Viviendo más allá de la Razón #1



Publicado el:
Jueves 3 de Diciembre, 2020

La razón, tan sorprendente como parezca, es solo el fruto del cerebro humano y no tiene que ser el límite de tu existencia. ¡Hay más, mucho más!

Ten el valor de saltar a lo desconocido. Dios quiere liberarte y llevarte a vivir una vida con el Espíritu Santo más allá de la razón.

Isaías 45:3

“Y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados…”.

Viviendo más allá de la razón

Un hombre es creado del barro de la tierra, una mujer de una costilla de él, las galaxias son formadas con una sola palabra, una guerra entre ángeles y demonios, un nacimiento virginal, caminar sobre las aguas, ser levantado en el aire hacia el cielo, atravesar paredes, sanar cojos y paralíticos sólo con una palabra, dar vista a los ciegos, enderezar a una mujer jorobada también con una palabra, multiplicar cinco panes y dos peces para alimentar a cinco mil hombres (sin contar mujeres y niños), resucitar muertos. Estos conceptos van en contra del razonamiento humano, eso es vivir más allá de la razón.

Matar a un gigante vestido con armadura usando tan solo una pequeña piedra, atravesar los portones de prisiones sin ser vistos, dormir con leones hambrientos y no sufrir ni un rasguño, tres personas son arrojadas a un horno de fuego y sin padecer ni una quemadura, ni siquiera de los vellos de la piel, caminar cuarenta años en el desierto y que los zapatos no se acaben, derribar muros de una ciudad con tan solo rodearla y gritar, estar en un lugar, cerrar los ojos y de repente en un segundo estar a 40 kilómetros de ese lugar, ganar una batalla contra tres reinos fuertemente armados usando solamente antorchas, trompetas y ollas de barro, alguien ora y deja de llover por tres años, esa persona vuelve a orar por lluvia y llueve. Sigo maravillado, eso es vivir más allá de la razón. Es vivir más allá de la capacidad del cerebro humano. Es traspasar los límites y entrar en la esfera donde se mueve Dios.

Abrir el mar y cruzar pisando tierra firme, detener las aguas de un río, golpear una piedra y hacer que salga agua de ahí, recoger pan que cae del cielo, que de una vasija pequeña de aceite se llenen hasta el tope decenas de otras vasijas, que por varios días los cuervos te traigan pedazos de carne para comer, ver la mano de Dios escribir sobre la pared, ser tragado por un pez y luego ser vomitado, que el sol se detenga una hora en su lugar sin avanzar, que los vientos y la lluvia se calmen a la orden de un hombre, que un asno le hable a su dueño, ser llevado al cielo por un carro de fuego. No es fantasía, eso es vivir más allá de la razón.

Orar por alguien con SIDA, comprobado por las pruebas de sangre, y que sus siguientes análisis no detecten nada del virus en la sangre, que un joven de un día a otro deje totalmente las drogas, que el esposo mujeriego llegue un día llorando y pidiendo perdón a su esposa y se torne en un marido fiel y tierno, que en el trabajo te promocionen por sobre todas las personas más capacitadas que tú y que mantengas tu trabajo mientras otros tienen que ser despedidos, que las piernas de las personas se estiren cuando se ora por ellas y su problema de constante dolor que han sufrido por años desaparezca para siempre, que se formen instantáneamente arcos en pies planos, que los demonios salgan de una persona cuando uno lo ordena en el poderoso nombre del Señor Jesucristo, que una persona al borde del suicidio encuentre una razón de vida y se sienta gozoso, sentir paz en momentos de crisis nacional, son cosas que tampoco entiendo.

Son cosas que suceden por el poder de Dios, en el poderoso nombre de Jesucristo; son cosas más allá de la razón. ¿Necesitas un milagro hoy? Acércate al Dios que hace posible lo imposible.

La columna de fuego

Éxodo 13:21-22

“Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego”.

Aquí se nos está hablando de cómo fue guiado el pueblo judío cuando salió de Egipto. Salieron y cruzaron el Mar Rojo, luego siguieron caminando por un desierto del que no tenían mapa, pero Dios los iba guiando de una forma milagrosa y espectacular, para que no les cupiera duda de que era Él mismo el que los dirigía. No tenían idea de por dónde iban a caminar ese día ni el siguiente, simplemente seguían la manifestación de Dios y de esa forma, Dios quiere llamarnos a que le sigamos a donde no hay mapa, donde no tenemos control de las situaciones que nos rodean. Donde tenemos que vivir más allá de la limitada razón humana.

Volviendo a la escritura mencionada, decíamos que el pueblo de Dios está caminando en el desierto, yendo en camino a la tierra de la promesa donde fluye leche y miel, dirigidos por una columna de nube por el día y una columna de fuego por la noche. Esa columna nunca se apartó de ellos, para que pudieran caminar día y noche. La presencia de Dios en una manifestación que va más allá de la razón siempre estaba con ellos, nunca los dejaba. La pregunta es: ¿Pudiera uno de ellos apartarse de la columna? Posiblemente sí, no sé si sucedió o no, pero si alguien se apartó, qué mala elección hizo, ¿no lo crees?

