BARAK BARAK II



Publicado el:
Martes 8 de Septiembre, 2020

BENDICIÓN POR ESTAR EN SU PRESENCIA

Leemos en 1 Crónicas 13:14

“Y el arca de Dios estuvo con la familia de Obed-edom, en su casa, tres meses; y bendijo Jehová la casa de Obed-edom, y todo lo que tenía”.

Este versículo nos está hablando de cuando el rey David estaba trayendo el arca del pacto de regreso a Jerusalén. El arca del pacto era el lugar donde se manifestaba la presencia de Dios. Y David, en su búsqueda de la presencia de Dios decide traer el arca al centro de su reino. Pero en el camino algo sucede y tiene que dejarla en la casa de Obed-edom. 

Este hombre; Obed-Edom, era un filisteo, no pertenecía al pueblo de Dios, sin embargo, por alojar el arca del pacto en su casa, Dios lo bendice a él y a toda su casa, como lo acabas de leer en el versículo de 1 Crónicas. Eso explica porqué cuando llegas a un hogar donde se alaba a Dios, puedes sentir una paz increíble. Se debe a que la presencia de Dios está en ese lugar y por lo tanto, sólo porque tú entraste a ese lugar, a la presencia de Dios, tu vida es bendecida.

No se nos dice nada en la Biblia que indique que Obed-edom creyera en Jehová de los ejércitos, ni que hubiera hecho nada significante para recibir el arca, no se dice si adoró o no a Dios mientras el arca estuvo en su casa; sólo se nos dice que como el arca estaba en su casa, Jehová lo bendijo y a toda su casa junto con él. Donde quiera que esté la presencia de Dios habrá bendición.

Esto mismo pasaba cuando Moisés guiaba al pueblo de Israel a través del desierto. Mientras siguieran la columna de nube o la columna de fuego, no tenían de qué preocuparse. Mientras permanecían cerca de la presencia de Dios, todo lo que necesitaban era provisto por Él. Si tenían hambre, pues les daba maná. Si tenían sed, les daba agua que brotaba de la peña. Si se cansaban del maná, Dios les mandaba codornices. ¿Qué es lo que tenían que hacer? Sólo seguir la presencia de Dios. Si la columna se movía, sólo tenían que recoger sus cosas y caminar atrás de ella. Si la columna se detenía, entonces ahí desempacaban y se disponían a acampar, hasta que la nube se volviera a mover. Haciendo eso, tenían sombra durante el día, calor y luz durante la noche, comida por la mañana, su ropa no envejecía, su calzado no se desgastaba y tenían el privilegio de ver la mano de Dios, escuchaban Su voz cuando Moisés iba al monte a hablar con Él. Vivían una vida de bendiciones sólo por estar cerca de Su presencia.

¿Estás gozando de las bendiciones de vivir en Su presencia? ¿Qué tanto tiempo le dedicas a Él? ¿Le hablas? ¿Él te habla? ¿Estás siendo prosperado por encontrarte en Su presencia o estás caminando por tu propia senda apartado de Él? ¿Le estás siguiendo? ¿Estás en el camino de la bendición? ¿Estás haciendo de tu casa una habitación para Su presencia? No pierdas más el tiempo, ve y haz que la presencia de Dios llene tu casa y te lleguen las bendiciones.

BENDICIÓN POR TU ADORACIÓN

La Biblia nos da un ejemplo de esta bendición en los evangelios. Ellos nos narran de una ocasión en que Jesús estaba cenando con sus discípulos en casa de Simón el leproso, Marta estaba preparando la cena. Unas horas antes, Jesús les había dicho que en dos días él iba a ser crucificado, sin embargo parecía que nadie había entendido esas palabras, pues todos siguieron comiendo y platicando alegremente. Pero alguien sí había escuchado y sí había entendido. Sin advertencia alguna, María entró en el salón con un vaso de alabastro (un frasco sellado) lleno de un costoso perfume. Una libra de fragancia de nardo puro. Esa cantidad de perfume costaba aproximadamente el salario de una persona por un año de trabajo. María llegó delante de Jesús, rompió el vaso de alabastro y comenzó a derramar su contenido sobre la cabeza y los pies del Maestro. Después, con sus cabellos le limpió los pies. Todos se quedaron atónitos, el silencio reinó por un instante en la habitación, hasta que Judas Iscariote, aquel que traicionó a Jesús, gritó indignado: “¿Por qué no se vendió este perfume por 300 denarios y se les dio a los pobres?”. Sin embargo, Juan nos revela las verdaderas intenciones de Judas cuando dijo eso; “…dijo esto, no porque cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”.

