Tú Puedes ser Sanado II



Publicado el:
Martes 11 de Agosto, 2020

El poder de nuestra confesión

Salomón escribió: 

Proverbios 18:21

 “La muerte y la vida están en poder de la lengua...” 

Él se dio cuenta del poder que hay en lo que decimos.  

Jesús también habló del poder de la confesión: 

Marcos 11:23

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere... y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.

Esta poderosa verdad funcionará para ti. El Hermano T. L. Osborn, quien ha sido usado grandemente en campañas de sanidad divina, dijo lo siguiente: 

Hay tres cosas que tienen que ser consideradas en la enfermedad: Primero, lo que dicen los síntomas; segundo, lo que dice la Palabra de Dios; tercero, lo que tú dices. Que tu propia confesión esté de acuerdo con la Palabra y no de acuerdo con lo que dicen los síntomas. Háblalo en fe y, ¡lo que tú digas será hecho!

Romanos 10:8

“...Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón...”.

Algunos dicen: “Pero sería una mentira si confieso que por sus llagas soy sano, cuando todavía estoy enfermo”. Recuerda lo que la Escritura dice de Abraham, el padre de la fe, que él llamó a las cosas que no son, como si fuesen (Romanos 4:17).

¡Hay poder en tu boca para atar o para liberar!

Un joven echó mano de la verdad de la confesión:

Cuando Esteban Wilson, el hijo de los pastores W. L. y Leonie Wilson, tenía 19 años se enfermó con piedras en la vesícula, pero el doctor se equivocó en el diagnóstico, causando que su páncreas dejara de funcionar. Por algunos días Esteban estuvo en el hospital en El Paso, Texas, entre la vida y la muerte, gravísimo con pancreatitis. Al darnos cuenta, inmediatamente Victor fue al hospital para orar por él. Pero antes de orar, le compartió una verdad bíblica: 

Isaías 53:4-5 

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades... y por su llaga fuimos nosotros curados”. 

Aún en su condición débil y gravísima, Esteban echó mano de esta verdad, comenzó a confesarla y creerla. Al día siguiente se sentía mucho mejor, tanto que le pidió a su mamá una hamburguesa. El doctor le había ordenado estrictamente no comer nada con grasa, así que una hamburguesa hubiera sido lo peor. 

Sin embargo, este joven insistía en que Dios ya le había sanado y aunque los médicos dijeron que era un fanático religioso y que estaba loco, no pudieron desanimarle en su fe. 

Finalmente, uno de los médicos le dijo a la señora Wilson: 

Estoy convencido de que este joven tiene algo que muchos no tenemos: Una fe real en un Dios de poder. Vamos a concederle su petición de comer una hamburguesa.

Como no se enfermó, hicieron nuevos estudios y para su sorpresa, ¡ya no tenía piedras y su páncreas estaba totalmente normal!

¿Cuál es la confesión de tu boca? ¿Estás declarando cosas como: “Probablemente este dolor de estómago es cáncer”, “mi artritis me está atacando otra vez, igual como a mi tía”? 

O, ¿la declaración de tu boca es algo así: “Gracias, Señor, que tú eres Yaweh Rafah, el Señor que sana… Como prometiste a tu pueblo Israel, a mí también me prometes quitar toda enfermedad de en medio de mí… “Ciertamente llevó Él mis enfermedades, y sufrió mis dolores, y por su llaga yo fui curado”?

Apocalipsis 12:11 dice: 

“Y ellos le han vencido (al diablo) por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos...”.  

¡Qué poderosa verdad: Que podemos vencer al diablo, no solo por medio de la sangre de Cristo, sino también por dar testimonio o declarar con nuestra boca la Palabra de Dios!

Algunas de las objeciones

Como Victor y yo fuimos bien adoctrinados en la incredulidad y “expertos” en refutar a los que creían en los milagros hoy en día, estábamos muy familiarizados con todas las objeciones. A menudo escuchábamos frases como:

1. “La enfermedad fue una bendición en mi vida porque tuve mucho tiempo para leer la Biblia”, o “mi esposo aceptó a Cristo a raíz de mi enfermedad”.

