Jesús de Nazaret



Publicado el:
Martes 15 de Junio, 2021

Jesús: humano y divino a la vez

La autora Eugenia Price cuenta de sí misma:

“A la edad de 33 años, casi había perdido todo interés en encontrar mi propósito en la vida. Había estudiado filosofías que expandieron mi mente, pero dejaron mi corazón frío. El estudiar las religiones del mundo me dejó exhausta. La metafísica me interesó al principio, pero yo espero mucho de la vida en cuanto a realización emocional y sus enseñanzas me dejaron vacía.

El budismo me aburrió, porque la meta de un budista es llegar al estado de ‘nirvana’ en donde uno no desea nada. Pronto me dí cuenta que nunca estaría satisfecha con nada. Yo quería algo de la vida, aun si me destruyera.

La filosofía de Confucio ocupó mi mente hora tras hora, pero mi corazón se sentía vacío. Me metía profundamente en todos los grupos de autorrealización y me entusiasmé con aquellos que creen que todo está en la mente. Experimenté la Nueva Era donde me enseñaron que el único dios que existe está dentro de uno.

Sin embargo, me encontraba inquieta, sin paz y con un terror a la muerte. Anhelaba adorar algo o a alguien. ¿Siempre estaría buscando, sin encontrar algo que me llenara?

Entonces, a través de unas circunstancias, descubrí para mi gran asombro que, ¡yo podía conocer a Dios, a través de su Hijo, Jesucristo!

Aquel día caí de rodillas, dándome cuenta que aunque yo no había pensado en Dios por diez largos años, Él sí se había fijado en mí. Tiernamente, Él esperaba hasta que yo hubiera probado todo lo demás y por fin volteara hacia Él. Pero mis inquietudes no habían terminado. Ahora creía que Él existía pero, ¿qué clase de Dios era? ¿Cómo podía tener la seguridad que alguien tan grande, que podía crear el universo, a la vez podía entenderme a mí... mis temores, mis debilidades? Finalmente me di cuenta que precisamente por esta razón, ¡Dios se hizo carne y vino a vivir como humano aquí en la tierra!”.

Por ser humano, puede entendernos

¿Has escuchado la palabra “encarnación”? ¿Sabes lo que significa? ¡Dios se hizo hombre! ¿Por qué era necesario que Dios se hiciera hombre? Únicamente así podía sentir y entender nuestra humanidad. Por ejemplo, Dios entiende nuestras tentaciones porque Jesús fue tentado en todo (Hebreos 4:15), sin embargo, nunca cedió. En treinta y tres años en la tierra el Hijo de Dios no sólo aprendió acerca de la tentación, sino también de la pobreza, los conflictos familiares, el rechazo, la traición y el dolor.

El autor de Hebreos nos dice que Jesús es nuestro sumo sacerdote o nuestro abogado “compasivo”. Hay una sola forma de aprender compasión o simpatía, como lo indica la raíz griega de la palabra, syn pathos, “sentir o sufrir con”. Debido a la encarnación, Dios nos entiende y escucha nuestras oraciones de una manera distinta, al haber vivido en la tierra y haber orado como débil ser humano.

En cierta manera Jesús parecía sentirse “en casa” aquí en la tierra, pero en otra manera se sentía indiscutiblemente “fuera de lugar”. Veamos dos acontecimientos que muestran su humanidad y divinidad a la vez, ocasiones que reflejan la naturaleza de Jesús de sentirse “en casa” y “fuera de lugar” al mismo tiempo.

Su naturaleza dual

¿Recuerdas la ocasión en que Jesús estuvo en una barca con sus discípulos y una tormenta se desató sobre el Mar de Galilea? Eran tan fuertes los vientos y las olas que casi se volteó la barca. Pero, ¿qué estaba haciendo el Maestro? Por estar tan cansado, ¡Él estaba dormido! Se cansaba como cualquier hombre, sin embargo, cuando los discípulos le despertaron, se levantó y habló al mar: “Calla, enmudece”. Y el mar se calmó.

Hasta el momento milagroso en que Jesús calló el mar, Él mismo, el Hijo de Dios, había sido “una víctima” más de la tormenta; al Creador de la nubes le llovió encima, el Hacedor de estrellas sintió calor y sudó bajo el sol palestino. Obviamente, ¡Él era Dios! Pero, de la encarnación, observamos que Dios se hizo vulnerable, susceptible.

¿Cuál fue la reacción de los doce? Se maravillaron diciendo: “¿Quién es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”. El hecho de que los discípulos se maravillaron al grado de sentir temor porque aun el mar le obedecía, nos da una idea de cómo era Jesús con ellos. Él no era un “místico” con sus ojos elevados al cielo orando todo el tiempo. Seguramente, había una autoridad que lo distinguía de los demás, pero a la vez, era “tanto como ellos” en la convivencia diaria, que batallaban con el concepto de que este hombre tan accesible y risueño fuera Dios.