También otros empezaron a hablar mal de María y criticaron su muestra de amor. En Marcos 14:4 leemos:

“Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?”.

¿¡Leíste bien!? ¡¡¡Lo llamaron desperdicio!!! Así es como reaccionan las personas que ven a Jesús como alguien agradable, pero que no lo aman profundamente; aquellas que lo adoran de dientes para afuera; aquellos que le dicen «te amo», pero no oran; aquellos que no sirven en su iglesia y no son humildes ante sus hermanos. Para ellos cualquier forma de adoración que no vaya de acuerdo a las tradiciones o que no sea comprendida por sus mentes finitas, entonces es juzgada y criticada. Cualquier cosa de gran valor que se le ofrezca, es considerado un desperdicio innecesario, esto puede ser un talento musical, una mente brillante o tu mismo corazón.

Lo he escuchado muchas veces en mi vida, he visto personas inteligentísimas que deciden servir y adorar a Dios siendo misioneros, luego las críticas empiezan a sonar: ¡Qué pérdida! ¡Qué desperdicio! O el hijo cuyos padres ya tienen planes para que sea doctor, ingeniero, licenciado o algo así, pero esos no son los planes que Dios tiene para su vida. Cuando crece, este hijo decide ser un pastor; entonces todos empiezan a decir: ¡Qué perdida! ¿Seguidores de Jesús? ¿Son estas personas de verdad seguidores de Jesús? Yo tengo mis dudas. Ellos, los de “compromiso superficial”, de seguro no obtendrán la bendición de Dios que viene por adorar de manera espontánea y real. El hecho de que algunas personas tengan grandes nombres, posiciones e incluso ministerios, no quiere decir que tengan corazones llenos de amor por Jesús. 

Recuerda lo que dice en Mateo 7:22-23 

“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Volvamos a nuestro ejemplo, a casa de Simón, después de la protesta de Judas, todo ojo se fijó en Jesús cuando empezó a hablar; de seguro iba a regañar a María por su imprudencia. Jesús había enseñado del hijo pródigo que se gastó todo lo que tenía en una vida desenfrenada, ¿o no? Y del siervo que desperdició las posesiones de su amo. Y después de alimentar a los cuatro mil y a los cinco mil, ¿no les había dado Jesús instrucciones a sus discípulos de que recogieran el pan y pescado que sobró para que nada se desperdiciara? Seguramente María estaba a punto de recibir el más duro regaño de su vida. Entonces Jesús habló. 

La respuesta de Jesús sorprendió al grupo, Jesús les dijo en Marcos 14:6-9: 

“Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella”. 

Ese día María recibió una bendición especial de parte de Dios. Una bendición por su adoración.

Hoy, la mayoría de los cristianos no se saben el nombre de los doce apóstoles, aquellos que estuvieron caminando junto a Jesús durante todo su ministerio. Varios de ellos ni se nombran en las predicaciones, no se habla de las acciones que hicieron, pero aún estamos escuchando enseñanzas sobre María de Betania y su singular acto de adoración, tal como lo dijo Jesús en esa comida. Y por tal adoración, ella obtuvo Su bendición.

¿Estás adorando a Dios de tal forma que Él se agrade y te bendiga por ello? ¿Te diriges a Dios por la cena y la comida que Él pone delante de ti o porque quieres encontrar Su corazón? ¿Cuándo adoras, llegas con manos vacías a pedir de Él o le ofreces un sacrificio, un don, un regalo? ¿Pasas más tiempo arreglando tu ropa para ir a la iglesia y verte presentable que preparando tu corazón para encontrarte con el Rey? Algunas de las bendiciones de Dios, sólo las puedes alcanzar por medio de la adoración. Disponte a adorar y disfruta de ellas. Disfruta de Su presencia, deja que Dios use tu nombre como ejemplo eterno de una adoración pura y agradable.