Casi podemos imaginar a esta persona quejándose: —Pues ya me cansé de seguir esa nube de día y ese fuego de noche; yo voy a acampar aquí, ¡no quiero caminar más! — Así que se despide de los demás, toma sus cosas, a su esposa y sus hijos, sus animales; luego levanta la carpa y se sientan para descansar. Y por un tiempo se siente bien, pero cuando el sol de medio día está en su máximo esplendor, el calor es insoportable. Se resguardan en la sombra de las pieles que han colgado para hacer su tienda y aguardan. El sol va bajando hasta que viene la tarde, agradable y fresca, pero apenas se oculta el sol, el frío se deja sentir; poco a poco la temperatura va bajando hasta que cae la noche del desierto.

A la una o dos de la mañana, el frío es tan insoportable, que en sus mentes empiezan a imaginarse el calor de la columna de fuego, pero se aprietan bajo las cobijas y enfrentan el frío. Finalmente sale el sol en la mañana y piensan que no les fue tan mal, así pasan unos días y de repente se dan cuenta de que no sólo están sufriendo de calor y frío, sino que se han perdido todo lo sobrenatural, ya no existe el maná, ya no hay codornices, ahora tienen que cazar para poder comer y es poco lo que encuentran; ya no hay agua de la peña, ahora tienen que escarbar mucho para encontrar un poco de agua y ya han cortado los pocos cactus que había cerca de ellos, la sed y el calor exigen más agua. Entonces, un día, el padre declara: —¡Me equivoqué! Vámonos— toman sus cosas con ansias, con desesperación desmontan la carpa, juntan a sus animales, guardan las cosas, empacan sus maletas y se miran uno a otro esperando que el esposo y padre diga por dónde caminar y es entonces cuando sale a la luz otro problema: ¿cómo van a encontrar al pueblo de Dios? No saben dónde están y el viento ha borrado las huellas de la caravana. Entonces se darán cuenta de la realidad de que están solos, la presencia de Dios se fue con la columna de nube y con la columna de fuego. El pueblo de Dios, estaba gozando de esas bendiciones, pero ellos quisieron alejarse y el precio que pagarán es enorme.

No te alejes de su presencia. Camina siempre en lo sobrenatural de Dios, no hables mal de las manifestaciones más allá de la razón. Cuando Dios se manifiesta de una forma sobrenatural es porque quiere decirte algo, quiere darte algo, quiere mostrarte algo… o mejor aún, Dios está teniendo cuidado de ti. No se lo impidas. No te apartes del Señor por un camino equivocado alejándote del camino de los milagros, sigue la unción del Espíritu Santo.

Las personas que iban siguiendo la columna de fuego y de nube, no decidían por dónde caminarían, al contrario de lo que sucede actualmente, en que la mayoría de las personas deciden caminar por donde quieren y luego le piden a Dios que los acompañe, en vez de caminar por donde Dios está caminando. De seguro alguna vez has escuchado una frase como esta: “Yo tengo una buena idea, vamos a hacer esto, y de esta manera y va a ser de impacto, Señor, por favor bendice nuestro plan”.

Puedes imaginar a alguien del pueblo de Dios, cansado de seguir la columna de nube y de fuego, “comentar” con sus amigos: —yo no tengo un mapa, pero yo sé cuál es el norte, el sur, el este y el oeste… y la tierra de promesa es al norte y estas columnas han estado llevándonos al este, luego al sur y luego se regresa... yo no creo que eso sea lo mejor. Algunas personas creen que lo que Dios está diciendo y haciendo no es lo mejor, piensan que ellos tienen mejores ideas. ¡Mejores ideas que las de Dios! ¿Puedes creer eso? Y lo ponen a votación entre sus conocidos y familiares; entre los que saben que van a pensar igual que ellos, es curioso que nunca comenten estos planes con gente sensible al Espíritu Santo, sabiendo que estarán en desacuerdo con ellos. Se les olvida que a donde vaya la columna (donde la presencia de Dios esté) suceden cosas sobrenaturales. Si te apartas de “la nube”, los milagros cesarán.

La unción: Más allá de la razón

Enfocarnos en la unción, provoca que nos volvamos como el viento, que también es la naturaleza del Espíritu Santo, su naturaleza es poderosa y justa y sus caminos no pueden ser controlados, Él es impredecible, no sabemos de dónde viene, ni a dónde va. No podemos decir qué va a hacer mañana, porque no sabemos, ni cómo, ni dónde y a unas personas no les gusta eso. Pero tenemos que aprender a vivir más allá de la razón y dejar que el Espíritu Santo nos guíe.

Juan 3:1-2

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él”.

Nicodemo era un estudiante de las Escrituras del Antiguo Testamento (el Nuevo Testamento aún no existía) y debemos notar aquí que fue lo sobrenatural lo que llamó su atención; él supo que Dios estaba con Jesús y que Jesús no estaba haciendo las obras que hacía bajo el poder demoniaco de Belzebú como algunos de sus colegas lo acusaban.

