EL PODER DE SU SANGRE DERRAMADA V


Por: Hno. Victor Richards
Publicado el:
Martes 13 de Junio, 2017

 

 

La Sangre  Derramada En Getsemaní

Lucas 22:39-44 dice:

“Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

y mientras oraba, sigue diciendo:

“... Se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”.

Estaba en agonía porque Él sabía lo que le esperaba. ¡Está sangrando! ¡Está sangrando! Él aquí empieza a derramar Su sangre por nosotros, sudando grandes gotas de sangre, ¿para qué? Sangre derramada para nosotros, para que tengamos el poder de Su sangre cuando confrontamos sufrimiento por Él y no queremos sufrir, y estamos luchando entre ¡sí y no! ¡sí y no! Cuando tu carne grite: “No puedo”, reclama la sangre que Jesús que sudó, ¿me estoy explicando? Cuando seas tentado a decir NO a la voluntad de Dios, reclama la sangre de las gotas de Su sudor. No reclames solo la sangre en general, reclama las gotas de sangre que Él sudó ahí en Getsemaní.

Cuando Jesús necesitaba que Dios le ayudara, porque estaba a punto de no poder hacerlo, un ángel viene y le está ministrando. Yo no sé de qué manera, quizá hablando con Él, yo no sé, pero ésta sangre derramada ahí tenía y tiene un propósito y un poder. ¡Sí! Entonces decláralo en situaciones como ésta: “No puedo dejar a este hombre o a esta mujer, que sé que no debo tener”,  “sé que no es la voluntad de Dios para mí ¿qué hago? Sé que es pecado, pero yo voy a luchar y en fe declarar: Con la sangre de Jesús que Él sudó en Getsemaní yo voy a decir sí a Dios y, no al enemigo”. Ahí está la fuerza, en la sangre aplicada específicamente a ésta necesidad. Sí puedes vencer el temor o tentación y rendirte a la voluntad de Jehová, de Jesús y del Espíritu Santo. ¡Sí! Pero recuerda que necesitas el poder de la sangre que Él sudó. ¡Hay poder en la sangre derramada!

 

La Sangre De Su Rostro

El Padre no permitió, ni forzó a su Hijo Unigénito a sufrir ni un golpe, ni un sangrado, ni un escupitajo que no tuviera un propósito. Ninguna herida fue por demás, todo lo que sufrió tenía un propósito y no solo un propósito general, sino también un propósito singular.

Si buscamos a Jehová, Abba Padre, a Jesús, Señor y Salvador y al Espíritu Santo, el Consolador y los buscamos con todo nuestro ser, nos darán los tesoros escondidos y los secretos muy guardados, para que sepamos a quién en verdad servimos y qué tesoros y secretos necesitamos para ser victoriosos y para lograr todo lo que tiene para nosotros.

Lucas 22:45-46 nos dice:

“Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación”.

Fueron tres, las veces que ellos durmieron pero, Él les decía: “Levantaos y orad para que no entréis en tentación”, Jesús ya está en victoria, ¡aleluya! Ahora veamosMateo 26:47:

“Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo”.

Estos fueron enviados por el grupo que estaba ahí en la casa del sumo sacerdote, los que querían matarlo.

Mateo 26:48:

“Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle”.

Juan 18:4-6:

“Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó (ahí están viniendo con espadas y palos, enviados por el sumo sacerdote. ¿Por quién? ¡Por el sumo sacerdote! Él no estaba ahí. No, él tenía dignidad, él ocupaba  a asesinos). Jesús… se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús Nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra”.

Estaba con Jesús, ¡el poder de “Yo soy”! Mateo 26:49-51 lo narra de la siguiente manera:

“Y en seguida se acercó a Jesús (Judas)y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja”.

Yo creo que ésta no fue su puntería, yo creo que la puntería estaba para darle en la cabeza pero el siervo rápidamente se movió y perdió la oreja. Ahora vamos a Mateo 26:52-54:

“Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?”.