BENDICIÓN POR TU BÚSQUEDA

El recibir otras bendiciones de Dios va a depender de la actitud que tengas ante cualquier situación y la desesperación con que busques de Dios. El ejemplo más grande lo encontramos en la vida de David. Él escribe en Salmo 42:1-2 

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”.

Salmo 63:1-2 

“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario”. 

Y sigue en Salmos 63:8

“Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido”. 

David fue rey de Israel, y era un hombre a quien Dios describió como un varón conforme a Su corazón y aquí está en una búsqueda desesperada por más de Dios. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de ti? Quiero que notes que David está esperando el tiempo en que llegue la cita divina, esperando el momento de entrar en su cuarto en oración y descubrir más de Dios. Su desesperación la compara con la sed, así era la búsqueda de David por más de la presencia y bendición de Dios, la necesitaba como tú y yo necesitamos el agua.

El deseo de David era vivir pegado a Dios. No quería que nada lo llegara a separar de Él; ¡Dios era su necesidad! Yo quiero y necesito vivir así, ¿tú quieres vivir así?

También dijo en Salmo 84:2

“Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo”.

¿Puedes ver la gran ansiedad, la gran desesperación de David? “Ardientemente”, esto es algo que quema en su pecho cada vez que habla de Dios, algo arde dentro de sus venas cuando está en la presencia del Dios vivo. Y constantemente está buscando eso que quema, eso que arde, eso que lo consume y eso es la presencia del Altísimo. En estos versículos hemos visto que mientras David está en busca de la presencia de Dios es cuando encuentra la bendición, es resultado de buscar su presencia.

Oseas 6:3  también nos dice que;

“…conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”.

Oseas está diciendo yo conozco a Dios pero aún hay más que conocer, y por lo tanto prosigo en conocer; y luego conozco más y prosigo en conocer más de Jehová y así por siempre. Puede ser que tú ya conozcas a Dios, que ya hayas escuchado de Él, pero la verdad es que no conoces todo de Dios, por eso Oseas dice que proseguiremos en conocer a Dios. Oseas buscaba al Señor cada mañana. Si tú buscas a Dios cada mañana, Su bendición sobre tu vida será como el alba, así como el sol que va saliendo poco a poco hasta que alcanza su máximo esplendor. Yo quiero decirte ahora que hay bendiciones esperándote, si las buscas, las vas a encontrar. Te reto a meterte en una búsqueda incansable. Verás que vas a llegar a conocer más de quién es Dios, te vas a enamorar y vas a querer más de Su presencia y por lo tanto, las bendiciones de Dios no tardarán en llegar a tu vida. Busca Su presencia y encuentra las bendiciones.

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Este versículo nos está hablando de cuando el rey David estaba trayendo el arca del pacto de regreso a Jerusalén. El arca del pacto era el lugar donde se manifestaba la presencia de Dios. Y David, en su búsqueda de la presencia de Dios decide traer el arca al centro de su reino. Pero en el camino algo sucede y tiene que dejarla en la casa de Obed-edom. 

Este hombre; Obed-Edom, era un filisteo, no pertenecía al pueblo de Dios, sin embargo, por alojar el arca del pacto en su casa, Dios lo bendice a él y a toda su casa, como lo acabas de leer en el versículo de 1 Crónicas. Eso explica porqué cuando llegas a un hogar donde se alaba a Dios, puedes sentir una paz increíble. Se debe a que la presencia de Dios está en ese lugar y por lo tanto, sólo porque tú entraste a ese lugar, a la presencia de Dios, tu vida es bendecida.

No se nos dice nada en la Biblia que indique que Obed-edom creyera en Jehová de los ejércitos, ni que hubiera hecho nada significante para recibir el arca, no se dice si adoró o no a Dios mientras el arca estuvo en su casa; sólo se nos dice que como el arca estaba en su casa, Jehová lo bendijo y a toda su casa junto con él. Donde quiera que esté la presencia de Dios habrá bendición.