Juan 3:3

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

Jesús liga el ver el reino de Dios con las señales. Ellas revelan el reino de Dios con nosotros. Sanidades, liberaciones de demonios y las otras cosas que se hacen en el poderoso nombre de Jesucristo muestran que el reino está aquí. Y luego Jesús continúa enseñando a Nicodemo en Juan 3:6

“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.

Los que aún viven en la carne no pueden dar el paso de fe para vivir “más allá de la razón”. Todavía están atrapados en los límites de la razón humana.

San Pablo nos ilumina sobre este asunto como lo leemos en 1 Corintios 2:9-12, 14

“…como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. ...nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros… hemos recibido... el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

Son locura para el cristiano “natural” que no percibe las cosas del Espíritu Santo. El hombre juzga carnalmente (para su propio peligro espiritual) el hablar en lenguas, el sanar enfermos, el levantar muertos, la risa en el Espíritu Santo, la aparición de aceite en las manos, el polvo dorado en el ambiente. Lo hace por lo que nos dice 1 Corintios 2:14, porque no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

Jesús continuó hablando con Nicodemo en Juan 3:7-10

“No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?”.

¿No sabes que tenemos que vivir más allá de la razón? ¿No sabes que si vamos a caminar con Dios tenemos que saber… es absolutamente necesario conocer… que no podemos escapar de la necesidad de vivir más allá de la razón humana? Yo veo algo muy interesante en la vida de Jesús, lo presentaré en forma de una pregunta. ¿Qué es primero, el milagro o la fe? ¿Viene primero la fe para recibir el milagro o viene primero el milagro para producir fe? ¿Cuál es primero? Cualquiera de las dos respuestas es correcta. Fijémonos en lo que dice Jesús en Juan 10:37

“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis”.

Jesús está diciendo si no hago señales, prodigios, milagros y maravillas, no me creáis. Si no hay nada más allá de la razón, no tienen que creerme.

Hay personas que quisieran creer y no pueden; pero cuando vean lo sobrenatural, cuando vean las cosas que hizo Jesús, ellos creerán.

En términos del Nuevo Testamento ser una persona enfocada en la presencia de Dios y bajo la unción de Dios, es ser una persona que está dispuesta a vivir más allá de la razón; tenemos que vivir más allá de lo que nos dicta la razón, porque la razón nos hubiera detenido en nuestro andar sobrenatural desde hace mucho tiempo. La razón sirve hasta cierto punto. Los primeros cristianos, de los cuales leemos en el Nuevo Testamento vivieron más allá de la razón. Sanando enfermos, resucitando muertos, liberando a endemoniados, con señales y prodigios, milagros y maravillas, eso es vivir más allá de la razón. Eso no puede suceder de ninguna forma lógica, pero sucedía y si vives bajo la sombra de su presencia, seguirá sucediendo.

Jesús continúa diciendo creed a las obras para que conozcáis y creáis.

Juan 10:37-38

“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre”.

Los milagros ayudan a la gente a creer. Si en nuestras iglesias no hay evidencia de lo sobrenatural, no podemos esperar que la gente pueda creer. Si no hay milagros no tienen que creernos. Veamos el testimonio de Juan 5:36

“Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado”.

¿Y si no hay obras? ¿No nos hace igual a una religión?

¡Amado y apreciado lector, tú y yo podemos vivir la misma aventura que los primeros cristianos!

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Viviendo más allá de la Razón #1




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Jueves 3 de Diciembre, 2020

La razón, tan sorprendente como parezca, es solo el fruto del cerebro humano y no tiene que ser el límite de tu existencia. ¡Hay más, mucho más!

Ten el valor de saltar a lo desconocido. Dios quiere liberarte y llevarte a vivir una vida con el Espíritu Santo más allá de la razón.

Isaías 45:3

“Y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados…”.

Viviendo más allá de la razón

Un hombre es creado del barro de la tierra, una mujer de una costilla de él, las galaxias son formadas con una sola palabra, una guerra entre ángeles y demonios, un nacimiento virginal, caminar sobre las aguas, ser levantado en el aire hacia el cielo, atravesar paredes, sanar cojos y paralíticos sólo con una palabra, dar vista a los ciegos, enderezar a una mujer jorobada también con una palabra, multiplicar cinco panes y dos peces para alimentar a cinco mil hombres (sin contar mujeres y niños), resucitar muertos. Estos conceptos van en contra del razonamiento humano, eso es vivir más allá de la razón.

Matar a un gigante vestido con armadura usando tan solo una pequeña piedra, atravesar los portones de prisiones sin ser vistos, dormir con leones hambrientos y no sufrir ni un rasguño, tres personas son arrojadas a un horno de fuego y sin padecer ni una quemadura, ni siquiera de los vellos de la piel, caminar cuarenta años en el desierto y que los zapatos no se acaben, derribar muros de una ciudad con tan solo rodearla y gritar, estar en un lugar, cerrar los ojos y de repente en un segundo estar a 40 kilómetros de ese lugar, ganar una batalla contra tres reinos fuertemente armados usando solamente antorchas, trompetas y ollas de barro, alguien ora y deja de llover por tres años, esa persona vuelve a orar por lluvia y llueve. Sigo maravillado, eso es vivir más allá de la razón. Es vivir más allá de la capacidad del cerebro humano. Es traspasar los límites y entrar en la esfera donde se mueve Dios.