Obviamente, Dios puede tornar cualquier cosa, aun las tragedias de la vida, en bendición, por lo cual es común que las personas expresen haber sido bendecidas por medio de una enfermedad. Sin embargo, la voluntad perfecta de Dios es que tengas salud, así como prospera tu alma (3 Juan 2). Jesús declaró que el ladrón es satanás, quien vino para robar, matar y destruir (Juan 10:10), mientras que Él (Jesús) vino para darnos vida abundante.

Después de sanar a una mujer en el día de reposo, que provocó crítica de los líderes religiosos, Jesús dijo: 

Lucas 13:16

 “Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?”.

Según Jesucristo ¿quién había atado a esta pobre mujer? ¡satanás!

¿No te parece irónico que, en los días de Jesús, Él sanaba y el diablo ataba o traía la enfermedad, pero ahora, según algunas personas, el papel es a la inversa, es decir, ahora es Dios quien trae la enfermedad? 

2. “Glorifico a Dios por la manera que sufro con paciencia”. “Tal vez Dios me ha escogido para sufrir como Job”.

La Biblia habla mucho de sufrir por Cristo, pero siempre en el contexto de sufrir persecución o burla por nuestra fe. Es el hombre que ha inventado la doctrina de que el sufrimiento corporal tiene valor en sí para santificarnos. 

En relación con Job, notemos varios factores en cuanto a su vida. En primer lugar, no había revelación en el Antiguo Testamento sobre la obra de satanás. Siempre debemos interpretar el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento y no viceversa. Job no conoció la verdad de satanás revelada en Juan 10:10.

En segundo lugar, Job mismo dijo: 

“Me ha sobrevenido lo que yo temí”.

 El mismo temor abre la puerta a satanás y nos puede suceder lo que tememos. Proverbios 10:24 dice:

 “Lo que el impío teme, eso le vendrá…”.  

En tercer lugar, el sufrimiento de Job no ocupó toda su vida, sino que fue un tiempo relativamente corto, y después fue sanado y bendecido múltiples veces.

3. “Mi enfermedad es una prueba de Dios, Él me la envió para enseñarme algo”.  

Obviamente, Dios puede enseñarnos algo de toda experiencia en la vida, incluyendo de los ataques de satanás. Sin embargo, mientras pensemos que la enfermedad es “una prueba de Dios”, sería un pecado tratar de sanarse. Imagínate lo que esto implica: Si la enfermedad es de Dios, uno no debiera ir con un médico o tomar medicina para sanarse, ¡puesto que es algo “enviado por Dios”! Las Escrituras no enseñan que la enfermedad es una prueba de Dios.

Es importante notar en los evangelios que vez tras vez dice que sanaba a todos. (Mateo 4:23; Mateo 8:16; Lucas 6:19). Si Dios tuviera algunas personas escogidas para sufrir enfermedad, ¿no es lógico que muy de vez en cuando Jesús hubiera encontrado a alguien que hubiera tenido que decirles: “No te voy a sanar porque mi Padre te ha enviado esta enfermedad para enseñarte algo”?

4. “Posiblemente mi enfermedad es un “aguijón en la carne” como Dios le envió a San Pablo”.

En primer lugar, existen malentendidos en cuanto a qué era el aguijón en la carne. Cada cita que usa esta expresión se refiere a personas, enemigos y nunca a enfermedades. En el libro de Números, Dios dice a los israelitas que, si no echaran fuera a los enemigos, serían como aguijón en sus ojos y espinas en sus costados (33:55). Años después Josué dice que las naciones paganas llegarían a ser un aguijón en sus ojos. Sin excepción, un “aguijón” se refiere a personas, no enfermedades. 

Sabemos cuánto tuvo que sufrir Pablo por el evangelio. En varias ocasiones él enumeró todos sus sufrimientos: Persecuciones, hambre y sed, desnudez, peligros, naufragios, azotado con varas... y más, pero ni una vez menciona “enfermedad” entre la lista. Puesto que el “aguijón” de Pablo no le impedía orar en fe para que todos fueran sanados en la isla de Melita y otros lugares, tampoco debemos permitir que nada nos impida orar en fe por los enfermos.