Esto mismo pasaba cuando Moisés guiaba al pueblo de Israel a través del desierto. Mientras siguieran la columna de nube o la columna de fuego, no tenían de qué preocuparse. Mientras permanecían cerca de la presencia de Dios, todo lo que necesitaban era provisto por Él. Si tenían hambre, pues les daba maná. Si tenían sed, les daba agua que brotaba de la peña. Si se cansaban del maná, Dios les mandaba codornices. ¿Qué es lo que tenían que hacer? Sólo seguir la presencia de Dios. Si la columna se movía, sólo tenían que recoger sus cosas y caminar atrás de ella. Si la columna se detenía, entonces ahí desempacaban y se disponían a acampar, hasta que la nube se volviera a mover. Haciendo eso, tenían sombra durante el día, calor y luz durante la noche, comida por la mañana, su ropa no envejecía, su calzado no se desgastaba y tenían el privilegio de ver la mano de Dios, escuchaban Su voz cuando Moisés iba al monte a hablar con Él. Vivían una vida de bendiciones sólo por estar cerca de Su presencia.

¿Estás gozando de las bendiciones de vivir en Su presencia? ¿Qué tanto tiempo le dedicas a Él? ¿Le hablas? ¿Él te habla? ¿Estás siendo prosperado por encontrarte en Su presencia o estás caminando por tu propia senda apartado de Él? ¿Le estás siguiendo? ¿Estás en el camino de la bendición? ¿Estás haciendo de tu casa una habitación para Su presencia? No pierdas más el tiempo, ve y haz que la presencia de Dios llene tu casa y te lleguen las bendiciones.

BENDICIÓN POR TU ADORACIÓN

La Biblia nos da un ejemplo de esta bendición en los evangelios. Ellos nos narran de una ocasión en que Jesús estaba cenando con sus discípulos en casa de Simón el leproso, Marta estaba preparando la cena. Unas horas antes, Jesús les había dicho que en dos días él iba a ser crucificado, sin embargo parecía que nadie había entendido esas palabras, pues todos siguieron comiendo y platicando alegremente. Pero alguien sí había escuchado y sí había entendido. Sin advertencia alguna, María entró en el salón con un vaso de alabastro (un frasco sellado) lleno de un costoso perfume. Una libra de fragancia de nardo puro. Esa cantidad de perfume costaba aproximadamente el salario de una persona por un año de trabajo. María llegó delante de Jesús, rompió el vaso de alabastro y comenzó a derramar su contenido sobre la cabeza y los pies del Maestro. Después, con sus cabellos le limpió los pies. Todos se quedaron atónitos, el silencio reinó por un instante en la habitación, hasta que Judas Iscariote, aquel que traicionó a Jesús, gritó indignado: “¿Por qué no se vendió este perfume por 300 denarios y se les dio a los pobres?”. Sin embargo, Juan nos revela las verdaderas intenciones de Judas cuando dijo eso; “…dijo esto, no porque cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”.

También otros empezaron a hablar mal de María y criticaron su muestra de amor. En Marcos 14:4 leemos:

“Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?”.

¿¡Leíste bien!? ¡¡¡Lo llamaron desperdicio!!! Así es como reaccionan las personas que ven a Jesús como alguien agradable, pero que no lo aman profundamente; aquellas que lo adoran de dientes para afuera; aquellos que le dicen «te amo», pero no oran; aquellos que no sirven en su iglesia y no son humildes ante sus hermanos. Para ellos cualquier forma de adoración que no vaya de acuerdo a las tradiciones o que no sea comprendida por sus mentes finitas, entonces es juzgada y criticada. Cualquier cosa de gran valor que se le ofrezca, es considerado un desperdicio innecesario, esto puede ser un talento musical, una mente brillante o tu mismo corazón.