Abrir el mar y cruzar pisando tierra firme, detener las aguas de un río, golpear una piedra y hacer que salga agua de ahí, recoger pan que cae del cielo, que de una vasija pequeña de aceite se llenen hasta el tope decenas de otras vasijas, que por varios días los cuervos te traigan pedazos de carne para comer, ver la mano de Dios escribir sobre la pared, ser tragado por un pez y luego ser vomitado, que el sol se detenga una hora en su lugar sin avanzar, que los vientos y la lluvia se calmen a la orden de un hombre, que un asno le hable a su dueño, ser llevado al cielo por un carro de fuego. No es fantasía, eso es vivir más allá de la razón.

Orar por alguien con SIDA, comprobado por las pruebas de sangre, y que sus siguientes análisis no detecten nada del virus en la sangre, que un joven de un día a otro deje totalmente las drogas, que el esposo mujeriego llegue un día llorando y pidiendo perdón a su esposa y se torne en un marido fiel y tierno, que en el trabajo te promocionen por sobre todas las personas más capacitadas que tú y que mantengas tu trabajo mientras otros tienen que ser despedidos, que las piernas de las personas se estiren cuando se ora por ellas y su problema de constante dolor que han sufrido por años desaparezca para siempre, que se formen instantáneamente arcos en pies planos, que los demonios salgan de una persona cuando uno lo ordena en el poderoso nombre del Señor Jesucristo, que una persona al borde del suicidio encuentre una razón de vida y se sienta gozoso, sentir paz en momentos de crisis nacional, son cosas que tampoco entiendo.

Son cosas que suceden por el poder de Dios, en el poderoso nombre de Jesucristo; son cosas más allá de la razón. ¿Necesitas un milagro hoy? Acércate al Dios que hace posible lo imposible.

La columna de fuego

Éxodo 13:21-22

“Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego”.

Aquí se nos está hablando de cómo fue guiado el pueblo judío cuando salió de Egipto. Salieron y cruzaron el Mar Rojo, luego siguieron caminando por un desierto del que no tenían mapa, pero Dios los iba guiando de una forma milagrosa y espectacular, para que no les cupiera duda de que era Él mismo el que los dirigía. No tenían idea de por dónde iban a caminar ese día ni el siguiente, simplemente seguían la manifestación de Dios y de esa forma, Dios quiere llamarnos a que le sigamos a donde no hay mapa, donde no tenemos control de las situaciones que nos rodean. Donde tenemos que vivir más allá de la limitada razón humana.

Volviendo a la escritura mencionada, decíamos que el pueblo de Dios está caminando en el desierto, yendo en camino a la tierra de la promesa donde fluye leche y miel, dirigidos por una columna de nube por el día y una columna de fuego por la noche. Esa columna nunca se apartó de ellos, para que pudieran caminar día y noche. La presencia de Dios en una manifestación que va más allá de la razón siempre estaba con ellos, nunca los dejaba. La pregunta es: ¿Pudiera uno de ellos apartarse de la columna? Posiblemente sí, no sé si sucedió o no, pero si alguien se apartó, qué mala elección hizo, ¿no lo crees?

Casi podemos imaginar a esta persona quejándose: —Pues ya me cansé de seguir esa nube de día y ese fuego de noche; yo voy a acampar aquí, ¡no quiero caminar más! — Así que se despide de los demás, toma sus cosas, a su esposa y sus hijos, sus animales; luego levanta la carpa y se sientan para descansar. Y por un tiempo se siente bien, pero cuando el sol de medio día está en su máximo esplendor, el calor es insoportable. Se resguardan en la sombra de las pieles que han colgado para hacer su tienda y aguardan. El sol va bajando hasta que viene la tarde, agradable y fresca, pero apenas se oculta el sol, el frío se deja sentir; poco a poco la temperatura va bajando hasta que cae la noche del desierto.

A la una o dos de la mañana, el frío es tan insoportable, que en sus mentes empiezan a imaginarse el calor de la columna de fuego, pero se aprietan bajo las cobijas y enfrentan el frío. Finalmente sale el sol en la mañana y piensan que no les fue tan mal, así pasan unos días y de repente se dan cuenta de que no sólo están sufriendo de calor y frío, sino que se han perdido todo lo sobrenatural, ya no existe el maná, ya no hay codornices, ahora tienen que cazar para poder comer y es poco lo que encuentran; ya no hay agua de la peña, ahora tienen que escarbar mucho para encontrar un poco de agua y ya han cortado los pocos cactus que había cerca de ellos, la sed y el calor exigen más agua. Entonces, un día, el padre declara: —¡Me equivoqué! Vámonos— toman sus cosas con ansias, con desesperación desmontan la carpa, juntan a sus animales, guardan las cosas, empacan sus maletas y se miran uno a otro esperando que el esposo y padre diga por dónde caminar y es entonces cuando sale a la luz otro problema: ¿cómo van a encontrar al pueblo de Dios? No saben dónde están y el viento ha borrado las huellas de la caravana. Entonces se darán cuenta de la realidad de que están solos, la presencia de Dios se fue con la columna de nube y con la columna de fuego. El pueblo de Dios, estaba gozando de esas bendiciones, pero ellos quisieron alejarse y el precio que pagarán es enorme.