En segundo lugar, Pablo aclara la razón que le fue dado este “aguijón”: “para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente”, puesto que él había sido arrebatado hasta el tercer cielo, viendo y escuchando cosas demasiado maravillosas.

Yo me pregunto si las personas que dicen que su enfermedad es enviada por Dios como “aguijón en la carne”, han tenido tantas revelaciones sobrenaturales como Pablo, que necesitan algo que les mantenga humildes. 

5. “¿Cómo puede ser la voluntad perfecta de Dios sanar a todos, si grandes hombres de fe se han muerto por terribles enfermedades?”.

Siempre habrá misterios que no entenderemos en esta vida y este es uno de ellos. Nos preguntamos ¿cómo puede ser que un hombre como John G. Lake, quien Dios usó grandemente en campañas de sanidad, murió a la edad de 64 años de una embolia? 

Smith Wigglesworth, quien ha sido llamado el “apóstol de la fe” por los muchos milagros extraordinarios que acompañaban a su ministerio, sufrió varios años con piedras en los riñones, aunque finalmente en un proceso lento, pasaron por su cuerpo.

Como muchas otras personas, Víctor y yo también hemos luchado con estas interrogaciones, pero hemos llegado a una conclusión: No sabemos, ni tenemos que saber, por qué Fulano o Mengano sufrió o murió prematuramente. ¡Basamos nuestra creencia y nuestra fe en lo dicho por el Señor, no en las experiencias de otra persona! Seguimos creyendo lo que dice en Hechos 10:38 

“...Jesús de Nazaret… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo…”.

Conocemos a un pastor mexicano que desde joven empezó su ministerio con campañas de sanidad divina. Entonces un día se le murió su niño. En vez de tomar pasos hacia atrás, él declaró a satanás: “Diablo, ¡no voy a dejar de predicar el mismo mensaje!”. Fue una lucha difícil, pero continuó predicando que Cristo sana y a través de los años multitudes fueron salvos y sanos en sus cruzadas. 

Hace algunos años el Hermano Wayne Myers, quien Dios ha usado grandemente en milagros y sanidades aquí en México, tuvo cáncer de la piel y fue necesario que el cirujano quitara un pedacito de su oreja para injertarlo en su nariz. Recuerdo que hablando con él por teléfono mientras estaba en el hospital, algunas de sus primeras palabras fueron: “Maldito diablo, ¡quería robarme la vida, pero solo pudo llevarse un pedacito de mi oreja!”. 

Algo que nos impresionó a Victor y a mí y lo dijimos a nuestro querido amigo fue: “Que bueno que no cambiaste de doctrina en medio de esta situación desagradable”. Al experimentar lo que experimentó el Hermano Myers, mucha gente hubiera dicho que era la voluntad de Dios en vez de insistir que satanás lo había enviado. 

No permitas ser robado de la gran bendición de la sanidad corporal por ser una persona incrédula. Cristo Jesús sanaba antes y sigue sanando hoy. Aprópiate de las promesas de Dios para tu salud. ¡Él quiere tocarte en este momento!

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 “La muerte y la vida están en poder de la lengua...” 

Él se dio cuenta del poder que hay en lo que decimos.  

Jesús también habló del poder de la confesión: 

Marcos 11:23

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere... y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.

Esta poderosa verdad funcionará para ti. El Hermano T. L. Osborn, quien ha sido usado grandemente en campañas de sanidad divina, dijo lo siguiente: 

Hay tres cosas que tienen que ser consideradas en la enfermedad: Primero, lo que dicen los síntomas; segundo, lo que dice la Palabra de Dios; tercero, lo que tú dices. Que tu propia confesión esté de acuerdo con la Palabra y no de acuerdo con lo que dicen los síntomas. Háblalo en fe y, ¡lo que tú digas será hecho!