Lo he escuchado muchas veces en mi vida, he visto personas inteligentísimas que deciden servir y adorar a Dios siendo misioneros, luego las críticas empiezan a sonar: ¡Qué pérdida! ¡Qué desperdicio! O el hijo cuyos padres ya tienen planes para que sea doctor, ingeniero, licenciado o algo así, pero esos no son los planes que Dios tiene para su vida. Cuando crece, este hijo decide ser un pastor; entonces todos empiezan a decir: ¡Qué perdida! ¿Seguidores de Jesús? ¿Son estas personas de verdad seguidores de Jesús? Yo tengo mis dudas. Ellos, los de “compromiso superficial”, de seguro no obtendrán la bendición de Dios que viene por adorar de manera espontánea y real. El hecho de que algunas personas tengan grandes nombres, posiciones e incluso ministerios, no quiere decir que tengan corazones llenos de amor por Jesús. 

Recuerda lo que dice en Mateo 7:22-23 

“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Volvamos a nuestro ejemplo, a casa de Simón, después de la protesta de Judas, todo ojo se fijó en Jesús cuando empezó a hablar; de seguro iba a regañar a María por su imprudencia. Jesús había enseñado del hijo pródigo que se gastó todo lo que tenía en una vida desenfrenada, ¿o no? Y del siervo que desperdició las posesiones de su amo. Y después de alimentar a los cuatro mil y a los cinco mil, ¿no les había dado Jesús instrucciones a sus discípulos de que recogieran el pan y pescado que sobró para que nada se desperdiciara? Seguramente María estaba a punto de recibir el más duro regaño de su vida. Entonces Jesús habló. 

La respuesta de Jesús sorprendió al grupo, Jesús les dijo en Marcos 14:6-9: 

“Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella”. 

Ese día María recibió una bendición especial de parte de Dios. Una bendición por su adoración.

Hoy, la mayoría de los cristianos no se saben el nombre de los doce apóstoles, aquellos que estuvieron caminando junto a Jesús durante todo su ministerio. Varios de ellos ni se nombran en las predicaciones, no se habla de las acciones que hicieron, pero aún estamos escuchando enseñanzas sobre María de Betania y su singular acto de adoración, tal como lo dijo Jesús en esa comida. Y por tal adoración, ella obtuvo Su bendición.

¿Estás adorando a Dios de tal forma que Él se agrade y te bendiga por ello? ¿Te diriges a Dios por la cena y la comida que Él pone delante de ti o porque quieres encontrar Su corazón? ¿Cuándo adoras, llegas con manos vacías a pedir de Él o le ofreces un sacrificio, un don, un regalo? ¿Pasas más tiempo arreglando tu ropa para ir a la iglesia y verte presentable que preparando tu corazón para encontrarte con el Rey? Algunas de las bendiciones de Dios, sólo las puedes alcanzar por medio de la adoración. Disponte a adorar y disfruta de ellas. Disfruta de Su presencia, deja que Dios use tu nombre como ejemplo eterno de una adoración pura y agradable.

BENDICIÓN POR TU BÚSQUEDA

El recibir otras bendiciones de Dios va a depender de la actitud que tengas ante cualquier situación y la desesperación con que busques de Dios. El ejemplo más grande lo encontramos en la vida de David. Él escribe en Salmo 42:1-2 

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”.

Salmo 63:1-2 

“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario”. 

Y sigue en Salmos 63:8

“Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido”. 

David fue rey de Israel, y era un hombre a quien Dios describió como un varón conforme a Su corazón y aquí está en una búsqueda desesperada por más de Dios. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de ti? Quiero que notes que David está esperando el tiempo en que llegue la cita divina, esperando el momento de entrar en su cuarto en oración y descubrir más de Dios. Su desesperación la compara con la sed, así era la búsqueda de David por más de la presencia y bendición de Dios, la necesitaba como tú y yo necesitamos el agua.

El deseo de David era vivir pegado a Dios. No quería que nada lo llegara a separar de Él; ¡Dios era su necesidad! Yo quiero y necesito vivir así, ¿tú quieres vivir así?

También dijo en Salmo 84:2

“Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo”.

¿Puedes ver la gran ansiedad, la gran desesperación de David? “Ardientemente”, esto es algo que quema en su pecho cada vez que habla de Dios, algo arde dentro de sus venas cuando está en la presencia del Dios vivo. Y constantemente está buscando eso que quema, eso que arde, eso que lo consume y eso es la presencia del Altísimo. En estos versículos hemos visto que mientras David está en busca de la presencia de Dios es cuando encuentra la bendición, es resultado de buscar su presencia.