No te alejes de su presencia. Camina siempre en lo sobrenatural de Dios, no hables mal de las manifestaciones más allá de la razón. Cuando Dios se manifiesta de una forma sobrenatural es porque quiere decirte algo, quiere darte algo, quiere mostrarte algo… o mejor aún, Dios está teniendo cuidado de ti. No se lo impidas. No te apartes del Señor por un camino equivocado alejándote del camino de los milagros, sigue la unción del Espíritu Santo.

Las personas que iban siguiendo la columna de fuego y de nube, no decidían por dónde caminarían, al contrario de lo que sucede actualmente, en que la mayoría de las personas deciden caminar por donde quieren y luego le piden a Dios que los acompañe, en vez de caminar por donde Dios está caminando. De seguro alguna vez has escuchado una frase como esta: “Yo tengo una buena idea, vamos a hacer esto, y de esta manera y va a ser de impacto, Señor, por favor bendice nuestro plan”.

Puedes imaginar a alguien del pueblo de Dios, cansado de seguir la columna de nube y de fuego, “comentar” con sus amigos: —yo no tengo un mapa, pero yo sé cuál es el norte, el sur, el este y el oeste… y la tierra de promesa es al norte y estas columnas han estado llevándonos al este, luego al sur y luego se regresa... yo no creo que eso sea lo mejor. Algunas personas creen que lo que Dios está diciendo y haciendo no es lo mejor, piensan que ellos tienen mejores ideas. ¡Mejores ideas que las de Dios! ¿Puedes creer eso? Y lo ponen a votación entre sus conocidos y familiares; entre los que saben que van a pensar igual que ellos, es curioso que nunca comenten estos planes con gente sensible al Espíritu Santo, sabiendo que estarán en desacuerdo con ellos. Se les olvida que a donde vaya la columna (donde la presencia de Dios esté) suceden cosas sobrenaturales. Si te apartas de “la nube”, los milagros cesarán.

La unción: Más allá de la razón

Enfocarnos en la unción, provoca que nos volvamos como el viento, que también es la naturaleza del Espíritu Santo, su naturaleza es poderosa y justa y sus caminos no pueden ser controlados, Él es impredecible, no sabemos de dónde viene, ni a dónde va. No podemos decir qué va a hacer mañana, porque no sabemos, ni cómo, ni dónde y a unas personas no les gusta eso. Pero tenemos que aprender a vivir más allá de la razón y dejar que el Espíritu Santo nos guíe.

Juan 3:1-2

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él”.

Nicodemo era un estudiante de las Escrituras del Antiguo Testamento (el Nuevo Testamento aún no existía) y debemos notar aquí que fue lo sobrenatural lo que llamó su atención; él supo que Dios estaba con Jesús y que Jesús no estaba haciendo las obras que hacía bajo el poder demoniaco de Belzebú como algunos de sus colegas lo acusaban.

Juan 3:3

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

Jesús liga el ver el reino de Dios con las señales. Ellas revelan el reino de Dios con nosotros. Sanidades, liberaciones de demonios y las otras cosas que se hacen en el poderoso nombre de Jesucristo muestran que el reino está aquí. Y luego Jesús continúa enseñando a Nicodemo en Juan 3:6

“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.

Los que aún viven en la carne no pueden dar el paso de fe para vivir “más allá de la razón”. Todavía están atrapados en los límites de la razón humana.

San Pablo nos ilumina sobre este asunto como lo leemos en 1 Corintios 2:9-12, 14

“…como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. ...nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros… hemos recibido... el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

Son locura para el cristiano “natural” que no percibe las cosas del Espíritu Santo. El hombre juzga carnalmente (para su propio peligro espiritual) el hablar en lenguas, el sanar enfermos, el levantar muertos, la risa en el Espíritu Santo, la aparición de aceite en las manos, el polvo dorado en el ambiente. Lo hace por lo que nos dice 1 Corintios 2:14, porque no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

Jesús continuó hablando con Nicodemo en Juan 3:7-10

“No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?”.

¿No sabes que tenemos que vivir más allá de la razón? ¿No sabes que si vamos a caminar con Dios tenemos que saber… es absolutamente necesario conocer… que no podemos escapar de la necesidad de vivir más allá de la razón humana? Yo veo algo muy interesante en la vida de Jesús, lo presentaré en forma de una pregunta. ¿Qué es primero, el milagro o la fe? ¿Viene primero la fe para recibir el milagro o viene primero el milagro para producir fe? ¿Cuál es primero? Cualquiera de las dos respuestas es correcta. Fijémonos en lo que dice Jesús en Juan 10:37

“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis”.