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Algunos dicen: “Pero sería una mentira si confieso que por sus llagas soy sano, cuando todavía estoy enfermo”. Recuerda lo que la Escritura dice de Abraham, el padre de la fe, que él llamó a las cosas que no son, como si fuesen (Romanos 4:17).

¡Hay poder en tu boca para atar o para liberar!

Un joven echó mano de la verdad de la confesión:

Cuando Esteban Wilson, el hijo de los pastores W. L. y Leonie Wilson, tenía 19 años se enfermó con piedras en la vesícula, pero el doctor se equivocó en el diagnóstico, causando que su páncreas dejara de funcionar. Por algunos días Esteban estuvo en el hospital en El Paso, Texas, entre la vida y la muerte, gravísimo con pancreatitis. Al darnos cuenta, inmediatamente Victor fue al hospital para orar por él. Pero antes de orar, le compartió una verdad bíblica: 

Isaías 53:4-5 

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades... y por su llaga fuimos nosotros curados”. 

Aún en su condición débil y gravísima, Esteban echó mano de esta verdad, comenzó a confesarla y creerla. Al día siguiente se sentía mucho mejor, tanto que le pidió a su mamá una hamburguesa. El doctor le había ordenado estrictamente no comer nada con grasa, así que una hamburguesa hubiera sido lo peor. 

Sin embargo, este joven insistía en que Dios ya le había sanado y aunque los médicos dijeron que era un fanático religioso y que estaba loco, no pudieron desanimarle en su fe. 

Finalmente, uno de los médicos le dijo a la señora Wilson: 

Estoy convencido de que este joven tiene algo que muchos no tenemos: Una fe real en un Dios de poder. Vamos a concederle su petición de comer una hamburguesa.

Como no se enfermó, hicieron nuevos estudios y para su sorpresa, ¡ya no tenía piedras y su páncreas estaba totalmente normal!

¿Cuál es la confesión de tu boca? ¿Estás declarando cosas como: “Probablemente este dolor de estómago es cáncer”, “mi artritis me está atacando otra vez, igual como a mi tía”? 

O, ¿la declaración de tu boca es algo así: “Gracias, Señor, que tú eres Yaweh Rafah, el Señor que sana… Como prometiste a tu pueblo Israel, a mí también me prometes quitar toda enfermedad de en medio de mí… “Ciertamente llevó Él mis enfermedades, y sufrió mis dolores, y por su llaga yo fui curado”?

Apocalipsis 12:11 dice: 

“Y ellos le han vencido (al diablo) por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos...”.  

¡Qué poderosa verdad: Que podemos vencer al diablo, no solo por medio de la sangre de Cristo, sino también por dar testimonio o declarar con nuestra boca la Palabra de Dios!

Algunas de las objeciones

Como Victor y yo fuimos bien adoctrinados en la incredulidad y “expertos” en refutar a los que creían en los milagros hoy en día, estábamos muy familiarizados con todas las objeciones. A menudo escuchábamos frases como:

1. “La enfermedad fue una bendición en mi vida porque tuve mucho tiempo para leer la Biblia”, o “mi esposo aceptó a Cristo a raíz de mi enfermedad”.

Obviamente, Dios puede tornar cualquier cosa, aun las tragedias de la vida, en bendición, por lo cual es común que las personas expresen haber sido bendecidas por medio de una enfermedad. Sin embargo, la voluntad perfecta de Dios es que tengas salud, así como prospera tu alma (3 Juan 2). Jesús declaró que el ladrón es satanás, quien vino para robar, matar y destruir (Juan 10:10), mientras que Él (Jesús) vino para darnos vida abundante.

Después de sanar a una mujer en el día de reposo, que provocó crítica de los líderes religiosos, Jesús dijo: 

Lucas 13:16

 “Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?”.

Según Jesucristo ¿quién había atado a esta pobre mujer? ¡satanás!

¿No te parece irónico que, en los días de Jesús, Él sanaba y el diablo ataba o traía la enfermedad, pero ahora, según algunas personas, el papel es a la inversa, es decir, ahora es Dios quien trae la enfermedad? 