Oseas 6:3  también nos dice que;

“…conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”.

Oseas está diciendo yo conozco a Dios pero aún hay más que conocer, y por lo tanto prosigo en conocer; y luego conozco más y prosigo en conocer más de Jehová y así por siempre. Puede ser que tú ya conozcas a Dios, que ya hayas escuchado de Él, pero la verdad es que no conoces todo de Dios, por eso Oseas dice que proseguiremos en conocer a Dios. Oseas buscaba al Señor cada mañana. Si tú buscas a Dios cada mañana, Su bendición sobre tu vida será como el alba, así como el sol que va saliendo poco a poco hasta que alcanza su máximo esplendor. Yo quiero decirte ahora que hay bendiciones esperándote, si las buscas, las vas a encontrar. Te reto a meterte en una búsqueda incansable. Verás que vas a llegar a conocer más de quién es Dios, te vas a enamorar y vas a querer más de Su presencia y por lo tanto, las bendiciones de Dios no tardarán en llegar a tu vida. Busca Su presencia y encuentra las bendiciones.

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Por: Victor Richards
Martes 8 de Septiembre, 2020

BENDICIÓN POR ESTAR EN SU PRESENCIA

Leemos en 1 Crónicas 13:14

“Y el arca de Dios estuvo con la familia de Obed-edom, en su casa, tres meses; y bendijo Jehová la casa de Obed-edom, y todo lo que tenía”.

Este versículo nos está hablando de cuando el rey David estaba trayendo el arca del pacto de regreso a Jerusalén. El arca del pacto era el lugar donde se manifestaba la presencia de Dios. Y David, en su búsqueda de la presencia de Dios decide traer el arca al centro de su reino. Pero en el camino algo sucede y tiene que dejarla en la casa de Obed-edom. 

Este hombre; Obed-Edom, era un filisteo, no pertenecía al pueblo de Dios, sin embargo, por alojar el arca del pacto en su casa, Dios lo bendice a él y a toda su casa, como lo acabas de leer en el versículo de 1 Crónicas. Eso explica porqué cuando llegas a un hogar donde se alaba a Dios, puedes sentir una paz increíble. Se debe a que la presencia de Dios está en ese lugar y por lo tanto, sólo porque tú entraste a ese lugar, a la presencia de Dios, tu vida es bendecida.

No se nos dice nada en la Biblia que indique que Obed-edom creyera en Jehová de los ejércitos, ni que hubiera hecho nada significante para recibir el arca, no se dice si adoró o no a Dios mientras el arca estuvo en su casa; sólo se nos dice que como el arca estaba en su casa, Jehová lo bendijo y a toda su casa junto con él. Donde quiera que esté la presencia de Dios habrá bendición.

Esto mismo pasaba cuando Moisés guiaba al pueblo de Israel a través del desierto. Mientras siguieran la columna de nube o la columna de fuego, no tenían de qué preocuparse. Mientras permanecían cerca de la presencia de Dios, todo lo que necesitaban era provisto por Él. Si tenían hambre, pues les daba maná. Si tenían sed, les daba agua que brotaba de la peña. Si se cansaban del maná, Dios les mandaba codornices. ¿Qué es lo que tenían que hacer? Sólo seguir la presencia de Dios. Si la columna se movía, sólo tenían que recoger sus cosas y caminar atrás de ella. Si la columna se detenía, entonces ahí desempacaban y se disponían a acampar, hasta que la nube se volviera a mover. Haciendo eso, tenían sombra durante el día, calor y luz durante la noche, comida por la mañana, su ropa no envejecía, su calzado no se desgastaba y tenían el privilegio de ver la mano de Dios, escuchaban Su voz cuando Moisés iba al monte a hablar con Él. Vivían una vida de bendiciones sólo por estar cerca de Su presencia.