Jesús está diciendo si no hago señales, prodigios, milagros y maravillas, no me creáis. Si no hay nada más allá de la razón, no tienen que creerme.

Hay personas que quisieran creer y no pueden; pero cuando vean lo sobrenatural, cuando vean las cosas que hizo Jesús, ellos creerán.

En términos del Nuevo Testamento ser una persona enfocada en la presencia de Dios y bajo la unción de Dios, es ser una persona que está dispuesta a vivir más allá de la razón; tenemos que vivir más allá de lo que nos dicta la razón, porque la razón nos hubiera detenido en nuestro andar sobrenatural desde hace mucho tiempo. La razón sirve hasta cierto punto. Los primeros cristianos, de los cuales leemos en el Nuevo Testamento vivieron más allá de la razón. Sanando enfermos, resucitando muertos, liberando a endemoniados, con señales y prodigios, milagros y maravillas, eso es vivir más allá de la razón. Eso no puede suceder de ninguna forma lógica, pero sucedía y si vives bajo la sombra de su presencia, seguirá sucediendo.

Jesús continúa diciendo creed a las obras para que conozcáis y creáis.

Juan 10:37-38

“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre”.

Los milagros ayudan a la gente a creer. Si en nuestras iglesias no hay evidencia de lo sobrenatural, no podemos esperar que la gente pueda creer. Si no hay milagros no tienen que creernos. Veamos el testimonio de Juan 5:36

“Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado”.

¿Y si no hay obras? ¿No nos hace igual a una religión?

¡Amado y apreciado lector, tú y yo podemos vivir la misma aventura que los primeros cristianos!

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Viviendo más allá de la Razón #1





Por: Victor Richards
Jueves 3 de Diciembre, 2020

La razón, tan sorprendente como parezca, es solo el fruto del cerebro humano y no tiene que ser el límite de tu existencia. ¡Hay más, mucho más!

Ten el valor de saltar a lo desconocido. Dios quiere liberarte y llevarte a vivir una vida con el Espíritu Santo más allá de la razón.

Isaías 45:3

“Y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados…”.

Viviendo más allá de la razón

Un hombre es creado del barro de la tierra, una mujer de una costilla de él, las galaxias son formadas con una sola palabra, una guerra entre ángeles y demonios, un nacimiento virginal, caminar sobre las aguas, ser levantado en el aire hacia el cielo, atravesar paredes, sanar cojos y paralíticos sólo con una palabra, dar vista a los ciegos, enderezar a una mujer jorobada también con una palabra, multiplicar cinco panes y dos peces para alimentar a cinco mil hombres (sin contar mujeres y niños), resucitar muertos. Estos conceptos van en contra del razonamiento humano, eso es vivir más allá de la razón.

Matar a un gigante vestido con armadura usando tan solo una pequeña piedra, atravesar los portones de prisiones sin ser vistos, dormir con leones hambrientos y no sufrir ni un rasguño, tres personas son arrojadas a un horno de fuego y sin padecer ni una quemadura, ni siquiera de los vellos de la piel, caminar cuarenta años en el desierto y que los zapatos no se acaben, derribar muros de una ciudad con tan solo rodearla y gritar, estar en un lugar, cerrar los ojos y de repente en un segundo estar a 40 kilómetros de ese lugar, ganar una batalla contra tres reinos fuertemente armados usando solamente antorchas, trompetas y ollas de barro, alguien ora y deja de llover por tres años, esa persona vuelve a orar por lluvia y llueve. Sigo maravillado, eso es vivir más allá de la razón. Es vivir más allá de la capacidad del cerebro humano. Es traspasar los límites y entrar en la esfera donde se mueve Dios.

Abrir el mar y cruzar pisando tierra firme, detener las aguas de un río, golpear una piedra y hacer que salga agua de ahí, recoger pan que cae del cielo, que de una vasija pequeña de aceite se llenen hasta el tope decenas de otras vasijas, que por varios días los cuervos te traigan pedazos de carne para comer, ver la mano de Dios escribir sobre la pared, ser tragado por un pez y luego ser vomitado, que el sol se detenga una hora en su lugar sin avanzar, que los vientos y la lluvia se calmen a la orden de un hombre, que un asno le hable a su dueño, ser llevado al cielo por un carro de fuego. No es fantasía, eso es vivir más allá de la razón.

Orar por alguien con SIDA, comprobado por las pruebas de sangre, y que sus siguientes análisis no detecten nada del virus en la sangre, que un joven de un día a otro deje totalmente las drogas, que el esposo mujeriego llegue un día llorando y pidiendo perdón a su esposa y se torne en un marido fiel y tierno, que en el trabajo te promocionen por sobre todas las personas más capacitadas que tú y que mantengas tu trabajo mientras otros tienen que ser despedidos, que las piernas de las personas se estiren cuando se ora por ellas y su problema de constante dolor que han sufrido por años desaparezca para siempre, que se formen instantáneamente arcos en pies planos, que los demonios salgan de una persona cuando uno lo ordena en el poderoso nombre del Señor Jesucristo, que una persona al borde del suicidio encuentre una razón de vida y se sienta gozoso, sentir paz en momentos de crisis nacional, son cosas que tampoco entiendo.