Como escribí, Jesús ya tenía la victoria después de su oración, después de sudar sangre, después de que un ángel fue a ayudarle y llegó a la decisión de sufrir y morir por nuestra redención como la voluntad del Padre. Tenemos que entender que Él aún estaba en un cuerpo humano. Él no tenía todavía los poderes que iba a demostrar cuando fuera glorificado. Él pudo llamar a la infantería celestial y no lo hizo por obediencia al Padre y amor por nosotros; si hubieran venido la tropas angelicales estos hipócritas hubieran sido como carne molida y nosotros no tendríamos esperanza de eternidad con Dios.

Estos asesinos cobardes lo golpearon en la cara provocando más sangre derramada por ti y por mí, le llevaron con el sumo sacerdote y él empezó a interrogar a Jesús pero Él no contestó. Había falsos testigos que decían cosas que juraron eran verdad,  mintiendo sobre lo que Jesús había dicho y Él no contestó. Veamos Mateo 26:62-64:

“Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Más Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.

Cuando le acusaron de cosas secundarias y mentirosas Él no dijo nada, pero cuando le preguntaron si el era el Cristo, Hijo de Hombre, Hijo de Dios no se quedó en silencio;Mateo 26:65-68:

“Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó”.

Así, empieza a sangrar de su boca donde le pegan, de su nariz, de sus ojos, están golpeándole en la cara brutalmente y probablemente en el estómago, están golpee, golpee y golpee, ¡sangre! Sangre de puñetazos, de ser abofeteado por Su testimonio de ser el Cristo. Y luego leemos que ellos dijeron: “Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó”. ¿Sabes qué? Ésta sangre era para mí, era para ti, no fue solamente una cosa que sucedió por casualidad. ¡Oh no! Escupieron en la cara del Señor Jesucristo y Él lo sufrió cuando pudo haber dicho: “¡Legiones a mi lado!” y a la velocidad de la luz más que doce legiones angelicales hubiera venido para destruirlos, pero no lo hizo, no lo hizo porque nos ama.

Isaías 52:14 dice:

“Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres”.

¡Desfigurado! Están golpeándole en la cara de tal manera… de tal manera que está desfigurado, hipócritas los que dicen que están haciendo esto por la ley y están haciendo algo en contra de la ley. Sangre en Su cara.

Isaías 53:2-3:

“Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos (esto por los golpes).    Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”.

Ésta sangre ¿para qué es? Para que pudiéramos tener la fuerza de no negar a Jesús, no negar a Jehová, no negar al Espíritu Santo, cueste lo que cueste, vamos a necesitar de esta sangre derramada ahí, para hacerlo. La podemos reclamar específicamente; puñetazos, golpes desfigurándolo. Desfigurando también su reputación por mentirosos, chismosos, por odio que no merece. Cuando nuestra reputación esté siendo desfigurada por mentiras y chismes de los que nos odian, acerquémonos a esta sangre. Jesús sangrando de Su boca, nariz, ojos; por los golpes nos dará la fuerza de declarar: “Jesucristo es Señor, Salvador, Dios con nosotros, Él es el camino, la verdad y la vida”. ¡Sólo Él! Y sólo por Él, cuando haya peligro por declarar Su señorío, tendremos la fuerza por esta sangre. ¡Reclámala! ¡Que Jesús no haya sangrado en vano!

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y mientras oraba, sigue diciendo:

“... Se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”.

Estaba en agonía porque Él sabía lo que le esperaba. ¡Está sangrando! ¡Está sangrando! Él aquí empieza a derramar Su sangre por nosotros, sudando grandes gotas de sangre, ¿para qué? Sangre derramada para nosotros, para que tengamos el poder de Su sangre cuando confrontamos sufrimiento por Él y no queremos sufrir, y estamos luchando entre ¡sí y no! ¡sí y no! Cuando tu carne grite: “No puedo”, reclama la sangre que Jesús que sudó, ¿me estoy explicando? Cuando seas tentado a decir NO a la voluntad de Dios, reclama la sangre de las gotas de Su sudor. No reclames solo la sangre en general, reclama las gotas de sangre que Él sudó ahí en Getsemaní.