2. “Glorifico a Dios por la manera que sufro con paciencia”. “Tal vez Dios me ha escogido para sufrir como Job”.

La Biblia habla mucho de sufrir por Cristo, pero siempre en el contexto de sufrir persecución o burla por nuestra fe. Es el hombre que ha inventado la doctrina de que el sufrimiento corporal tiene valor en sí para santificarnos. 

En relación con Job, notemos varios factores en cuanto a su vida. En primer lugar, no había revelación en el Antiguo Testamento sobre la obra de satanás. Siempre debemos interpretar el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento y no viceversa. Job no conoció la verdad de satanás revelada en Juan 10:10.

En segundo lugar, Job mismo dijo: 

“Me ha sobrevenido lo que yo temí”.

 El mismo temor abre la puerta a satanás y nos puede suceder lo que tememos. Proverbios 10:24 dice:

 “Lo que el impío teme, eso le vendrá…”.  

En tercer lugar, el sufrimiento de Job no ocupó toda su vida, sino que fue un tiempo relativamente corto, y después fue sanado y bendecido múltiples veces.

3. “Mi enfermedad es una prueba de Dios, Él me la envió para enseñarme algo”.  

Obviamente, Dios puede enseñarnos algo de toda experiencia en la vida, incluyendo de los ataques de satanás. Sin embargo, mientras pensemos que la enfermedad es “una prueba de Dios”, sería un pecado tratar de sanarse. Imagínate lo que esto implica: Si la enfermedad es de Dios, uno no debiera ir con un médico o tomar medicina para sanarse, ¡puesto que es algo “enviado por Dios”! Las Escrituras no enseñan que la enfermedad es una prueba de Dios.

Es importante notar en los evangelios que vez tras vez dice que sanaba a todos. (Mateo 4:23; Mateo 8:16; Lucas 6:19). Si Dios tuviera algunas personas escogidas para sufrir enfermedad, ¿no es lógico que muy de vez en cuando Jesús hubiera encontrado a alguien que hubiera tenido que decirles: “No te voy a sanar porque mi Padre te ha enviado esta enfermedad para enseñarte algo”?

4. “Posiblemente mi enfermedad es un “aguijón en la carne” como Dios le envió a San Pablo”.

En primer lugar, existen malentendidos en cuanto a qué era el aguijón en la carne. Cada cita que usa esta expresión se refiere a personas, enemigos y nunca a enfermedades. En el libro de Números, Dios dice a los israelitas que, si no echaran fuera a los enemigos, serían como aguijón en sus ojos y espinas en sus costados (33:55). Años después Josué dice que las naciones paganas llegarían a ser un aguijón en sus ojos. Sin excepción, un “aguijón” se refiere a personas, no enfermedades. 

Sabemos cuánto tuvo que sufrir Pablo por el evangelio. En varias ocasiones él enumeró todos sus sufrimientos: Persecuciones, hambre y sed, desnudez, peligros, naufragios, azotado con varas... y más, pero ni una vez menciona “enfermedad” entre la lista. Puesto que el “aguijón” de Pablo no le impedía orar en fe para que todos fueran sanados en la isla de Melita y otros lugares, tampoco debemos permitir que nada nos impida orar en fe por los enfermos.

En segundo lugar, Pablo aclara la razón que le fue dado este “aguijón”: “para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente”, puesto que él había sido arrebatado hasta el tercer cielo, viendo y escuchando cosas demasiado maravillosas.

Yo me pregunto si las personas que dicen que su enfermedad es enviada por Dios como “aguijón en la carne”, han tenido tantas revelaciones sobrenaturales como Pablo, que necesitan algo que les mantenga humildes. 

5. “¿Cómo puede ser la voluntad perfecta de Dios sanar a todos, si grandes hombres de fe se han muerto por terribles enfermedades?”.

Siempre habrá misterios que no entenderemos en esta vida y este es uno de ellos. Nos preguntamos ¿cómo puede ser que un hombre como John G. Lake, quien Dios usó grandemente en campañas de sanidad, murió a la edad de 64 años de una embolia? 