Son cosas que suceden por el poder de Dios, en el poderoso nombre de Jesucristo; son cosas más allá de la razón. ¿Necesitas un milagro hoy? Acércate al Dios que hace posible lo imposible.

La columna de fuego

Éxodo 13:21-22

“Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego”.

Aquí se nos está hablando de cómo fue guiado el pueblo judío cuando salió de Egipto. Salieron y cruzaron el Mar Rojo, luego siguieron caminando por un desierto del que no tenían mapa, pero Dios los iba guiando de una forma milagrosa y espectacular, para que no les cupiera duda de que era Él mismo el que los dirigía. No tenían idea de por dónde iban a caminar ese día ni el siguiente, simplemente seguían la manifestación de Dios y de esa forma, Dios quiere llamarnos a que le sigamos a donde no hay mapa, donde no tenemos control de las situaciones que nos rodean. Donde tenemos que vivir más allá de la limitada razón humana.

Volviendo a la escritura mencionada, decíamos que el pueblo de Dios está caminando en el desierto, yendo en camino a la tierra de la promesa donde fluye leche y miel, dirigidos por una columna de nube por el día y una columna de fuego por la noche. Esa columna nunca se apartó de ellos, para que pudieran caminar día y noche. La presencia de Dios en una manifestación que va más allá de la razón siempre estaba con ellos, nunca los dejaba. La pregunta es: ¿Pudiera uno de ellos apartarse de la columna? Posiblemente sí, no sé si sucedió o no, pero si alguien se apartó, qué mala elección hizo, ¿no lo crees?

Casi podemos imaginar a esta persona quejándose: —Pues ya me cansé de seguir esa nube de día y ese fuego de noche; yo voy a acampar aquí, ¡no quiero caminar más! — Así que se despide de los demás, toma sus cosas, a su esposa y sus hijos, sus animales; luego levanta la carpa y se sientan para descansar. Y por un tiempo se siente bien, pero cuando el sol de medio día está en su máximo esplendor, el calor es insoportable. Se resguardan en la sombra de las pieles que han colgado para hacer su tienda y aguardan. El sol va bajando hasta que viene la tarde, agradable y fresca, pero apenas se oculta el sol, el frío se deja sentir; poco a poco la temperatura va bajando hasta que cae la noche del desierto.

A la una o dos de la mañana, el frío es tan insoportable, que en sus mentes empiezan a imaginarse el calor de la columna de fuego, pero se aprietan bajo las cobijas y enfrentan el frío. Finalmente sale el sol en la mañana y piensan que no les fue tan mal, así pasan unos días y de repente se dan cuenta de que no sólo están sufriendo de calor y frío, sino que se han perdido todo lo sobrenatural, ya no existe el maná, ya no hay codornices, ahora tienen que cazar para poder comer y es poco lo que encuentran; ya no hay agua de la peña, ahora tienen que escarbar mucho para encontrar un poco de agua y ya han cortado los pocos cactus que había cerca de ellos, la sed y el calor exigen más agua. Entonces, un día, el padre declara: —¡Me equivoqué! Vámonos— toman sus cosas con ansias, con desesperación desmontan la carpa, juntan a sus animales, guardan las cosas, empacan sus maletas y se miran uno a otro esperando que el esposo y padre diga por dónde caminar y es entonces cuando sale a la luz otro problema: ¿cómo van a encontrar al pueblo de Dios? No saben dónde están y el viento ha borrado las huellas de la caravana. Entonces se darán cuenta de la realidad de que están solos, la presencia de Dios se fue con la columna de nube y con la columna de fuego. El pueblo de Dios, estaba gozando de esas bendiciones, pero ellos quisieron alejarse y el precio que pagarán es enorme.

No te alejes de su presencia. Camina siempre en lo sobrenatural de Dios, no hables mal de las manifestaciones más allá de la razón. Cuando Dios se manifiesta de una forma sobrenatural es porque quiere decirte algo, quiere darte algo, quiere mostrarte algo… o mejor aún, Dios está teniendo cuidado de ti. No se lo impidas. No te apartes del Señor por un camino equivocado alejándote del camino de los milagros, sigue la unción del Espíritu Santo.

Las personas que iban siguiendo la columna de fuego y de nube, no decidían por dónde caminarían, al contrario de lo que sucede actualmente, en que la mayoría de las personas deciden caminar por donde quieren y luego le piden a Dios que los acompañe, en vez de caminar por donde Dios está caminando. De seguro alguna vez has escuchado una frase como esta: “Yo tengo una buena idea, vamos a hacer esto, y de esta manera y va a ser de impacto, Señor, por favor bendice nuestro plan”.