¿Estás gozando de las bendiciones de vivir en Su presencia? ¿Qué tanto tiempo le dedicas a Él? ¿Le hablas? ¿Él te habla? ¿Estás siendo prosperado por encontrarte en Su presencia o estás caminando por tu propia senda apartado de Él? ¿Le estás siguiendo? ¿Estás en el camino de la bendición? ¿Estás haciendo de tu casa una habitación para Su presencia? No pierdas más el tiempo, ve y haz que la presencia de Dios llene tu casa y te lleguen las bendiciones.

BENDICIÓN POR TU ADORACIÓN

La Biblia nos da un ejemplo de esta bendición en los evangelios. Ellos nos narran de una ocasión en que Jesús estaba cenando con sus discípulos en casa de Simón el leproso, Marta estaba preparando la cena. Unas horas antes, Jesús les había dicho que en dos días él iba a ser crucificado, sin embargo parecía que nadie había entendido esas palabras, pues todos siguieron comiendo y platicando alegremente. Pero alguien sí había escuchado y sí había entendido. Sin advertencia alguna, María entró en el salón con un vaso de alabastro (un frasco sellado) lleno de un costoso perfume. Una libra de fragancia de nardo puro. Esa cantidad de perfume costaba aproximadamente el salario de una persona por un año de trabajo. María llegó delante de Jesús, rompió el vaso de alabastro y comenzó a derramar su contenido sobre la cabeza y los pies del Maestro. Después, con sus cabellos le limpió los pies. Todos se quedaron atónitos, el silencio reinó por un instante en la habitación, hasta que Judas Iscariote, aquel que traicionó a Jesús, gritó indignado: “¿Por qué no se vendió este perfume por 300 denarios y se les dio a los pobres?”. Sin embargo, Juan nos revela las verdaderas intenciones de Judas cuando dijo eso; “…dijo esto, no porque cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”.

También otros empezaron a hablar mal de María y criticaron su muestra de amor. En Marcos 14:4 leemos:

“Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?”.

¿¡Leíste bien!? ¡¡¡Lo llamaron desperdicio!!! Así es como reaccionan las personas que ven a Jesús como alguien agradable, pero que no lo aman profundamente; aquellas que lo adoran de dientes para afuera; aquellos que le dicen «te amo», pero no oran; aquellos que no sirven en su iglesia y no son humildes ante sus hermanos. Para ellos cualquier forma de adoración que no vaya de acuerdo a las tradiciones o que no sea comprendida por sus mentes finitas, entonces es juzgada y criticada. Cualquier cosa de gran valor que se le ofrezca, es considerado un desperdicio innecesario, esto puede ser un talento musical, una mente brillante o tu mismo corazón.

Lo he escuchado muchas veces en mi vida, he visto personas inteligentísimas que deciden servir y adorar a Dios siendo misioneros, luego las críticas empiezan a sonar: ¡Qué pérdida! ¡Qué desperdicio! O el hijo cuyos padres ya tienen planes para que sea doctor, ingeniero, licenciado o algo así, pero esos no son los planes que Dios tiene para su vida. Cuando crece, este hijo decide ser un pastor; entonces todos empiezan a decir: ¡Qué perdida! ¿Seguidores de Jesús? ¿Son estas personas de verdad seguidores de Jesús? Yo tengo mis dudas. Ellos, los de “compromiso superficial”, de seguro no obtendrán la bendición de Dios que viene por adorar de manera espontánea y real. El hecho de que algunas personas tengan grandes nombres, posiciones e incluso ministerios, no quiere decir que tengan corazones llenos de amor por Jesús. 

Recuerda lo que dice en Mateo 7:22-23 

“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Volvamos a nuestro ejemplo, a casa de Simón, después de la protesta de Judas, todo ojo se fijó en Jesús cuando empezó a hablar; de seguro iba a regañar a María por su imprudencia. Jesús había enseñado del hijo pródigo que se gastó todo lo que tenía en una vida desenfrenada, ¿o no? Y del siervo que desperdició las posesiones de su amo. Y después de alimentar a los cuatro mil y a los cinco mil, ¿no les había dado Jesús instrucciones a sus discípulos de que recogieran el pan y pescado que sobró para que nada se desperdiciara? Seguramente María estaba a punto de recibir el más duro regaño de su vida. Entonces Jesús habló. 

