. De hecho, es tan sorprendente y asombroso que es sumamente difícil para nosotros asimilarlo. ¡Que Dios permitiera a su creación tener comunión con Él es en sí maravilloso! Pero, el hecho de que Él lo desea, que le provee gozo y placer, es demasiado para nuestro entendimiento.

 Amado lector, si nunca has experimentado ese asombroso amor del Padre, puedes empezar una relación personal con Él, a través de su Hijo Jesucristo. 

1 Juan 4:10 

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a  Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

Hay además algo que es de eterno valor que tienes que considerar: Tu eterna salvación. Hay que nacer de nuevo. Debes convertirte en un seguidor de Jesús,  arrepentirte de todo pecado;  confesándolo, odiándolo y abandonándolo.

Jesús dijo a Nicodemo; un líder espiritual en Jerusalén: Tienes que nacer de nuevo si quieres ver el reino de Dios y entrar en él.

Hay que experimentar una verdadera conversión a Jesucristo por el poder del Espíritu Santo. Sólo repetir una oración que alguien dirija, no va a darte salvación. Tienes que nacer de el Espíritu Santo.

Los seguidores de Jesús le aman, le siguen, le obedecen.

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