Puedes imaginar a alguien del pueblo de Dios, cansado de seguir la columna de nube y de fuego, “comentar” con sus amigos: —yo no tengo un mapa, pero yo sé cuál es el norte, el sur, el este y el oeste… y la tierra de promesa es al norte y estas columnas han estado llevándonos al este, luego al sur y luego se regresa... yo no creo que eso sea lo mejor. Algunas personas creen que lo que Dios está diciendo y haciendo no es lo mejor, piensan que ellos tienen mejores ideas. ¡Mejores ideas que las de Dios! ¿Puedes creer eso? Y lo ponen a votación entre sus conocidos y familiares; entre los que saben que van a pensar igual que ellos, es curioso que nunca comenten estos planes con gente sensible al Espíritu Santo, sabiendo que estarán en desacuerdo con ellos. Se les olvida que a donde vaya la columna (donde la presencia de Dios esté) suceden cosas sobrenaturales. Si te apartas de “la nube”, los milagros cesarán.

La unción: Más allá de la razón

Enfocarnos en la unción, provoca que nos volvamos como el viento, que también es la naturaleza del Espíritu Santo, su naturaleza es poderosa y justa y sus caminos no pueden ser controlados, Él es impredecible, no sabemos de dónde viene, ni a dónde va. No podemos decir qué va a hacer mañana, porque no sabemos, ni cómo, ni dónde y a unas personas no les gusta eso. Pero tenemos que aprender a vivir más allá de la razón y dejar que el Espíritu Santo nos guíe.

Juan 3:1-2

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él”.

Nicodemo era un estudiante de las Escrituras del Antiguo Testamento (el Nuevo Testamento aún no existía) y debemos notar aquí que fue lo sobrenatural lo que llamó su atención; él supo que Dios estaba con Jesús y que Jesús no estaba haciendo las obras que hacía bajo el poder demoniaco de Belzebú como algunos de sus colegas lo acusaban.

Juan 3:3

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

Jesús liga el ver el reino de Dios con las señales. Ellas revelan el reino de Dios con nosotros. Sanidades, liberaciones de demonios y las otras cosas que se hacen en el poderoso nombre de Jesucristo muestran que el reino está aquí. Y luego Jesús continúa enseñando a Nicodemo en Juan 3:6

“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.

Los que aún viven en la carne no pueden dar el paso de fe para vivir “más allá de la razón”. Todavía están atrapados en los límites de la razón humana.

San Pablo nos ilumina sobre este asunto como lo leemos en 1 Corintios 2:9-12, 14

“…como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. ...nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros… hemos recibido... el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

Son locura para el cristiano “natural” que no percibe las cosas del Espíritu Santo. El hombre juzga carnalmente (para su propio peligro espiritual) el hablar en lenguas, el sanar enfermos, el levantar muertos, la risa en el Espíritu Santo, la aparición de aceite en las manos, el polvo dorado en el ambiente. Lo hace por lo que nos dice 1 Corintios 2:14, porque no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

Jesús continuó hablando con Nicodemo en Juan 3:7-10

“No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?”.

¿No sabes que tenemos que vivir más allá de la razón? ¿No sabes que si vamos a caminar con Dios tenemos que saber… es absolutamente necesario conocer… que no podemos escapar de la necesidad de vivir más allá de la razón humana? Yo veo algo muy interesante en la vida de Jesús, lo presentaré en forma de una pregunta. ¿Qué es primero, el milagro o la fe? ¿Viene primero la fe para recibir el milagro o viene primero el milagro para producir fe? ¿Cuál es primero? Cualquiera de las dos respuestas es correcta. Fijémonos en lo que dice Jesús en Juan 10:37

“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis”.

Jesús está diciendo si no hago señales, prodigios, milagros y maravillas, no me creáis. Si no hay nada más allá de la razón, no tienen que creerme.

Hay personas que quisieran creer y no pueden; pero cuando vean lo sobrenatural, cuando vean las cosas que hizo Jesús, ellos creerán.

En términos del Nuevo Testamento ser una persona enfocada en la presencia de Dios y bajo la unción de Dios, es ser una persona que está dispuesta a vivir más allá de la razón; tenemos que vivir más allá de lo que nos dicta la razón, porque la razón nos hubiera detenido en nuestro andar sobrenatural desde hace mucho tiempo. La razón sirve hasta cierto punto. Los primeros cristianos, de los cuales leemos en el Nuevo Testamento vivieron más allá de la razón. Sanando enfermos, resucitando muertos, liberando a endemoniados, con señales y prodigios, milagros y maravillas, eso es vivir más allá de la razón. Eso no puede suceder de ninguna forma lógica, pero sucedía y si vives bajo la sombra de su presencia, seguirá sucediendo.

Jesús continúa diciendo creed a las obras para que conozcáis y creáis.

Juan 10:37-38

“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre”.

Los milagros ayudan a la gente a creer. Si en nuestras iglesias no hay evidencia de lo sobrenatural, no podemos esperar que la gente pueda creer. Si no hay milagros no tienen que creernos. Veamos el testimonio de Juan 5:36

“Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado”.

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