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Si buscamos a Jehová, Abba Padre, a Jesús, Señor y Salvador y al Espíritu Santo, el Consolador y los buscamos con todo nuestro ser, nos darán los tesoros escondidos y los secretos muy guardados, para que sepamos a quién en verdad servimos y qué tesoros y secretos necesitamos para ser victoriosos y para lograr todo lo que tiene para nosotros.

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“Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación”.

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“Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle”.

Juan 18:4-6:

“Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó (ahí están viniendo con espadas y palos, enviados por el sumo sacerdote. ¿Por quién? ¡Por el sumo sacerdote! Él no estaba ahí. No, él tenía dignidad, él ocupaba  a asesinos). Jesús… se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús Nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra”.

Estaba con Jesús, ¡el poder de “Yo soy”! Mateo 26:49-51 lo narra de la siguiente manera:

“Y en seguida se acercó a Jesús (Judas)y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja”.

Yo creo que ésta no fue su puntería, yo creo que la puntería estaba para darle en la cabeza pero el siervo rápidamente se movió y perdió la oreja. Ahora vamos a Mateo 26:52-54:

“Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?”.

Como escribí, Jesús ya tenía la victoria después de su oración, después de sudar sangre, después de que un ángel fue a ayudarle y llegó a la decisión de sufrir y morir por nuestra redención como la voluntad del Padre. Tenemos que entender que Él aún estaba en un cuerpo humano. Él no tenía todavía los poderes que iba a demostrar cuando fuera glorificado. Él pudo llamar a la infantería celestial y no lo hizo por obediencia al Padre y amor por nosotros; si hubieran venido la tropas angelicales estos hipócritas hubieran sido como carne molida y nosotros no tendríamos esperanza de eternidad con Dios.

Estos asesinos cobardes lo golpearon en la cara provocando más sangre derramada por ti y por mí, le llevaron con el sumo sacerdote y él empezó a interrogar a Jesús pero Él no contestó. Había falsos testigos que decían cosas que juraron eran verdad,  mintiendo sobre lo que Jesús había dicho y Él no contestó. Veamos Mateo 26:62-64:

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“Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres”.

¡Desfigurado! Están golpeándole en la cara de tal manera… de tal manera que está desfigurado, hipócritas los que dicen que están haciendo esto por la ley y están haciendo algo en contra de la ley. Sangre en Su cara.

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“Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos (esto por los golpes).    Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”.

Ésta sangre ¿para qué es? Para que pudiéramos tener la fuerza de no negar a Jesús, no negar a Jehová, no negar al Espíritu Santo, cueste lo que cueste, vamos a necesitar de esta sangre derramada ahí, para hacerlo. La podemos reclamar específicamente; puñetazos, golpes desfigurándolo. Desfigurando también su reputación por mentirosos, chismosos, por odio que no merece. Cuando nuestra reputación esté siendo desfigurada por mentiras y chismes de los que nos odian, acerquémonos a esta sangre. Jesús sangrando de Su boca, nariz, ojos; por los golpes nos dará la fuerza de declarar: “Jesucristo es Señor, Salvador, Dios con nosotros, Él es el camino, la verdad y la vida”. ¡Sólo Él! Y sólo por Él, cuando haya peligro por declarar Su señorío, tendremos la fuerza por esta sangre. ¡Reclámala! ¡Que Jesús no haya sangrado en vano!

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“Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación”.

Fueron tres, las veces que ellos durmieron pero, Él les decía: “Levantaos y orad para que no entréis en tentación”, Jesús ya está en victoria, ¡aleluya! Ahora veamosMateo 26:47:

“Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo”.

Estos fueron enviados por el grupo que estaba ahí en la casa del sumo sacerdote, los que querían matarlo.

Mateo 26:48:

“Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle”.