Otra ocasión donde observamos su naturaleza dual, es cuando pasó por Samaria, llegó a un pozo y estando cansado del camino, se sentó. Cuando una mujer samaritana llegó, Él le pidió agua para tomar. ¡El Creador del agua tuvo sed y se vio obligado a pedir un poquito de agua para beber! Unos minutos después, Él, siendo Dios, ¡le reveló a la mujer todo su pasado! (Juan 4).

Los contrastes

Piensa en los siguientes contrastes; Jesús fue a diversas casas para que le dieran algo de comer, aunque... ¡dos veces Él multiplicó unos cuantos panes y peces para alimentar a miles! Él fue el poder detrás de la sanidad de cientos, admirado por miles por sus enseñanzas, aunque... ¡desesperadamente necesitó del apoyo de sus tres íntimos amigos cuando estuvo en el Getsemaní! Él necesitaba agua de la mujer samaritana, aunque... ¡Él había convertido probablemente decenas de tinajas de agua en vino en una boda! Es impactante, ¿verdad? La razón de estos contrastes es porque Él no usó su poder divino para “servirse a sí mismo”, sino para servir a otros y glorificar a su Padre.

La vida emocional de Jesús

¿Sabías que la Biblia menciona más de 20 emociones diferentes que sintió Jesús? Algunas positivas y otras negativas. Sintió afecto, angustia, enojo, compasión, dolor, gozo, indignación, amor, paz, tristeza, cansancio y turbación. Siendo Él nuestro ejemplo de madurez, vamos a observar algunas de estas emociones y ver qué podemos aprender.

1. Compasión
La palabra que más se usa para expresar su sentir por las multitudes a través de su ministerio es “compasión”. Por ejemplo, leemos en:

Mateo 9:36
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión....”.
Jesús alimentó a cuatro mil cuando no habían comido en tres días, diciendo a sus discípulos:

Mateo 15:32
“...Tengo compasión de la gente...”.

2. Amor
Si compasión describe el sentir de Jesús hacia las multitudes, amor describe lo que sentía por los allegados a Él. Juan dice que cuando Lázaro estuvo a punto de morir, sus hermanas le avisaron: “Señor, he aquí el que amas está enfermo”. También la Escritura registra que Jesús amaba al joven rico, a pesar de que éste le rechazó cuando escuchó el precio de ser su discípulo (Marcos 10:21).

3. Gozo
Jesús se describió a sí mismo como gozoso y, ¿sabes cuándo fue? ¡Poco antes de la traición de Judas! Él amonestó a los discípulos a permanecer en su amor y guardar los mandamientos, luego continúa:

Juan 15:11
“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”.
Él relaciona su gozo con permanecer en el amor del Padre y guardar sus mandamientos.

4. Tristeza y dolor
Jesús no sólo experimentó dolor por sí mismo, también le dolió cuando vio a otros sufrir. El texto más corto de las Escrituras y a la vez uno de los más conmovedores es: “Jesús lloró”. Al ver el sufrimiento y lágrimas de Martha y María, hermanas de Lázaro que había muerto, no pudo más que llorar juntamente con ellas. También Jesús lloró sobre Jerusalén, sabiendo la destrucción que le esperaba. Cuando vio la dureza de los corazones de los fariseos porque sanaba en el día de reposo a un hombre de la mano seca, la Biblia dice que fue “entristecido” (Marcos 3:5). No ocultó sus temores ni dudó en pedir ayuda: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte...”, les dijo en Getsemaní, “quedaos aquí y velad conmigo”. El profeta Isaías escribió de Jesús:

Isaías 53:3
“...varón de dolores, experimentado en quebranto...”.

5. Enojo
Tal vez la ocasión más conocida cuando demostró enojo fue cuando agarró un azote de cuerdas y corrió a los cambistas y vendedores del templo, diciendo:

Juan 2:16
“...Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado”.
Además, muchas veces se enojaba con los líderes religiosos porque su legalismo y dureza de corazón impedían a la gente creer en Él.

6. Paz
Otra emoción que caracterizó a Jesús fue su paz. Preparando a sus discípulos para su pronta crucifixión, les dijo:

Juan 16:32, 33
“He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz...”.

A pesar de que estaba contemplando su propia muerte, desafió a sus seguidores a tener la misma paz que Él tenía. No fue basada sobre las circunstancias externas, sino en el conocimiento que, aun cuando sus mejores amigos le abandonaran, su Padre estaría con Él.

Tres observaciones de la vida emocional de Jesús

Primeramente, experimentó una gama amplia de emociones humanas. De la misma manera, nosotros podemos, hasta debemos, experimentar una variedad amplia de emociones.