La respuesta de Jesús sorprendió al grupo, Jesús les dijo en Marcos 14:6-9: 

“Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella”. 

Ese día María recibió una bendición especial de parte de Dios. Una bendición por su adoración.

Hoy, la mayoría de los cristianos no se saben el nombre de los doce apóstoles, aquellos que estuvieron caminando junto a Jesús durante todo su ministerio. Varios de ellos ni se nombran en las predicaciones, no se habla de las acciones que hicieron, pero aún estamos escuchando enseñanzas sobre María de Betania y su singular acto de adoración, tal como lo dijo Jesús en esa comida. Y por tal adoración, ella obtuvo Su bendición.

¿Estás adorando a Dios de tal forma que Él se agrade y te bendiga por ello? ¿Te diriges a Dios por la cena y la comida que Él pone delante de ti o porque quieres encontrar Su corazón? ¿Cuándo adoras, llegas con manos vacías a pedir de Él o le ofreces un sacrificio, un don, un regalo? ¿Pasas más tiempo arreglando tu ropa para ir a la iglesia y verte presentable que preparando tu corazón para encontrarte con el Rey? Algunas de las bendiciones de Dios, sólo las puedes alcanzar por medio de la adoración. Disponte a adorar y disfruta de ellas. Disfruta de Su presencia, deja que Dios use tu nombre como ejemplo eterno de una adoración pura y agradable.

BENDICIÓN POR TU BÚSQUEDA

El recibir otras bendiciones de Dios va a depender de la actitud que tengas ante cualquier situación y la desesperación con que busques de Dios. El ejemplo más grande lo encontramos en la vida de David. Él escribe en Salmo 42:1-2 

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”.

Salmo 63:1-2 

“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario”. 

Y sigue en Salmos 63:8

“Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido”. 

David fue rey de Israel, y era un hombre a quien Dios describió como un varón conforme a Su corazón y aquí está en una búsqueda desesperada por más de Dios. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de ti? Quiero que notes que David está esperando el tiempo en que llegue la cita divina, esperando el momento de entrar en su cuarto en oración y descubrir más de Dios. Su desesperación la compara con la sed, así era la búsqueda de David por más de la presencia y bendición de Dios, la necesitaba como tú y yo necesitamos el agua.

El deseo de David era vivir pegado a Dios. No quería que nada lo llegara a separar de Él; ¡Dios era su necesidad! Yo quiero y necesito vivir así, ¿tú quieres vivir así?

También dijo en Salmo 84:2

“Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo”.

¿Puedes ver la gran ansiedad, la gran desesperación de David? “Ardientemente”, esto es algo que quema en su pecho cada vez que habla de Dios, algo arde dentro de sus venas cuando está en la presencia del Dios vivo. Y constantemente está buscando eso que quema, eso que arde, eso que lo consume y eso es la presencia del Altísimo. En estos versículos hemos visto que mientras David está en busca de la presencia de Dios es cuando encuentra la bendición, es resultado de buscar su presencia.

Oseas 6:3  también nos dice que;

“…conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”.

Oseas está diciendo yo conozco a Dios pero aún hay más que conocer, y por lo tanto prosigo en conocer; y luego conozco más y prosigo en conocer más de Jehová y así por siempre. Puede ser que tú ya conozcas a Dios, que ya hayas escuchado de Él, pero la verdad es que no conoces todo de Dios, por eso Oseas dice que proseguiremos en conocer a Dios. Oseas buscaba al Señor cada mañana. Si tú buscas a Dios cada mañana, Su bendición sobre tu vida será como el alba, así como el sol que va saliendo poco a poco hasta que alcanza su máximo esplendor. Yo quiero decirte ahora que hay bendiciones esperándote, si las buscas, las vas a encontrar. Te reto a meterte en una búsqueda incansable. Verás que vas a llegar a conocer más de quién es Dios, te vas a enamorar y vas a querer más de Su presencia y por lo tanto, las bendiciones de Dios no tardarán en llegar a tu vida. Busca Su presencia y encuentra las bendiciones.

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