Smith Wigglesworth, quien ha sido llamado el “apóstol de la fe” por los muchos milagros extraordinarios que acompañaban a su ministerio, sufrió varios años con piedras en los riñones, aunque finalmente en un proceso lento, pasaron por su cuerpo.

Como muchas otras personas, Víctor y yo también hemos luchado con estas interrogaciones, pero hemos llegado a una conclusión: No sabemos, ni tenemos que saber, por qué Fulano o Mengano sufrió o murió prematuramente. ¡Basamos nuestra creencia y nuestra fe en lo dicho por el Señor, no en las experiencias de otra persona! Seguimos creyendo lo que dice en Hechos 10:38 

“...Jesús de Nazaret… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo…”.

Conocemos a un pastor mexicano que desde joven empezó su ministerio con campañas de sanidad divina. Entonces un día se le murió su niño. En vez de tomar pasos hacia atrás, él declaró a satanás: “Diablo, ¡no voy a dejar de predicar el mismo mensaje!”. Fue una lucha difícil, pero continuó predicando que Cristo sana y a través de los años multitudes fueron salvos y sanos en sus cruzadas. 

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“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere... y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.

Esta poderosa verdad funcionará para ti. El Hermano T. L. Osborn, quien ha sido usado grandemente en campañas de sanidad divina, dijo lo siguiente: 

Hay tres cosas que tienen que ser consideradas en la enfermedad: Primero, lo que dicen los síntomas; segundo, lo que dice la Palabra de Dios; tercero, lo que tú dices. Que tu propia confesión esté de acuerdo con la Palabra y no de acuerdo con lo que dicen los síntomas. Háblalo en fe y, ¡lo que tú digas será hecho!

Romanos 10:8

“...Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón...”.

Algunos dicen: “Pero sería una mentira si confieso que por sus llagas soy sano, cuando todavía estoy enfermo”. Recuerda lo que la Escritura dice de Abraham, el padre de la fe, que él llamó a las cosas que no son, como si fuesen (Romanos 4:17).

¡Hay poder en tu boca para atar o para liberar!

Un joven echó mano de la verdad de la confesión:

Cuando Esteban Wilson, el hijo de los pastores W. L. y Leonie Wilson, tenía 19 años se enfermó con piedras en la vesícula, pero el doctor se equivocó en el diagnóstico, causando que su páncreas dejara de funcionar. Por algunos días Esteban estuvo en el hospital en El Paso, Texas, entre la vida y la muerte, gravísimo con pancreatitis. Al darnos cuenta, inmediatamente Victor fue al hospital para orar por él. Pero antes de orar, le compartió una verdad bíblica: 

Isaías 53:4-5 

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades... y por su llaga fuimos nosotros curados”. 

Aún en su condición débil y gravísima, Esteban echó mano de esta verdad, comenzó a confesarla y creerla. Al día siguiente se sentía mucho mejor, tanto que le pidió a su mamá una hamburguesa. El doctor le había ordenado estrictamente no comer nada con grasa, así que una hamburguesa hubiera sido lo peor. 

Sin embargo, este joven insistía en que Dios ya le había sanado y aunque los médicos dijeron que era un fanático religioso y que estaba loco, no pudieron desanimarle en su fe. 

Finalmente, uno de los médicos le dijo a la señora Wilson: 

Estoy convencido de que este joven tiene algo que muchos no tenemos: Una fe real en un Dios de poder. Vamos a concederle su petición de comer una hamburguesa.

Como no se enfermó, hicieron nuevos estudios y para su sorpresa, ¡ya no tenía piedras y su páncreas estaba totalmente normal!

¿Cuál es la confesión de tu boca? ¿Estás declarando cosas como: “Probablemente este dolor de estómago es cáncer”, “mi artritis me está atacando otra vez, igual como a mi tía”? 

O, ¿la declaración de tu boca es algo así: “Gracias, Señor, que tú eres Yaweh Rafah, el Señor que sana… Como prometiste a tu pueblo Israel, a mí también me prometes quitar toda enfermedad de en medio de mí… “Ciertamente llevó Él mis enfermedades, y sufrió mis dolores, y por su llaga yo fui curado”?