En segundo lugar, Jesús experimentó emociones que algunas personas consideran malas, aun pecaminosas. Como nuestra naturaleza es pecaminosa, es posible que todas nuestras emociones lleguen a ser malas, por lo tanto, tenemos que discernir entre expresiones saludables y no saludables. Sólo personas apáticas no sienten dolor o enojo por las injusticas. Pero, muchas veces nuestro enojo se convierte en amargura contra alguien que nos ofendió. Es natural sentir tristeza, enojo o dolor, juntamente con emociones alegres. A veces personas bien intencionadas nos dicen que: “no debemos enojarnos nunca” o “un cristiano no debe llorar cuando un ser amado muere”.

En tercer lugar, la vida emocional de Jesús fue flexible y variada, no rígida. Cuando se enojó, lo expresó como parte de su santidad, no como venganza personal. Y luego, lo olvidó. De la misma manera, la tristeza de Jesús no se prolongó, ni se convirtió en depresión. Así debe ser la vida emocional de una persona madura.

El “Hijo del Hombre”

El título “Hijo del Hombre” es utilizado alrededor de 82 veces en el Nuevo Testamento, de las cuales 81 de ellas fueron usadas por Jesús mismo. Parece que es el título que Jesús escogió y usó con más frecuencia que cualquier otro. Si Él usó ese título para referirse a sí mismo, nosotros debemos poner atención a esto y tratar de entender el mensaje que hay detrás de Jesús, el Hombre.

El apóstol Pablo declaró:

1 Timoteo 2:5

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.

Jesucristo hombre es el mediador, Él es el puente para cruzar el gran abismo que no nos dejaba entender a Dios. Jesús Adrián Romero, en su libro “Cenando con Jesús”, dice:

“De alguna manera, Jesús traduce a Dios para nosotros. Él es mediador entre nuestra naturaleza finita y la naturaleza infinita de Dios. Jesús insistía en referirse a sí mismo como ‘el Hijo del Hombre’ porque sólo conociendo a Jesús, el hombre, conocemos a Dios. Relacionándonos con Jesús nos relacionamos con Dios. Nuestra cercanía a Dios dependerá del conocimiento que tenemos de Jesús, el hombre”.

Tal vez eres como los discípulos del Nuevo Testamento. Primeramente, ellos pensaban en Jesús como cualquier gran hombre, Él caminaba, comía y hablaba con ellos. Pero entre más le conocían, más reconocían que Él era mucho más que un gran hombre. Terminaron adorándole, reconociendo que Él era Dios. Entre más conozcas al verdadero Jesús, ¡más le adorarás!

La noche buena y unos gatos en la nieve

Era la noche buena y afuera estaba nevando. Adentro de la casa, las lucecitas del árbol navideño brillaban, los regalos bajo el árbol reflejaban los destellos de luces y el olor de galletas recién horneadas aromatizaba el ambiente típico de la época.

La esposa e hijos estaban por salir de la casa para asistir a la iglesia.

—Ven con nosotros—, dijeron al padre.

—Claro que no—, gruñó el papá tajantemente.

—¡Yo no creo en toda esa religión!

Por años la esposa había compartido con su marido acerca de Jesús y el perdón que ofrece, de cómo el Hijo de Dios se hizo carne para enseñarnos el camino al Padre.

—¡Basura! —, él siempre contestaba.

Así que la mujer y sus hijos se fueron, dejando al hombre solo en la casa. Él vio por la ventana el ambiente afuera frío y nevado. Adentro él estaba caliente y cómodo.

De repente, algo llamó su atención. Había movimiento en la nieve. ¡Gatos! Allí en la nieve habían tres gatitos cerca de su ventana.

Tontos, pensó, Se van a morir de frío. Entonces el hombre se puso su abrigo y abrió la puerta. Entró una ráfaga de aire frío y le causó un escalofrío por todo su cuerpo.

—Vengan adentro gatitos, donde está caliente y hay comida. ¡Aquí afuera morirán!

Pero los gatitos le tenían miedo y se fueron, corriendo.

—Bueno, yo hice lo que pude—, comentó a sí mismo. —¿Qué más pudiera haber hecho? Hubiera tenido que convertirme en un gato para explicarles que mi intención era salvarlos. Solamente así hubieran creído.

En este instante sonaron las campanas de la iglesia, a unas cuadras de distancia. El hombre reflexionó por un momento.
Entonces entró en su casa, ¡se arrodillo y lloro!

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El budismo me aburrió, porque la meta de un budista es llegar al estado de ‘nirvana’ en donde uno no desea nada. Pronto me dí cuenta que nunca estaría satisfecha con nada. Yo quería algo de la vida, aun si me destruyera.

La filosofía de Confucio ocupó mi mente hora tras hora, pero mi corazón se sentía vacío. Me metía profundamente en todos los grupos de autorrealización y me entusiasmé con aquellos que creen que todo está en la mente. Experimenté la Nueva Era donde me enseñaron que el único dios que existe está dentro de uno.