Juan 18:4-6:

“Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó (ahí están viniendo con espadas y palos, enviados por el sumo sacerdote. ¿Por quién? ¡Por el sumo sacerdote! Él no estaba ahí. No, él tenía dignidad, él ocupaba  a asesinos). Jesús… se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús Nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra”.

Estaba con Jesús, ¡el poder de “Yo soy”! Mateo 26:49-51 lo narra de la siguiente manera:

“Y en seguida se acercó a Jesús (Judas)y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja”.

Yo creo que ésta no fue su puntería, yo creo que la puntería estaba para darle en la cabeza pero el siervo rápidamente se movió y perdió la oreja. Ahora vamos a Mateo 26:52-54:

“Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?”.

Como escribí, Jesús ya tenía la victoria después de su oración, después de sudar sangre, después de que un ángel fue a ayudarle y llegó a la decisión de sufrir y morir por nuestra redención como la voluntad del Padre. Tenemos que entender que Él aún estaba en un cuerpo humano. Él no tenía todavía los poderes que iba a demostrar cuando fuera glorificado. Él pudo llamar a la infantería celestial y no lo hizo por obediencia al Padre y amor por nosotros; si hubieran venido la tropas angelicales estos hipócritas hubieran sido como carne molida y nosotros no tendríamos esperanza de eternidad con Dios.

Estos asesinos cobardes lo golpearon en la cara provocando más sangre derramada por ti y por mí, le llevaron con el sumo sacerdote y él empezó a interrogar a Jesús pero Él no contestó. Había falsos testigos que decían cosas que juraron eran verdad,  mintiendo sobre lo que Jesús había dicho y Él no contestó. Veamos Mateo 26:62-64:

“Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Más Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.

Cuando le acusaron de cosas secundarias y mentirosas Él no dijo nada, pero cuando le preguntaron si el era el Cristo, Hijo de Hombre, Hijo de Dios no se quedó en silencio;Mateo 26:65-68:

“Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó”.

Así, empieza a sangrar de su boca donde le pegan, de su nariz, de sus ojos, están golpeándole en la cara brutalmente y probablemente en el estómago, están golpee, golpee y golpee, ¡sangre! Sangre de puñetazos, de ser abofeteado por Su testimonio de ser el Cristo. Y luego leemos que ellos dijeron: “Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó”. ¿Sabes qué? Ésta sangre era para mí, era para ti, no fue solamente una cosa que sucedió por casualidad. ¡Oh no! Escupieron en la cara del Señor Jesucristo y Él lo sufrió cuando pudo haber dicho: “¡Legiones a mi lado!” y a la velocidad de la luz más que doce legiones angelicales hubiera venido para destruirlos, pero no lo hizo, no lo hizo porque nos ama.

Isaías 52:14 dice:

“Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres”.

¡Desfigurado! Están golpeándole en la cara de tal manera… de tal manera que está desfigurado, hipócritas los que dicen que están haciendo esto por la ley y están haciendo algo en contra de la ley. Sangre en Su cara.

Isaías 53:2-3:

“Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos (esto por los golpes).    Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”.

Ésta sangre ¿para qué es? Para que pudiéramos tener la fuerza de no negar a Jesús, no negar a Jehová, no negar al Espíritu Santo, cueste lo que cueste, vamos a necesitar de esta sangre derramada ahí, para hacerlo. La podemos reclamar específicamente; puñetazos, golpes desfigurándolo. Desfigurando también su reputación por mentirosos, chismosos, por odio que no merece. Cuando nuestra reputación esté siendo desfigurada por mentiras y chismes de los que nos odian, acerquémonos a esta sangre. Jesús sangrando de Su boca, nariz, ojos; por los golpes nos dará la fuerza de declarar: “Jesucristo es Señor, Salvador, Dios con nosotros, Él es el camino, la verdad y la vida”. ¡Sólo Él! Y sólo por Él, cuando haya peligro por declarar Su señorío, tendremos la fuerza por esta sangre. ¡Reclámala! ¡Que Jesús no haya sangrado en vano!

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