Apocalipsis 12:11 dice: 

“Y ellos le han vencido (al diablo) por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos...”.  

¡Qué poderosa verdad: Que podemos vencer al diablo, no solo por medio de la sangre de Cristo, sino también por dar testimonio o declarar con nuestra boca la Palabra de Dios!

Algunas de las objeciones

Como Victor y yo fuimos bien adoctrinados en la incredulidad y “expertos” en refutar a los que creían en los milagros hoy en día, estábamos muy familiarizados con todas las objeciones. A menudo escuchábamos frases como:

1. “La enfermedad fue una bendición en mi vida porque tuve mucho tiempo para leer la Biblia”, o “mi esposo aceptó a Cristo a raíz de mi enfermedad”.

Obviamente, Dios puede tornar cualquier cosa, aun las tragedias de la vida, en bendición, por lo cual es común que las personas expresen haber sido bendecidas por medio de una enfermedad. Sin embargo, la voluntad perfecta de Dios es que tengas salud, así como prospera tu alma (3 Juan 2). Jesús declaró que el ladrón es satanás, quien vino para robar, matar y destruir (Juan 10:10), mientras que Él (Jesús) vino para darnos vida abundante.

Después de sanar a una mujer en el día de reposo, que provocó crítica de los líderes religiosos, Jesús dijo: 

Lucas 13:16

 “Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?”.

Según Jesucristo ¿quién había atado a esta pobre mujer? ¡satanás!

¿No te parece irónico que, en los días de Jesús, Él sanaba y el diablo ataba o traía la enfermedad, pero ahora, según algunas personas, el papel es a la inversa, es decir, ahora es Dios quien trae la enfermedad? 

2. “Glorifico a Dios por la manera que sufro con paciencia”. “Tal vez Dios me ha escogido para sufrir como Job”.

La Biblia habla mucho de sufrir por Cristo, pero siempre en el contexto de sufrir persecución o burla por nuestra fe. Es el hombre que ha inventado la doctrina de que el sufrimiento corporal tiene valor en sí para santificarnos. 

En relación con Job, notemos varios factores en cuanto a su vida. En primer lugar, no había revelación en el Antiguo Testamento sobre la obra de satanás. Siempre debemos interpretar el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento y no viceversa. Job no conoció la verdad de satanás revelada en Juan 10:10.

En segundo lugar, Job mismo dijo: 

“Me ha sobrevenido lo que yo temí”.

 El mismo temor abre la puerta a satanás y nos puede suceder lo que tememos. Proverbios 10:24 dice:

 “Lo que el impío teme, eso le vendrá…”.  

En tercer lugar, el sufrimiento de Job no ocupó toda su vida, sino que fue un tiempo relativamente corto, y después fue sanado y bendecido múltiples veces.

3. “Mi enfermedad es una prueba de Dios, Él me la envió para enseñarme algo”.  

Obviamente, Dios puede enseñarnos algo de toda experiencia en la vida, incluyendo de los ataques de satanás. Sin embargo, mientras pensemos que la enfermedad es “una prueba de Dios”, sería un pecado tratar de sanarse. Imagínate lo que esto implica: Si la enfermedad es de Dios, uno no debiera ir con un médico o tomar medicina para sanarse, ¡puesto que es algo “enviado por Dios”! Las Escrituras no enseñan que la enfermedad es una prueba de Dios.

Es importante notar en los evangelios que vez tras vez dice que sanaba a todos. (Mateo 4:23; Mateo 8:16; Lucas 6:19). Si Dios tuviera algunas personas escogidas para sufrir enfermedad, ¿no es lógico que muy de vez en cuando Jesús hubiera encontrado a alguien que hubiera tenido que decirles: “No te voy a sanar porque mi Padre te ha enviado esta enfermedad para enseñarte algo”?

4. “Posiblemente mi enfermedad es un “aguijón en la carne” como Dios le envió a San Pablo”.