Sin embargo, me encontraba inquieta, sin paz y con un terror a la muerte. Anhelaba adorar algo o a alguien. ¿Siempre estaría buscando, sin encontrar algo que me llenara?

Entonces, a través de unas circunstancias, descubrí para mi gran asombro que, ¡yo podía conocer a Dios, a través de su Hijo, Jesucristo!

Aquel día caí de rodillas, dándome cuenta que aunque yo no había pensado en Dios por diez largos años, Él sí se había fijado en mí. Tiernamente, Él esperaba hasta que yo hubiera probado todo lo demás y por fin volteara hacia Él. Pero mis inquietudes no habían terminado. Ahora creía que Él existía pero, ¿qué clase de Dios era? ¿Cómo podía tener la seguridad que alguien tan grande, que podía crear el universo, a la vez podía entenderme a mí... mis temores, mis debilidades? Finalmente me di cuenta que precisamente por esta razón, ¡Dios se hizo carne y vino a vivir como humano aquí en la tierra!”.

Por ser humano, puede entendernos

¿Has escuchado la palabra “encarnación”? ¿Sabes lo que significa? ¡Dios se hizo hombre! ¿Por qué era necesario que Dios se hiciera hombre? Únicamente así podía sentir y entender nuestra humanidad. Por ejemplo, Dios entiende nuestras tentaciones porque Jesús fue tentado en todo (Hebreos 4:15), sin embargo, nunca cedió. En treinta y tres años en la tierra el Hijo de Dios no sólo aprendió acerca de la tentación, sino también de la pobreza, los conflictos familiares, el rechazo, la traición y el dolor.

El autor de Hebreos nos dice que Jesús es nuestro sumo sacerdote o nuestro abogado “compasivo”. Hay una sola forma de aprender compasión o simpatía, como lo indica la raíz griega de la palabra, syn pathos, “sentir o sufrir con”. Debido a la encarnación, Dios nos entiende y escucha nuestras oraciones de una manera distinta, al haber vivido en la tierra y haber orado como débil ser humano.

En cierta manera Jesús parecía sentirse “en casa” aquí en la tierra, pero en otra manera se sentía indiscutiblemente “fuera de lugar”. Veamos dos acontecimientos que muestran su humanidad y divinidad a la vez, ocasiones que reflejan la naturaleza de Jesús de sentirse “en casa” y “fuera de lugar” al mismo tiempo.

Su naturaleza dual

¿Recuerdas la ocasión en que Jesús estuvo en una barca con sus discípulos y una tormenta se desató sobre el Mar de Galilea? Eran tan fuertes los vientos y las olas que casi se volteó la barca. Pero, ¿qué estaba haciendo el Maestro? Por estar tan cansado, ¡Él estaba dormido! Se cansaba como cualquier hombre, sin embargo, cuando los discípulos le despertaron, se levantó y habló al mar: “Calla, enmudece”. Y el mar se calmó.

Hasta el momento milagroso en que Jesús calló el mar, Él mismo, el Hijo de Dios, había sido “una víctima” más de la tormenta; al Creador de la nubes le llovió encima, el Hacedor de estrellas sintió calor y sudó bajo el sol palestino. Obviamente, ¡Él era Dios! Pero, de la encarnación, observamos que Dios se hizo vulnerable, susceptible.

¿Cuál fue la reacción de los doce? Se maravillaron diciendo: “¿Quién es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”. El hecho de que los discípulos se maravillaron al grado de sentir temor porque aun el mar le obedecía, nos da una idea de cómo era Jesús con ellos. Él no era un “místico” con sus ojos elevados al cielo orando todo el tiempo. Seguramente, había una autoridad que lo distinguía de los demás, pero a la vez, era “tanto como ellos” en la convivencia diaria, que batallaban con el concepto de que este hombre tan accesible y risueño fuera Dios.

Otra ocasión donde observamos su naturaleza dual, es cuando pasó por Samaria, llegó a un pozo y estando cansado del camino, se sentó. Cuando una mujer samaritana llegó, Él le pidió agua para tomar. ¡El Creador del agua tuvo sed y se vio obligado a pedir un poquito de agua para beber! Unos minutos después, Él, siendo Dios, ¡le reveló a la mujer todo su pasado! (Juan 4).

Los contrastes

Piensa en los siguientes contrastes; Jesús fue a diversas casas para que le dieran algo de comer, aunque... ¡dos veces Él multiplicó unos cuantos panes y peces para alimentar a miles! Él fue el poder detrás de la sanidad de cientos, admirado por miles por sus enseñanzas, aunque... ¡desesperadamente necesitó del apoyo de sus tres íntimos amigos cuando estuvo en el Getsemaní! Él necesitaba agua de la mujer samaritana, aunque... ¡Él había convertido probablemente decenas de tinajas de agua en vino en una boda! Es impactante, ¿verdad? La razón de estos contrastes es porque Él no usó su poder divino para “servirse a sí mismo”, sino para servir a otros y glorificar a su Padre.

La vida emocional de Jesús

¿Sabías que la Biblia menciona más de 20 emociones diferentes que sintió Jesús? Algunas positivas y otras negativas. Sintió afecto, angustia, enojo, compasión, dolor, gozo, indignación, amor, paz, tristeza, cansancio y turbación. Siendo Él nuestro ejemplo de madurez, vamos a observar algunas de estas emociones y ver qué podemos aprender.

1. Compasión
La palabra que más se usa para expresar su sentir por las multitudes a través de su ministerio es “compasión”. Por ejemplo, leemos en:

Mateo 9:36
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión....”.
Jesús alimentó a cuatro mil cuando no habían comido en tres días, diciendo a sus discípulos:

Mateo 15:32
“...Tengo compasión de la gente...”.

2. Amor
Si compasión describe el sentir de Jesús hacia las multitudes, amor describe lo que sentía por los allegados a Él. Juan dice que cuando Lázaro estuvo a punto de morir, sus hermanas le avisaron: “Señor, he aquí el que amas está enfermo”. También la Escritura registra que Jesús amaba al joven rico, a pesar de que éste le rechazó cuando escuchó el precio de ser su discípulo (Marcos 10:21).

3. Gozo
Jesús se describió a sí mismo como gozoso y, ¿sabes cuándo fue? ¡Poco antes de la traición de Judas! Él amonestó a los discípulos a permanecer en su amor y guardar los mandamientos, luego continúa:

Juan 15:11
“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”.
Él relaciona su gozo con permanecer en el amor del Padre y guardar sus mandamientos.

4. Tristeza y dolor
Jesús no sólo experimentó dolor por sí mismo, también le dolió cuando vio a otros sufrir. El texto más corto de las Escrituras y a la vez uno de los más conmovedores es: “Jesús lloró”. Al ver el sufrimiento y lágrimas de Martha y María, hermanas de Lázaro que había muerto, no pudo más que llorar juntamente con ellas. También Jesús lloró sobre Jerusalén, sabiendo la destrucción que le esperaba. Cuando vio la dureza de los corazones de los fariseos porque sanaba en el día de reposo a un hombre de la mano seca, la Biblia dice que fue “entristecido” (Marcos 3:5). No ocultó sus temores ni dudó en pedir ayuda: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte...”, les dijo en Getsemaní, “quedaos aquí y velad conmigo”. El profeta Isaías escribió de Jesús:

Isaías 53:3
“...varón de dolores, experimentado en quebranto...”.

5. Enojo
Tal vez la ocasión más conocida cuando demostró enojo fue cuando agarró un azote de cuerdas y corrió a los cambistas y vendedores del templo, diciendo:

Juan 2:16
“...Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado”.
Además, muchas veces se enojaba con los líderes religiosos porque su legalismo y dureza de corazón impedían a la gente creer en Él.

6. Paz
Otra emoción que caracterizó a Jesús fue su paz. Preparando a sus discípulos para su pronta crucifixión, les dijo:

Juan 16:32, 33
“He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz...”.

A pesar de que estaba contemplando su propia muerte, desafió a sus seguidores a tener la misma paz que Él tenía. No fue basada sobre las circunstancias externas, sino en el conocimiento que, aun cuando sus mejores amigos le abandonaran, su Padre estaría con Él.

Tres observaciones de la vida emocional de Jesús

Primeramente, experimentó una gama amplia de emociones humanas. De la misma manera, nosotros podemos, hasta debemos, experimentar una variedad amplia de emociones.

En segundo lugar, Jesús experimentó emociones que algunas personas consideran malas, aun pecaminosas. Como nuestra naturaleza es pecaminosa, es posible que todas nuestras emociones lleguen a ser malas, por lo tanto, tenemos que discernir entre expresiones saludables y no saludables. Sólo personas apáticas no sienten dolor o enojo por las injusticas. Pero, muchas veces nuestro enojo se convierte en amargura contra alguien que nos ofendió. Es natural sentir tristeza, enojo o dolor, juntamente con emociones alegres. A veces personas bien intencionadas nos dicen que: “no debemos enojarnos nunca” o “un cristiano no debe llorar cuando un ser amado muere”.

En tercer lugar, la vida emocional de Jesús fue flexible y variada, no rígida. Cuando se enojó, lo expresó como parte de su santidad, no como venganza personal. Y luego, lo olvidó. De la misma manera, la tristeza de Jesús no se prolongó, ni se convirtió en depresión. Así debe ser la vida emocional de una persona madura.

El “Hijo del Hombre”

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—¡Basura! —, él siempre contestaba.

Así que la mujer y sus hijos se fueron, dejando al hombre solo en la casa. Él vio por la ventana el ambiente afuera frío y nevado. Adentro él estaba caliente y cómodo.

De repente, algo llamó su atención. Había movimiento en la nieve. ¡Gatos! Allí en la nieve habían tres gatitos cerca de su ventana.