En primer lugar, existen malentendidos en cuanto a qué era el aguijón en la carne. Cada cita que usa esta expresión se refiere a personas, enemigos y nunca a enfermedades. En el libro de Números, Dios dice a los israelitas que, si no echaran fuera a los enemigos, serían como aguijón en sus ojos y espinas en sus costados (33:55). Años después Josué dice que las naciones paganas llegarían a ser un aguijón en sus ojos. Sin excepción, un “aguijón” se refiere a personas, no enfermedades. 

Sabemos cuánto tuvo que sufrir Pablo por el evangelio. En varias ocasiones él enumeró todos sus sufrimientos: Persecuciones, hambre y sed, desnudez, peligros, naufragios, azotado con varas... y más, pero ni una vez menciona “enfermedad” entre la lista. Puesto que el “aguijón” de Pablo no le impedía orar en fe para que todos fueran sanados en la isla de Melita y otros lugares, tampoco debemos permitir que nada nos impida orar en fe por los enfermos.

En segundo lugar, Pablo aclara la razón que le fue dado este “aguijón”: “para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente”, puesto que él había sido arrebatado hasta el tercer cielo, viendo y escuchando cosas demasiado maravillosas.

Yo me pregunto si las personas que dicen que su enfermedad es enviada por Dios como “aguijón en la carne”, han tenido tantas revelaciones sobrenaturales como Pablo, que necesitan algo que les mantenga humildes. 

5. “¿Cómo puede ser la voluntad perfecta de Dios sanar a todos, si grandes hombres de fe se han muerto por terribles enfermedades?”.

Siempre habrá misterios que no entenderemos en esta vida y este es uno de ellos. Nos preguntamos ¿cómo puede ser que un hombre como John G. Lake, quien Dios usó grandemente en campañas de sanidad, murió a la edad de 64 años de una embolia? 

Smith Wigglesworth, quien ha sido llamado el “apóstol de la fe” por los muchos milagros extraordinarios que acompañaban a su ministerio, sufrió varios años con piedras en los riñones, aunque finalmente en un proceso lento, pasaron por su cuerpo.

Como muchas otras personas, Víctor y yo también hemos luchado con estas interrogaciones, pero hemos llegado a una conclusión: No sabemos, ni tenemos que saber, por qué Fulano o Mengano sufrió o murió prematuramente. ¡Basamos nuestra creencia y nuestra fe en lo dicho por el Señor, no en las experiencias de otra persona! Seguimos creyendo lo que dice en Hechos 10:38 

“...Jesús de Nazaret… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo…”.

Conocemos a un pastor mexicano que desde joven empezó su ministerio con campañas de sanidad divina. Entonces un día se le murió su niño. En vez de tomar pasos hacia atrás, él declaró a satanás: “Diablo, ¡no voy a dejar de predicar el mismo mensaje!”. Fue una lucha difícil, pero continuó predicando que Cristo sana y a través de los años multitudes fueron salvos y sanos en sus cruzadas. 

Hace algunos años el Hermano Wayne Myers, quien Dios ha usado grandemente en milagros y sanidades aquí en México, tuvo cáncer de la piel y fue necesario que el cirujano quitara un pedacito de su oreja para injertarlo en su nariz. Recuerdo que hablando con él por teléfono mientras estaba en el hospital, algunas de sus primeras palabras fueron: “Maldito diablo, ¡quería robarme la vida, pero solo pudo llevarse un pedacito de mi oreja!”. 

Algo que nos impresionó a Victor y a mí y lo dijimos a nuestro querido amigo fue: “Que bueno que no cambiaste de doctrina en medio de esta situación desagradable”. Al experimentar lo que experimentó el Hermano Myers, mucha gente hubiera dicho que era la voluntad de Dios en vez de insistir que satanás lo había enviado. 

No permitas ser robado de la gran bendición de la sanidad corporal por ser una persona incrédula. Cristo Jesús sanaba antes y sigue sanando hoy. Aprópiate de las promesas de Dios para tu salud. ¡Él quiere tocarte en este momento!

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