Tontos, pensó, Se van a morir de frío. Entonces el hombre se puso su abrigo y abrió la puerta. Entró una ráfaga de aire frío y le causó un escalofrío por todo su cuerpo.

—Vengan adentro gatitos, donde está caliente y hay comida. ¡Aquí afuera morirán!

Pero los gatitos le tenían miedo y se fueron, corriendo.

—Bueno, yo hice lo que pude—, comentó a sí mismo. —¿Qué más pudiera haber hecho? Hubiera tenido que convertirme en un gato para explicarles que mi intención era salvarlos. Solamente así hubieran creído.

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Por: Gloria Richards
Martes 15 de Junio, 2021

Jesús: humano y divino a la vez

La autora Eugenia Price cuenta de sí misma:

“A la edad de 33 años, casi había perdido todo interés en encontrar mi propósito en la vida. Había estudiado filosofías que expandieron mi mente, pero dejaron mi corazón frío. El estudiar las religiones del mundo me dejó exhausta. La metafísica me interesó al principio, pero yo espero mucho de la vida en cuanto a realización emocional y sus enseñanzas me dejaron vacía.

El budismo me aburrió, porque la meta de un budista es llegar al estado de ‘nirvana’ en donde uno no desea nada. Pronto me dí cuenta que nunca estaría satisfecha con nada. Yo quería algo de la vida, aun si me destruyera.

La filosofía de Confucio ocupó mi mente hora tras hora, pero mi corazón se sentía vacío. Me metía profundamente en todos los grupos de autorrealización y me entusiasmé con aquellos que creen que todo está en la mente. Experimenté la Nueva Era donde me enseñaron que el único dios que existe está dentro de uno.

Sin embargo, me encontraba inquieta, sin paz y con un terror a la muerte. Anhelaba adorar algo o a alguien. ¿Siempre estaría buscando, sin encontrar algo que me llenara?

Entonces, a través de unas circunstancias, descubrí para mi gran asombro que, ¡yo podía conocer a Dios, a través de su Hijo, Jesucristo!

Aquel día caí de rodillas, dándome cuenta que aunque yo no había pensado en Dios por diez largos años, Él sí se había fijado en mí. Tiernamente, Él esperaba hasta que yo hubiera probado todo lo demás y por fin volteara hacia Él. Pero mis inquietudes no habían terminado. Ahora creía que Él existía pero, ¿qué clase de Dios era? ¿Cómo podía tener la seguridad que alguien tan grande, que podía crear el universo, a la vez podía entenderme a mí... mis temores, mis debilidades? Finalmente me di cuenta que precisamente por esta razón, ¡Dios se hizo carne y vino a vivir como humano aquí en la tierra!”.

Por ser humano, puede entendernos

¿Has escuchado la palabra “encarnación”? ¿Sabes lo que significa? ¡Dios se hizo hombre! ¿Por qué era necesario que Dios se hiciera hombre? Únicamente así podía sentir y entender nuestra humanidad. Por ejemplo, Dios entiende nuestras tentaciones porque Jesús fue tentado en todo (Hebreos 4:15), sin embargo, nunca cedió. En treinta y tres años en la tierra el Hijo de Dios no sólo aprendió acerca de la tentación, sino también de la pobreza, los conflictos familiares, el rechazo, la traición y el dolor.

El autor de Hebreos nos dice que Jesús es nuestro sumo sacerdote o nuestro abogado “compasivo”. Hay una sola forma de aprender compasión o simpatía, como lo indica la raíz griega de la palabra, syn pathos, “sentir o sufrir con”. Debido a la encarnación, Dios nos entiende y escucha nuestras oraciones de una manera distinta, al haber vivido en la tierra y haber orado como débil ser humano.

En cierta manera Jesús parecía sentirse “en casa” aquí en la tierra, pero en otra manera se sentía indiscutiblemente “fuera de lugar”. Veamos dos acontecimientos que muestran su humanidad y divinidad a la vez, ocasiones que reflejan la naturaleza de Jesús de sentirse “en casa” y “fuera de lugar” al mismo tiempo.

Su naturaleza dual

¿Recuerdas la ocasión en que Jesús estuvo en una barca con sus discípulos y una tormenta se desató sobre el Mar de Galilea? Eran tan fuertes los vientos y las olas que casi se volteó la barca. Pero, ¿qué estaba haciendo el Maestro? Por estar tan cansado, ¡Él estaba dormido! Se cansaba como cualquier hombre, sin embargo, cuando los discípulos le despertaron, se levantó y habló al mar: “Calla, enmudece”. Y el mar se calmó.

Hasta el momento milagroso en que Jesús calló el mar, Él mismo, el Hijo de Dios, había sido “una víctima” más de la tormenta; al Creador de la nubes le llovió encima, el Hacedor de estrellas sintió calor y sudó bajo el sol palestino. Obviamente, ¡Él era Dios! Pero, de la encarnación, observamos que Dios se hizo vulnerable, susceptible.

¿Cuál fue la reacción de los doce? Se maravillaron diciendo: “¿Quién es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”. El hecho de que los discípulos se maravillaron al grado de sentir temor porque aun el mar le obedecía, nos da una idea de cómo era Jesús con ellos. Él no era un “místico” con sus ojos elevados al cielo orando todo el tiempo. Seguramente, había una autoridad que lo distinguía de los demás, pero a la vez, era “tanto como ellos” en la convivencia diaria, que batallaban con el concepto de que este hombre tan accesible y risueño fuera Dios.

Otra ocasión donde observamos su naturaleza dual, es cuando pasó por Samaria, llegó a un pozo y estando cansado del camino, se sentó. Cuando una mujer samaritana llegó, Él le pidió agua para tomar. ¡El Creador del agua tuvo sed y se vio obligado a pedir un poquito de agua para beber! Unos minutos después, Él, siendo Dios, ¡le reveló a la mujer todo su pasado! (Juan 4).

Los contrastes

Piensa en los siguientes contrastes; Jesús fue a diversas casas para que le dieran algo de comer, aunque... ¡dos veces Él multiplicó unos cuantos panes y peces para alimentar a miles! Él fue el poder detrás de la sanidad de cientos, admirado por miles por sus enseñanzas, aunque... ¡desesperadamente necesitó del apoyo de sus tres íntimos amigos cuando estuvo en el Getsemaní! Él necesitaba agua de la mujer samaritana, aunque... ¡Él había convertido probablemente decenas de tinajas de agua en vino en una boda! Es impactante, ¿verdad? La razón de estos contrastes es porque Él no usó su poder divino para “servirse a sí mismo”, sino para servir a otros y glorificar a su Padre.

La vida emocional de Jesús

¿Sabías que la Biblia menciona más de 20 emociones diferentes que sintió Jesús? Algunas positivas y otras negativas. Sintió afecto, angustia, enojo, compasión, dolor, gozo, indignación, amor, paz, tristeza, cansancio y turbación. Siendo Él nuestro ejemplo de madurez, vamos a observar algunas de estas emociones y ver qué podemos aprender.

1. Compasión
La palabra que más se usa para expresar su sentir por las multitudes a través de su ministerio es “compasión”. Por ejemplo, leemos en:

Mateo 9:36
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión....”.
Jesús alimentó a cuatro mil cuando no habían comido en tres días, diciendo a sus discípulos:

Mateo 15:32
“...Tengo compasión de la gente...”.

2. Amor
Si compasión describe el sentir de Jesús hacia las multitudes, amor describe lo que sentía por los allegados a Él. Juan dice que cuando Lázaro estuvo a punto de morir, sus hermanas le avisaron: “Señor, he aquí el que amas está enfermo”. También la Escritura registra que Jesús amaba al joven rico, a pesar de que éste le rechazó cuando escuchó el precio de ser su discípulo (Marcos 10:21).

3. Gozo
Jesús se describió a sí mismo como gozoso y, ¿sabes cuándo fue? ¡Poco antes de la traición de Judas! Él amonestó a los discípulos a permanecer en su amor y guardar los mandamientos, luego continúa:

Juan 15:11
“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”.
Él relaciona su gozo con permanecer en el amor del Padre y guardar sus mandamientos.

4. Tristeza y dolor
Jesús no sólo experimentó dolor por sí mismo, también le dolió cuando vio a otros sufrir. El texto más corto de las Escrituras y a la vez uno de los más conmovedores es: “Jesús lloró”. Al ver el sufrimiento y lágrimas de Martha y María, hermanas de Lázaro que había muerto, no pudo más que llorar juntamente con ellas. También Jesús lloró sobre Jerusalén, sabiendo la destrucción que le esperaba. Cuando vio la dureza de los corazones de los fariseos porque sanaba en el día de reposo a un hombre de la mano seca, la Biblia dice que fue “entristecido” (Marcos 3:5). No ocultó sus temores ni dudó en pedir ayuda: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte...”, les dijo en Getsemaní, “quedaos aquí y velad conmigo”. El profeta Isaías escribió de Jesús:

Isaías 53:3
“...varón de dolores, experimentado en quebranto...”.

5. Enojo
Tal vez la ocasión más conocida cuando demostró enojo fue cuando agarró un azote de cuerdas y corrió a los cambistas y vendedores del templo, diciendo:

Juan 2:16
“...Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado”.
Además, muchas veces se enojaba con los líderes religiosos porque su legalismo y dureza de corazón impedían a la gente creer en Él.

6. Paz
Otra emoción que caracterizó a Jesús fue su paz. Preparando a sus discípulos para su pronta crucifixión, les dijo:

Juan 16:32, 33
“He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz...”.

A pesar de que estaba contemplando su propia muerte, desafió a sus seguidores a tener la misma paz que Él tenía. No fue basada sobre las circunstancias externas, sino en el conocimiento que, aun cuando sus mejores amigos le abandonaran, su Padre estaría con Él.

Tres observaciones de la vida emocional de Jesús

Primeramente, experimentó una gama amplia de emociones humanas. De la misma manera, nosotros podemos, hasta debemos, experimentar una variedad amplia de emociones.

En segundo lugar, Jesús experimentó emociones que algunas personas consideran malas, aun pecaminosas. Como nuestra naturaleza es pecaminosa, es posible que todas nuestras emociones lleguen a ser malas, por lo tanto, tenemos que discernir entre expresiones saludables y no saludables. Sólo personas apáticas no sienten dolor o enojo por las injusticas. Pero, muchas veces nuestro enojo se convierte en amargura contra alguien que nos ofendió. Es natural sentir tristeza, enojo o dolor, juntamente con emociones alegres. A veces personas bien intencionadas nos dicen que: “no debemos enojarnos nunca” o “un cristiano no debe llorar cuando un ser amado muere”.

En tercer lugar, la vida emocional de Jesús fue flexible y variada, no rígida. Cuando se enojó, lo expresó como parte de su santidad, no como venganza personal. Y luego, lo olvidó. De la misma manera, la tristeza de Jesús no se prolongó, ni se convirtió en depresión. Así debe ser la vida emocional de una persona madura.

El “Hijo del Hombre”

El título “Hijo del Hombre” es utilizado alrededor de 82 veces en el Nuevo Testamento, de las cuales 81 de ellas fueron usadas por Jesús mismo. Parece que es el título que Jesús escogió y usó con más frecuencia que cualquier otro. Si Él usó ese título para referirse a sí mismo, nosotros debemos poner atención a esto y tratar de entender el mensaje que hay detrás de Jesús, el Hombre.

El apóstol Pablo declaró:

1 Timoteo 2:5

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.

Jesucristo hombre es el mediador, Él es el puente para cruzar el gran abismo que no nos dejaba entender a Dios. Jesús Adrián Romero, en su libro “Cenando con Jesús”, dice:

“De alguna manera, Jesús traduce a Dios para nosotros. Él es mediador entre nuestra naturaleza finita y la naturaleza infinita de Dios. Jesús insistía en referirse a sí mismo como ‘el Hijo del Hombre’ porque sólo conociendo a Jesús, el hombre, conocemos a Dios. Relacionándonos con Jesús nos relacionamos con Dios. Nuestra cercanía a Dios dependerá del conocimiento que tenemos de Jesús, el hombre”.

Tal vez eres como los discípulos del Nuevo Testamento. Primeramente, ellos pensaban en Jesús como cualquier gran hombre, Él caminaba, comía y hablaba con ellos. Pero entre más le conocían, más reconocían que Él era mucho más que un gran hombre. Terminaron adorándole, reconociendo que Él era Dios. Entre más conozcas al verdadero Jesús, ¡más le adorarás!

La noche buena y unos gatos en la nieve

Era la noche buena y afuera estaba nevando. Adentro de la casa, las lucecitas del árbol navideño brillaban, los regalos bajo el árbol reflejaban los destellos de luces y el olor de galletas recién horneadas aromatizaba el ambiente típico de la época.

La esposa e hijos estaban por salir de la casa para asistir a la iglesia.

—Ven con nosotros—, dijeron al padre.

—Claro que no—, gruñó el papá tajantemente.

—¡Yo no creo en toda esa religión!

Por años la esposa había compartido con su marido acerca de Jesús y el perdón que ofrece, de cómo el Hijo de Dios se hizo carne para enseñarnos el camino al Padre.

—¡Basura! —, él siempre contestaba.

Así que la mujer y sus hijos se fueron, dejando al hombre solo en la casa. Él vio por la ventana el ambiente afuera frío y nevado. Adentro él estaba caliente y cómodo.

De repente, algo llamó su atención. Había movimiento en la nieve. ¡Gatos! Allí en la nieve habían tres gatitos cerca de su ventana.

Tontos, pensó, Se van a morir de frío. Entonces el hombre se puso su abrigo y abrió la puerta. Entró una ráfaga de aire frío y le causó un escalofrío por todo su cuerpo.

—Vengan adentro gatitos, donde está caliente y hay comida. ¡Aquí afuera morirán!

Pero los gatitos le tenían miedo y se fueron, corriendo.

—Bueno, yo hice lo que pude—, comentó a sí mismo. —¿Qué más pudiera haber hecho? Hubiera tenido que convertirme en un gato para explicarles que mi intención era salvarlos. Solamente así hubieran creído.

En este instante sonaron las campanas de la iglesia, a unas cuadras de distancia. El hombre reflexionó por un momento.
Entonces entró en su casa, ¡se arrodillo y lloro!

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